Tratar la esquizofrenia con un avatar

En el Centro Hospitalario Universitario de Montpellier, en el sur de Francia, los científicos están experimentando con 40 avatares, “para descubrir si la realidad virtual, puede ser utilizada en la rehabilitación social de pacientes con esquizofrenia, y cómo”, comenta nuestro compañero Jilián López Gómez de Futuris.

A Mehdi Hafis le cambió la vida con 23 años. Trabajaba en un restaurante pero tuvo que parar por los fuertes efectos secundarios que le provocaban los medicamentos que tomaba. Cuatro años después de que le diagnosticaran esquizofrenia, sigue luchando por llevar una vida normal. “Antes del diagnóstico, pensaba que la esquizofrenia significaba tener una personalidad múltiple. Pero luego aprendí que no es sólo eso. Cada paciente tiene síntomas distintos. Algunos oyen voces, otros tienen alucinaciones. Y otros, como yo, son muy paranoicos. Me asusté mucho con el diagnóstico… porque comprendí que mi vida iba a cambiar a largo plazo. No iba a poder hacer lo que los demás hacen”, comenta.

Mehdi Hafis es uno de los cuarenta pacientes voluntarios para un proyecto europeo de investigación, que consiste en proporcionar terapias innovadoras para las personas que sufren enfermedades con impacto social, como la esquizofrenia. La principal herramienta para su rehabilitación son avatares, de los propios pacientes.

Robin Salesse, científico de “Euromov” explica que crean “avatares que son morfológicamente muy similares al paciente. Pero también vamos a tener en cuenta la similitud en los movimientos y la forma de comportarse. Para ello instalamos sensores que van a permitirnos captar y medir el movimiento. Intentamos extraer pautas motrices para cada uno de los individuos y las instalamos en el avatar.”

La investigación se basa en la teoría de la semejanza, procedente de las neurociencias y que sugiere que es más fácil interactuar con alguien que se parece a uno mismo. Tal y como señala la psiquiatra del hospital de la Colombière, Delphine Capdevielle: “si un avatar se parece a mí, si hace los mismos movimientos que yo, al mismo tiempo, voy a enterarme mejor de lo que me dice y la terapia podría ser más eficaz”, asegura.

Para desarrollar avatares realistas se ha necesitado compaginar: escáneres de cuerpo entero, sistemas de rastreo de movimientos y modelos matemáticos. “Krasimira Tsaneva-Atanasova, matemática de la Universidad de Exeter”: http://www.quo.es/salud/dime-como-te-mueves-y-te-dire-quien-eres, comenta que “la metodología y los algoritmos empleados son muy generales. Se usan para observar la similitud y las diferencias en patrones de movimientos. También pueden aplicarse a grupos o individuos con o sin patologías. Esa es la belleza de las matemáticas.”

Ahora bien, queda camino por andar. Los investigadores señalan que hay que seguir trabajando en una tecnología más fiable, eficaz, adaptable y también más abordable, que pueda ser utilizada en casa por los propios pacientes, Tal y como indica, Benoît Bardy, científico de Euromov y coordinador del proyecto “Alter ego” en la Universidad de Montpellier. “Esta pequeña ‘arquitectura’ se puede descargar. Está disponible en línea en el sitio web del proyecto y podemos implementarla en plataformas que son muy diferentes, por ejemplo: la pequeña webcam del móvil, el ordenador o el “home-cinema” de casa, sin tener que ir necesariamente al hospital”, subraya.

Otro aspecto importante para los científicos es el financiero. Delphine Capdevielle del Hospital la Colombière de Montpellier, destaca que sus “pacientes tienen muy poco dinero. Así que para nosotros es un desafío que este método pueda ser gratuito o se les reembolse sin cargos por la seguridad social. Tenemos que asegurarnos de que no van a crearse más desigualdades entre estos pacientes que ya sufren diferentes formas de desigualdad”.

http://www.invdes.com.mx/innovacion/4014-tratar-la-esquizofrenia-con-un-avatar.html

Sobre las encrucijadas masculinas

Semanas atrás me encontraba sentado junto a otras personas en una sala de espera, mientras dejaba pasar el tiempo absorto en mis pensamientos entró una mujer. Como en el espacio no había sillas disponibles, me incorporé para ceder el asiento. La señorita me miró con cara extrañada y casi con fastidio me hizo un gesto que lo decía todo, o sea: ni gracias. Decidí no volver a sentarme y permanecer de pie. Ahora pienso que esa silla vacía era una metáfora de las nuevas relaciones de convivencia entre los sexos que sólo hombres y mujeres pueden construir en el devenir de los días. Algo parecido sucede al subir a un colectivo o tomar un ascensor: en ciertas ocasiones el gesto de dar prioridad a la dama es considerado una actitud machista, sexista y paternalista que atenta contra la igualdad entre los sexos. No descarto que sea así, y que las damas en cuestión tengan sus fundadas razones para actuar de esta manera, solo que también hay muchas otras cuya manera de pensar es diametralmente opuesta: aprecian el gesto de cortesía y en caso de que no se les conceda, descalifican al varón en cuestión por mal educado o desconsiderado.

Cito estos ejemplos que no generan mayores consecuencias respecto de algún posible ejercicio de poder o manipulación sobre la voluntad de una mujer. Insisto, considero tan válida la posición de las mujeres que rechazan la cortesía sexista como las que la agradecen y esperan. Sólo me interesa destacar la encrucijada en las que hombres y mujeres quedan atrapados ante el vértigo con que los nuevos tiempos y acontecimientos reformulan códigos y expectativas de convivencia. Quizás los tiempos convocan a la plasticidad, la inventiva y un saber hacer allí sin quedar muy tomado por reglas o normas preconcebidas. Algo fácil de decir pero difícil de poner en práctica. Por el lado de los varones, Lacan sugiere que hombre es quien por amor a una mujer renuncia a las imposturas masculinas, es decir: alguien más sensible a los matices que ansioso por cumplir con estereotipos, más atento a registrar el propio deseo que a dejar contenta a la partenaire.

Eric Laurent observa: “La idea del psicoanálisis es tratar de inventar una figura de mujer que no sea la virgen, la dama de hierro o la madre sino una mujer que ocupe un lugar en el fantasma del hombre, cada mujer quiere ser una mujer particular. La mujer quiere ser amada por lo que ella es. Ella no es todas las mujeres. El psicoanálisis intenta producir ‑lejos de las antiguas identificaciones ‑ una nueva versión de la mujer. El psicoanálisis puede ayudar a los hombres que piensan este cambio como una castración insoportable a su autoridad. Y evitar, de esa manera, las explosiones de agresividad contra las mujeres sobre las que leemos todos los días”.

https://www.pagina12.com.ar/6183-sobre-las-encrucijadas-masculinas

No ser perturbado, no sufrir la fatiga, no sufrir físicamente…

>Desde el psicoanálisis hay un solo saber, una sola verdad y es la que el paciente nos brinda a través de las palabras, y como él se las arregla con eso, que sean reales o fantaseadas no importa, sino el estatuto que adquiere para él eso que nos dice.

Nos ubicamos en un momento de la historia donde el fenómeno de la globalización no va dejando espacios o islas sin tocar, las nuevas tecnologías ayudan a que todo sea absorbido por el discurso del capitalismo. Cualquier cosa puede ser comercializable, con valor de uso e intercambio comercial, todo puede ser susceptible de consumo y desechable al fin. Incluso las terapias psicológicas parecen ser una nueva moda, un producto más. Los numerosos pacientes que llegan a nosotros luego de pasar por otras alternativas lo atestiguan. Donde parece que hay que ir probando todo lo que hay en el mercado.

Las sustancias han adquirido valor comercial, y la gran paradoja es que pese a no promocionarse en un mercado legal, es una mercancía por excelencia. ¿Tan grande es la necesidad que cubren y tan importante su función, que aun no contando con las ventajas de un mercado legal tienden los adeptos que tienen en todo el mundo independientemente de raza, religión, cultura o sociedad a la que pertenezcan?

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Las sustancias en general ejercen una especie de atracción automática, al contrario de otros productos de consumo, los cuales deben ser promocionados para ser tentadores, para ser vendidos. Aunque es cierto que la propaganda juega con el placer tóxico, como las publicidades de bebidas alcohólicas y tabaco (drogas legales).
Las drogas no son objetos como los demás, porque tienen la facilidad o el poder de enganchar el deseo y mantenerlo, aún sin publicidad. ¿Hasta dónde la prohibición no les hace un favor? ¿Hay una verdadera relación deseante con las drogas?. El descubrimiento de los centros de placer en el cerebro nos muestra que el ser humano no sólo tiene una búsqueda de placer casi intrínseca a su naturaleza, sino que además, esa búsqueda hedónica responde a neurotransmisores y receptores análogos a las sustancias consumidas. Tal es el caso de la Cannabis sativa que tiene como su sustancia más psicoactiva al delta 9 tetra hidrocannabinol, encontrándose en el sistema nervioso receptores para dicha sustancia. Esto hace que se replantee la extrañeza con que se consideran algunas drogas, como productos exógenos al cuerpo.

La neurofarmacología descubrió que hay cierta homogeneidad cualitativa entre los componentes químicos (sustancias) que absorbemos y los que actúan sobre las células cerebrales, siendo capaces de “alterar” nuestra forma normal de percibir el mundo, consiguiendo establecer relaciones asociativas nuevas, que escapan en cierta medida al mundo ordinario. En especial los enteógenos: neologismo creado por Robert G. Wasson en 1979, etimológicamente del griego éndon (dentro), théos (dios) y gennan (engendrar); “dios que nace en el interior del organismo que lo genera”. Este concepto se aplica particularmente a las drogas con capacidades alucinógenas sean naturales o no, como los hongos y el LSD. Nuevas lógicas de sentido cobran valor de verdad a partir de esto.
En un doble movimiento, el discurso de la neurofarmacología racionaliza por un lado las conductas toxicómanas, y por otro demarca las fronteras entre el uso y abuso. La explicación e interés médico consiste en que el deseo en juego se convierte cada vez más en necesidad de la sustancia.

En cambio el Psicoanálisis tiene al deseo (inconsciente) como centro de atención. Desear es interesarse por algo, orientarse hacia determinado objeto, que en el caso de ciertas drogas hace que un apetito insaciable absorba al sujeto y lo abstraiga del mundo. Esto es la dependencia extrema. Sabemos con Freud y Lacan que se puede saciar la necesidad, pero el deseo es insaciable.

Para Platón, todos los apetitos por las cosas y los cuerpos comparten la misma estructura: su meta sería la plenitud, para Freud lo que vuelve indiferente a todo salvo al producto químico (cocaína) que apunta al cuerpo es la promesa de una voluptuosidad independiente del mundo. Esto provoca una necesidad tan indestructible como las pulsiones reprimidas de la infancia.

El retorno insistente de lo reprimido es insaciable, a diferencia de los deseos puntuales que tienden a procurarse alivio, como por ej.:”quiero una tele nueva”, “un celular nuevo” etc. etc. ingresando en un circuito interminable de consumo, de use y tire cuando venga otro mejor.

Hace cincuenta años se hacían las cosas para que duren toda la vida y la mentalidad era la del ahorro y la privación para un mejor mañana. Actualmente prima la lógica de la no frustración: “lo veo lo quiero, me lo compro” (o “lo robo” en algunos grupos) todo es aquí y ahora, el mañana no existe, en una lógica de no privación, creyendo que así se puede ser más feliz. Pero es una felicidad efímera que dura unos meses hasta que sale un nuevo modelo de celular, de tele, de auto etc. Y en el caso del adicto a la pasta base es aún menor durando unos breves minutos el efecto, lo que lleva directamente al abuso en poco tiempo para seguir manteniendo los efectos de la droga, pero ni si quiera se le acerca. Ingresando en una espiral de euforia y depresión que lo lleva a la ruina y a la muerte sino logra hacer un corte y ponerle límite a esa experiencia.

<blockquote>Platón pensaba que el deseo es insaciable, el placer es imposible. Tenía razón en lo primero. La teoría Platónica sobreestima y demoniza el deseo, comparable a un extremo del consumo como es la toxicomanía. Con Platón el apetito adquiere una fuerza tan excesiva que vuelve imposible el placer. Esto si fuera cierto haría que todo deseo funcione como una toxicomanía, pero por suerte no es así. A pesar del principio de realidad que dificulta acceder al placer y porque es posible al menos ubicar hacia donde tiende el Deseo y que es lo que busca aunque eso sea algo escurridizo.

Se ha naturalizado que las drogas son peligrosas, que las drogas producen displacer y dependencia, como si fuesen todas iguales y generaran lo mismo, descuidando que lo más peligroso es la forma tan particular de relacionarse con ellas: el consumismo. Abriendo así una nueva forma de consumo mucho más peligroso y compulsivo adquiriendo mayor relevancia por las roturas del lazo social.

Hay que tener en cuenta que así como en la época de Freud, las neurosis histéricas estaban en boga por una sociedad Victoriana vigente, que ponía en la sexualidad el chivo expiatorio, eliminando los placeres del cuerpo. Ahora parecería que las drogas son el nuevo chivo expiatorio, con dispositivos tendientes a reprimir cualquier utilización del placer hedónico que pueden proporcionar las sustancias. Se gastan millones en reprimir el consumo de ciertas sustancias pero no tanto para prevenir, para informar sobre ellas o atacar las causas.
¿No estarán fomentando (como con algunos fenómenos histéricos) las toxicomanías con la sanción, el llevar hacia lugares que nadie quiere llegar?. Basta como ej. el aumento en forma exponencial del consumo de pasta base en Uruguay en los últimos años. Los informativos muestran los testimonios desesperados de madres o abuelas de adictos a la pasta base, pidiendo ayuda, sin saber qué hacer, como ponerle limite a una situación fuera de control. Como evitar que les sigan vendiendo o simplemente canjeando por droga todas las cosas de valor de la casa hasta dejarla hecha un páramo.

Datos de la policía indican que de cada diez jóvenes que se detiene nueve son consumidores de pasta base. El Hospital Vilardebó está desbordado por esta problemática y en los últimos tiempos han recurrido a sus servicios (por diferentes vías) numerosos casos de adictos.

Los especialistas explican que esta droga tiene un poder de adicción mucho más fuerte que la cocaína y es más destructiva en todo sentido para el consumidor. Además, es muy difícil desintoxicar a estos pacientes, con grados de reincidencia importantes.

La experiencia hedonista en búsqueda del placer individual que muestran los adictos a las drogas desnuda la soledad en la que viven y a veces mueren estos consumidores, aislándose poco a poco, cerrando las escasas redes sociales que quizás en el mejor de los casos en algún momento los cobijaron y contuvieron.
Freud en 1920 en su texto más allá del principio de placer habló del más allá del puro placer y que incluso en esa búsqueda se podía encontrar todo lo contrario, como dijo Lacan: el goce mortífero.

Y si el cuerpo pide gozar y gozar cada vez más como saber en qué punto es necesario detenerse. Y si no hay regulación del goce como poder hacerlo, cuando desde todos lados lo que se exige es gozar, gozar, gozar? En un camino hacia la pura pulsión, adicción, donde el discurso queda mudo y eso habla por él.
Vayamos hacia una explicación posible: antes de su entrada en lenguaje el sujeto solo existe en el plano de la relación imaginaria, especular; alienado en el otro materno.

Será ese primer encuentro modelo a seguir, donde la primera satisfacción se dará para colmar una necesidad puramente fisiológica. Quedará un registro, de esa primer satisfacción, pero no será hasta un segundo momento y volviendo al circuito del displacer que el pequeño valiéndose de la primera experiencia aspira a satisfacer su necesidad bajo una “idea alucinatoria” registrada desde la primera experiencia, provocándose así un falló que pone en entredicho la imposibilidad de ser autosuficiente, instaurando la demanda. Abriendo la brecha entre la satisfacción de la necesidad a la satisfacción de una demanda propiamente pulsional.

Aquí encontramos la fuente inaugural de toda relación aun no dialéctica, pero que sin embargo pone al niño en la posibilidad de instituirse como sujeto hablante. El deseo del sujeto alienado a la instancia puramente imaginaria, sometido al deseo del otro, solo podrá salir de esta relación a partir del lenguaje. Este otro vendría a ser sustituido por las drogas en el adicto, habiendo una relación con ella. La adicción sería la búsqueda de un objeto anti-duelo que no permite la elaboración de la perdida ese objeto primordial.
Este objeto droga parece responder mágicamente a todas las necesidades inmediatas de evitar las tensiones internas y externas típicas de ese momento.

El objeto de la adicción se halla en estrecha relación con aquel de la dependencia infantil. Pero seguramente también con otros actuales, que reafirman esa dependencia reanimando las fijaciones infantiles.
En el vínculo adictivo en general toda la persona, todos sus intereses están centrados en esa relación de dependencia donde se funden el sujeto con la sustancia o las sustancias porque éstas puede irlas cambiando acorde a la disponibilidad en plaza. Es común además que consuman múltiples sustancias.

El individualismo, el aislamiento y las nuevas formas de vincularse que implican de por si cada vez más ausencia de contacto personal, son los signos de estos tiempos. En la ausencia o disminución al mínimo de la presencia de ese “otro”, todo queda librado a un vínculo del sujeto consigo mismo, donde el otro es ajeno a mí, ya no es más un semejante, un par, sino un completo extraño deviniendo incluso en perseguidor, dándose una relación cada vez más imaginaria y persecutoria producto del desconocimiento total que del otro se tiene.

Vivimos en un tiempo donde los adultos ya no son el modelo a seguir, por el contrario parecería que los adultos quisieran imitar a los jóvenes. Porque toda la batería mediática esta puesta en hacernos creer que ser joven es el ideal de esta sociedad.

Pero estos jóvenes no visualizan un futuro claro, no piensan en tener que seguir etapas de un proceso para conseguir eso que quieren como algo natural. Lo que sea que quieren tiene que ser ya, no hay tiempo de espera porque los padres no saben hacerlos esperar. Entran en una espiral de darle y darle respondiendo a todas las demandas intentando saciar lo insaciable.

Esa inmediatez tiene su correlato en la frase: “no sé lo que quiero pero lo quiero ya”, (Sumo) la trampa mortal del vínculo adictivo es que no se alcanza nunca la saciedad porque no se trata solo de una necesidad, sino de demanda y esta es imposible de satisfacer, por eso el fin es sumamente fugaz.

Vivimos tiempos de falta de límites y su contracara: los excesos. De adicciones donde la estética del placer indica que hay que tener mp4 o mp5, celular con “todos los chiches”, si es un Ipod mejor, internet, etc., etc., en una especie de resalte de los vínculos virtuales, imaginarios, donde lo real del tener puede más que la posibilidad del dialogo, de la verdadera comunicación con otro sin intermediarios tecnológicos. En donde los hijos y los padres se miran cada vez menos a los ojos y más la nuca, por estar ocupados mirando la pantalla: llámese televisor, computadora o celular. Y si de aislamientos y falta de comunicación hablamos, el del adicto es un viaje individual, porque aunque consuma en grupos la relación con la droga siempre es personal, singular e implica un repliegue hacia el interior del sujeto. Muestra soledad, depresión y necesidad de evadirse de una realidad que le resulta difícil e insoportable. En esa actitud compulsiva hacia la droga hay dependencia y hay violencia, primero hacia sí mismo y luego como consecuencia de la búsqueda imperiosa viene el robo, la venta de objetos propios y ajenos etc., etc., para conseguir medios para drogarse, convirtiéndose en su único objetivo en el día a día. Circuito de goce mortífero que de no producirse un corte lo llevará inevitablemente a un encuentro con el más allá del principio del placer.

Fuentes:

• Aristóteles. Etica Nicomaquea. Ed. Gredos. Madrid,1993.
• Barran J P. Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos. Ed. Banda Oriental, Montevideo.
• Bayce, R ;Eira, G; Fernandez, J; Garcñia, C. Enteogenesis. Ed. Multiplicidades. Montevideo. 1997
• Escohotado, A. La historia de las drogas. Ed. Alianza. Madrid. 1989
• Fernández Waldemar. Revista Drogas Nª 4 Cultura y potencialización del vínculo adictivo. Junta Nacional de Drogas. MSP. Abril 2008
• Foucault, M. Microfísica del poder. Ed. de la Piqueta, Madrid 1992
• Foucault, M. Vigilar y castigar. Ed. Siglo XXI, Bs As
• Foucault, M. M. Historia de la sexualidad. Ed. S XXI. Madrid. 1993
• Freud, S. Obras Completas. Tomo VII. Tres ensayos de una teoría sexual. Ed. Amorrortu 1915
• Freud, S. Obras Completas. Tomo XVIII. Más allá del principio de placer. Ed. Amorrortu 1920
• Lacan, J. Jornadas de estudio de los carteles en la Escuela Freudiana de Paris, abril de 1975, inedito.
• Mackenna, T. El Manjar de los dioses. Bantan Books. New york 1992
• Platon. La República. Ed. Gredos. Madrid
http://articulando.com.uy/2013/10/18/toxicomanias-y-consumismo-la-estetica-del-placer/

“El fuego y el relato”, un acercamiento a Agamben

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Por Iñaki Urdanibia

El filósofo romano, nacido en 1942, inició sus estudios universitarios cursando la carrera de derecho , pero su asistencia a un seminario de Heidegger, en los años sesenta, le condujeron a variar su trayectoria, doctorándose en filosofía. Walter Benjamin es otro de sus inspiradores, como vacuna y contrapeso del primero de los nombrados, según él mismo señala. De Benjamin se ha encargado de la edición en italiano de su obra completa.

Su presencia se deja ver en el terreno de la renovación de la filosofía política, terreno en la que ha continuado la senda abierta por las visiones de Hannah Arendt y de Michel Foucault, autores cuyas ideas completa con referencias filológicas, y el recurso a los textos del situacionista Guy Debord , Carl Schmitt , o al de sus amigos, Jacques Derrida y Gilles Deleuze, amén de la erudita visita a materiales del cristianismo, teológicos, jurídicos, alquimistas, etc. El resultado una obra mayor, de la que por el momento se han publicado, si mis cuentas no me fallan, siete entregas bajo el título común de Homo sacer. Las teorías e hipótesis que en tal obra expone no dejan indiferentes a nadie; por decirlo de un modo rápido y algo simplificador: entre sus seguidores se hallan fundamentalmente gente con visiones subversivas y rebeldes [ no me resisto a señalar a modo de anécdota realmente significativa como en el affaire Tarnac, que supuso la detención de una serie de jóvenes afincados en tal pueblito, bajo la acusación de haber atentado contra las catenarias del TGV -montaje urdido a todas luces como aviso a navegantes: hay límites que no se deben sobrepasar-: así, entre las aplastantes pruebas de acusación estaban el ser autores del libelo “ La insurrección que viene” firmado por el Comité Invisible, con lo que se trataba de implicar también a su editor Eric Hazan, el haber tenido contactos con algunos grupos anarquistas del otro lado del charco, en los USA, y el hallazgo en su biblioteca de textos tan peligrosos como los de Foucault, Debord, Deleuze, Vaneighem, …y el propio Agamben, quien por cierto mostró su inmediata solidaridad con los acusados], y entre sus detractores quienes consideran que las posiciones mantenidas por el italiano son pura exageración/ invención, que no ocultan en el fondo más que un espíritu anti-democrático ( refiriéndose concretamente al sistema realmente existente ), y que suponen que su postura pueda ser calificada de impolítica, irresponsable, disolvente, etc., etc., etc.

Podría decirse sin mayor exageración que “su reino no es de este mundo” , y él se mantiene a la espera de la “comunidad que viene” ( temática “comunitarista” enfocada en debate con las participaciones de Maurice Blanchot o Jean-Luc Nancy), y con ciertos resabios mesiánicos -deudores de su admirado Benjamin- ( fundamental resultan sus análisis de la “Epístola a los romanos” de Pablo de Tarso, cuya interpretación condujo a Alain Badiou y a Slavoj Zizek a considerarla como una apertura religiosa al universalismo) , yendo más lejos en sus críticas al statu quo, alimentadas en las teorías biopolíticas foucaultianas, que algunos otros filósofos que también han transitado tales pagos, como Roberto Esposito; él como digo va más lejos y su crítica no se detiene en la dirigida a los regímenes totalitarios sino que su afilada mirada se dirige igualmente hacia las satisfechas democracias reinantes. En tal orden de cosas, sus afirmaciones llegan a considerar las actuales ciudades de los Estados nacionales y constitucionales -legales pero no legítimos- bajo el prisma de los campos de concentración. La vida de los ciudadanos están a entera disposición del Estado y sus servidores, que pueden decidir sobre el estatus jurídico de los embriones, de los emigrantes y sin papeles ( los nefastos campos de internamiento como ejemplo privilegiado), de algunos presos preventivos, o ampliado la vigilancia y el control de los ciudadanos por medio de sistemas de video-vigilancia, cacheos en aeropuertos, etc. Es este panóptico ampliado el que le conduce a recurrir a la figura, tomada del derecho romano arcaico del homo sacer, sujeto siempre a disposición del soberano ( «el homo sacer ofrece la figura originaria de la vida apresada en el bando soberano y conserva así la memoria de la exclusión originaria a través de la cual se ha constituido la dominación política …. Soberana es la esfera en que se puede matar sin cometer homicidio y sin celebrar un sacrificio; y sagrada, es decir, expuesta a que se le dé muerte, pero inclasificable, es la vida que ha quedado prendida en esta esfera […] Soberano es aquél con respecto al cual todos los hombres son potencialmente hominis sacri, y homo sacer es aquél con respecto al cual todos los hombres actúan como soberanos » ) . Por esta vía su travesía es una propuesta a revisar, repensar , no abandonar, los conceptos de poder constituyente, soberanía y representación, estado de excepción y subyaciendo a todo ello un interés siempre presente por el lenguaje. Este revolcón de las concepciones consagradas y heredadas es lo que ha convertido a Agamben en un ser influyente, en ciertos ambientes, y considerado peligroso, en otros, lo que le equipara en cierto sentido con las intempestivas y originales trayectorias de los Theodor W. Adorno, Max Horkheimer, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Michel Foucault…en un tenaz empeño –defendido por el último de los nombrados- por penser autrement.

Esta vena centrada en la filosofía política, en la que confluyen la ontología, la ética, la política, la estética, etc., es completada con la periódica publicación de recopilaciones de artículos, fundamentalmente relacionados con el arte, la literatura, y la creación en general. Contra lo que pueda pensarse en una primera aproximación, no son libros de relleno sino que resultan complementarios con respecto a la obra magna citada. Frente a los hábitos políticos y los anquilosados lenguajes utilizados, Agamben busca del mismo modo que una nueva comunidad de los humanos, un lenguaje que se adecue a las nuevas visiones y a un futuro diferente. De este modo los artículos recopilados son exploraciones acerca del uso de nuevos lenguajes, entre los que cobra una plaza destacada la poesía, ( en griego poiesis = producción), como lengua que se escapa del habla meramente comunicativa ( o repetitiva cual consolidado karaoke) ensayando nuevas vías de expresión, que escapen al lenguaje impuesto por el Estado y sus aparatos de propaganda, con lo que las puertas de un lenguaje-sin-Estado dejan otear su posible presencia. « Aquello que la poesía acomete con la potencia del decir, la política y la filosofía deben acometerlo con la potencia del actuar », se lee en la página 49 de su último libro publicado por acá: « El fuego y el relato » ( Sexto Piso, 2016) que toma como nombre el del primero de los diez ensayos reunidos.

Si comenzamos con una historia relatada por Gershom Scholem sobre la mística judía en la que un rabino oraba junto al fuego con el paso del tiempo se ignoraron las relaciones que unían antaño la oración con el fuego encendido…pero quedó el relato. , lo que le sirve al ensayista para tratar de manera alegórica la literatura, que al cabo de los años se ha convertido en una actividad autónoma sin unión con el mito, y en una de las esferas separadas de lo humano, la cultura. . La obra avanza con referencias a textos y anécdotas de distinto signo, y a pintores, filósofos y escritores ( Aristóteles, Nietzsche, Benjamin, Dostoievski, los Evangelios, Dostoievski, Tiziano, Hölderlin, Rimbaud, Simone Weil, Cristina Campo, Paul Celan, Velásquez, Paul Klee Trakl, Pasolini ( precisamente en su película “ La pasión según san Mateo” participó el joven Agamben) , y algunos de los ya nombrados , para analizar el papel de la literatura, de la creación, del soporte libro-desde el papiro al numérico- y sus diferentes expresiones relacionadas con las concepciones del tiempo ( circular, lineal), cuestiones referidas a la lectura y a la edición.

Una de las ideas eje de la obra se halla en el ensayo, ¿ Qué es el acto de creación?, que comienza con la respuesta que Deleuze dio a la pregunta: « un acto de resistencia» : « Ante todo, resistencia a la muerte, pero también resistencia al paradigma de la información a través del cual el poder se ejerce en aquello que el filósofo, para distinguirla de la sociedad disciplinaria analizada por Foucault, llama “ sociedad de control”. Cada acto de creación resiste contra algo…» ; armado de las concepciones aristotélicas se introduce el ensayista en las cuestiones pasadas por alto por su amigo Deleuze y hace una exposición clarificadora donde las haya de las relaciones entre potencia y acto ( la primera pudiéndose convertir en no acto, al modo de un Bartebly que prefiere no), en la opción entre hacer o no hacer , « la potencia-de-no es otra potencia-de en su inoperosidad, aquello que resulta de la desactivación del esquema potencia/acto»…ejemplifica tal inoperosidad en las actitudes de Kafka, Tiziano, Dante, Canetti, Malevitch o Velásquez, guiados por momentos de indecisión, de temblores de mano que abren el camino del « pensamiento del pensamiento, la pintura de la pintura, de la poesía de la poesía» , y la intervención plena del cuerpo y de la vida le conduce a interrogarse si no será la vida un arte, y ahí retoma con decisión las propuestas de Foucault, sobre el «cuidado de sí», sobre la « estética de la existencia», por las lindes de la búsqueda de la felicidad, siendo consciente de que no pudiéndose hablar en nombre de ( Dios, el pueblo…), «la política ha perdido su lugar , que las categorías de lo político se han derrumbado por todas partes. Ademia, anomia, anarquía son sinónimos…» y con una leve esperanza de que « un día la humanidad jugará con el derecho, como los niños juegan con los objetos sin uso , no para restituirlos a su uso regular, sino para liberarlos definitivamente de él».

Decía Wittgenstein algo así como que lo que se puede decir se puede decir claramente; a fuer de sincero si traigo a colación esta cita, es debido a que la escritura de Agamben, y en consecuencia su lectura, no es pan comido que digamos sino que exige una atención continua y un esfuerzo indudable. También es verdad que el esfuerzo bien merece la pena, del mismo modo que sucede en diferentes esferas del quehacer de los humanos.

Rechazado por nazis, comunistas y psicoanalistas: Wilhelm Reich

Wilhelm Reich. Sus libros fueron quemados a uno y otro lado del océano Atlántico.

Es probable que Wilhelm Reich (1897-1957) se precipitase en su camino a la demencia cuando sesenta toneladas de sus textos impresos y manuscritos fueron incineradas en Nueva York en 1956 bajo la acusación de promover la energía vital que él denominaba “orgón”: entre ellos, La función del orgasmo y Psicología de masas del fascismo, que antes habían sido quemados por los nazis. Un año más tarde moriría en la prisión federal de Lewisburg, Pensilvania, al mismo tiempo que allí era encarcelado Samuel Roth, editor de El amante de Lady Chatterley, entre otros libros prohibidos por “obscenos”.

Nacido dentro de una familia judía de lengua alemana en Galitzia, una región del Imperio austrohúngaro, Reich sirvió en la Primera Guerra Mundial, se graduó en Medicina en Viena, y fue miembro de la Asociación Psicoanalítica y asistente en las clínicas de Freud de los años 20. Pero como psicoanalista derivó hacia un análisis propio del carácter, siendo criticado por Freud por proponer que el orgasmo genital era un antídoto para las neurosis. Además, en lugar de trabajar con pacientes de la burguesía vienesa, Reich se afilió en 1928 al Partido Comunista austríaco y fundó clínicas gratuitas para trabajadores en las que defendía el sexo no reproductivo, el derecho a las relaciones entre menores de edad y el más allá de la monogamia. También experimentó con técnicas de contacto corporal y ejercicios respiratorios en dirección a una “vegetoterapia”, en completa ruptura con la sesión psicoanalítica.

En 1929 visitó la Unión Soviética, de la que admiraba las nuevas leyes sobre educación sexual y control de la natalidad, aunque fue crítico del aumento de la represión, la legislación antihomosexual y las trabas al aborto en un libro publicado en Viena en 1930, que más tarde se conocería como La revolución sexual. Ese año también se instaló en Berlín y fundó la Asociación Alemana por una Política Sexual Proletaria, abreviada y conocida como Sex-Pol, que reclamó anticonceptivos gratuitos, despenalización del aborto y de la homosexualidad y modificación de leyes sobre matrimonio y divorcio. En 1934 publicó Psicología de masas del fascismo, libro prohibido por Hitler y que también le costaría su expulsión del PC por “desviacionismo”.

Este triple hereje –para psicoanalistas, nazis y comunistas– fue pionero en postular que un líder autoritario puede acumular poder y acceder al gobierno por su capacidad de dar expresión política a las estructuras de carácter del individuo medio, aquel que vive habituado a someterse desde niño en el seno de una familia patriarcal: “La formación de una estructura autoritaria tiene lugar a través del anclaje corporal de la ansiedad y la inhibición sexual… El fascismo es la suma total de las reacciones irracionales del carácter humano promedio”. Ahora es fácil decir que era una concepción simplista o limitada, pero la constante reaparición de viejos fantasmas sugiere que el autoritarismo y la intolerancia están siempre al acecho y que alguna razón asistía a Reich en su obsesión por la educación y la actividad micropolítica.

Ante el ascenso nazi, en 1934 emigró a Noruega, donde fue tratado con hostilidad por los psiquiatras y la prensa, y en 1939 se afincó en Estados Unidos. Allí se dedicó por entero a sus manipulaciones de la energía vital, con las que aspiraba a curar diversas enfermedades. Realizó experimentos con pacientes encerrados dentro de cajas llamadas “acumuladores de orgón” y también inventos dudosos, como un cañón con el que trataba de influir sobre las nubes para atraer la lluvia, además de interesarse por el fenómeno ovni, de moda en la época. Poco hizo por sacarse de encima los rótulos de loco o charlatán que pronto lo destinarían a la prisión y al olvido. A su último libro publicado en vida, en 1947, lo tituló Escucha, pequeño hombre. En los mejores momentos de esa diatriba resentida contra el individuo común, al que llama “mezquino” y “mediocre”, reclama con candor: “Deseamos para nuestros hijos la expresión libre, abierta y alegre de su amor y que no tengan miedo de vivirlo clandestinamente en los rincones, en la oscuridad de entre puertas”.

Pero ya había saltado de la sartén al fuego. Luego de ser investigado por el FBI como posible “agente extranjero”, cayó bajo la lupa de la Food and Drug Administration (FDA), que actuaba como servicio de inteligencia para espiar y controlar métodos no aceptados por la convención médico-farmacéutica. En 1954, un juez ordenó la requisa de todos los equipos y escritos que mencionaran “orgón”. En 1956, cuando Reich se negó a una citación judicial aduciendo que un tribunal no era el lugar idóneo para discutir cuestiones científicas, se lo condenó a dos años de cárcel por desacato y violación a las leyes de drogas y alimentos. El psiquiatra de la penitenciaría lo describió como “paranoico con delirios de grandeza”.

Su profecía autocumplida: convencido de haber caído en manos de esa plaga de “pequeños fascistas” que le habían pisado los talones durante toda su vida, Reich murió en la madrugada del 3 de noviembre de 1957. El médico de la prisión informó que fue por insuficiencia cardíaca.

Osvaldo Baigorria

 Tomado de http://www.perfil.com/cultura/un-hereje-en-la-hoguera.phtml

El amor en la obra de Walter Benjamin

Resultado de imagen para Walter BenjaminPOR CHRISTOPHER DOMÍNGUEZ MICHAEL

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De todos los ensayistas no cabe duda que ninguno es más influyente en las últimas décadas del siglo XX y en nuestros días aún que Walter Benjamin. Lo digo con asombro, no por que la suya no sea una inteligencia adorable, sino por la dificultad de saber exactamente quién fue ese hombre. Cronista del París de Baudelaire, de su propio Berlín y autor de un concepto fluido de la modernidad del que han sacado ventaja cientos de profesores, teórico de la reproducción incesante de la obra de arte, quien no podía sino quedarse corto y aprendiz de brujo al cual se fían todos quienes buscan salvar al marxismo de su muerte pese a que su angelismo sea más una poética que una política, Benjamin, judío integrado y por ello europeo capital, se ha convertido, gracias a la bendición de manos impolutas como las de Gershom Scholem, en el judío absoluto.

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Teólogo sin tener religión, héroe marcado por una muerte en fuga que ha hecho del paso fronterizo de Portbou donde se suicidó en 1940 entre Francia y Cataluña una romería, tumba falseada incluida, también, admitámoslo, hay un mal Benjamin: aquel quien colaboraba sin mayores escrúpulos en la Enciclopedia Soviética pues según Marcel Reich-Ranicki, si por crítico literario se entiende, restrictivamente, al autor de reseñas, este gran ideólogo de la lo moderno fue, con frecuencia, un pésimo reseñista literario, laborioso frente a nimiedades y obediente, seguramente por apremio económico, ante las peticiones, a veces absurdas, de sus editores periodísticos.

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Es casi imposible bajar a Benjamin del altar de los modernos y aunque su obra fue, en cierto sentido, un fracaso monumental por culpa del nazismo, que lo forzó a huir para salvar su vida, el autor de Infancia en Berlín hacia 1900, nunca deja de sorprendernos. Su talón de Aquiles está en ser inagotable. Si cada generación lee a su manera los clásicos, a Benjamin toda ciudad universitaria lo interpreta a placer según la moda en curso y el syllabus a entregar, lo cual en el fondo, importa poco pues su naturaleza polimorfa lo acaba librando de la temida “mala interpretación” que es considerar a la literatura la continuación de la guerra por otros medios.

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Por si algo faltaba, han aparecido en inglés los bilingües Sonnets (Pilot Editions, 2014), de Benjamin, cuya existencia no era desconocida pero no se habían editado, al parecer, en un volumen independiente, como la ha hecho Carl Skoggard, traductor y comentarista. Estamos ante una ventana ante la más misteriosa de las relaciones de Benjamin, dicen sus más reciente biógrafos (Eiland y Jennings), la establecida con el joven Friedrich Heinle (1894–1914), quien se suicidó junto con su amante Rita Seligson, el 8 de agosto, en vísperas de la Gran Guerra a cuyo llamado a filas el autor de la Obra de los pasajes por fortuna pudo escaparse.

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Los setenta y tres sonetos, delicadamente anotados (de la traducción mi no-alemán me desautoriza a opinar) por Skoggard, son poemas de amor. Aunque hay momentos que nuestra época subrayaría sin duda y con lápiz rojo como homoeróticos, me parece que lo interesante de esta amistad profunda, sexo o no sexo, es un tipo de amistad masculina muy propia de buena parte del XIX y notable durante la Bella Época, cuya sublimación puede leerse en Narciso y Golmundo (1930), una de las grandes novelas del suizo de lengua alemana Hermann Hesse (1877–1962) cuyo inmenso y merecido éxito lo ha condenado con injusticia al olvido. Hesse, Premio Nobel en su día, fue un cantor de la amistad masculina, nacida en la adolescencia como una suerte de cordón umbilical entre gemelos que las mujeres y después de ella la guerra, la política o la religión, cortan. Cruzando el Rin, los amigos entrañables de Flaubert, en La educación sentimental, se habrían sorprendido mucho de que se sospechase de ellos como invertidos. “Nosotros los victorianos”, diría Michel Foucault.

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El amor de Benjamin –hombre de mujeres– por el malogrado Heinle provocó la paciente hechura de estos sonetos aspirantes a la perfección, rimados teniendo a los de Shakespeare como modelo pero asimilables a la escuela entonces predominante de Stefan George y si se nos apura a los de Hölderlin mismo, redactados, antes y después de la muerte del amigo por un Ur–Benjamin, quien habría conocido a Heinle en el movimiento juvenil pacifista.

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Traduzco del inglés en prosa, a la espera de un traductor competente al español, algunas de las estrofas que más me interesaron de los Sonnets, de Walter Benjamin. Uno de ellos, el XLIII, dice: “El nuevo sol es mi pensamiento sin fin y mis pensamientos son los rayos virando hacia la tierra, donde se esparcen en el más misterioso de los anillos. La luz del universo aparece en su pobreza de manera tan extraña que los dioses se bañan en ella. Tú eres la sombra de estas cosas vacías”.

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Otro, más explícito, es el número XLIX: “Como en su poema el poeta piensa verse a sí mismo, seguramente tú deberás descubrir muy pronto cómo la ternura de la eternidad juega a favor del amor”. Más extraño es Benjamin en el soneto LVI: “Hace siete años, mi vida, te hiciste presentar a nosotros con un niño y todavía no embarazada, entregaste a la creatura gracias a cuyo angélico poder el día se quedó, en su plenitud, lleno de sangre”. Según el escoliasta, este soneto referiría a un niño misterioso –acaso Jesús mismo sospecho yo– que le fuese presentado a Benjamin como sucesor, real o imaginario, del amigo muerto.

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El judío Walter Benjamin, rodeado de ángeles (de la historia y de los otros), llega a hacer del suicida una figuración de Cristo, lo cual nada tenía de extraño pues antes de pretendido fundador del cristianismo, Jesús fue un profeta judío para horror de los antisemitas de ayer y de hoy.

Tomado de http://confabulario.eluniversal.com.mx/los-sonetos-de-walter-benjamin/

Fetichismo: arte y literatura

El Sol de Zacatecas

Zacatecas, Zac.- El escritor y psicoanalista Hans Hiram Pacheco García, presentó su tercera publicación que lleva por título “El objeto fetiche en confesiones de una máscara, de Yukio Mishima, puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de fetichismo” que trata sobre la relación del fetichismo con el arte, la literatura y las perversiones.

El texto cuenta con tres capítulos, informó en entrevista el autor; el primero trabaja la correlación que tiene el psicoanálisis con la literatura, donde se expone un interesante análisis.

El segundo habla sobre la teoría del fetichismo visto de diversos autores, e incluso desde la mirada psiquiátrica, que parte desde el concepto “el fetichismo es la perversión de las perversiones, la perversión paradigmática”.

Y por último, el tercer tomo se basa en la novela de Confesiones de una Máscara, en la cual se retoman fragmentos que ejemplifican la génesis del objeto.

El manual es un referente académico para los estudiantes de la Licenciatura en Psicología e incluso para los alumnos de posgrados.

Fue editado por la Universidad Autónoma de Zacatecas, el tiraje fue de mil ejemplares, ya está a la venta con un costo de 150 pesos, y para los interesados se puede encontrar en el campus Siglo XXI.

Hans Pacheco, ya escribe un nuevo volumen que se denomina “El quehacer del analista”, proyecto que se presentará en próximos meses, así lo anunció.