La imaginación poética del psicoanalista

“De rodeo en rodeo el sujeto en la punta de la lengua, no es una  palabra o  una frase que se pueda decir. Es el aire de las palabras que sin ese aire no tienen sentido, y uno está solo para escuchar y uno trata de escribir”

 

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Henri Meschonnic.

           Escuchar en Psicoanálisis es atender a otra escena, suspender el sentido habitual de las  palabras esperando la emergencia del sujeto del inconsciente. El análisis es un acto de escritura y reescritura, donde  la posición de  analista y paciente frente al lenguaje,  trascienden  el querer decir, comprender o explicar.

Sostendremos que en los momentos fecundos de un análisis sucede algo comparable al efecto de lectura de una obra literaria, al encuentro con un hecho artístico que conmueve,  dado que aunque el paciente intente relatar qué lo movilizó allí, algo se mantiene evanescente, resistente a la  significación; pero circula y sigue generando efectos, sujeto a la función metafórica y metonímica del lenguaje.

Sostendremos que un analista transcurre aún en su vida cotidiana,  abierto a la polisemia, que su trabajo de artesano en la palabra, se nutre también del goce estético y es por ello que muchos de nuestros ensayos refieren a las bellas formas del decir y el hacer, en escritores, poetas, filósofos o artistas plásticos.  Un camino sobre el que va Lacan en el Seminario 25:   “No hay más que la poesía, se los he dicho, que permita la interpretación. Es por eso que no llego más, en mi técnica, a lo que ella sostiene. Yo no soy bastante poeta. No soy bastante poâte”

 Henri Meschonnic, lingüista y poeta,  reflexiona sobre los vínculos entre poesía e histeria, subrayando que Freud comienza a interesarse en el lenguaje al observar los efectos de esta última sobre el cuerpo. Es en la histeria donde se evidencia que el organismo es más que referencia de lo biológico,  es cuerpo bordeado por el lenguaje,  el  lugar donde se  encarnan las metáforas.

Es en la poesía, en la oralidad, donde la fuerza de la carga pulsional toma una dirección inversa, se dirige desde el cuerpo hacia el lenguaje y ya no desde el lenguaje hacia el cuerpo como se observa en la histeria. “Poner al cuerpo en el lenguaje, utilizando su energía es la función de la oralidad”[1]

En este sentido el Psicoanálisis subvierte la práctica de la Psiquiatría como una clínica de la mirada, centrada en la observación y clasificación de síntomas y se troca en una clínica de la palabra. Debemos recalcar que se trata de la palabra otorgada al paciente.

En “El poeta y los sueños diurnos”  Freud compara la actividad del poeta con el juego en el niño y el fantasear del adulto.  Tanto el niño como el poeta crean un  mundo propio. Cuando el  niño juega lo impulsa la deriva pulsional, un hacer restitutivo  y expresivo que lo satisface.  De la misma forma la fantasía del neurótico, el ensueño diurno, recrea y permite la satisfacción de un deseo insatisfecho del que proviene la fuerza pulsional que lo dirige.

Pero solo el poeta logra que su experiencia, una impresión individual bordee  lo universal, que un objeto simple, cotidiano,  arroje una luz nueva; que  un paisaje ajeno se nos vuelva familiar, próximo y lejano a la vez; que allí  algo nos hable.

Para  Rilke  “lo abierto” designa  ese instante  en el cual sin que un límite haga obstáculo, lo seres y las cosas entran al espacio de la percepción pura. Dice en La Octava Elegía de Duino: “Con plenos ojos, la criatura ve lo abierto, solo nuestros ojos están invertidos y colocados en torno a ella por entero…”

        Siguiendo a Gérard Pommier “Lo abierto remite a esa experiencia de lo infinito en lo finito, es ese momento en el que  a partir de una mirada dirigida a una cosa simple,  todo es aceptado, consentido… Lo abierto aparece cuando tomo una palabra en el hueco de mi mano y cuando  espero”[2].

Aún lo terrible se vincula con lo bello a través de las palabras del poeta, algo se hace poético en la vía metafórica que constituye el síntoma.

       Tomemos  entonces  los  versos de la poeta Selva Casal“El universo flota en el espacio sideral / Tú  en el mar  / Como en el líquido amniótico” [3]Sus palabras son la entrada al poema: “Esto está escrito para leer bajo el agua”. Al leerlo las imágenes que evoca me llevaron de inmediato al recuerdo de esta  viñeta clínica:

Una mujer  embarazada de su primer hijo. ¿Cuáles son los rastros de su madre en ella? No tiene certezas sobre su verdadero origen. La muerte de su madre de crianza la dejó con la incógnita. Ya sin lazos familiares, los de esa familia conocida en la que todos se han ido, la inminencia de su propia maternidad  la lleva a intentar  volver a un  punto desconocido.    Un ritual  se le impone. Tiene que llenar el lavatorio con agua para meter la cabeza adentro. Una, dos, tres veces. Teme que si no lo hace algo podría sucederle a  su  bebé. Más tarde insiste en meter la cabeza en espacios continentes. Abre las puertas del ropero con la misma compulsividad.

Alguien dice que deberían internarla, le podría pasar algo al bebé.

Otro escucha, lee la metáfora  y relanza la palabra. Desata  las preguntas amordazadas para que ella misma escriba una respuesta.

Tras el sufrimiento del síntoma algo de planteado por Lacan  en el Seminario 25,   remite a lo que muestra el caso. Leemos: “Trabajo en lo imposible de decir. Decir es otra cosa que hablar. El analizante  habla, hace poesía. Hace poesía cuando llega —es poco frecuente, pero es arte” [4]

Desde el decir poético de  Clarice Lispector  en Agua Viva: Escribir es usar la palabra como carnada, para pescar lo que no es palabra. Cuando esa no palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se ha escrito”.

Y allí estamos, en el arte de la espera. Por esa palabra que llega y lanzamos a rodar.

 

(Cabecera: fotografía de Laura Rivera)


[1] Meschonic; Henri. La poética como crítica del sentido. Mármol Izquierdo Editores. p.162

[2] Pommier, Gerard. “La excepción femenina, Ensayos sobre los impases del goce.”Alianza Editorial.1996 p.105

[3] Casal, Selva. “Biografía de un Arcángel”. Estuario Editora. Montevideo. 2012. p. 9

[4] Lacan Jaques. Seminario 25. Clase 3 1977.Ed digital.p. 9

 

Fuente: https://lasnuevemusas.com/esta-escrito-leer-agua/

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LOS CURIOSOS ORÍGENES DE LA CRIMINOLOGÍA

 

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En la antigüedad existía la creencia de que había una estrecha relación entre el tipo criminal y ciertas anomalías de la constitución física del individuo, lo cual se ponía de manifiesto en las manifestaciones artísticas y literarias del pasado. En autores de la categoría de Dostoyevski, Zola y Balzac se observa n excelentes descripciones de individuos que presentan ese tipo de anomalías asociadas a perversiones del carácter y lo mismo observamos, en el campo de las bellas artes, en las pinturas de Miguel Ángel, Rafael, etc. Mas adelante, como producto de esa atmósfera cultural surgen  pseudociencias como la frenología y la fisiognomía que acogen y sistematizan esas ideas pretendiendo darle carácter científico. En ellas se postulaba que la forma del cráneo, la cabeza, las facciones o la apariencia física determinaban el carácter y rasgos de personalidad, así como  las tendencias criminales. Siguiendo esa línea de ideas, el italiano César Lombroso, quien se desempeñaba como médico forense, crea la escuela de Antropología Criminal, siendo para eso fundamental su libro “El hombre criminal”. Lombroso es discípulo de Darwin por lo que considera que existe una esencial continuidad evolutiva del animal al hombre, motivo por el cual las características comportamentales del hombre primitivo y los animales eran, en ciertos aspectos, equivalentes. De allí la idea de que el delito es atávico, es decir, que reproduce en nuestros días una manera de actuar considerada como normal por nuestros ancestros de la antiguedad. Concibe al delito como el resultado de tendencias innatas, de orden genético, observables en ciertos rasgos físicos o fisonómicos de los delincuentes habituales como la malformación del cráneo, protuberancias y asimetrías, determinadas formas de mandíbulas, orejas, arcos superciliares, etc. Sin embargo, sus obras mencionan también como factores criminógenos el clima, la orografía, el grado de civilización, la densidad de población, la alimentación, el alcoholismo, la instrucción, posición económica y la religión. Considera que los rasgos del delincuente genuino (nato) son irreductibles y, por lo tanto, no son corregibles, por lo que la sociedad, para protegerse de ellos, debe secuestrarlos para siempre o suprimirlos cuando su incorregibilidad los torna demasiado peligrosos.En los casos en que sea posible debe intentarse su readaptación. La teoría de Lombroso presenta notables deficiencias desde el punto de vista conceptual y metodológico por lo que actualmente no tiene vigencia. Tiene el mérito de haber creado la escuela de Antropología Criminal y de haber iniciado ese movimiento antropológico. Pero su obra no se limita a la Antropología Criminal debido a que, bajo la influencia de Enrico Ferri, se interesó igualmente por el estudio de los aspectos sociales del fenómeno criminal. Es interesante dar a conocer, con sus propias palabras, como Lombroso llegó a su teoría: “En 1870 yo hacía desde varios meses atrás, una investigación sobre cadáveres y sobre vivos en las prisiones y asilos de Pavia con el objeto de fijar las diferencias sustanciales entre los locos y los delincuentes, sin lograrlo: de repente, la mañana de un triste día de diciembre, encuentro en el cráneo de un bandido toda una larga serie de anomalías atávicas, sobre todo una enorme foseta occipital media y una hipertrofia de la región media del cerebelo, análogas a las que se encuentran en los vertebrados inferiores. Al ver esas extrañas anomalías, así como aparece una llanura bajo el horizonte inflamado, me pareció resuelto el problema de la naturaleza y el origen del delincuente: las características de los hombres primitivos y de los animales inferiores debían reproducirse en nuestros días”. La teoría de Lombroso ejerció larga influencia en el desarrollo del pensamiento antropológico y criminológico de la época, siendo superada al imponerse, en la concepción del hombre, las investigaciones sobre el inconsciente realizadas por Sigmund Freud.

 

Fuente: http://diariodelosandes.com/site/los-curiosos-origenes-la-criminologia.html

Élisabeth Roudinesco: “Si el psicoanálisis pierde su dimensión literaria, se convierte en mera psicoterapia”

Historiadora y psicoanalista, biógrafa de Lacan y de Freud, afirma que “los psicoanalistas perdieron la profundidad de la cultura freudiana” y que la crisis de su disciplina no es clínica, sino intelectual

 

Parecía sólo una cuestión de tiempo que la historiadora y psicoanalista Élisabeth Roudinesco (París, 1944) llegara a escribir la biografía de Sigmund Freud: es una de las mayores especialistas del mundo en la historia del psicoanálisis -autora del célebre Diccionario de psicoanálisis, entre otras obras- y ya había publicado la biografía de Jacques Lacan, elogiosamente recibida por el público y la crítica, y también por la cofradía psicoanalítica francesa.

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A pesar de que Freud en su tiempo y en el nuestro (Debate), acaparó elogios, ganó dos premios literarios, se perfila como la biografía definitiva y se está traduciendo a diecisiete lenguas, recibió el rechazo absoluto de los psicoanalistas franceses. “No les gustó nada la biografía de Freud porque no les gusta la historia, prefieren las leyendas. Se dedican a escribir, interpretar y sobreinterpretar cosas que nunca ocurrieron. Hay una negación total de los archivos, los datos y los acontecimientos”, enfatiza Roudineso, discípula de Tzvetan Todorov, Michel de Certeau, Gilles Deleuze y Michel Foucault.

La apertura de documentos clasificados del fundador del psicoanálisis que se pusieron a disposición del público en 2010 (miles de cartas, textos y postales, e historias de 120 pacientes), reunidos en la Biblioteca del Congreso de Washington, coronó una faena en la que Roudinesco se venía concentrando desde hacía años: estudiar, escribir y enseñar Freud. En la elaboración de esta exhaustiva y documentada biografía, la escritora se aleja tanto de las hagiografías como de las leyendas negras, plagadas de rumores y mentiras, y se aferra con ahínco al dato y la evidencia para reconstruir la vida cotidiana de Freud, el entorno vienés, sus vínculos familiares y la etapa del exilio.

Freud logró crear una doctrina “a medio camino entre el saber racional y el pensamiento salvaje, entre la medicina del alma y la técnica de la confesión”, afirma Roudinesco. Si el siglo XX fue el del psicoanálisis, el siglo XXI es el de las psicoterapias múltiples adoptadas y consumidas por las clases medias de los países democráticos en los que el psicoanálisis se expandió: tratamientos cortos para soluciones concretas e inmediatas. Roudinesco sabe que el psicoanálisis hoy está asediado y cercado por las neurociencias, el avance de la farmacología y el consumo de psicofármacos, y la proliferación de diversas psicoterapias.

“Para el conductivismo y las terapias actuales la voluntad individual es más potente que el peso del pasado”, sostuvo en su paso por Buenos Aires, adonde llegó invitada por la Biblioteca Nacional, el Institut Français d’Argentine y Penguin Random House para participar de la inauguración del Centro Argentino de Historia del Psicoanálisis, la Psicología y la Psiquiatría de la Biblioteca Nacional y presentar también El inconsciente explicado a mi nieto (Libros del Zorzal).

Freud ya había sido biografiado por diversos autores. ¿Qué descubrió en estos archivos en Washington?

No hay primicias. Contrariamente a todos los rumores, no hay documentos que puedan cambiar radicalmente la visión de Freud. Todavía hay archivos que no están desclasificados, que atañen a los pacientes o de discípulos de Freud, cuyas familias aún no quieren que sus historias se revelen. Pero no creo que la apertura de esos archivos sobre pacientes produzca un cambio radical en la imagen que tenemos de Freud. Por el momento conocemos cincuenta casos, pero es posible que haya más de ciento veinte. Sería un trabajo muy interesante de hacer: investigar y explorar las historias de esos pacientes.

¿Qué privilegió en su búsqueda?

Las curiosidades. Hay muchísimos pequeños testimonios, cartas breves de gente que conoció a Freud y todos los archivos sobre el período de su exilio. Existe el testimonio de un librero en Viena que cuenta todos los libros que Freud iba a buscar, un encuentro con un desconocido en Roma, las entrevistas que le hicieron a Freud, hay de todo: es el depósito de toda esa memoria en movimiento.

Es curioso que Freud haya sido biografiado por norteamericanos e ingleses y no por franceses, en tanto Francia es el reino del psicoanálisis.

Soy la primera francesa en hacer este trabajo. No, no es curioso que esto pase. Desde hace cincuenta años los trabajos historiográficos son norteamericanos, anglófonos o alemanes, no son franceses. Y eso se debe a que los psicoanalistas franceses no se interesan por la historia, leyeron la biografía de Peter Gay o la de Ernest Jones pero ningún psicoanalista francés fue a los archivos de Washington. Ninguno. No se les ocurre. Uno puede ser psicoanalista e ir a los archivos aunque no quiera hacer una biografía. Pero no.

¿Pero por qué cree que su trabajo ha sido tan criticado por los psicoanalistas franceses?

No les gustó porque la cuestión central, que es la vida cotidiana de Freud, cómo vivía, su entorno vienés, no les interesa. Para ellos es “leo a Freud, tengo una transferencia con el texto y me quedo encerrado en Jones”. Estudian los grandes casos de Freud – “el hombre de los lobos”, “el hombre de las ratas”-, pero no estudian a las personas reales. Estudian sólo las interpretaciones de “los casos”, no las personas. Ése el primer punto. No se interesan por la historia porque además consideran que es destructivo para la clínica, que hay que atenerse al texto.

¿Se abstraen totalmente del contexto y la época?

Bueno, saben que Freud es judío, saben generalidades y saben cosas de manera imprecisa, pero cometen muchos errores. En Francia se interpretan y sobreinterpretan acontecimientos que no ocurrieron y por lo tanto hubo un florecimiento de las leyendas. Por ejemplo, muchos psicoanalistas franceses ahora saben, gracias a mí, que Freud no dijo “les estamos trayendo la peste” cuando llegó a Estados Unidos. Ahora lo saben porque hace veinticinco años dije que Lacan fue el que contó eso. A pesar de esto hubo psicoanalistas que escribieron textos enteros para comentar frases que Freud nunca pronunció. Hay legiones de psicoanalistas que analizan la cuestión judía de Freud e interpretan el hecho de que sus hijos hayan sido circuncidados, pero sus hijos nunca fueron circuncidados. Incluso hubo debates e interpretaciones en torno a su fecha de nacimiento, cuando el documento dice que nació el 6 de mayo y no el 6 de marzo, como sostuvieron algunos y construyeron a partir de eso una historia equivocada. La fuerza de la negación del archivo es muy grande. Mi Freud no es el mismo que el de Peter Gay, pero en lo que atañe a los hechos, bueno, hay que establecerlos y el libro muestra las leyendas que fueron fabricadas a partir de los hechos que no sucedieron.

Freud fue el principal explorador del orden íntimo, del psiquismo. En ese sentido, encarnó una revolución. ¿Qué alcances tuvo esa exploración?

En esos años todo el mundo exploraba lo íntimo. La psicología se estaba desarrollando, por eso todos los eruditos de la época exploraban el orden íntimo, buscaban la clave. Lo que yo diría que fue totalmente nuevo en Freud es que en lugar de llevar a cada sujeto a una nosografía y reducirlo a una enfermedad del alma, Freud dijo: “Esto se parece a las tragedias griegas”. Freud dio una dimensión mitológica a los problemas del orden íntimo y dijo: “Todos los neuróticos son príncipes, reyes, son Edipo y Hamlet”. Freud les dio una suerte de dignidad mitológica y literaria y eso es mucho más interesante que el complejo de Edipo de la psicología. ¿Por qué? Porque les dio una dignidad a los enfermos. Lo que era increíble con Freud, según cuentan periodistas y escritores de la época, es que había una epidemia en Viena en la que todo el mundo se creía Edipo. Y cito un texto de un gran escritor, Elias Canetti, que va a Viena en 1921 en donde cuenta esa locura. Por eso también los ataques incesantes que recibió Freud. Se decía que estaba loco, se lo acusaba de hacer literatura y de inventar cosas que no existían, de confundir fantasía con realidad, y sobre todo de dar una dimensión mítica, política y mesiánica a su movimiento. Tenía discípulos pero no discípulos clásicos como tienen hoy los Departamentos de Psicología, esto es, alumnos de alumnos. Freud hizo un movimiento emancipador, hizo una internacional y creó un movimiento para cambiar el mundo.

Fue una generación obsesionada por la introspección que no vio venir la Primera Guerra Mundial, el nacionalismo y los horrores del siglo XX.

Absolutamente, es así.

Existe una crisis del psicoanálisis. ¿Cómo la caracterizaría? ¿De dónde vienen hoy los mayores cuestionamientos? ¿De las neurociencias, la proliferación de psicoterapias o del consumo de psicofármacos?

Las amenazas vienen de todos lados. Si se pierde la dimensión literaria y mitológica de Freud, es una psicología ordinaria. Hoy los psicoanalistas perdieron la profundidad de la cultura freudiana. Siguen considerándose superiores a los psicoterapeutas pero perdieron la cultura. Por eso hacen una defensa clínica del psicoanálisis y no tanto una defensa intelectual. Entonces, el psicoanálisis es atacado por el cientificismo que hoy le reprocha a Freud que el psicoanálisis no sea científico, algo que nunca fue; está la potencia de los medicamentos -la gente toma drogas- y la elección de psicoterapias breves. Si el psicoanálisis abandona la dimensión literaria y mitológica, si el psicoanálisis no reivindica ser algo superior en términos intelectuales, se convierte en una mera psicoterapia. Ésa es la verdadera crisis del psicoanálisis. Esta crisis es visible y lo es particularmente en Francia porque los psicoanalistas franceses caen de muy arriba.

¿En qué sentido lo dice?

En que todavía tienen la arrogancia de los que fueron maestros del mundo gracias a Lacan y ahora se ven reducidos a ser meros psicoterapeutas. Creo que los psicoanalistas latinoamericanos no caen de tan arriba porque jamás se montaron a nada y son mucho más pragmáticos. Como no conocieron directamente a los grandes maestros, es más sencillo. Y se adaptan.

Parecería que cada país, cada escuela, cada psicoanalista construye su propio Freud, una suerte de Freud a la carta. ¿Podría identificar algunas características de la práctica psicoanalítica en la Argentina?

En 1942 la Argentina se pensaba como la nueva Viena y creo que la característica del psicoanálisis en Buenos Aires es que es una cultura: Freud y el psicoanálisis son para la Argentina una práctica y una cultura que no están necesariamente ligadas a una neurosis o al hecho de “estar mal”. Uno va a psicoanalizarse para conocerse y eso está muy bien. Además, en Buenos Aires, es una historia de familia y tiene que ver con las oleadas inmigratorias: acá siempre parece haber una esposa, un ex esposo, un tío, un primo psicoanalista o parientes que se han psicoanalizado.

Pero hoy en día difícilmente haya pacientes dispuestos a encarar un tratamiento psicoanalítico que dure veinte años y requiera diván tres veces por semana. ¿Qué cambios debería introducir el psicoanálisis para sobrevivir y reinventarse?

Hay gente que consume curas toda su vida: curas clásicas con diván, un poco de medicamentos, un poco de terapia corporal y meditación, psicoanálisis kleineano, psicoanálisis lacaniano. Son los pacientes modernos, bastante depresivos, que necesitan apoyos permanentes y pueden estar veinte años en análisis pero no de un trecho: van y vienen. Con el psicoanálisis se puede hacer todo. Creo que el psicoanálisis puede hacer algo mucho más corto: puede hacer psicoterapia pero con el espíritu del psicoanálisis. Se pueden resolver problemas en tres semanas. No es un análisis pero se trata con análisis. Los psicoanalistas acá y en otras partes han cambiado sus prácticas. En lugar de limitarse a la cura standard, al diván tres veces por semana, se ven obligados por los pacientes mismos a hacer otra cosa, porque los pacientes de hoy vienen y dicen “tengo tal problema”, “quiero resolver tal problema”, “¿cuánto tiempo?, “¿cuál es el precio?”, “¿cuántas veces por semana?”

También hay una migración a terapias de vidas pasadas, constelaciones familiares y otras prácticas.

Todo se puede hacer, pero es mejor que esas prácticas sean encaradas por psicoanalistas, algo que no siempre sucede. Lo que yo digo es: hay que instalarse en todas las terapias pero con orientación psicoanalítica.

Biografía

Élisabeth Roudinesco nació en París en 1944. Se formó en la Escuela Freudiana de París como psicoanalista. Fue discípula de Todorov, De Certeau y Deleuze. Es investigadora en la Universidad de París VII. Es autora de Lacan, esbozo de una vida, Diccionario de psicoanálisis y Freud en su tiempo y en el nuestro.

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2062983-elisabeth-roudinesco-si-el-psicoanalisis-pierde-su-dimension-literaria-se-convierte-en-mera-psicoterapia

Sobre una (posible) respuesta a la pregunta de ¿por qué es tan cruel el amor?

Por Alberto Isaac Mendoza Torres 

Comencemos con una viñeta, que bien podría ser clínica, pero que en realidad se da en el contexto de una charla informal. Una mujer, de pasados los treinta me pregunta ¿por qué todo lo hace mal con su novio? Un viudo joven, apenas cumplió los cuarenta, y que no tiene hijos. Ella me jura y perjura que quiere estar con su novio. Que además es el segundo que tiene en su vida, a pesar de su edad. Pero todo lo hace mal. Cada que él la invita a cenar, al cine, o a su casa, a que pasen la noche juntos. Resulta que ella ya tenía planes con su familia. Y ni modo de cancelarles. Si además el malvado novio le hizo la invitación apenas unas horas antes. Si le hubiera dicho con anticipación, seguro estaría con él.

Ella quiere estar con su novio. Me vuelve a jurar. Y yo le creo. ¿Por qué tendría que ser de otra manera? Si aunque me “mintiera”, me estaría diciendo la verdad, lo que ella hace de verdad con lo que sabe.

Lo que esta chica ignora que lo que quiere no es lo que desea. Y ahí está el meollo de todas las complicaciones de su incipiente, pero apasionante, por dolorosa, vida amorosa. Ella, al igual que todos, o digamos que casi todos, no quiere lo que desea, pero tampoco desea lo que quiere. Quiere, dice, estar con su novio, pero desea estar con su familia. Pero no quiere eso que desea. Ella jura, y perjura que ya no quiere estar con su familia, que usan y abusan de ella. Le cargan toda la mano. Es la responsable de la limpieza, del cuidado del padre que enfermo de diabetes ha perdido una pierna, y necesita que alguien le ayude a caminar. Y esa es ella, la hija, siempre abnegada. Camila. La siempre virgen. Eso significa el nombre, la que está frente a Dios, la que hace sacrificios. Desde luego, dice que ni loca, que ella no quiere esta vida, para siempre, para ella. Y sin embargo lo desea.

¿Y entonces qué hará? Lo que desea. Aunque no sea lo que quiere.

Desde luego que con su novio no hace bien, pero tampoco hace mal las cosas. Las hace como las desea. Y eso es algo ético, está siendo condescendiente a su deseo. Si pensamos las cosas en la dicotomía del bien o del mal, desde luego que estamos haciendo moral, pastoral. Y eso vale, sirve, como guía, pero nunca para explicar por qué es que hacemos lo que hacemos.

Pero aún no nos preguntamos por qué es tan cruel el amor.

Claro que con estas actitudes, a lo largo de unos meses el novio se cansa del juego, y decide no buscarla más. Se va por cigarros a la tienda. Deja de darle like a sus fotos de Instagram, ya no le manda memes de buenos días por el WhatsApp. Y un buen día a ella ya no le llegan las notificaciones de las actualizaciones de Andrés en Facebook.

A Camila le duele. Claro que le duele, me dice. Ha perdido al amor de su vida. Por qué fueron las cosas así. Por qué se aprovechó de ella. Ella que le dio todo, incluso estuvo dispuesta a dejar a su familia, que tanto la adora, y a la que ella adora tanto. Por qué tiene que doler el amor. Por qué, por qué.

Le pregunto si ama a Andrés. Chilla. Claro que sí. Me dice que no puede ser que yo también ponga en duda eso. Pero a mí, ya no se lo digo, me parece que no ha amado. No a Andrés. No sé si a su familia. A esa familia que tano adora y a la que ella adora tanto.

Y es que esto del amor, es un tema tan escurridizo. Hay personas que han tenido una sola pareja, desde la secundaria, y con la que se casaron, y con la que tuvieron hijos, y a la que lloraron cuando murió. Pero a la que nunca amaron. O bien, hay quien ha tenido decenas de parejas, con más de dos se han casado, y han padecido los estragos de la separación, han sufrido depresiones, han estado empastilladas, pero, no, hasta hoy, nunca han amado.

Pero, entonces, ¿qué es el amor?, y ¿por qué carambas duele tanto? Dice Lacan que “amar, es dar lo que no se tiene, a alguien que no es”.

Podemos quedarnos por hoy con este aforismo, para ir construyendo la posible respuesta a la pregunta de ¿por qué es tan cruel el amor?

Publicado originalmente en: http://diariotiempo.mx/otros/editorial-una-posible-respuesta-a-la-pregunta-cruel-amor/

Qué ven cuando los ven

Concebida alrededor de la imagen, esta forma de administrar el castigo estatal supera a la televisión y la realidad virtual. Es la “justicia espectáculo” en vivo y en directo.

Por Graciela Brodsky *

El 6 de abril, el señor Nick Ingram, británico de nacimiento, se salvó momentáneamente de la silla eléctrica en la cárcel de Jackson, Georgia, EE.UU. El juez federal Horace Ward hizo lugar a una última y desesperada apelación de los abogados. La orden de detener la ejecución llegó, como en las mejores películas del género, cuando sólo faltaban 55 minutos. “Para condenar a alguien a la muerte, antes debo mirarlo a los ojos” [1] fue el argumento que utilizó el juez federal. No sabemos qué habrá visto Horace Ward en los ojos de Nick Ingram, pero lo cierto es que pocos días después 2400 voltios se los cerraron para siempre.

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Un joven de 16 años, recluido en un centro de detención por molestar sexualmente a su hermana de nueve años, para obtener su libertad debe probar ante los ojos de su familia que siente vergüenza. Avergonzarse no se trata en este caso de admitir la falta y disculparse ante su hermana, sino que debe, literalmente, arrodillarse. Las palabras no son suficientes, dice Cloe Madanes, director del Instituto Familiar de Rockville. Él tiene que entender que lo que hizo está tan mal, que su cuerpo tiene que adoptar una postura que muestre el arrepentimiento.

Estos casos, a los que podrían sumarse otros, no son más que ejemplos de una nueva rama de la justicia, actualmente en período de experimentación en algunos estados de los EEUU que se llama “justicia expresiva”. Sus dos pilares son la vergüenza y el estigma, y el debate sobre sus pros y sus contras conciernen en estos momentos a jueces, ministros de la iglesia, sociólogos, psicólogos, etc. El Newsweek de hace algunos años le dedicó sus páginas centrales, y el entonces Ministro de Justicia de la República Argentina creyó necesario sumarse al debate mediante una nota editorial que publicó en su momento La Nación, donde reivindicaba la vergüenza como un sentimiento que lleva al arrepentimiento y rehabilita, aunque no deja de condenar la humillación que provoca.

¿Por qué no podríamos sumarnos los psicoanalistas a este debate? Ya hemos opinado abundantemente sobre la justicia distributiva y hemos aprendido, siguiendo a Lacan, la esencia misma del derecho. No está de más que digamos lo que tenemos para decir en este terreno que por ser el de la ley, parecía reservado al registro de lo simbólico o incluso al de lo real cuando destacamos el carácter caprichoso y feroz de la ley superyoica. Pero ahora, en el templo de la justicia -ciega para sopesar sus decisiones sin mirar a las personas- vemos entrar las imágenes y las miradas.

La justicia expresiva en cambio es la justicia de la imagen, mejor que la televisión, mejor que la realidad virtual, es la “justicia espectáculo” en vivo y en directo. En cierto sentido podría compararse con el teatro: no faltan los actores, el director de escena, el público presente, el que leerá el Newsweeky, los que verán el video. Tampoco falta la cámara, ese elemento de la técnica que pretende resolver la dimensión irrepetible de la escena teatral. Sin embargo no es teatro, porque falta el texto, y en el teatro, aunque sea mudo, el texto está siempre supuesto y se lo trata de descifrar. Este es un teatro que se pretende libre de la ficción de las palabras. Es un teatro que además se quiere sin máscara, a cara lavada, colorada de vergüenza y con la platea iluminada a giorno. Un teatro donde actores y público deben mirarse a los ojos.

¿Qué papel le toca a cada uno?

El actor debe exhibir, por desplazamiento de abajo hacia arriba, sus “vergüenzas” en el rostro. Pero aquí la justicia expresiva se engaña. La vergüenza no es el signo del arrepentimiento, hay vergüenza porque se ve siendo visto. Esto aclara el papel público, dado que en una justicia que no tiene un propósito aleccionador ni ejemplificador, ¿para qué se lo convocaría?

Al público le toca rasgar el velo del pudor, a distinguir de la vergüenza. Esta concierne a la acción, el primero al juicio. Por eso el pudor, al que Lacan reconoce como la única virtud, [2] evita pasar vergüenza.

La justicia expresiva no solo descubrió al sujeto en el criminal, descubrió que además goza, y aunque en cierta medida todos podemos identificarnos con él porque somos culpables de un crimen primero, no es la identificación lo que le interesa, por eso no es ejemplificadora. Su interés es ese goce oscuro, enigmático, que el criminal debe sacrificar. La justicia expresiva es en cierto modo freudiana. Sabe que la reconciliación con la cultura requiere el sacrificio del goce. Los ojos del público -los ilotas de la justicia- serán el instrumento. Cuando se encuentren con los del criminal, podrán verse en su rostro los estigmas de la castración.

Años más tarde, Lacan hablará del goce del espectador devorado por los gadgets divertidos que la ciencia pone ante sus ojos. Pero lo que la justicia expresiva pone ante sus ojos no es un gadget, es un sujeto. Por eso, cuando el joven se arrodille y deponga su mirada, quizás resuene desde el escenario una voz en off que, dirigiéndose al espectador, haga escuchar “tú no me ves de donde yo te miro”.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/62643-que-ven-cuando-los-ven

El beso

Así decía el Cyrano… Al fin y al cabo, ¿qué es, señora, un beso? Un juramento hecho de cerca; un subrayado de color rosa que al verbo amar añaden… Después de esta tierna introducción quisiera compartir el día de hoy con ustedes algunas reflexiones sobre el beso.

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Socialmente aceptable en algunas culturas, en otras tantas no; es signo de respeto, pero también de traición, recuerden a Judas y a Michael en El Padrino, señal de agradecimiento, como los campesinos hacen al llegar la lluvia, símbolo de humildad, como lo hace el Papa al llegar a tierras extranjeras. Ya sea para demostrar amor fraterno o de pareja, para saludar o despedirnos, el beso trasmite un poderoso mensaje de lleno de significado.

Para definirlo no basta el diccionario, ya que incluso en ellos su significado ha variado con el paso de los años, dejando en claro que la percepción de éste ha evolucionado y simplificado tristemente, así como se han minimalizado tantas cosas en la actualidad.

Besar en 1726: poner la boca sobre alguna cosa y frunciendo y apretando los labios y pronunciar la B tácitamente con cierta especie de reverencia en señal de amor y obsequio. (Nótese como abunda el sentido del decoro en esta definición).

Besar en 2017: Tocar u oprimir con un movimiento de labios a alguien o algo como expresión de amor, deseo o reverencia, o como saludo (simple y concreto).

Sigmund Freud, como es natural, abordó el tema hasta la saciedad y vinculaba la naturalidad del beso al primer gran encuentro vínculo del ser humano: el pecho materno. Incluso, se ha teorizado acerca de que es ésa la razón por la cual la mayor parte de las personas suelen inclinar la cabeza hacia la derecha cuando besan. En esa misma línea Freud dijo que besamos a otros porque somos incapaces de besarnos a nosotros mismos. En el beso aparece ese primer límite del placer individual.

Jesús de la Gándara, psiquiatra y autor del libro El planeta de los Besos, asegura que “buena parte de nuestra felicidad depende de que podamos relacionarnos, y los besos son quizás el símbolo de relación más elaborado y sofisticado que tenemos los seres humanos”. El principal beneficio es su función de apaciguamiento, pues evitan situaciones de tensión, de riña o de enfrentamiento entre las personas.

De acuerdo con todas las definiciones que hemos leído queda claro que el beso es una manifestación importante, para el ser humano es primordial vincularse, sentirse parte de algo pero a la vez plasmarse, trascender, darse. El beso es la manera perfecta de trasmitir un sentimiento, es la acción más perfecta de dejar claro las emociones y la sinceridad con la que se quieren trasmitir.

La seguridad del beso de la madre al hijo antes de dormir será la bendición con la que se combatirán a los dragones y monstruos que en sus sueños puedan aparecer y también los reales, el beso reparador de heridas y corazones rotos, aquel que puede sanarlo todo. El beso enamorado que brinda el mensaje de haber llegado a donde pertenecemos. Al ser una acción tan perfecta no se puede fingir.

Los besos no te gastan, bríndalos a quienes lo merezcan, disfrútalos, gózalos, pero sobre todo no te niegues la oportunidad de recibirlos, sobre todo aquellos dulces, pegajosos, que saben a moronitas de galleta.

Fuente: http://www.elhorizonte.mx/opinion/editorial/el-beso/1954828

Por qué “Los hermanos Karamazov” era la novela favorita de Einstein

BBC Mundo
10.09.2017

La historia del cruel y despiadado padre Fiódor Karamázov y sus hijos ha sido punto de partida de otras novelas, obras teatrales y films.

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“Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello?”.

Con ese tipo de dilemas enfrenta a sus personajes -y al lector- Fedor Dostoievski, el autor del que la escritora Virginia Woolf dijo:

La novela en la que hace esa terrible pregunta fue la última que escribió, “Los hermanos Karamazov”, “la más magnífica novela jamás escrita” según el padre del psicoanálisis Sigmund Freud.

Tanto Freud -cuyo primer ensayo fue “Dostoievski y el parricidio”- como los otros tantos que aclamaron la obra como uno de los logros supremos de la literatura universal dejaron clara la razón de su admiración.

Albert Einstein dejó una incógnita.

Einstein nunca aclaró qué fue precisamente lo que aprendió leyendo a Dostoievski, despertando una irresistible curiosidad que ha sido fuente de inspiración de muchos escritos sobre la conexión entre los dos genios.

Inconcebible

Una de las pistas está en la segunda parte de esa tan mencionada cita: “Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico, incluso más que de Gauss”, fue lo que dijo Einstein, según su amigo Alexander Moszkowski, el primero en escribir un libro sobre el científico.

Karl Gauss fue uno de los pioneros en el campo de la geometría no euclidiana, que proveyó la base para la teoría de la relatividad de Einstein.

Y, como señala el autor mexicano José Gordon en su libro “El inconcebible universo. Sueños de unidad”, uno de los personajes de Dostoievski “trataba de percibir geometrías invisibles, la geometría detrás de la geometría que se escapa de las dimensiones que podemos apreciar”.

Ese personaje es Iván Karamazov, ferviente racionalista y ateo, quien atribuye su incapacidad para aceptar el Universo y la armonía de Dios a ciertas limitaciones de su mente: la suya -dice- es una mente euclidiana terrestre, tridimensional, y la armonía divina parece operar en una cuarta dimensión.

Gordon, quien participa en el Festival Hay de Querétaro 2017, imagina que…

Ese “personaje hecho de letras” postulaba que si Dios existía y había creado el mundo, seguramente lo había hecho de acuerdo a la geometría de Euclides. Sin embargo, señalaba, había especialistas en geometría y filósofos que lo dudaban.

“…incluso se atreven a soñar que dos líneas paralelas -que de acuerdo con Euclides nunca se pueden encontrar en la Tierra- podrían encontrarse en alguna parte en el infinito “.

“He llegado a la conclusión de que si ni siquiera puedo entender eso, no puedo entender a Dios”.

Refiriéndose a este pasaje, el matemático David Fowler, en su ensayo “Matemáticas como ciencia ficción”, expresó en pocas palabras lo que para muchos es obvio:

“Las reflexiones de Dostoievski sobre el tiempo y el espacio ciertamente se pueden considerar como compatibles, en sentido cualitativo, con el marco teórico de la relatividad especial”.

O, tomando prestadas palabras del escritor mexicano José Gordon, los personajes de la novela podían mantener “un diálogo fantasmal” con Einstein.

Terminar por el principio

Otro interlocutor en ese “diálogo fantasmal”, además de Iván Karamazov, probablemente fue el diablo quien, por aquello de la relatividad del tiempo, andaba sin reloj, con ropa pasada de moda y llegaba tarde a las citas.

“Estaba muy lejos y, para llegar a la tierra, tenía que cruzar el espacio. Desde luego, esto es para mí cuestión de un instante, aunque la luz del S ol tarda ocho minutos”, es la excusa del diablo por su tardanza.

Ese diablo maneja además conceptos temporales difíciles de concebir, como el de la eternidad, genialmente ilustrado cuando relata una leyenda que termina en el principio de la historia.

Cuenta de un filósofo que cuando se muere se encuentra con que, en vez de la oscuridad y la nada que esperaba, tiene una vida por delante en el paraíso. Como eso está en contra de sus principios, se indigna y por enojarse lo sentencian a caminar un cuatrillón de kilómetros. Se rehúsa durante mil años, y luego empieza a caminar.

– ¿Acaso no es igual estar echado eternamente que tener que recorrer un cuatrillón de kilómetros? En eso se tardaría un billón de años.

– Tal vez más. Si tuviéramos lápiz y papel podría calcularlo. Pero terminó su caminata hace ya mucho tiempo y ahí es donde empieza la historia, contesta el diablo.

 

Genial pero, ¿fue la inspiración de esa famosa teoría?

La idea de que el que algunos califican como el más grande novelista inspiró al más grande científico a formular la Teoría de la Relatividad General es seductora.

“Los hermanos Karamázov” fue publicada en 1880, un año después del nacimiento de Einstein (y unos meses antes de la muerte de Dostoievski), décadas antes de que el científico cambiara la manera en la que concebíamos el mundo.

Así que habría sido posible y poético que una gran obra literaria sirviera de chispa de “la idea más feliz” de la vida de Einstein.

 

Pero Einstein desarrolló su Teoría General de la Relatividad entre 1907 y 1915 y, por las fechas de sus cartas al toxicólogo suizo Heinrich Zangger y al físico austríaco Paul Ehrenfest, sabemos que no leyó la que sería su novela favorita hasta cinco años más tarde : 1920.

“La idea más feliz de toda mi vida”, según el propio Einstein, fue imaginar a una persona cayéndose de un tejado y darse cuenta de que ésta no sentiría su propio peso. Ese pensamiento, que lo sorprendió un día de 1907, iluminó su camino hacia la teoría de la relatividad.

Sin embargo, el que “Los hermanos Karamazov” no inspirara directamente sus teorías científicas no niega la conexión entre Dostoievski y Einstein.

Ética no física

Para el respetado físico e historiador de ciencia Boris Kuznetsov (1903-1984), la clave del vínculo no está en los pasajes que tocan la física en las novelas de Dostoievski, sino en el abordaje humanístico de Einstein a la ciencia.

Para Kuznetsov…

– la esencia de la obra literaria de Dostoievski era la búsqueda de una armonía cósmica que no ignorara los destinos y sufrimiento de los individuos

– la esencia de la obra científica de Einstein era un intento de descubrir una armonía macroscópica que no ignorara los procesos microscópicos

Para fundamentar su visión de Einstein, Kuznetsov señalaba la resistencia del científico a admitir los descubrimientos de la mecánica cuántica pues implicaban que la naturaleza de los procesos microscópicos era aleatoria e indeterminada.

La idea de que Dios no juega ni siquiera con el destino de las partículas más minúsculas -señaló Kuznetsov- está claramente expresada en esa pregunta imposible de si fundarías la felicidad de la humanidad sobre las lágrimas de una niña inocente.

Es la ética de Dostoievski, revelada a través de sus personajes, y la de Einstein, a través de su ciencia, y no la física lo que explica las palabras del científico sobre la novela.

Líneas paralelas

Lo cierto es que a Einstein le encantó leer “Los hermanos Karamazov”.

Y en ese “inconcebible universo” en el que José Gordon deleita con la magia de la ciencia, el autor nos recuerda que ese físico nos mostró “que el espacio invisible tiene curvaturas” y que “en el espacio curvo dos líneas paralelas pueden llegar a besarse”.

 

Como buen divulgador científico, Gordon nos invita a imaginar que…

“Nuestro mejor amigo podría volar en línea recta, remontar las alturas por encima de nuestras cabezas y alejarse de nosotros hacia los confines del universo para siempre, pero si el espacio es curvo , después de miles de millones de años, podría retornar y tocarnos en la espalda , como amores que regresan de forma sinuosa e inexplicable”.

Quizás, en ese espacio curvo, Dostoievski retornó y le tocó la espalda a Einstein.

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.

 

Fuente: http://www.24horas.cl/noticiasbbc/por-que-los-hermanos-karamazov-era-la-novela-favorita-de-einstein-2501174