Se pide eliminar al psicoanálisis para tratar el autismo

tomado de: http://noticias.lainformacion.com/
Autismo España, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y/o Tutores de Personas con Autismo (FESPAU) y la Federación Asperger España se han unido para exigir rigor científico en el tratamiento de los trastornos del espectro del austismo (TEA), y solicitan la eliminación del psicoanálisis del sistema de salud público para tratar esta patología.

Las entidades se unen así a la campaña ‘#autismoconciencia’, iniciada en Cataluña por la Asociación APRENEM, que tiene el objetivo de concienciar al gobierno catalán de la falta de rigor científico y obsolescencia de las terapias psicoanalíticas que se aplican desde el Departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña en el tratamiento de los TEA.

autismo

El psicoanálisis es el modelo preferente y más dotado económicamente del sistema de salud pública en la atención precoz y asistencia infanto-juvenil de las personas con TEA, “a pesar de que hace una consideración obsoleta del autismo”, ya que, según las asociaciones de pacientes de autismo, entiende la enfermedad como una reacción psicológica defensiva del niño frente a factores traumáticos, cuando numerosas publicaciones científicas y el consenso mayoritario entre los profesionales a nivel mundial dejan claro que “no hay evidencia que sostenga el origen psicogénico del autismo”.

Por el contrario, las prácticas basadas en la evidencia científica, refrendadas por numerosas investigaciones y reconocidas por la comunidad internacional como eficaces son minoritarias en el servicio público catalán en la intervención terapéutica de las personas con TEA.

Las tres entidades, de acuerdo con la ‘Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo’, exigen a los servicios públicos de salud la implementación en todos los territorios de intervenciones contrastadas para los TEA a lo largo de su vida, y la erradicación de prácticas no recomendadas o sin evidencia contrastada, así como la implementación de una atención pública integral, específica y especializada desarrollada por equipos multidisciplinares que trabajen bajo las guías internacionales de buenas prácticas basadas en la evidencia científica.

La impulsora de la campaña ‘#autismoconciencia’, la Asociación APRENEM, ha iniciado una agenda de encuentros con responsables políticos para transmitir la preocupación por esta situación. El primer encuentro será con el director general de Planificación e Investigación en salud del departamento de Salud de las Generalitat de Cataluña. Así mismo, pide apoyo en ‘change.org’, donde lleva aproximadamente 6.000 firmas.

Lacan, el psicoanálisis y la cultura

Después de Freud, Jacques Lacan es el intelectual más importante del psicoanálisis. Ambos enriquecieron considerablemente la comunicación entre psicoanálisis y cultura.

Por Oscar D´Angelo – Psicoanalista, escritor

Para muchos, Lacan es el intelectual más importante del psicoanálisis, después de Freud, por supuesto. Esto no sería exagerado ni del todo cierto, pero existe la necesidad de rever algunos conceptos para no quedar atrapados en las generalizaciones ni ausentes de los grandes fenómenos culturales de la humanidad.
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Lacan fue un psiquiatra francés, nacido en 1901, que en su juventud participó de los magnos fenómenos revolucionarios que acontecieron en la Europa de los años veinte y treinta del siglo anterior y compartió sus trabajos con personas de la talla de J.P. Sartre, P. Picasso, A. Camus, A. Bretón, P. Eluard, Lévi-Strauss, M. Foucault, etc., estando muy cerca del Surrealismo, Dadaísmo, Estructuralismo, Posmodernismo, Cubismo, Existencialismo y otros movimientos de mucho peso en aquellos años. El ojo visionario de Lacan no sólo estuvo en el ámbito de la salud mental o del estudio del inconsciente, sino también en el terreno de la cultura, de la filosofía, de la lingüística, de las ciencias sociales, de la semiótica, de la crítica literaria… Y, fundamentalmente, se destacó por hacer una relectura crítica de la obra de Freud.

Pero ¿cómo intervienen estos genios en el espacio de la cultura? Primeramente lo hacen a través de la intensa fertilidad intelectual que ejercitaron y asumieron, y en segundo lugar utilizando la herramienta o el instrumento creado por Freud: el psicoanálisis.

Por otro lado, tanto Freud como Lacan, enriquecen considerablemente la vasta dimensión de la creatividad, permeabilizando la intercomunicación entre psicoanálisis y cultura, entre psicoanálisis y arte, ateniéndose al valor dado a los símbolos y a la repercusión que los mismos tienen sobre la naturaleza constitutiva del sujeto.

El psicoanálisis ilumina, por decirlo así, lo creado artísticamente por el hombre y desde las diversas creaciones (literarias, pictóricas, poéticas, escultóricas, teatrales) se nutre para seguir avanzando entre los complejos laberintos del sujeto de la cultura.

Así vemos a Freud realizar una verdadera psicobiografía de Leonardo Da Vinci y formular las etapas de la sexualidad infantil y el Complejo de Edipo a través de sus pinturas, o el puntilloso análisis de “El Moisés” de Miguel Ángel hasta llegar al meollo de la sexualidad del escultor florentino; del mismo modo lo hace con “La Gradita” del Premio Nobel de Literatura, el danés Jensen; con los cuadros de Signorelli para dar cuenta de la importancia de los lapsus y otras formaciones del inconsciente; con el Mito de Narciso para revelar los orígenes del narcisismo y la pulsión de muerte; con el pintor Cristobal Haitzmann para hablar y teorizar una neurosis demoníaca del siglo XVII, con la obra de James Frazer “La rama dorada” sobre los mitos totémicos para comprender el origen de la exogamia, con la poesía de Goethe para exponer la íntima relación que existe entre la religión, el arte y la ciencia y las ideas en la literatura de Fiódor Dostoievski para ver con claridad las causas de la bisexualidad. También advertimos y observamos a Lacan indagar en la obra del Marqués de Sade para demostrar una estructura mental llamada perversión o dictando un seminario sobre “La carta robada”, un cuento de E. Allan Poe, punto de partida para la objetivación imaginaria que terminará con la teoría del “Estadio del espejo”, etapa del desarrollo del psiquismo infantil donde comienza a constituirse el yo.

De igual modo notamos la introducción del psicoanálisis como herramienta específica en literatura. Uno de los primeros en usar los descubrimientos psicoanalíticos en la crítica literaria es el lingüista y semiólogo francés Roland Barthes, autor de “El grado cero de la escritura” y de “El imperio de los signos” Desde aquí, es decir desde el apogeo de la crítica literaria, teniendo en cuenta la existencia del inconsciente, se concibe la cultura y la lengua como un sistema inmutable de estructuras básicas. Es por eso que: palabra, letra e imagen tienen como denominador común el concepto de símbolo; y símbolo es todo emblema cultural que genera los diversos lazos sociales donde el sujeto se atiene a las redes significantes.

En filosofía se integran a la corriente freudo-lacaniana, también llamada estructuralista, Michel Foucault y Jaques Derrida, quienes abren en el espacio filosófico nuevas áreas para reflexionar sobre el devenir del hombre. Con la intervención de estos pensadores, y especialmente con la insurrección del producto surgido de Freud y Lacan, el psicoanálisis actual se desliza con mayor fluidez a descubrir la verdad inconsciente del sujeto y los conflictos individuales de cada cual, reconociendo además el significado y la fuente de la cultura. El modelo psicoanalítico proporciona una herramienta sin igual para investigar y comprender una obra de arte, una novela, un mito, una pintura, una escultura o institución religiosa.

En otras palabras el psicoanálisis freudiano instaura desde los comienzos del siglo XX una nueva ciencia, que, aunque no es una ciencia a la manera de las ciencias exactas, sirve para investigar y analizar las motivaciones inconscientes de nuestras conductas, de todas las culturas y de las creaciones artísticas de todos los tiempos, y Lacan le confiere elementos estructurales devenidos de la lingüística y la utiliza con matemas o fórmulas matemáticas, alojándose en los enigmas de las cosas que producen la cultura y el arte y en aquello que el arte devela.

 

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/cultura-199354

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Remedios Varo, la moderna visionaria

La artista desarrolló su surrealismo en México, donde alcanzó la madurez creadora

Una imaginación repleta de mundos fascinantes y pinceles capaces de capturarla. Con ambas herramientas, dio vida a personajes impregnados por su propio exilio. Casi desconocida en España, la artista Remedios Varo desarrolló su surrealismo en México, donde alcanzó la madurez creadora.

Varo puso a varias de sus obras títulos de libros en los que buscó inspiración, como 'Tailleur pour dames'.

Varo puso a varias de sus obras títulos de libros en los que buscó inspiración, como ‘Tailleur pour dames’.

 

En los años diez del siglo pasado, una niña de ojos almendrados, de gato, y mirada inquisitiva admira con curiosidad un manuscrito miniado en el cual se relata la historia de la familia. Le fascina la época medieval, dicen, las visiones de Hildegarda de Bingen –la artista y erudita del siglo XI–, los dibujos de la pintora Ende del Beato de la catedral de Girona… Allí, en Anglés, nace Remedios Varo por casualidad el 16 de diciembre de 1908 –su padre, ingeniero, está destinado en Cataluña–.

Desde muy pronto la pequeña Remedios sueña y dibuja. Piensa en viajes, idas y venidas, en una casa gobernada por los traslados que la profesión del progenitor exige: la familia se muda a Algeciras en 1913 durante el tiempo que dura el trabajo en Larache (Marruecos) y el padre cruza con frecuencia el Estrecho para verles. Luego a Madrid. Son los mismos viajes que harán Varo y los personajes que pinta: recorridos que tienen mucho de exilio, quizá porque ese es el destino de los visionarios, aquellos capaces de convertir lo ordinario en extraordinario, en especial.

Los cadáveres exquisitos marcaron su acercamiento al surrealismo.

Los cadáveres exquisitos marcaron su acercamiento al surrealismo.

Son caminos también hacia el viaje interior, el que Varo va trazando desde pequeña en su imaginación gracias a la educación liberal que recibe. Aprende a diseñar telas y ropas, y el padre le inculca la pasión por la naturaleza y la ciencia: minerales, flores que seca entre las páginas de los libros, paseos por el campo… Después llegará la cámara de fotos, uno de los más apreciados regalos, al que Varo se dedica con entusiasmo.

A mediados de los veinte entra en la Academia de San Fernando de Madrid, donde conoce a Gerardo Lizárraga, muy comprometido con la República. Se casan en 1930 –la libertad pasaba entonces, paradójicamente, por una boda, hasta para una joven de familia liberal–. Junto a Lizárraga va a París, persiguiendo los ideales vanguardistas, y al volver a España, ya instalados en Barcelona, inicia una relación amorosa con el artista Esteban Francés. Sería la primera de sus rupturas con los estrictos códigos morales de la época.

En esos años, y junto a Francés y el canario Óscar Domínguez, Varo emprende el camino abiertamente surrealista: los cadáveres exquisitos –una forma de juego en el cual cada jugador escribe o dibuja una parte del texto o la figura sin tener en cuenta lo ejecutado por el resto de los participantes, manteniendo por lo tanto el carácter colectivo y azaroso de la obra–. Es todavía una artista tímida. Como recuerda el escritor y artista Marcel Jean en 1935: “Apenas pintaba entonces, dibujaba un poco y pasábamos bastante tiempo haciendo juntoscadáveres exquisitos”. Varo opta por la trastienda como camuflaje, pero no para satisfacer las aspiraciones de Breton –que quiere a las mujeres sumisas–, sino para poder seguir soñando a sus anchas.

Remedios Varo.

Remedios Varo.

De hecho, Remedios Varo es todo menos sumisa cuando se enamora del poeta Benjamin Péret, a quien había conocido en Barcelona –adonde había llegado entre los primeros extranjeros dispuestos a defender la República– justo un mes después del inicio de la Guerra Civil. Con él compartiría vida y penurias: “No es fácil vivir de la pintura en París. Tuve muchas especialidades, entre ellas fui locutora. Traducía conferencias para latinoamericanos”, explicaba Varo en una entrevista de 1960. Entre estas especialidades se dice incluso que realizó falsificaciones de cuadros de Giorgio de Chirico y hasta trabajos de restauración. Quién sabe si sus múltiples ocupaciones para ganarse la vida fueron la causa de que empezase a pintar muy tarde, ya en la década de los cincuenta.

Su cuaderno de sueños y recetas.

Su cuaderno de sueños y recetas

El exilio hacia México empezaría para Varo y Péret, como para tantos otros, cuando los nazis entraron en la capital francesa. En México se instalarían tras un largo y doloroso periplo –epítome de ese exilio permanente que rememora la obra de Varo El vagabundo–. En México se quedaría la artista tras el regreso de Péret a París y en México cultivaría la amistad de otra refugiada, Leonora Carrington. Ambas poseían un exquisito sentido del humor y una imaginación desbordante que, a veces, aplicaban a sus famosas recetas visionarias. Un buen ejemplo son las Recetas y consejos para ahuyentar los sueños inoportunos, el insomnio y los desiertos de arenas movedizas bajo la cama: “Póngase el corset bastante apretado. Siéntese ante el espejo, afloje su tensión nerviosa, sonría, pruébese los bigotes y los sombreros según sus gustos”.

'Locomoción capilar' (1959).

‘Locomoción capilar’ (1959).

Sin embargo, el interés hacia lo mágico y lo oculto fue más allá de esos pequeños divertimentos y hasta emprendieron juntas el proyecto de una obra teatral de estilo surrealizante. Varo y Carrington se interesaron de una manera consistente por la alquimia, el poder transformador de las mujeres y sus relaciones con la naturaleza. Hasta se diría que parte de la iconografía explorada por Varo en sus pinturas se debe a las conversaciones que las amigas mantuvieron, los libros que leyeron y la búsqueda espiritual que iniciaron juntas. De esta forma, las ciencias naturales se mezclan en el proyecto de Varo con las ciencias ocultas; visiones y premoniciones que inundan su producción pictórica con mucho de proyecto autobiográfico gobernado por el exilio, las metamorfosis, los viajes, el humor y cierto carácter obsesivo plagado de momentos de inseguridad, de desapego.

Y, pese a todo, incluso los miedos acaban por convertirse en ironía –a menudo comenta los cuadros en las cartas a la familia y los amigos–. Ocurre con Mujer saliendo del psicoanalista (1960), donde uno de sus personajes un poco andróginos se mueve entre una arquitectura fantasmal: “Esta señora sale del psicoanalista arrojando a un pozo la cabeza de su padre (como es correcto hacer al salir del psicoanalista). En el cesto lleva otros desperdicios psicológicos: un reloj, símbolo del temor de llegar tarde, etcétera. El Dr. se llama FJA (Freud, Jung, Adler)”.

'De Homo Rodans' (1959).

‘De Homo Rodans’ (1959).

Es un curioso juego de dobles en el cual Remedios Varo se esconde tras los personajes tanto como los personajes se esconden tras ella. Cabello convertido en bicicleta enLocomoción capilar, vestidos transformados en sillas en Tailleur pour dames o huesos de pollo y pavo, raspas de pescado, alambre… que se organizan en una pieza de aspecto humanoide subida en una rueda en De Homo Rodans. La acompaña un texto donde imita el estilo pomposo de los eruditos y lo firma con un nombre inventado, Hälikcio von Fuhrängschmidt, un supuesto antropólogo alemán que habla del primer paraguas hallado entre las ruinas de Mesopotamia. Es el juego surrealista de Breton llevado a sus máximas consecuencias en 1959: ser otro, siempre otro, y divertirse, exorcismo contra los miedos y las inseguridades.

Por esos mismos años, en pleno éxito, Varo recibe el encargo de hacer un muralpara el nuevo pabellón oncológico del Centro Médico de la Ciudad de México. Nunca llega a concluirlo, seguramente abrumada por una escala que poco o nada tiene que ver con su estilo de miniaturista –o tal vez paralizada por la sombra de la enfermedad, dicen algunos–. Al poco tiempo, el 8 de octubre de 1963, con 55 años, en una pletórica madurez artística, le llegaba la muerte inesperada, aunque la luz de Remedios Varo siguió iluminando la historia con su humor y sus visiones.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/01/25/eps/1453724279_168385.html

 

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La controvertida historia de la lobotomía

Hace 75 años, en Estados Unidos, se llevó a cabo un proceso que más tarde un psiquiatra describió como “meter una aguja en el cerebro y agitarla”: la lobotomía. ¿Cómo llegó a ser considerada una cura mágica?

En las profundidades de los archivos de la Colección Wellcome de Londres, ese magnífico tesoro oculto de curiosidades médicas, hay una pequeña caja blanca de cartón.

Dentro hay un par de aparatos médicos. Son sencillos. Cada uno consiste en una barra de acero de 8cm, con un mango de madera.

“Estas horripilantes cosas son instrumentos de lobotomía. Nada sofisticado”, explicó la archivista Lesley Hall.

En un momento, las barras representaron lo más avanzado de la ciencia psiquiátrica. Eran los instrumentos quirúrquicos para la lobotomía, también conocida como leucotomía, una operación que era considerada como una cura milagrosa para una variedad de enfermedades mentales.

Agujerear el craneo

Por miles de años la humanidad practicó la trepanación, que consistía en agujerear el cráneo para dejar salir a los espíritus malvados.

La idea de la lobotomía era diferente. El neurólogo portugués Egas Moniz creía que los pacientes con conductas obsesivas sufrían de problemas en los circuitos del cerebro.

En 1935, en un hospital de Lisboa, pensó haber encontrado la solución. “Decidí cortar las fibras conectivas de las neuronas activas”, escribió en una monografía titulada “Cómo llegué a hacer una leucotomía frontal”.

Su técnica original fue adaptada por otros, pero la idea básica se mantuvo.

Los cirujanos perforaban un par de huecos en el cráneo, ya sea en un lado o en la parte superior, e introducían un instrumento afilado -un leucótomo- en el cerebro.

El cirujano luego lo movía de un lado a otro para cortar las conexiones entre los lóbulos frontales y el resto del cerebro.

Moniz reportó mejoras dramáticas en sus primeros 20 pacientes y la operación fue acogida con entusiasmo por el neurólogo estadounidense Walter Freeman, quien se convirtió en un evangelista del proceso. Fue él quien hizo la primera lobotomía en Estados Unidos en 1936, y luego la divulgó por el mundo entero.

Desde principios de la década de los ’40, empezó a ser vista como una cura milagrosa en el Reino Unido, donde los cirujanos ejecutaron proporcionalmente más lobotomías que en Estados Unidos.

A pesar de la oposición de algunos doctores -particularmente los psicoanalistas- se convirtió en parte integral de la psiquiatría.

La razón de su popularidad era simple: la alternativa era peor.

“Cuando visitaba hospitales de salud mental… veía camisas de fuerza, celdas acolchonadas, y era patente que algunos pacientes eran -siento tener que decirlo- sujetos a violencia física”, recuerda el neurocirujano retirado Jason Brice.

La oportunidad de curar a través de la lobotomía parecía preferible a una cadena perpetua en una institución.

“Esperábamos que ofreciera una salida”, dice Brice. “Esperábamos que ayudaría”.

Miles y miles

La operación se volvió tan popular que había doctores, como el británico Sir Wylie McKissock, que llegaron a realizar miles de lobotomías.

Terry Gould, quien trabajó con McKissock como anestesista, piensa que su antiguo jefe llevó a cabo unas 3.000.

“Era un proceso que tomaba cinco minutos”, y McKissock -cuenta Gould- se prestaba para hacerlas hasta en los fines de semana.

“Iba a otros hospitales en la mañana de un sábado, hacía tres o cuatro leucotomías, y regresaba”.

Según Brice, la operación podía tener buenos resultados en algunos pacientes, pero cada vez tenía más dudas al respecto, especialmente cuando se trataba de pacientes con esquizofrenia.

El psiquiatra John Pippard le hizo seguimiento a varios cientos de pacientes de McKissock y encontró que alrededor de un tercio se benefició, a un tercio no le afectó y el otro tercio empeoró.

A pesar de que él mismo había autorizado lobotomías, luego se opuso a su práctica.

“No creo que ninguno de nosotros estabamos realmente cómodos poniendo una aguja en el cerebro y agitándola”.

Declive

En 1949, Egas Moniz ganó el premio Nobel por inventar la lobotomía, y la operación llegó a la cima de su popularidad.

Haciendo hueco en cráneo
Image caption.
La idea de hacer agujeros en el cráneo para curar enfermedades viene desde tiempos remotos.

Pero a partir de mediados de los ’50, rápidamente cayó en desgracia, en parte porque los resultados eran pobres y en parte gracias a la introducción de la primera ola de medicamentos psiquiátricos efectivos.

Décadas más tarde, cuando trabajaba como enfermero psiquiátrico en una institución, Henry Marsh cuidó a pacientes a los que se les hizo lobotomías.

“Eran esquizofrénicos crónicos y eran a menudo los más apáticos, lentos y sin esperanza”, dije.

Marsh, quien hoy en día es un eminente neurocirujano, dice que la operación sencillamente era mala ciencia. “Era muy mala medicina, mala ciencia, pues era claro que nunca se le hizo un seguimiento apropiado a los pacientes”.

“Si uno veía al paciente después de la operación, parecía que estaba bien: hablaba, caminaba y le decía ‘gracias’ al doctor”, observa.

“El hecho de que los habían arruinado totalmente como seres humanos sociables probablemente no importaba”.

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/07/150701_salud_lobotomia_historia_il

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“El hombre de los lobos” en novela gráfica 

EL HOMBRE DE LOS LOBOS, UNO DE LOS SUEÑOS MÁS IMPORTANTES DE LA HISTORIA DEL PSICOANÁLISIS MODERNO Y UN TEXTO FUNDACIONAL DE SIGMUND FREUD, CLAVE EN LAS TEORÍAS SOBRE EL DESARROLLO PSICOSEXUAL, APARECE EN ARGENTINA EN FORMATO DE NOVELA GRÁFICA, UN TRABAJO ARTÍSTICO DEL ESCRITOR CANADIENSE RICHARD APPIGNANESI Y LA ILUSTRADORA POLACA SLAWA HARASYMOWICZ, QUIEN SOSTUVO QUE EXPLORAR LA PERTURBADORA PESADILLA Y FUENTE DE NEUROSIS DEL JOVEN ARISTÓCRATA RUSO, SERGEI PANKEJEFF, FUE “UNA EXPERIENCIA PERSONAL, ACTIVA, SUBJETIVA E ÍNTIMA”.

Viena 1910, una Europa al borde de la guerra y una revolución que se siente en el aire es el contexto en el que un joven aristócrata ruso, Sergei Pankejeff, llega hasta el consultorio de Sigmund Freud para desentrañar su depresión y una neurosis paralizante. “Este caso se relaciona con un joven cuya salud se quebró a los dieciocho años”, escribe el psicoanalista en Historia de una neurosis infantil, texto en el que se basa esta novela gráfica. 
  

Freud, entonces, se centra en el sueño infantil de Pankejeff quien ve una manada de lobos blancos que habitan en un nogal al lado de la ventana de su cuarto, una interpretación con la que se ganará el apodo “El Hombre Lobo” (“Wolf Man”). 
Pero, además, es el puntapié para desentrañar el origen de la neurosis, dando lugar a un texto clásico ahora reinterpretado en una novela gráfica potente que sirve como acercamiento -científico y artístico- al detallado estudio que reunió a los principales aspectos de la catarsis, el inconsciente, la sexualidad y análisis de los sueños, pero que también aporta, ahora, un universo visual propio, que llega de la mano de la reconocida artista polaca. 
“Siempre es de noche en el inconsciente”, le explica un resuelto Freud a su atribulado paciente para comenzar su tratamiento. Pero, en la novela, la dupla creativa sigue el curso de la vida de Pankejeff, creada con una densidad gráfica intensa que publica Ediciones De la Flor en Argentina. 
“El mayor reto en la representación de la historia de Freud era crear una narrativa de realidad, sueño, memoria y hecho, que pareciera estar a punto de colapsar y, sin embargo, de alguna manera, no lo hace, y resulta muy seductora, al igual que el Hombre Lobo y su estado mental”, cuenta Harasymowicz que explora gráficamente ideas de repetición y reelaboración de imágenes en este trabajo que vio la luz en su idioma original, el inglés, en 2012. 
“Comenzamos a charlar con la editora Emma Hayley sobre la posibilidad de trabajar con casos de pacientes de Freud en formato de novela gráfica. Elegí a El hombre de los lobos. Me parecía una historia muy visual y, a medida que iba leyendo el texto de Freud, era como una obra de ficción, tenía intriga y estaba escrita de forma elegante. Eso me entusiasmo. Al menos parecía ser una elección segura…. en el sentido de que emocionalmente no parecía tener nada que ver conmigo”, confiesa a Télam desde Londres la ilustradora polaca quien admite que “al principio no estaba al tanto del estatus de culto de este estudio”. 
Aunque trabajaron en forma separada, Appignanesi -creador de la serie “Libros para principiantes”- y Slawa Harasymowicz llegaron a una fórmula visual y conceptual única que rescata artísticamente uno de los sueños más famosos de la historia. 

En diálogo con Télam, la artista cuenta que “esta fue mi primera novela gráfica, así que mi enfoque no era el de un artista de cómics con experiencia. Me interesaba mucha más lo visual y lo intuitivo -suelo trabajar jugando con no mostrar, dejando brechas, ausencias- así que aquí mi objetivo también era sugerir más que ‘mostrar’ con un enfoque de cámara psíquica”. 
“Reconozco -continúa- que la tensión entre las demandas del relato (donde necesitás que aparezca esa persona que entra caminando a un cuarto y se sienta, en vez de dar atisbos de las cosas) y lo ‘visual’ al principio fue un poco frustrante. Pero esa tensión también estaba presente, de todas formas, a lo largo de la vida del Hombre Lobo. Así que la pregunta que comencé a hacerme era ¿cuánto es lo menos que puedo mostrar para que los lectores comprendan que se pueden situar en la historia?”. 

Viena 1910, una Europa al borde de la guerra y una revolución que se siente en el aire es el contexto en el que un joven aristócrata ruso, Sergei Pankejeff, llega hasta el consultorio de Sigmund Freud para desentrañar su depresión y una neurosis paralizante. “Este caso se relaciona con un joven cuya salud se quebró a los dieciocho años”, escribe el psicoanalista en Historia de una neurosis infantil, texto en el que se basa esta novela gráfica. 
Freud, entonces, se centra en el sueño infantil de Pankejeff quien ve una manada de lobos blancos que habitan en un nogal al lado de la ventana de su cuarto, una interpretación con la que se ganará el apodo “El Hombre Lobo” (“Wolf Man”). 
Pero, además, es el puntapié para desentrañar el origen de la neurosis, dando lugar a un texto clásico ahora reinterpretado en una novela gráfica potente que sirve como acercamiento -científico y artístico- al detallado estudio que reunió a los principales aspectos de la catarsis, el inconsciente, la sexualidad y análisis de los sueños, pero que también aporta, ahora, un universo visual propio, que llega de la mano de la reconocida artista polaca. 
“Siempre es de noche en el inconsciente”, le explica un resuelto Freud a su atribulado paciente para comenzar su tratamiento. Pero, en la novela, la dupla creativa sigue el curso de la vida de Pankejeff, creada con una densidad gráfica intensa que publica Ediciones De la Flor en Argentina. 
“El mayor reto en la representación de la historia de Freud era crear una narrativa de realidad, sueño, memoria y hecho, que pareciera estar a punto de colapsar y, sin embargo, de alguna manera, no lo hace, y resulta muy seductora, al igual que el Hombre Lobo y su estado mental”, cuenta Harasymowicz que explora gráficamente ideas de repetición y reelaboración de imágenes en este trabajo que vio la luz en su idioma original, el inglés, en 2012. 
“Comenzamos a charlar con la editora Emma Hayley sobre la posibilidad de trabajar con casos de pacientes de Freud en formato de novela gráfica. Elegí a El hombre de los lobos. Me parecía una historia muy visual y, a medida que iba leyendo el texto de Freud, era como una obra de ficción, tenía intriga y estaba escrita de forma elegante. Eso me entusiasmo. Al menos parecía ser una elección segura…. en el sentido de que emocionalmente no parecía tener nada que ver conmigo”, confiesa a Télam desde Londres la ilustradora polaca quien admite que “al principio no estaba al tanto del estatus de culto de este estudio”. 
Aunque trabajaron en forma separada, Appignanesi -creador de la serie “Libros para principiantes”- y Slawa Harasymowicz llegaron a una fórmula visual y conceptual única que rescata artísticamente uno de los sueños más famosos de la historia. 

En diálogo con Télam, la artista cuenta que “esta fue mi primera novela gráfica, así que mi enfoque no era el de un artista de cómics con experiencia. Me interesaba mucha más lo visual y lo intuitivo -suelo trabajar jugando con no mostrar, dejando brechas, ausencias- así que aquí mi objetivo también era sugerir más que ‘mostrar’ con un enfoque de cámara psíquica”. 
“Reconozco -continúa- que la tensión entre las demandas del relato (donde necesitás que aparezca esa persona que entra caminando a un cuarto y se sienta, en vez de dar atisbos de las cosas) y lo ‘visual’ al principio fue un poco frustrante. Pero esa tensión también estaba presente, de todas formas, a lo largo de la vida del Hombre Lobo. Así que la pregunta que comencé a hacerme era ¿cuánto es lo menos que puedo mostrar para que los lectores comprendan que se pueden situar en la historia?”. 

Lúcida, profunda y multipremiada por sus trabajos de ilustración, Harasymowicz explica desde la capital británica donde vive desde 1998, el proceso artístico para dar vida nuevamente a Freud, Pankejeff y el núcleo de la neurosis. 
“Trabajé con fragmentación -pedazos de imágenes, escenas, momentos, mezclando dibujos y collages- como si fuera ubicando con soltura trozos de memoria o de un sueño, donde cada elemento particular pudiera aparecer de forma concreta y específica, aislados y sin cobrar inmediatamente sentido como parte del ‘contexto'”. 
“La sensación -admite embebida en el texto- era de estar intentando fijar un cierto sentido a los objetos, las caras. Quizás esto sea parecido al psicoanálisis y el tener que excavar en el inconsciente”. 
La artista, reconocida por trabajar con temas como la memoria, la identidad y la historia, sostiene que “quería tener la sensación de que las páginas no eran del todo fijas, ni planas, que el relato se mantuviera frágil, al borde del colapso. Esto se refleja en mi decisión de usar collage. Y a su vez refleja el estado de fragmentación mental del Hombre Lobo”. 
Pero previo al craneado de ese armado creativo, Harasymowicz tuvo que documentarse y sobre eso concede que “se pareció un poco a formar parte de un gabinete de crisis: fotografiaba distintas versiones de las páginas, creaba constantemente carpetas en mi computadora, ubicando materiales de referencia, reproducciones de dibujos. A la vez que intentaba separar esa montaña de papeles en cada vez más grandes grupos, y a su vez en cajas de mi estudio, que al menos fueran parcialmente relevantes”.
“Siento que la verdadera documentación del libro y del proceso de trabajo con Pankejeff fue, de hecho, mi exhibición en el Museo Freud de Londres, que se hizo un poco después de que se publicara el libro”, revela sobre la muestra a propósito del caso que exhibió en junio de 2012.
La exposición “Wolf Man” que combinaba una instalación con los dibujos se hizo en lo que era la habitación de Sigmund Freud. Allí, la artista redistribuyó los dibujos y collages. “Todos esos elementos narrativos para que de cierta forma revelaran una arqueología del trabajo de Freud, de los sueños del Hombre Lobo y de mis propios sueños…”, reconoce. 
En esa muestra, recuerda Slawa, “hubo objetos y obras claves como una pintura hecha por el propio Hombre Lobo -que se puede ver en la novela- o su máscara mortuoria, que prestó el Museo. Además de mis propios dibujos y papeles. Estos objetos crearon sus propias tensiones y narraciones, parecía un cerebro que examina y olvida las cosas en simultáneo. Además, la hermana, la mujer y la madre del Hombre Lobo fueron representadas simbólicamente como sombras de mujeres y niñas, figuras de fondo que aparecen en el mundo de obsesión consigo mismo que hizo Pankejeff”. 
Además de la obra ‘in situ’ de ese mundo psi que recreó Harasymowicz, el libro es la tangible muestra de una revelación mental y sus revisitas. “Este fue y es un trabajo de una importancia enorme. A nivel personal, lo veo como un proyecto en dos partes, o veo al libro y la exposición como dos partes iguales de un mismo trabajo. Por un lado, el libro que es una experiencia personal, activa, subjetiva e íntima y, por otro, una narración vista como una instalación. Esta dualidad es algo que me interesa mucho”.
“Creo que el libro es la parte que ojalá continúe existiendo y se lea, pero la muestra fue clave para mí porque me permitió mostrar una reacción absolutamente personal hacia la historia y del par de años que pasé cerca de la pesadilla del Hombre Lobo”, concluye.

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201601/134140-uno-de-los-suenos-mas-importantes-de-la-historia-del-psicoanalisis-ahora-en-novela-grafica.html

“El Ulises los derrota de entrada”

Novelista, ensayista y autor de Ulises, Claves de lectura, la única guía rioplatense para entrarle a la novela de Joyce, tira por tierra muchos prejuicios y mitos en torno a la lectura difícil.

  

 

LA EDITORIAL Interzona acaba de reeditar Ulises, Claves de lectura de Carlos Gamerro. En una charla en un café de French y Laprida, Gamerro advierte que “el Ulises es un libro que genera mucho enojo, sobre todo en lectores experimentados que tienen como un orgullo de saber leer, y de vencer textos difíciles. El Ulises los derrota de entrada”. Pero entonces, ¿por qué gastar energía? “Porque el Ulises, al igual que el psicoanálisis de Freud, le enseñó a la humanidad a escuchar su pensamiento. Yo creo que sos otra persona cuando terminás de leer el Ulises”. Un lector puede sentir, ante tanta dificultad, que el autor no lo respeta, lo desprecia. “No, a Joyce le importa tanto que no escribe para el lector que sos, escribe para el lector que podés llegar a ser. Tiene tanta fe que cree que podrás cambiar, ser mucho mejor lector”.
Hace falta entonces muchas ganas de leer, y de asumir desafíos. “Si hoy hay una cultura de la dificultad y del desafío en el deporte, porque luego de escalar una lomita ya querés ir al Aconcagua, si la lógica de los videogames es que la recompensa por ganar un juego es pasar a jugar otro más difícil, ¿por qué la literatura tiene que ser distinta?” Señala, además, que la obra ha pasado la prueba del tiempo. “A los que insisten con que es difícil, les digo: ¿no se dan cuenta que se quejan por leer una novela experimental, de vanguardia, escrita hace casi cien años? Parte de la vigencia del Ulises se debe a que fue una novela adelantada a su época, y creo que toda la literatura del siglo XX es en gran medida un intento por alcanzar el Ulises”.
Igual la gente se pregunta quién lee el Ulises. “A lo largo del tiempo vas a ver que hay más lectores del Ulises que de Cincuenta sombras de Grey. Además, hay mucha gente que leyó el Ulises sin leerlo. En realidad lo han leído grandes escritores, periodistas, estrellas de rock, y por todas esas cadenas les va llegando… por ejemplo, si no leíste el Ulises pero leíste a Virginia Woolf, estás leyendo el Ulises. Igual con Faulkner, o con Juan Carlos Onetti”.
Pero, insisto, ¿por-qué-es-importante-el-Ulises? Es un texto que carece de narrador; es como si Joyce tomara al lector de la nariz, lo pusiera en el lugar del narrador y le dijera, armá tu mundo o morí en el intento. “Claro, por supuesto. Los personajes como Bloom, Stephen o Molly están atomizados, dispersos, sus conciencias, sus inconscientes, sus distintas facetas. Y sos vos, como lector, el que tenés que armarlos. Joyce construyó sus personajes de forma tan minuciosa, compleja, y con tantos elementos disímiles, que ocurre lo que dice Borges, podés recorrer el Ulises como una ciudad, no hace falta recorrerlo todo. Es decir, no tenés que recorrer todas las calles de una ciudad para conocerla, pero siempre vas a encontrar calles nuevas para recorrer. Pasa con Leopold Bloom, con Dedalus, con Molly: siempre descubrís cosas nuevas”.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/cultural/ulises-derrota-entrada-carlos-gamerro.html

Esas paradojas que mueven al mundo

Por Catherine Millot 

“El amor es lo que se produce cuando cambiamos de discurso”, decía Lacan. En Roma dio la conferencia “Del amor y de la lógica”, cuya grabación se perdió. Al combinar términos aparentemente disímiles, la lógica misma se volvía erótica.

  

Extraño a Lacan. “Usted no es la única, eso no la vuelve menos sola.” ¿Quién me diría hoy una frase como aquella, con la que un día él había acogido el sentimiento de exilio que yo le había manifestado, ligado en ocasiones ﷓tanto como recuerdo﷓ a la aridez de ser mujer? Sus frases a menudo estaba fabricadas de esas torsiones que las devolvían y que, como deslizándose por un tobogán, lo hacían a uno pasar de una cara a otra y salir del encierro en el que se creía. Tenían el arte de poner en continuidad el adentro y el afuera, como esos objetos topológicos rebeldes a la imaginación que llevaban nombres extranjeros: banda de Moebius, botella de Klein, cross﷓cap, y de los cuales él hacía gran uso para deshabituarlo a uno de la manía de comprender. El mundo se veía como expandido, incluso cuando clamaba que hablaba a las paredes con un tono que iba alzando casi hasta la vociferación, y que recordaba al de Artaud. No se trataba de cualquier pared, sino precisamente de las del asilo, una tarde en la que hablaba del saber del psicoanalista en la capilla de Sainte﷓Anne. Había agregado que hablar a las paredes lo hacía gozar, y que nosotros, su auditorio, también gozábamos por participación. El corazón me latía al oír en su voz un acento que pasaba de la ira sorda a la risa de un alegre saber, y creo que desde ese momento se decidió para mí algo que todavía persiste. ¿Lo llamaré transferencia? Aquella tarde, había continuado hablando de la “carta de amuro” [“lettre d’amur”]. Esta consonancia entre el amor [amour] y la pared [mur] la había tomado prestada de un poeta olvidado que había citado: “entre el hombre y la mujer hay el amor, entre el hombre y el amor hay un mundo, entre el hombre y el mundo hay una pared”. No hacía tanto tiempo que las paredes de París se habían cubierto de inscripciones, mientras que las antiguas barreras parecían hacerse añicos. El amor es lo que se produce cuando cambiamos de discurso, había dicho también. Parecía que por esos años se respiraba más libremente. Para mí, llevarán por siempre un nombre: el año de “O peor”, el año de “Aun”, el año de “Los no incautos yerran”, y el de “Joyce el Sinthome”. De manera extraña, no es sino hoy que me doy cuenta que entonces él no dejaba de hablar del amor. Del amor y de la lógica, título que dio a una conferencia en Roma, y a la que asistí. La grabación quedó perdida. Así era él que, al combinar términos aparentemente tan disímiles, el pathos se desarmaba y la lógica misma se volvía erótica. De hecho, lo que le interesaba en la lógica eran sus fallas: sus impasses, sus infranqueables paradojas, allí donde se revela su incompletud, su inconsistencia. En suma, los torbellinos en los que los propios lógicos se pierden. Son las mismas paradojas que encontraba en el amor, cuando éste se vuelve serio y exige rigor, como en los místicos, hasta el punto de no poder decir más nada sin contradecirse y hacer equivalente la perdición y la salvación. Es allí que, dice Lacan, alcanzamos “lo que debería ser el amor, si eso tuviera el menor sentido”. Esos puntos producían como un sifón por el cual se evacuaba el sentido. Es también por esos agujeros que desaparecía la esperanza de establecer relación alguna entre hombres y mujeres. Lacan nos invitaba a prescindir de ello para reinventar los juegos del amor, es decir, tal vez otra lógica que parta de lo imposible. La lógica de Lacan los liberaba de la comprensión, y de la obsesión de encontrar un remedio para todo. Lo irremediable tiene sus virtudes, que son inmediatamente aligeradas. Si me remito a la época actual, me parece que la caracteriza el aburrimiento con la que nos abruman sempiternos “problemas” que reclaman sus “soluciones”. Nos asfixiamos bajo las soluciones, y lo que suponen de incurable buena voluntad (¿hay otra definición para lo “políticamente correcto”?), como bajo la manguera de incendios de los bomberos de la sociedad. En tiempos de Lacan, se concedía el derecho de pensar sin soñar con taponar los agujeros del universo con los faldones de su bata, según la definición de la filosofía dada por un humorista vienés. En efecto, la época era más teórica que filosófica: amaba los agujeros, y la lógica también. Y el pensamiento no se veía obligado a reducirse, por exigencia de los medios de comunicación, a la dimensión del slogan publicitario de pañales, que propone una solución a los problemas de las filtraciones. El espacio que se había abierto hoy se volvió a cerrar. Sin duda, Abélard tenía razón al decir que el lógico es “odioso para el mundo”. El gusto por la teoría no excluía el de la experiencia. La experiencia psicoanalítica, como Lacan la llamaba, no dejaba de hacerse eco de la experiencia interior de Bataille. Se lanzaba allí a fondo perdido, apostando todo para ver hasta dónde iría, hasta qué punto de tope o qué apertura imprevisible. Estamos entonces lejos de la psicoterapia. Esa apuesta era la transferencia, amor no tan habitual porque nos llevaba directo a volvernos partenaire del Otro, ese Otro cuyas fallas eran objeto de la lógica lacaniana. En esos parajes, sucedía que se encuentra lo que Lacan llamaba el verdadero amor, que nace de los signos de lo que en cada uno marca la huella de su exilio.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/21-52719-2016-01-07.html