Niños hiperactivos, invento para vender medicinas

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Se ha publicado en el último número del Boletín de Información Terapéutica (BIT) de Navarra un demoledor informe sobre el Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Este trabajo independiente ofrece datos contundentes sobre el sobrediagnóstico y la sobremedicación de niños que está produciéndose… y sobre sus consecuencias.

El trabajo publicado se titula Atentos al déficit de atención (TDAH). Entre la naturaleza incierta y la prescripción hiperactiva.

Su objetivo es analizar críticamente la evolución del diagnóstico y tratamiento del TDAH, revisando la perspectiva histórica, los aspectos de eficacia y seguridad de los medicamentos utilizados en su tratamiento, alternativas de abordaje y el enfoque desde las ciencias sociales.

Comenzando por el final. Conclusiones:

El TDAH se nos revela como un fenómeno de prevalencia variable y creciente, con etiología desconocida, sin marcadores biológicos consistentes e hipótesis a favor del origen orgánico muy discutibles. Sus criterios diagnósticos han fluctuado enormemente a lo largo del tiempo, basados en escalas de síntomas insuficientemente correlacionadas con la disfunción social, familiar o académica.

Los tratamientos no farmacológicos precisan de una mayor investigación, destacando la terapia conductual en su potencial utilidad.

Con respecto a los medicamentos se aprecia cierta eficacia en síntomas a corto plazo sin continuidad clara en las variables relevantes, por lo que deberían considerarse un recurso de uso excepcional. Destacan los efectos adversos cardiovasculares, psiquiátricos y endocrinos (algunos raros y muy graves, otros frecuentes con repercusiones ignoradas).

Su relación con el abuso de sustancias permanece debatida y preocupa la actual tendencia a iniciar tratamientos en población adulta, máxime cuando la pluralidad de intereses alrededor de este diagnóstico complica la formación de un juicio prudente”.

El BIT se plantea de inicio varios interrogantes. El primero si el TDAH es una ENFERMEDAD y si es así ¿existe sobremedicación o inframedicación de los niños? Nos saca de dudas pronto. En España el despegue de la hiperactividad en los niños como “enfermedad” se produjo en 2004 coincidiendo con la comercialización del metilfenidato en liberación prolongada, el fármaco “estrella” ad hoc.

Hoy nos encontramos entre los mayores consumidores mundiales de esta droga y en crecimiento exponencial (mirad el gráfico del BIT).

Las causas de esta supuesta enfermedad no se conocen. El discurso mayoritario alude a la raíz neurobiológica del problema (desequilibrio químico de neurotransmisores) y el componente genético, enemigos bastante cómodos, por cierto. Ello facilita la “solución” medicamentosa. No se trata de negar la falta de atención en los niños (yo era el primer desatento de la clase) pero sí explicar que ello ha degenerado en un concepto abstracto, la hiperactividad, base para la medicalización de la infancia.

 

Llama la atención este estudio que mientras que con los demás medicamentos primero se estudia la enfermedad a tratar y luego se busca el fármaco, con el metilfenidato se hecho a la inversa; primero se introduce en el mercado la píldora y luego se busca la posible causa de la patología. Paradójico e ilustrativo.

La publicación navarra critica la “curiosa” evolución del Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales, el ya criticado por lo mismo en estas páginas, DSM. Ved también la gráfica y cómo gracias a esta herramienta se pasa de un supuesto enfermo mental por cada 480 persona en 1952 a uno por cada 50 hoy. ¿Estamos locos, tontos o es que hay algunos listillos haciendo negocio con la salud?

También cuestiona las guías de práctica clínica que son los documentos por los que se rigen muchos médicos a la hora de diagnosticar y medicar el TDAH; están plagadas de conflictos de intereses. Es decir, la mayor parte de quienes las hacen trabajan o han trabajado para los laboratorios que fabrican los medicamentos para el TDAH.

Escrito esto, podemos concluir que la hiperactividad es una enfermedad fabricada en torno a un medicamento, de escasa eficacia y con destacados peligros. Los psicoestimulantes están asociados con efectos cardiovasculares y se han descrito casos de muerte súbita en niños. También efectos sobre el crecimiento; menos talla y peso en niños que lo toman mucho tiempo. Y daños graves en el sistema nervioso y endocrino. La dependencia y el abuso se incluyen entre los factores causados por estos fármacos.

Incluso se relaciona la medicación con ideación suicida y trastorno bipolar.

Quedaos con una frase:

La opción farmacológica debería ser el último recurso y empleada durante el menor tiempo posible”.

Tomado de http://www.migueljara.com/2014/03/19/nuevos-datos-para-entender-que-la-hiperactividad-es-una-enfermedad-disenada-en-torno-a-un-medicamento/

El derecho de pernada, ¿algo más que un mito medieval?

La atrocidad sexual del derecho de pernada, ¿algo más que un mito medieval?

El derecho de pernada o «ius primae noctis» era el privilegio feudal por el que los nobles tenían potestad de pasar la noche de bodas con la mujer de sus vasallos, esto es, de desvirgarla

Bajo el prisma de la Ilustración surgieron una serie de mitos sobre la Edad Media que redujeron este periodo a la mayor pestilencia moral de la historia. Los cinturones de castidad, que nunca existieron; la quema de brujas, más bien del siglo XVI; y otra serie de abusos como el derecho de pernada se exageraron y deformaron para desprestigiar a la nobleza y a la Iglesia. Pero, ¿existió realmente el «ius primae noctis»? Sí, lo que no está documentado es que fuera algo frecuente más allá del plano teórico.

El derecho de pernada o «ius primae noctis» era el privilegio feudal por el que los nobles tenían potestad de pasar la noche de bodas con la mujer de sus vasallos, esto es, de desvirgarla. Se estimaba uno de los muchos abusos que sufrían los vasallos, que en la práctica pertenecían al señor de la región tanto como la tierra o las cosechas.

Un origen germánico

El origen de esta práctica resulta incierto, si bien ya Heródoto hizo referencia a la costumbre de una tribu líbica por la que se «presentaba al rey todas las doncellas que están para casarse, y si alguna le agrada, él es el primero en conocerla».

En la Edad Media, el Derecho de Pernada podría tener su antecedente directo en la costumbre germánica llamada «Beilager», por la que el señor de cada pueblo se reservaba la primera cópula con la novia. Una práctica que derivaba de las propiedades mágicas que se le achacaban a la sangre del desfloramiento. En sentido estricto, el Beilager germánico consistía en el derecho del señor de compartir la cama con la recién casada, derecho que éste perdería a cambio de un pago en metálico. El concepto del privilegio sobre la primera noche se perpetuó en la época feudal, aunque siempre asociado a impuestos o tributos que recibieron nombres locales, como «el merchet», «el cullagium» o «el vadimonium», entre otros.

Un cuadro historicista que recrea la escena de un anciano entregando sus jóvenes hijas al señor
Un cuadro historicista que recrea la escena de un anciano entregando sus jóvenes hijas al señor

La mayoría de historiadores reducen la incidencia del derecho de pernada a casos y lugares muy concretos, aunque recuerdan que este privilegio feudal se ejercía de forma indirecta mediante el pago de un impuesto al señor por haber autorizado el enlace de sus vasallos. Es más, era tradicional en muchos lugares que el señor simulara el acto sexual o saltara encima de la novia en las celebraciones que seguían a la boda, a modo de recordatorio del poder del noble sobre sus vasallos y como remanente de lo que algún día fue el derecho de pernada.

Quienes defienden que nunca existió se aferran a la escasa documentación y los pocos textos legales en los que hay referencia al este abuso, pero obvian que, en el caso medieval, la tradición escrita es endeble y poco resistente al tiempo. Así y todo, la Sentencia arbitral de Guadalupe (1486) por la que Fernando El Católico puso fin a muchos de los abusos de la nobleza contra los vasallos catalanes se menciona que «ni tampoco puedan [los señores] la primera noche quel payés prende mujer dormir con ella o en señal de senyoria». Una frase que demuestra que el derecho de pernada había sido algo al menos teórico en otro tiempo.

«Ni tampoco puedan [los señores] la primera noche quel payés prende mujer dormir con ella o en señal de senyoria»

Pero una cosa era la teoría y otra la práctica. El «ius primae noctis» despertaba un fuerte rechazo entre los vasallos, a los que dejaba humillados, y podía derivar en levantamientos campesinos. Resultaba una forma demasiado aparatosa y poco práctica de reivindicar el poder feudal. No obstante, los abusos sexuales sobre las esposas de los vasallos eran algo frecuente sin que hiciera falta que los señores invocaran derechos, pues bastaban las amenazas para acallar el suceso. Los siervos estaban desprotegidos.

La Iglesia protege los matrimonios

Incluso los reyes habían tratado de combatir este tipo de abusos durante siglos y eran la consecuencia de un poder central demasiado débil. Los reyes apenas contaban con territorios y soldados propiamente suyos y su poder dependía de la lealtad de los nobles. Alfonso X El Sabio, Fernando El Católico y otros monarcas con auténtico poder estipularon leyes contra los abusos de la aristocracia y prohibiendo explícitamente el derecho de pernada.

Además, la creciente autoridad de la Iglesia también fue ganando fortaleza con el paso de los siglos y permitió que el matrimonio fuera amparado por la institución eclesial. Al consolidarse el matrimonio religioso, quedaba claro que el derecho canónico estaba por encima de cualquier uso o fuero ancestral y que, si Dios y la Iglesia bendecían la unión, sobraba la intervención de la nobleza.

A partir de que la Iglesia monopolizara los matrimonios, los abusos sexuales pasaron de ser un pseudoderecho a ser los caprichos de un señor descontrolado incapaz de respetar la dignidad de las personas a su cargo. El matrimonio era algo sagrado que ni siquiera los señores feudales podían mancillar.

 

Tomado de: http://www.abc.es/historia/abci-atrocidad-sexual-derecho-pernada-algo-mas-mito-medieval-201704270112_noticia.html

Luigi Zoja: “Yo soy también responsable del mal, sin chivos expiatorios”

“Somos siempre hijos de nuestra cultura, nuestra generación, nuestros padres y nuestras experiencias”

Matías Vallés 30.04.2017 | 04:55

Luigi Zoja. // FDV

Luigi Zoja. 

-Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿El sueño de todo psicoanalista es analizar a Woody Allen?”

-Para mí sería peligroso, porque Woody Allen ya comercializa el psicoanálisis desde hace décadas. A veces empleo la frase de una de sus películas para ilustrar la paranoia, “también los paranoicos tienen enemigos reales”. Es muy provocadora.

-Hay paranoicos que son realmente perseguidos.

-Exactamente. Trabajé en Nueva York tras el derrumbe de las Torres Gemelas. Los buenos ciudadanos norteamericanos que obedecieron a los altavoces y se quedaron en sus pisos, corrieron peor suerte que el contingente de latinos que se volvió más paranoico. Desobedecieron, se pusieron a correr y sobrevivieron. También salvaron la vida aquellos judíos un poco paranoicos que desconfiaron del nazismo y se marcharon de Alemania.

-El presidente de Intel tituló su autobiografía “Solo los paranoicos sobreviven”.

-He leído algunos capítulos. Hablaba de un entorno de altos cargos, extremadamente competitivo y frágil. En la economía digital de Silicon Valley, todo cambia con unaaceleración inusitada. Se gana mucha plata, pero es una riqueza virtual, que desaparece a la misma velocidad.

-¿Le bastará con esta entrevista para diagnosticarme la paranoia?

-No creo, para un diagnóstico hay que conocer bien a la persona. En cambio, una entrevista sería suficiente con Hitler o Stalin, porque tienen rasgos paranoicos bastante acusados y evidentes. Estos tiranos representan la paranoia hard, frente a la soft de la prensa amarilla.

-¿Por qué el pueblo más culto del universo siguió dócilmente a Hitler?

-En situaciones de extrema gravedad, la paranoia se difunde más. Alemania afrontaba los desastres de los pagos a vencedores, y de la inflación desbocada de la república de Weimar. La economía se derrumbó. Hoy, la paranoia general crece desproporcionadamente por el miedo a ataques terroristas.

-Usted quiso curar a los neoyorquinos del 11-S.

-Bah, me quedé solo dos años, y la mayoría de mis pacientes eran italianos. En las costas Este y Oeste había mucho menos miedo. Los verdaderamente paranoicos eran los Estados del interior, donde había menos riesgo de ataques y menos inmigrantes islámicos. También en la Alemania de hoy, la paranoia y los movimientos racistas se concentran en la antigua República Democrática, donde existe la herencia de un Estado policial basado en la sospecha. La ignorancia exagera el peligro.

-¿Qué le asusta?

-La estupidez humana, la falta de sentido común, la intolerancia contra inmigrantes a quienes hemos llamado.

-Su ‘Nacer no basta’ es un gran programa vital.

-La psique es un iceberg, del que solo controlamos la décima parte que aflora sobre el agua. Aunque el inconsciente abarca la mayor proporción, la Iglesia habla de libre albedrío. Tenemos la posibilidad de elegir. Por tanto, yo soy también responsable del mal, sin chivos expiatorios.

-¿Tenemos demasiadas cosas que hacer?

-Sí, claramente. La presión y la competición se han disparado. Todo es más rápido, y resulta difícil profundizar en un tema. De modo que crece la posibilidad de difundir mensajes simplificados y paranoicos. Por ejemplo, se multiplica con imaginación paranoica el porcentaje real de inmigrantes, los chivos expiatorios.

¿La violencia es un monopolio masculino?

-Sí, en parte por razones fisiológicas y culturales. Tengo libros sobre la figura del padre.

-¿Por qué se habla de la anorexia cuando el problema es la obesidad?

-Porque pensamos en la anorexia como algo menos natural, y hay más casos de muerte entre las anoréxicas radicales. La persona bulímica queda personalmente integrada pese a problemas físicos. Se ha invertido la regla de los ricos obesos y los pobres esqueléticos.

-¿Nos preocupan más los animales que los seres humanos?

-Tengo una hija totalmente vegetariana, y es difícil cenar con ella. Aunque puede ser una nueva forma de intolerancia, la extensión de la empatía con todas las formas

de vida propia de las religiones orientales me parece positiva, frente al excesivo antropocentrismo de Occidente y de la religión cristiana. Trato de incorporar las “utopías minimalistas”, como la atención al medio ambiente, a la vida animal, a la polución. Sin ser extremista.

-¿Podríamos empezar desde cero?

-No, siempre somos hijos de nuestra cultura, nuestra generación,

nuestros padres y nuestras experiencias. Aún así tenemos un margen para elegir con libertad entre diferentes opciones, y nuestra obligación moral es emplearlo. El psicoanálisis no es un acto clínico, sino ético.

Tomado de: http://www.farodevigo.es/sociedad/2017/04/30/luigi-zoja-responsable-mal-chivos/1670111.html

El Antiedipo. Entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari.

El Antiedipo: entrevista a Gilles Deleuze y Felix Guattari
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L’Arc, n.º 49, 1972. Entrevista con Catherine Backes-Clément– Ustedes oponen constantemente un inconsciente esquizoanalítico, compuesto de máquinas deseantes, al inconsciente psicoanalítico, al que dirigen toda clase de críticas. Utilizan la esquizofrenia como patrón de referencia. Pero, ¿dirían ustedes sinceramente que Freud ignoraba el dominio de las máquinas o, al menos, de los aparatos? ¿Dirían que no comprendió el campo de la psicosis?

– F.G.- Es complejo. En ciertos aspectos, Freud tenía plena conciencia de que su verdadero material clínico, su base clínica procedía de la psicosis, de Bleuler y Jung. Y esto es así hasta el final: todas las novedades del psicoanálisis, desde Melanie Klein hasta Lacan, proceden de la psicosis. Por otra parte, está el caso de Tausk: es posible que Freud temiese una confrontación de los conceptos analíticos con la psicosis. El comentario sobre Schreber revela todo tipo de ambigüedades. En cuanto a los esquizofrénicos, se tiene la impresión de que a Freud no le gustan en absoluto, dice sobre ellos cosas horribles, extremadamente desagradables… Ahora bien, es cierto, como usted dice, que Freud no ignoraba la maquinaria del deseo. El deseo, las maquinarias del deseo son incluso el descubrimiento propio del psicoanálisis. Nunca en el psicoanálisis dejan de zumbar, de chirriar, de producir. Y los psicoanalistas no dejan nunca de alimentar o de realimentar las máquinas, sobre un fondo esquizofrénico. Pero quizá hacen o desencadenan cosas de las que no tienen clara conciencia. Quizás su práctica implica operaciones incipientes que no aparecen con claridad en la teoría. No hay duda de que el psicoanálisis ha perturbado toda la medicina mental, como una especie de máquina infernal.

Aunque ya desde el principio estuviese sometido a compromisos, causaba perturbaciones, imponía nuevas articulaciones, revelaba el deseo. Usted acaba de invocar los aparatos psíquicos tal y como son analizados por Freud: aparece ahí todo un aspecto de maquinaria, de producción de deseo y de unidades de producción. Pero hay otro aspecto: la personificación de estos aparatos (el super-yo, el yo, el ello), una escenografía teatral que sustituye las verdaderas fuerzas productivas del inconsciente por simples valores representativos. Así es como las máquinas del deseo se convierten progresivamente en maquinarias teatrales: el super-yo, la pulsión de muerte como deus ex machina. Tienden progresivamente a funcionar fuera de la escena, entre bastidores. O bien como máquinas de ilusión, de producción de efectos. Toda la producción de-seante queda anonadada. Nosotros decimos estas dos cosas al mismo tiempo: Freud descubre el deseo como libido, como deseo que produce; pero no cesa de enajenar la libido en la representación familiar (Edipo). Sucede con el psicoanálisis igual que con la economía política tal y como la veía Marx: Adam Smith y Ricardo descubren la esencia de la riqueza como trabajo que produce, pero no cesan de enajenarla en la representación de la propiedad. El deseo se proyecta sobre una escena de familia que obliga al psicoanálisis a ignorar la psicosis, a no reconocerse sino en la neurosis, y a dar una interpretación de la propia neurosis que desfigura las fuerzas del inconsciente.

– ¿Es esto lo que quieren decir cuando hablan de un “giro idealista” en psicoanálisis, asociado a Edipo, y cuando se esfuerzan en oponer al idealismo psiquiátrico un nuevo materialismo? ¿Cómo se articulan el materialismo y el idealismo en el dominio del psicoanálisis?

G. D.- El objeto de nuestros ataques no es la ideología del psicoanálisis sino el psicoanálisis en cuanto tal, tanto en su práctica como en su teoría. Y no hay, en este aspecto, contradicción alguna en sostener que el psicoanálisis es algo extraordinario y, al mismo tiempo, que desde el principio marcha en una dirección errónea. El giro idealista está presente desde el comienzo. Pero no as contradictorio: aunque la putrefacción ya está en el origen, en ella crecen espléndidas flores. Lo que nosotros llamamos idealismo en el psicoanálisis es todo un sistema de proyecciones y reducciones propias de la teoría y de la práctica del análisis: reducción de la producción deseante a un sistema de representaciones llamadas inconscientes, y a las formas de motivación, de expresión y de comprensión correspondientes; reducción de la fábrica del inconsciente a un escenario dramático, Edipo o Hamlet; reducción de las catexis sociales de la libido a catexis familiares, desviación del deseo hacia coordenadas familiaristas. Edipo, una vez más. No queremos decir que el psicoanálisis haya inventado a Edipo. Se limita a responder a la demanda, cada cual se presenta con su Edipo. El psicoanálisis no hace más que elevar Edipo al cuadrado -un Edipo de transferencia, un Edipo de Edipo- en la ciénaga del diván. Pues, ya sea familiar o analítico, Edipo es fundamentalmente un aparato de represión de las máquinas deseantes, en absoluto una formación propia del inconsciente en cuanto tal. Tampoco deseamos sostener que Edipo, o sus equivalentes, varíen según las formaciones sociales consideradas. Estamos más inclinados a creer, como los estructuralistas, que se trata de una constante. Pero es la constante de una desviación de las fuerzas del inconsciente. Por eso atacamos a Edipo: no en nombre de unas sociedades que no implicarían a Edipo, sino debido a la sociedad que lo implica de un modo eminente, la nuestra, la capitalista, No atacamos a Edipo en nombre de ideales pretendidamente superiores a la sexualidad, sino en nombre de la propia sexualidad, que no se reduce al “sucio secretito de familia”. No establecemos diferencia alguna entre las variaciones imaginarias de Edipo y la constante estructural, puesto que se trata en ambos extremos del mismo atolladero, del mismo avasallamiento de las máquinas deseantes. Lo que el psicoanálisis llama a solución o la disolución de Edipo es en extremo cómico, ya que se trata precisamente de la puesta en marcha de la deuda infinita, el análisis interminable, la epidemia edípica, su transmisión de padres a hijos. Cuánto desatino, cuántas estupideces han podido decirse en nombre de Edipo, especialmente a propósito de los niños.

Una psiquiatría materialista es aquella que introduce la producción en el deseo y viceversa, la que introduce al deseo en la producción. El delirio no remite al padre, ni siquiera al nombre del padre, sino a todos los nombres de la Historia. Es algo así como la inmanencia de las máquinas deseantes en las grandes máquinas sociales, Es la ocupación del campo social histórico por parte de las máquinas deseantes. Lo único que el psicoanálisis ha comprendido de la psicosis es su línea “paranoica”, la que conduce a Edipo, a la castración y a todos esos aparato. represivos que se han inyectado en el inconsciente. Pero el fondo esquizofrénico del delirio, la línea “esquizofrénica” que diseña un campo ajeno a la familia, se le ha escapado por completo. Foucault decía que el psicoanálisis seguía siendo sordo a la voz de la sinrazón. Y, efectivamente, d psicoanálisis lo neurotiza todo y, mediante tal neurotización, no contribuye únicamente a producir esa neurosis cuya curación es interminable, sino al mismo tiempo a reproducir al psicótico como aquel que se resiste a la edipización. Carece por completo de una posibilidad de acceso directo a la esquizofrenia. Y pierde igualmente la naturaleza inconsciente de la sexualidad debido a su idealismo, al idealismo familiarista y teatral.

– Su libro tiene un aspecto psiquiátrico o psicoanalítico, pero también un aspecto político y económico, ¿Cómo conciben ustedes la unidad de estos dos aspectos? ¿Intentan ustedes recuperar de algún modo la tentativa de Reich? Hablan ustedes de catexis fascistas, tanto al nivel del deseo como al del campo social. Se trata en tal caso de algo que claramente concierne al mismo tiempo a la política y al psicoanálisis. Pero no se comprende bien qué es lo que ustedes opondrían a esas catexis fascistas. ¿Qué es lo que se puede contraponer al fascismo? Se trata de una cuestión que no concierne únicamente a la unidad de este libro, sino también a sus consecuencias prácticas: y estas consecuencias son de una enorme importancia, porque si nada impide esas “catexis fascistas”, si ninguna fuerza las contiene, si lo único que puede hacerse es constatar su existencia, ¿cuál es el significado de su reflexión política y de su intervención en la realidad?

F. G.- Sí, como tantos otros, nosotros anunciamos el desarrollo de un fascismo generalizado. Aún no ha hecho más que empezar, no hay razones para que el fascismo no siga creciendo. Mejor dicho: o bien se construye una máquina revolucionaria capaz de hacerse cargo del deseo y de los fenómenos del deseo, o bien el deseo seguirá siendo manipulado por las fuerzas de opresión y represión y terminará amenazando, incluso desde el interior, a las propias máquinas revolucionarias. Distinguimos dos clases de catexis en el campo social: las catexis preconscientes de interés y las catexis inconscientes de deseo. Las catexis de interés pueden ser realmente revolucionarias y, no obstante, permitir la subsistencia de catexis inconscientes de deseo que no lo son o que incluso son fascistas. En cierto sentido, lo que llamamos esquizoanálisis tendría su punto ideal de aplicación en los grupos, y especialmente en los grupos militantes: es en ellos en donde se dispone de modo más inmediato de un material ajeno a la familia, donde aparece el funcionamiento a veces contradictorio de las catexis. El esquizoanálisis es un análisis militante, libidinal-económico, libidinal-político. Al contraponer esos dos tipos de catexis sociales, no estamos contraponiendo el deseo, como fenómeno suntuario o romántico, a los intereses, que serían económicos y políticos; al contrarío, pensamos que los intereses se encuentran siempre emplazados allí donde el deseo ha predeterminado su lugar. Igualmente, no hay revolución conforme a los intereses de las clases oprimidas a menos que el deseo haya adoptado una posición revolucionaria que comprometa a las propias formaciones del inconsciente. Porque el deseo, en todos los sentidos, forma parto de la infraestructura (no creemos en absoluto en conceptos como el de ideología, que no sirve de nada a la hora de analizar los problemas: no hay ideologías). La amenaza permanente contra los aparatos revolucionarios estriba en hacerse una idea puritana de los intereses, que nunca se realizan más que en provecho de una franja de la clase oprimida que realimenta una casta y una jerarquía por completo opresiva. Cuanto más se asciende en una jerarquía, incluso aunque se trate de una jerarquía seudo-revolucinaria, menos posible será la expresión del deseo (por contra. tal expresión aparece en las organizaciones de base, aunque sea muy deformada). A este fascismo del poder nosotros contraponemos las líneas de fuga activas y positivas, porque tales líneas conducen al deseo, a las máquinas del deseo y a la organización de un campo social de deseo: no se trata de que cada uno escape “personalmente”, sino de provocar una fuga, como cuando se revienta una cañería o cuando se abre un absceso. Dejar que pasen los fluidos por debajo de los códigos sociales que pretenden canalizarlos o cortarles el paso. Toda posición de deseo contra la opresión, por muy local y minúscula que sea, termina por cuestionar el conjunto del sistema capitalista, y contribuye a abrir en él una fuga. Denunciamos toda la temática de la oposición hombre-máquina, el hombre alienado por la máquina, etc. Desde el movimiento de Mayo, el poder, apoyado por las seudo-organizaciones de izquierda, ha intentado hacer creer que sólo se trató de unos cuantos niños mimados que luchaban contra la sociedad de consumo, mientras que los obreros de verdad sabían perfectamente dónde estaban sus intereses… Pero jamás hubo lucha contra la sociedad de consumo (noción imbécil donde las haya. Al contrario, lo que decimos es que aún no hay suficiente consumo, aún no ha suficiente artificio, los intereses no estarán jamás de parte de a revolución hasta que las líneas dé deseo no alcancen el punto en el que e deseo y la maquina, el deseo y el artificio, sean una sola cosa, el punto en el que se rebelen por ejemplo contra los llamados “datos naturales” de la sociedad capitalista. Nada más fácil que alcanzar ese punto, pues el más minúsculo de los deseos se eleva hasta él, y al mismo tiempo nada más difícil, porque comporta todas las catexis del inconsciente.

G. D.- En este sentido. la cuestión de la unidad del libro está fuera de lugar. Hay, ciertamente, dos aspectos: el primero es una crítica de Edipo y del psicoanálisis; el segundo, un estudio acerca del capitalismo y de sus relaciones con la esquizofrenia. Pero el primer aspecto depende estrechamente del segundo. Atacamos al psicoanálisis en los siguientes puntos (que conciernen tanto a su teoría como a su práctica): su culto a Edipo, su reducción de la libido a catexis familiaristas, incluso bajo las formas encubiertas y generalizadas del estructuralismo o del simbolismo. Decimos que la libido actúa mediante catexis inconscientes que difieren de las catexis preconscientes de interés, pero que, como estas últimas, conciernen al campo social. Sea una vez más el caso del delirio: nos preguntan si hemos visto alguna vez un esquizofrénico, pero nosotros preguntamos a los psicoanalistas si ellos han escuchado alguna vez un delirio. El delirio no es familiar, sino histórico-mundial. Se delira a propósito de los chinos de los alemanes, de Juana de Arco y del Gran Mongol acerca de los arios y los judíos, del dinero, del poder y de la producción, y no en absoluto sobre papá y mamá. Aún más: la famosa “novela familiar” depende estrechamente de las catexis sociales inconscientes que aparecen en el delirio, y no a la inversa. Intentamos mostrar en qué sentido esto es ya cierto en la infancia. Proponemos un esquizoanálisis que se contrapone al psicoanálisis. Basta con atenerse a los dos escollos principales con los que tropieza el psicoanálisis: es incapaz de llegar a las máquinas deseantes de cualquiera porque se mantiene en las figuras o estructuras edípicas; es incapaz de llegar a las catexis sociales de la libido porque se queda en las catexis familiaristas. Esto se observa a la perfección en el ejemplar psicoanálisis in vitro del Presidente Schreber. Lo que a nosotros nos interesa (y que, en cambio, no interesa en absoluto a los psicoanalistas) es esto: ¿Cuáles son tus máquinas deseantes? ¿Cuál es tu manera de delirar el campo social? La unidad de nuestro libro consiste en que entendemos que las insuficiencias del psicoanálisis, así como su ignorancia del fondo esquizofrénico, están vinculadas a su profunda pertenencia a la sociedad capitalista El psicoanálisis es como el capitalismo: la esquizofrenia es su límite, pero no deja de desplazar el límite ni de intentar conjurarlo.

– Su libro está lleno de referencias, de textos que se utilizan generosamente, tanto en su propio sentido cuanto a veces contra él, pero se trata, en cualquier caso, de un libro cuyo subsuelo es una “cultura” precisa. Reconocen ustedes una gran importancia a la etnología, y sin embargo poca a la lingüística; otorgan gran relevancia a ciertos novelistas ingleses y americanos, pero apenas a las teorías contemporáneas de la escritura. Más concretamente, ¿por qué ese ataque a la noción de significante, y cuáles son las razones que les hacen rechazar su sistema?

F. G.- No tenemos nada que ver con el significante. No somos los únicos ni los primeros. Puede verse el caso de Foucault, o el reciente libro de Lyotard. La oscuridad de nuestra crítica del significante se debe a que se trata de una entidad difusa que todo lo reduce a una máquina obsoleta de escritura. La oposición exclusiva y coercitiva entre significante y significado está obsesionada por el imperialismo del Significante, tal y como emerge con las máquinas de escritura. Todo remite directamente a la letra. Tal es la propia ley de la hipercodificación despótica. Nuestra hipótesis es ésta: el Significante es el signo del gran Déspota que, al retirarse, libera una región que puede descomponerse en elementos mínimos entre los que existen relaciones regladas. Esta hipótesis tiene la ventaja de explicar el carácter tiránico, terrorista y castra-dor dél significante. Se trata de un enorme arcaísmo que remite a los grandes imperios. Ni siquiera estamos seguros de que el significante pueda servir en el terreno del lenguaje. Por ello, nos hemos vuelto hacia Hjelmslev hace tiempo que él ha erigido una especie de teoría spinozista del lenguaje en el cual los flujos de contenido y de expresión prescinden del significante. El lenguaje como sistema de flujos continuos de contenido y expresión, troquelado mediante constructos maquínicos de figuras discretas y discontinuas. En este libro aún no hemos desarrollado nuestra concepción de los agentes colectivos de enunciación, una noción que pretende superar la escisión entre el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación. Somos estrictamente funcionalistas: lo que nos interesa es cómo funcionan las cosas, cómo se disponen, cómo maquinan.

El significante pertenece aún al dominio de la pregunta: “¿Qué quiere decir esto incluso es esta misma cuestión en cuanto borrada. Para nosotros el inconsciente no quiere decir nada, ni tampoco el lenguaje. El fracaso del funcionalismo se debe a que se ha intentado aplicar a dominios que le son extraños, a grandes conjuntos estructurados que, por serlo, no pueden estar formados de la manera en que funcionan. El funcionalismo, al contrario, no tiene rival en el dominio de las micro-multiplicidades, de las micro-máquinas, de las máquinas deseantes, de las formaciones moleculares. Y, a este nivel, no hay en absoluto máquinas cualificadas de tal o cual manera, como por ejemplo una máquina lingüística, porque hay elementos lingüísticos en toda máquina, en convivencia con elementos de otro tipo, El inconsciente es un micro-inconsciente, es molecular, y el esquizoanálisis es un micro-análisis, La única cuestión es cómo funciona, con qué intenciones, qué flujos, qué procesos, qué objetos parciales, cosas todas ellas que no quieren decir nada.

G. D.- Eso mismo es lo que pensamos de nuestro libro. De lo que se trata es de saber si funciona, y cómo y para quién. Es una máquina. No se trata de releer, habrá que hacer otras cosas. Es un libro hecho gozosamente, No nos dirigimos a quienes piensan que el psicoanálisis sigue el camino correcto y tiene una visión apropiada del inconsciente. Nos dirigimos a quienes piensan que es monótono, triste, como un runrún (Edipo, la castración, la pulsión de muerte, etc.). Nos dirigimos a los inconscientes que protestan. Buscamos aliados. Tenemos gran necesidad de aliados, Tenemos la impresión de que nuestros aliados están ya por ahí, que se nos han adelantado, que hay mucha gente que está harta, que piensan, sienten y trabajan en una dirección análoga a la nuestra. no se trata de una moda, sino de algo más profundo, una especie de atmósfera que se respira y en la que se llevan a cabo investigaciones convergentes en dominios muy diferentes. Por ejemplo, en etnología. O en psiquiatría. O el trabajo de Foucault: aunque no practicamos el mismo método, tenemos la impresión de coincidir con él en multitud de puntos, esenciales a nuestro modo de ver, del camino que él trazó antes que nosotros. Es verdad que hemos leído mucho, pero un poco al azar. Nuestro problema no estriba en un retorno a Freud o a Marx. No es una teoría de la lectura. Lo que buscamos en un libro es el modo en que abre el paso a algo que escapa a los códigos: flujos, líneas activas de fuga revolucionaria, líneas de descodificación absoluta que se oponen a la cultura. Incluso para los libros existen estructuras, códigos y ataduras edípicas, tanto más solapadas por cuanto no son figurativas sino abstractas. Lo que nos ha llamado la atención de los grandes novelistas ingleses y americanos es ese don del que los franceses casi siempre carecen, las intensidades, los flujos, libros-máquinas, libros para ser usados, esquizolibros. Tenemos a Artaud, y la mitad de Beckett. Quizá se reproche a nuestro libro el ser demasiado literario. pero estamos seguros de que este reproche procederá de profesores de literatura. Acaso tenemos la culpa de que Lawrence, Miller, Kerouac, Burroughs, Artaud o Beckett sepan más acerca de la esqui-zofrenia que los psiquiatras y los psicoanalistas?

– Pero ¿no se arriesgan ustedes a un reproche más serio? El esquizoanálisis que proponen es, de hecho, un anti-análisis; en consecuencia, se les podría reprochar que valoran la esquizofrenia de manera románt1ca e irresponsable; e incluso que tienen tendencia a confundir al revolucionario con el esquizo. ¿Cuál sería su actitud ante estas posibles críticas?

G. D.- F. G.- Sí, una escuela de esquizofrenia sería una buena idea. Liberar los flujos, ir siempre un poco más lejos en el artificio: el esquizo es el que está descodificado, desterritorializado. Dicho esto, no se nos puede responsabilizar de los disparates: siempre hay gente dispuesta a esgrimirlos (véanse los ataque contra Laing y la anti-psiquiatría), Hace poco se publicó en el Observateur un artículo cuyo autor (un psiquiatra) decía: doy muestras de mi valor al denunciar las corrientes modernas de la psiquiatría y la antipsiquiatría. Nada de eso. Lo que él hacía más bien era escoger el momento adecuado en el que la reacción política se atrinchera contra toda tentativa de cambio en el hospital psiquiátrico y la industria del medicamento, Siempre hay una política tras los disparates. Nosotros planteamos un problema muy sencillo, similar al de Burroughs frente a la droga: ¿se puede alcanzar la potencia de las drogas sin drogarse, sin autoproducirse como un loco drogado? Con la esquizofrenia pasa lo mismo. Por nuestra parte, diferenciamos, de un lado, la esquizofrenia como proceso y, de otro, la producción del esquizofrénico como entidad clínica apropiada al hospital: ambos están en proporción inversa, El esquizofrénico del hospital es alguien que ha intentado algo y ha fracasado, que se ha derrumbado. No decimos que el revolucionario sea esquizofrénico. Decimos que hay un proceso esquizofrénico de descodificación y desterritorialización cuya conversión en producción de esquizofrenia clínica sólo puede ser evitada por la actividad revolucionaria, Planteamos un problema que concierne a la estrecha relación que existe entre el capitalismo y el psicoanálisis, por una parte, y entre los movimientos revolucionarios y el esquizoanálisis, por otra. Paranoia capitalista y esquizofrenia revolucionaria, por así decirlo, pero no en el sentido psiquiátrico de estos términos sino, al contrario, a partir de sus determinaciones sociales y políticas, de las que sólo bajo ciertas condiciones se deriva su aplicación psiquiátrica. El esquizoanálisis tiene un solo objetivo, que la máquina revolucionaria, la máquina artística y la máquina analítica se conviertan en piezas y engranajes unas de otras. Si, una vez más, consideramos el caso del delirio, nos parece que tiene dos polos, un polo paranoico fascista y un polo esquizo-revolucionario. No deja de oscilar entre ambos polos. Esto es lo que nos interesa: la esquizia revolucionaria por contraposición al significante despótico. Por otra parte, no merece la pena contestar de antemano a los disparates, ya que son imprevisibles, como tampoco la merece luchar contra ellos cuando se producen. Es mejor hacer otras cosas, trabajar con quienes van en el mismo sentido. En cuanto a la responsabilidad o la irresponsabilidad, nada. Sabemos de tales nociones: se las dejamos a la policía y a los psiquiatras de los tribunales.

Publicado por Jeannine Zambrano y en Buenos Aires por la poeta Leonor Silvestri en pasionerotismoypoesiaantigua@gruposyahoo.com.ar

Fuente: http://www.herramienta.com.ar/el-antiedipo-entrevista-gilles-deleuze-y-felix-guattari

¿Por qué celebramos el Día del Psicólogo?

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Cada 20 de mayo se celebra el Día del Psicólogo gracias a que en 1998 se estableció el festejo por la Federación Nacional de Colegios, Sociedades y Asociaciones de Psicólogos de México.

La fecha se eligió debido a que en ese día se otorgó la primera licencia para ejercer la profesión en el país.

De acuerdo con la Facultad de Psicología, la enseñanza de esta carrera y la investigación psicológica en México se iniciaron y consolidaron en la Universidad Nacional Autónoma de México.

En 1896, Ezequiel A. Chávez inaugura el primer curso de Psicología como asignatura independiente en la Escuela Nacional Preparatoria. Posteriormente, en 1937, una comisión integrada por Antonio Caso, Ezequiel Chávez, Francisco Larroyo y Eduardo García elabora en la Facultad de Filosofía y Letras el primer plan de estudios en Psicología, destinado a otorgar el título de Maestro en Psicología.

Para 1956, y por iniciativa del Dr. Guillermo Dávila se instaura el Doctorado Especializado en Psicología en el ahora Colegio de Psicología, el cual era una dependencia de la Facultad de Filosofía y Letras.

Finalmente, en el año de 1960 la Universidad Nacional Autónoma de México aprueba el primer plan de estudios de la Licenciatura en Psicología. No obstante, fue hasta 1974 que se reconoció oficialmente a la carrera de Psicología, evento que permitió a los estudiantes tener derecho a una cédula profesional.

 

Fuente: https://www.elsoldemexico.com.mx/doble-via/238672-porque-celebramos-el-dia-del-psicologo

La historia del Hospital Psiquiatrico de la Castañeda

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El Hospital Psiquiatrico de la Castañeda , construido sobre los terrenos de la hacienda La Castañeda ( misma a la que le debe el nombre ) en el antiguo Pueblo de Mixcoac , era tan grande que en su lugar ahora se encuentran dos Unidades Habitacionales , una Tienda Walmart y la Preparatoria 8 de la UNAM , en lo que hoy es Lomas de Plateros , fue inaugurado el 1ro de Septiembre de 1910 con la idea de que fuera el mejor en su tipo en el siglo XX .

Sus enormes carencias , tanto en personal calificado , como en instrumentos de trabajo o tecnicas de tratamiento , asi como el hacinamiento de enfermos que superaba en mas de tres veces el numero de pacientes para el que fue construido , provoco que entrar a ese hospital fuera como entrar a ” La Puerta del Infierno ”

Pero no para todos .. contaba entre sus numerosos pabellones , con uno que se conocia como : El Pabellòn de los pacientes distinguidos , en el que se alojaba a miembros de familias ricas , que no hubieran sido remitidos por parte de la policia , esto es entendible , porque si bien el Hospital era publico , o sea del estado , tambièn recibia donativos por parte de los familiares de los internos , contra lo que pudiera pensarse no eran pocos los que vivian en ese pabellon , llegando a superar en ocaciones mas del 20 % del total de los internos .

Dos de los Pabellones con mas triste memoria eran los llamados : El Pabellòn de los imbeciles , que era el de los pacientes realmente enfermos mentales y en los cuales experimentaban tecnicas no convencionales como electroshocks , lobotomias , baños de agua helada , mismas que servian de practica para los estudiantes de medicina que acudian a ese hospital a hacer sus ” practicas ”
El otro Pabellòn de triste memoria era el Pabellòn llamado Pabellòn de pacientes infecciosos en el que recluìan a los enfermos de Tuberculosis , de Sifilis , de Lepra , de Fiebre Tifoidea y a las prostitutas , solo por serlo , sin importar que no tuvieran ninguna enfermedad .

Estas y otras terribles historias de maltrato y hasta tortura de enfermos convirtieron a ese hospital en lo que algunos doctores llaman , como una pesadilla en la Psiquiatria mexicana .

Finalmente el Hospital de la Castañeda fue demolido en Junio de 1968 , pero antes su fachada fue cuidadosamente desmontada y sus piedras clasificadas y numeradas una por una para volverlo a construir exactamente igual en Amecameca , donde se encuentra actualmente , luciendo como en sus mejores dias , porque lo acaban de restaurar para usarlo como set televisivo.

La piel del discurso médico

La piel del discurso médico. Seminario UIMP a cargo de Javier Codesal y Montserrat Rodríguez Garzo en la Diputación de Huesca

La piel del discurso médico pone en cuestión tres ámbitos de la producción cultural, interrogando el más “críptico” de los hechos de lenguaje: el lenguaje artístico. El seminario, organizado por la UIMP en colaboración con la Diputación de Huesca, trata de articular el hecho artístico con producciones que representan otros saberes, la medicina (dermatología y psiquiatría), el psicoanálisis y la estética. Y ello para indagar en los mecanismos del lenguaje que intervienen en las elaboraciones patológicas de causa no médica y en las artísticas, siendo ambos campos los polos del debate.

El seminario se dirige a personas interesadas en el arte actual, en los mecanismos del lenguaje en la producción artística, en el pensamiento médico y psicoanalítico actual sobre psicopatología y psicosomática, así como a las personas interesadas en pensar los temas propuestos (artistas, médicos, psicólogos, psicoanalistas, antropólogos, historiadores del arte y estudiantes de estas disciplinas).

El proyecto se encuadra en un trabajo de largo recorrido que los directores, Javier Codesal y Montserrat Rodríguez Garzo, vienen desarrollando desde 2003. La piel del discurso médico combina este seminario interdisciplinar con la publicación de un libro y con la celebración de la exposición Caerán las almas de las pieles, que reunirá el trabajo de los artistas Patricia Albajar, Ignasi Aballí, Stan Brakhage, Javier Codesal, Pepe Espaliú, Helena Almeida, Dani García Andújar, Olvido García Valdés, Enrique Marty, Pepe Miralles, Pedro Morales Elipe, La Ribot y Columna Villarroya.

La organización del seminario seleccionará, para que formen parte del programa oficial, un total de 6 comunicaciones, entre proyectos artísticos, trabajos teóricos e investigaciones realizadas desde la creación artística, medicina (psiquiatría y psicodermatología), psicoanálisis, psicología, historia del arte, sociología, literatura, estudios culturales, teoría del arte, filosofía, antropología, literatura, cine, etc, en tanto exploren temas relacionados con el seminario. El plazo de presentación de las mismas finalizará el 15 de junio de 2017.