La democracia representativa, ya no representa nada

elpais.com

Un filósofo y un sociólogo observando la realidad. Intentando comprender qué ocurre en esta sociedad que, supuestamente, nos lo da todo y que, sin embargo, genera tanto malestar, y tantas desigualdades. Asistiendo a las protestas de los indignados españoles, a los movimientos de reapropiación del agua en Nápoles, a las luchas contra la implantación de un centro comercial en el parque Taksim turco, a la causa contra el calentamiento global, a la pelea en la Red por reinventar un espacio neutro, no contaminado por intereses de mercado, a la defensa del software libre, del creative commons, del copyleft.

Pues bien, tienen en común la lucha por lo común. El Estado, sostienen Christian Laval y Pierre Dardot, ya no se ocupa de los intereses del conjunto de la sociedad. Se ha plegado a las necesidades de las grandes corporaciones, que imponen sus condiciones (fiscalidad favorable, por ejemplo) y demandan privatizaciones. Los ciudadanos, en definitiva, deben reaccionar porque el Estado ya no protege lo que es de todos.

En 2012, Laval y Dardot, dos estudiosos del legado de Marx, publicaron La razón del común, libro con el que daban forma a un concepto que, sostienen, va más allá de la defensa del agua y el aire y comprende, por ejemplo, un hospital que sus propios profesionales reflotan creando una cooperativa. Ahora presentan Común (Gedisa, 2015), ambicioso ensayo que intentar construir un marco teórico para una nueva alternativa política.

Christian Laval, sociólogo nacido en 1953, profesor de la Universidad de París Ouest Nanterre y bloguero de la web Mediapart, responde a las preguntas en una sala del Institut Français de Madrid, al día siguiente de pronunciar una conferencia en el Museo Reina Sofía.

Pregunta. Proponen ustedes un marco teórico para el Común. Y sostienen la necesidad de una democracia radical. ¿Qué quieren decir con eso?

Respuesta. Hoy hay una exigencia de una nueva fase de la democracia, más profunda, más real. La democracia representativa, en el fondo, ya no representa nada; solo se representa a sí misma, a políticos profesionales que constituyen una oligarquía cada vez más ligada a los intereses privados. No lo decimos nosotros, lo dicen los movimientos sociales y una gran parte de la sociedad. El Común es aquello que sentimos que se nos escapa, lo que desparece por las privatizaciones.

P. ¿Qué recursos colectivos piensan que hay que retomar, y cómo?

R. El agua, por ejemplo. Como ocurrió en Nápoles, donde se remunicipalizó la distribución y se democratizó la gestión haciendo participar a los usuarios.

P.  Pero ustedes hablan de desbordar los elementos naturales, ¿puede dar algún ejemplo?

R. El saber, el arte, la belleza y el conocimiento están siendo colonizados por intereses privados. Hay que hacer prevalecer el derecho de uso de los ciudadanos.

P.  ¿Y cómo se hace?

R. En Italia, tras la ocupación del teatro Valle, se hizo una experiencia de Común. Administradores del teatro, actores y espectadores se asociaron. Hay que transformar las instituciones democratizando su uso.

P.  Para todo ello, plantean ustedes, es necesaria una revolución. ¿Qué tipo de revolución defienden?

R. El neoliberalismo se presenta como un proceso revolucionario: la revolución liberal. Se ha producido una especie de inversión del término: son los dominantes los que se dicen revolucionarios. Hay que pensar en una revolución antineoliberal. Organizarse en función de las necesidades de la población. Esas reformas pueden tomar formas violentas, como ocurrió en los momentos agudos en algunos países árabes. Pero para nosotros la revolución consiste en rehacer instituciones y crear otras nuevas.

P. ¿Considera que esa revolución necesita recurrir a alguna forma de violencia?

R. No, no es absolutamente necesario. Distinguimos revolución de insurrección. Pueden aparecer momentos violentos puesto que la revolución se enfrenta a los intereses de los grupos dominantes. Pero los momentos revolucionarios del siglo XIX, con barricadas, son agua pasada. La revolución comienza cuando se pasa de la resistencia a la construcción. Luego se cuestionan instituciones centrales, por ejemplo, las formas de representación electoral. Y si una revolución quiere durar, necesita crear unas bases en la sociedad.

Se trata de que el mercado y la propiedad privada sean sometidos a una lógica superior, que sea la del uso colectivo, prudente y cuidadoso de los recursos colectivos

P. ¿Y qué deben hacer esos movimientos, esas bases? ¿Entrar en el sistema, ser alternativa política, como Podemos, o luchar desde fuera? Es un viejo debate que sigue vivo en algunos movimientos sociales.

R. Es un debate estéril. Hay que pensar en formas políticas de participación en las elecciones y en su conexión con los movimientos sociales. Esos movimientos necesitan crear nuevas instituciones, en la educación, en la salud, cooperativas. Para ello necesitan apoyo de los Gobiernos municipales. Y los Ayuntamientos necesitan de ese tejido de Común en la sociedad para llevar a cabo una transformación. Gobiernos municipales como el de Barcelona o Madrid solo aguantan a partir de realidades locales y sectoriales, de los barrios.

P. ¿Qué lectura hacen de esas dos victorias electorales en España?

R. Se demostró que las grandes movilizaciones sociales no son en vano.

P.  “El capitalismo destruye las condiciones de vida en el planeta y conduce a la destrucción del hombre por el hombre”, dicen ustedes en Común. ¿Es el capitalismo, o el capitalismo mal conducido?

R. El capitalismo porta una lógica de lo ilimitado, el “siempre más”; y el neoliberalismo actualiza y radicaliza esa lógica, lo que significa destrucción de los ecosistemas. Vamos hacia la catástrofe.

P. Ustedes preconizan una forma de oposición al capitalismo que no es el comunismo.

R. El movimiento del Común da la espalda al comunismo de Estado, que es una realidad acabada que está en el museo de la historia. Estamos en una nueva fase en que el Común se podrá realizar con formas de autoinstitución o autoorganización.

P. ¿El Común no contempla la supresión del mercado ni de la propiedad privada?

R. En absoluto. Subordinación del mercado y de la propiedad privada a la prevalencia del derecho de uso colectivo y al principio de democracia radical. Se trata de que el mercado y la propiedad privada sean sometidos a una lógica superior, que sea la del uso colectivo, prudente y cuidadoso de los recursos colectivos.

P.  Ustedes sostienen que estamos a las puertas de una transformación política histórica. ¿Por qué?

R. Múltiples fuerzas sociales pasan de la protesta a la acción. La capacidad inventiva de los actores sociales es lo que nos da esperanza.

Fin de ciclo y terapia

Por Vale Villa

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Durante este año que casi concluye, he sido testigo de las vidas de muchas personas. Sería impreciso si dijera que amo mi trabajo sin agregar que también me atormenta. Porque escuchar los relatos íntimos de las vidas de los otros, es un ejercicio de empatía y humanidad, pero también de contradicción: cómo hacer para transmitir sin que se convierta en desesperanza, que la vida del inconsciente define más decisiones de las que nos gustarían, cómo acompañar el dolor de las pérdidas, de la dificultad para amar, de los rasgos de la personalidad que algunos quisieran arrancarse como si se pudiera cambiar de piel.

No hace falta ser psicoanalista para estar de acuerdo con muchas de sus aportaciones, cuyo valor fundamental es que no han intentado, en su mejor versión, sustituir dogmas con dogmas. Si acaso, dejar claros algunos asuntos, como que aunque Darwin afirmó que venimos a la vida a luchar por la sobrevivencia, Freud agregó que a veces parece que venimos a destruirnos, porque existe algo siniestro que llamó “instinto de muerte”, verificable en las muchas formas de masoquismo que la gente practica a diario. Búsquedas frenéticas del placer en todas sus presentaciones, llevan a las personas al consumo de sustancias y de personas, poniéndose al filo de la muerte, muchas veces sin darse cuenta.

Porque somos animales ambivalentes sobre nosotros y sobre nuestros deseos. Sobre el amor, sobre la ciencia, ambivalentes sobre la ambivalencia, odiamos lo que amamos, no tenemos sentimientos encontrados sino opuestos.

Los descubrimientos del psicoanálisis, que pueden utilizarse en cualquier terapia que yo respete (muchas me parecen poco respetables), son aterradores porque nos exponen al hecho de que no existe una cura recetable y verificable en sus resultados para todos los dolores que aquejan a los seres humanos.

Freud se preocupó por encima de todas las cosas, sobre lo impredecible. Sobre el impredecible efecto que tenemos sobre los otros y sobre nosotros mismos.

Nada tiene que ver esta visión con la idea tradicional del modelo médico sobre la cura. No nos podemos curar de nada y aceptarlo enloquece a muchos, pero tranquiliza a otros. Porque una de las muchas contradicciones que atraviesan la vida toda, es que así como es importante que nos adaptemos para sobrevivir, también es importante que seamos capaces de convertir nuestros deseos en realidades viables. Nadie puede vivir frustrando todos los deseos.

Nadie puede alcanzarlos todos. Nadie puede sobrevivir oponiéndose a todo lo que no forme parte de su deseo o de su visión del mundo. Cómo hacer compatible adaptación y deseo es uno de los dilemas permanentes del vivir.

No existe un ser completo ni totalmente sano. Por eso la idea de sanarse tiene algo de ingenua, porque parte de la creencia de que en algún punto del camino perdimos al todo sano que alguna vez fuimos. Pero nunca lo fuimos.

Ana decidió terminar una relación amorosa que hace tiempo dejó de significar amor y se convirtió en lágrimas y desesperación cotidiana. Hablamos decenas de veces sobre lo que ella describe como tendencias masoquistas, que la hacen correr hacia el peligro en lugar de huir. Un día corta lazos con el hombre al que tanto amó y al que ahora odia por traicionarla. Ana lo ama y lo odia. Quiere dejarlo pero no quiere dejarlo. Decide terminar pero no está segura de poder hacerlo. Solo lo intentará.

Jaime siente total indiferencia por sus padres. Sus heridas de infancia son mucho más profundas de lo que reconoce. Su discurso es súper racional y dice que ni los ama ni los odia, que ni siquiera recuerda que lo hayan tratado tan mal ni abandonado tanto. Su síntoma es la indiferencia por el destino de su padre y de su madre. Ni siquiera estaba seguro cuando comenzó la terapia, de querer que las cosas cambiaran. Jaime ignora que su inconsciente se manifiesta en el síntoma de la frialdad, que quizá encubre rencor, odio y amor contenido. Para él la cura se parece más a aceptar que hay sentimientos que no puede obligarse y dejar de sentir culpa por ello.

La terapia no se trata de curarse sino de encontrar nuevas formas de vivir. Tampoco es prometerle a la gente que se va a mejorar, pero sí ofrecerle un espacio para cuestionar certezas, verdades estereotipadas, versiones pobres sobre sus vidas. En terapia, se cuestiona el significado de palabras como confianza, curiosidad, integridad, honestidad, bondad y nada queda sin ser cuestionado.

La terapia de orientación psicoanalítica solamente es para aquellos que la encuentran conmovedora, iluminadora, reveladora, entretenida, emocionante, útil y reconfortante.

Sólo es para aquellos que no quieren respuestas categóricas para ninguna de sus preguntas y que son capaces de tolerar la contradicción irremediable de existir.

(basado en Psychoanalysis; Is it Worth it?, Adam Phillips, One way or another, Penguin Books, 2013)

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

 

Fuente: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/fin-de-ciclo-y-terapia.html

Escuchas que atenúan soledades

Las llamadas al Teléfono de la Esperanza aumentan un 40% en estas fechas.

OÍDO. Voluntarias del “Teléfono de la Esperanza” en Jaén, con el escritor Juan Eslava Galán, en un acto de la ONG.

La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas”. Esta frase del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, encabeza la web del “Teléfono de la Esperanza”. Una organización no gubernamental que, en esta época de celebraciones familiares, reencuentros y proclamación de buenos deseos para todo el mundo, recibe hasta un “40% más” de llamadas, como consecuencia de la magnitud que adquieren vacíos, traumas, insatisfacciones y soledades.

“Son llamadas en situación de crisis. Gente agobiada a la que la soledad se le ha echado encima”, explica la responsable del “Teléfono de la Esperanza” en Jaén, María José Martos. Indica que el perfil de los usuarios son personas que están entrando o saliendo de depresiones y, sobre todo, mujeres “de entre treinta y tantos a cincuenta y tantos años de edad”. No es raro. “A nivel emocional les cuesta menos hablar que a los hombres”, señala Martos. Los problemas que se trasladan son variopintos. La crisis económica ha incrementado el número de llamadas, pero no faltan “las historias de separaciones, problemas con los hijos” y las que están consideradas como las peores soledades: las que se sienten aun estando acompañados. “Estamos en la era de la comunicación, pero no sabemos decir cosas. Tenemos profundas soledades y no sabemos comunicarnos con el otro”, expone la responsable de la organización en Jaén, que destaca el carácter “milagroso” de la escucha: “Es bajar mis ruidos para entender qué quiere el otro y puede que solo sea que alguien esté al otro lado”. El “Teléfono de la Esperanza” está operativo los 365 días del año, las 24 horas. En Jaén, cuenta con 29 voluntarios cualificados que lo atienden por turnos. Y si de algo son muy conscientes es de que “no se aconseja nada”. “Cuando tú desangustias a una persona, ella se da cuenta por sí sola de qué parte de responsabilidad tiene en que ese problema del que habla esté ahí y de que la solución está en sus manos”, comenta Martos, que advierte del estrés, la angustia y la “desesperanza” que acusan muchas de las mujeres de hoy. “Creen que pueden llevar a los padres, a los hijos, a los maridos…, todo para adelante, y llega un momento en el que se sienten solas y desbordadas, porque ¡no podemos con todo!”, aclara, mientras subraya la importancia de decir “no”: “Esta sociedad nos exige demasiado y nosotros tenemos que aprender a poner el límite”.

La media de atenciones en Jaén está en torno a las “50 llamadas semanales”, que aumentan notablemente en Navidad y con los cambios de estaciones. Tanto en Nochebuena como en Nochevieja, el número de voluntarios para atender el teléfono son dos personas por turnos. ¿Qué requisitos tienen que reunir? Ante todo, que no quieran rellenar huecos con el voluntariado, apunta Martos. No puede ser para aparentar o para sentirse superior. “Tiene que tener resueltas sus historias personales previamente y querer devolverle a la vida lo que nos ha dado”, sintetiza Martos. Además de las llamadas, el “Teléfono de la Esperanza” organiza talleres para la salud emocional e imparte formación para el voluntariado.

 

Fuente: http://www.diariojaen.es/jaen/escuchas-que-atenuan-soledades-FG2448722

El discurso toxicómano

La autora reflexiona sobre los discursos circulantes en torno al sujeto consumidor. Y la práctica del psicoanálisis que puede, desde lo privado, incidir en lo político a través de lo público.

Por Alejandra Jalof

La espenalización del uso de drogas es un tema de larga data y al respecto cada país cuenta con una jurisprudencia, no siempre acorde con su aplicación.

La consideración del sujeto consumidor va desde la sanción social, el estigma del delincuente, o enfermo a rehabilitar, por un lado, y por otro,  el argumento que sostiene que las drogas no son diferentes de cualquier otro objeto de consumo y, que con el mismo criterio, debería prohibirse la telefonía celular por considerarse adictiva. Aducen que el mercado oferta, y los individuos eligen.

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En los dos casos, lo que queda por fuera es la responsabilidad del consumidor frente a su acto.

La responsabilidad recae en un caso sobre el Estado y las leyes que deben velar por la seguridad de los individuos, y en el otro, se carga dicha responsabilidad a las leyes de la oferta y la demanda del mercado; cinismo cliché que justifica que, frente a la ausencia de un Otro garante de la ley, las personas responden según contratos sociales particulares.

El modo de tratar “La Droga” como objeto satanizado es un modo de universalizar los efectos de un objeto (sustancia) sobre los sujetos.

Para oscurecer aún más la cuestión, el imaginario colectivo clasifica dichos objetos según su efecto que se pretende universal; hay drogas para  la casi totalidad de las actividades humanas: para producir, para amar, para la inspiración artística, o la fiesta interminable. Por último las conocidas drogas basura, que transforman en asesinos a los indigentes. Otra clasificación rayana en lo metafísico las divide en drogas pesadas y drogas puente.

La clasificación parece más un catálogo de “Sprayette compras” que una categorización epistémica.

El más preciado “drogón” y Doña Rosa estarían de acuerdo en que las sustancias determinan la ética y por lo tanto los comportamientos de las personas, que se hacen receptores pasivos de sus efectos. Sostener que después de drogarse ya nada se elige tira del hilo de la discusión sobre la imputabilidad o no del sujeto en cuestión. Este tema enciende el morbo por el cual cada uno se pregunta por el propio límite de la responsabilidad. A partir de cuándo y hasta dónde soy  responsable de mis actos, y cómo y de qué modo podría constituirme como excepcional a la ley, y lo más importante es que sea la misma ley la que lo dictamine.

Jacques Lacan, que se regodeaba en lo escandaloso de sus frases, porque sabía de su exactitud, afirmaba que aunque lo consideraran terrorista, el sujeto es siempre responsable. Subrayamos que en todos los casos, es decir que las personas deben comparecer frente a sus actos, ya que es eso lo que las preserva como tales. Lo contrario, lejos de ser una trasgresión, es un suicidio.

En cuanto al poder de los objetos, el psicoanálisis insiste en que el único objeto que determina las relaciones del sujeto con el mundo es el objeto del  fantasma de cada uno, que se construye muy tempranamente en la vida a partir de coordenadas múltiples. Este objeto, que no es una cosa sino una construcción, influye más que cualquier sustancia en las elecciones y experiencias de las personas. La clínica verifica que la sobredeterminación con la que se construye dicho objeto determina que su análisis sea del orden de lo particular, y que sólo se obtiene su calibre dentro del dispositivo analítico.

El actual “fetichismo de la sustancia” es un universal que pretende explicar el espectro social y el subjetivo a partir de los efectos de ese objeto/sustancia. Por el contrario, lo que se verifica es un efecto de discurso que, bajo la legislación que fuere, empuja al consumo de dicha sustancia; un “discurso toxicómano” retroalimentado por consumidores, detractores, carteles y la mayoría de los programas para adictos.

Este discurso se ubica en el entrecruzamiento entre el discurso del capitalismo y el de la ciencia, hoy subsumido al primero. J. Lacan advierte que el sujeto de la ciencia queda forcluido, excluido de toda consideración. La exclusión se redobla al encuadrarse la ciencia actual como engranaje fundamental de la consecución de ganancias a niveles macro. Laboratorios y técnicas de control social disfrazadas de “terapéuticas” son dos de las armas más poderosas para aceitar su funcionamiento.

Algunos autores1 han denominado “Operación pharmacon” al dispositivo que incluye tanto al sujeto consumidor, las sustancias y al discurso que crea lo mismo que condeno, y lo cristaliza.

Sin constituirse en una cruzada, el psicoanálisis se propone como una práctica que puede, desde lo privado, incidir en lo político a través de lo público.

Como en la práctica puertas adentro de los consultorios, también en el ámbito institucional el psicoanálisis opera en el sentido de interpretar sus síntomas para conmover las significaciones coaguladas-cristalizadas-residuos de identificaciones, y señalar sus efectos de alienación.

Frente al vacío de los significantes gastados, Lacan proponía el psicoanálisis como “un decir menos tonto”. Nótese que el Dr. Lacan, y a pesar de su optimismo, no creía que pudiera eliminarse del todo la estupidez humana.

Lacan advertía que no hay praxis posible para el psicoanalista si no une su práctica a una lectura de la época, es decir el análisis de la relación entre los modos particulares de gozar de las personas y la época.

En todos los casos se debe desmontar el mito de un goce que sin su prohibición sería absoluto, cuestión  a la que el sujeto contemporáneo está compulsado por el mercado.

Si el saldo de consumir una sustancia aportara un goce total no habría necesidad de repetirlo una y otra vez porque una sola dosis bastaría. La repetición es lo que demuestra la falta de una satisfacción absoluta; el “viaje” es siempre de vuelta al lugar (sustancia) en el que el superyó  insaciable ordena gozar, doble agente que sanciona lo sanciona. Lo que se consume en toda repetición insaciable es el sujeto.

El psicoanálisis puede intervenir a los fines de desmantelar este circuito mortífero si hay un sujeto que habla y escucha, y si esto no está dado en un comienzo, intentará producirlo.

Es habitual que en un primer acercamiento a un psicoanalista alguien se presente como “adicto”.

A priori el psicoanalista no deberá dar por sentado qué significación tiene ese nombre con el que alguien se presenta. A su vez,  es  secundario si esta nominación viene abrochada al legajo de un juzgado, un colegio, o su entorno.

Es esperable en la mayoría de los casos que se desplieguen otros modos de nombrarse para un sujeto, pero por deseable que fuere tampoco eso se puede imponer. Se puede invitar a que el sujeto en cuestión diga algo más respecto de su nombre.

Contrario a lo que dicen los manuales DSM, las adicciones en sí mismas no comportan una categoría clínica y se presentan asociadas a distintas estructuras, como síntoma, carácter o suplencia, diferencia fundamental para la dirección del tratamiento

En cuanto a las llamadas “ciencias del cerebro”, que se proponen ubicar en imágenes coloreadas la problemática psíquica, intentan adecuar el sujeto a la técnica –algo así como cortarse el dedo a la medida del anillo–; para lo cual necesitan que el sujeto en cuestión hable sin decir nada que pueda escucharse como una significación particular.

Si la causa del consumo es una relación entre una sustancia (droga)  y otra (neurotransmisor), el sujeto queda condenado a no decir, condenado a la a-dicción.

Por su lado, los consumidores de drogas recetadas están exentos de la condena social sin importar las cantidades consumidas, sus efectos y  la dependencia de  las mismas; es el médico el que las indica y sobre él recae la responsabilidad; el sujeto supuestamente se limita a cumplir la indicación y se desentiende del acto de consumo y sus efectos.

Una receta puede hacer que el uso de una sustancia sea considerada medicamento o tóxico.

Los estudios sobre los efectos terapéuticos de la marihuana indicada en ciertas patologías van en paralelo con los movimientos por su despenalización, lo que desde esta perspectiva resulta más de lo mismo.

Bajo ciertas condiciones, la marihuana pasaría de ser prohibida a ser recetada, de ser negocio de los carteles a serlo de los laboratorios matriculados; y los programas antidrogas dejarían de promoverla como viaje de ida o puente al más allá.

En algunos casos de enfermedades terminales, se aduce que por tratarse de enfermos en riesgo de muerte prefieren que sea el paciente el que decida sobre la utilización de la sustancia, esgrimiendo el criterio del “mal menor,” alegando que es bueno darle al paciente la posibilidad de morir a su manera; en otros casos de lo que se trata es de soportar el dolor. Nada se dice de permitir que las personas vivan de acuerdo a su manera; y por otro lado, que la definición de enfermedad dolorosa y terminal podría aplicarse a la vida misma.

En Queen’s St, una de las calles más transitadas de la ciudad de Toronto, un glamoroso local gourmet invita a los usuarios del cannabis que olvidaron su receta a realizar una consulta por internet con un médico al que se le explica su requerimiento terapéutico. Una vez escaneada la receta, podrá adquirir alguna de las cincuenta variedades de marihuana, entendemos que en cantidades acotadas.

Como en nuestro país la burocracia no está al servicio de lo cívico, en los programas de televisión se discutirá si, de legalizar su uso  medicinal, en lugar de marihuana, la etiqueta del envase deberá decir  THC, y cómo detectar y evitar en los enfermos una satisfacción agregada al alivio del dolor.

Otros combustionarán sus neuronas en cómo considerar a los enfermos que consumían marihuana antes de enfermar. Podrán concluir en que se les aplique una doble legislación, la del goce toxicómano y la del enfermo terminal.

En 1930, Sigmund Freud, ya lejos de la ilusión y del porvenir concluía que soportar la vida es el deber más importante de los humanos, y que entre otras posibilidades, las “sustancias embriagadoras” colaboran a dicha empresa. La contingencia queda, por demás, subrayada y es insoslayable.

Bibliografía

1 Le Poulichet, Sylvie. Toxicomanías y Psicoanálisis. Ed. Amorrortu. Buenos Aires, 1990.

Marx, Karl: El Capital. Libro primero. Sección 1 Capitulo 1. Punto 4: “ El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto” Ed. Critica S.A.

Lacan, Jacques: Escritos 1. La ciencia y la verdad. Ed Siglo veintiuno editores. México 1980.

Freud, Sigmund: El malestar en la cultura. Obras completas. Ed Amorrortu. Buenos Aires.1996.

New England Journal of Medicine article by Jerome P. Kassirer, MD. Criticing the Clinton Administation for it s stance on medical marijuana.January 30. 1997. Volume 336, number 5

“The action class for cannabis therapheutis”. The Philadelphia experiment. (page by James DAWSON http://www.gnv.fdt.net/jrdawson/lawsuit.htm (1997)

Marijuana and AIDS by Peter Gorman. High Times. 1994.

* Psicoanalista miembro de la Asociación mundial de Psicoanálisis (AMP). Miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL).

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/10126-el-discurso-toxicomano

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

Por Luciano Lutereau

El amor en psicoanálisis es un fenómeno paradójico. Aunque no menos que en la vida cotidiana, donde también se manifiesta de las maneras más extrañas. Es el caso de muchos varones que, desde niños, no han hecho más que expresar su gusto por una chica a partir de actitudes agresivas, como tirar del pelo, hasta el desprecio y la degradación; o bien el de muchachas que pueden fingir indiferencia o desinterés, para que el amor “no se note”.

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En la práctica del psicoanálisis también el amor se actualiza invocando a su contrario. No hay nada más lejos del amor en un análisis que el interés por la persona del analista. Estos episodios suelen ser un obstáculo (ni siquiera una resistencia), y están mucho más cerca de la sugestión (y, por lo tanto, de la idealización) que del análisis. En un análisis el amor suele presentarse a partir del reproche, la queja, el desinterés, etc. No son pocos los pacientes que, por este motivo, no quieren saber nada de la persona del analista e incluso, eventualmente, se alarman ante la posibilidad de encontrárselo en la calle u otro lugar que no sea el consultorio. Dicho de otra manera, aquél demuestra de este modo que, antes que una persona, es un objeto.

Con un objeto se pueden hacer muchas cosas. Recuerdo el caso de una paciente que se enojó ante la posibilidad de que una amiga suya le pidiera mi teléfono; pero también el de otra mujer que enviaba a consultar conmigo a las más diversas personas de su entorno… como un modo de sostener otra queja celosa, esta vez respecto del tiempo que en las sesiones dedicaba a cada una. Un analista es un objeto que, incluso cuando se comparte, no se presta.

Esta reducción de la persona al objeto es un rasgo propio del amor. Es un hábito distinguir en toda relación entre dos fases: la del enamoramiento y la del amor. En cierta medida, el enamoramiento implica la fascinación por el otro; mientras que el amor… ¡el amor muchas veces comienza luego de una primera pelea! Nada une más que el espanto. Incluso en algunas parejas, las fricciones funcionan como causa del erotismo (no sólo en la reconciliación). Es en el conflicto que la fascinación se convierte en pacto, y este tipo de lazo toma la forma del autoerotismo: el otro asume el lugar de una voz con la que se cuenta, una mirada furtiva u otro modo de satisfacción pulsional.

Lo mismo ocurre en un análisis: a partir del momento en que un paciente ya no quiere saber más nada de su analista… puede ser que se dedique a espiarlo. Recuerdo el caso de una mujer que, en cierta ocasión, me solicitó amistad en Facebook. Decidí aceptarla, ya que poco genera más encanto que la sustracción. En la siguiente sesión relató el episodio, y me dijo: “Te eliminé. Tu vida es un embole”. Por cierto, más allá de la conclusión trivial de que la vida de un analista es como la de cualquiera, lo interesante es el lugar en que un analista puede quedar localizado: un objeto que “embola”, un resto aburrido que puede ser descartado, etc. Esta misma localización es la que puede apreciarse, discrecionalmente, en la manera en que cada paciente se despide: están aquellos que con rapidez responden al saludo como una orden, mientras que otros se regodean en busca de una última palabra, y otra más y otra más.

En este punto es que surge una pregunta por la llamada “neutralidad” del analista. No se trata de que el analista no tenga ideas, o que se esconda de sus pacientes (siempre me pareció graciosa esa timidez defensiva entre colegas), sino de que en el tratamiento pueda hacer semblante de ese objeto que, en el amor, muchas veces, es el más odiado.

Jacques Lacan acuñó una expresión para dar cuenta de este movimiento. “En ti más que tú”. El amor, en última instancia, siempre es una suerte de “mutilación” del otro. Por eso, podría decirse, ¡siempre cuesta tanto! El amor no se reconoce como un sentimiento transparente, sino a partir del rechazo del amor. O, dicho de otro modo, el amor se expresa a través del rechazo. En la queja respecto del amor, cada sujeto busca aferrarse a una posición narcisista contra el autoerotismo. Y aquí es donde los caminos del amor en la vida cotidiana y en el análisis se distancian: mientras que en aquella el reconocimiento se impone como una referencia (en la medida en que cada uno quiere ser amado por lo que es), en el análisis esta distancia no se produce, es lo que Gérard Pommier ha llamado un “amor al revés”; aquí es donde comienza lo que suele llamarse el “análisis de la transferencia” como resorte crucial del tratamiento, que no es de otra cosa sino el análisis del modo singular en que cada uno se relaciona con ese objeto que es una voz, una mirada, una desecho o nada más que una exigencia de presencia.

Muchas veces los psicoanalistas que idealizan la noción de neutralidad, como si fuera una especie de pureza ideológica (que, hoy en día, se padece como justificación de una irresponsabilidad política que, como siempre, es funcional a las posiciones de derecha), son los que luego no están dispuestos a admitir ser despreciados, olvidados, etc. En fin, en nombre de la neutralidad se puede rechazar el amor. Esa puede ser la neurosis de un analista. El analista no puede pedir ser amado. Porque nadie puede pedir algo así.

En definitiva, el análisis no es de otra cosa más que de la manera en que cada uno ama. Esta es una diferencia sustancial entre el psicoanálisis y otras ofertas terapéuticas. Mientras que estas apuntan a la adaptación o la solución de problemas que parecieran importantes, el psicoanálisis es una opción de tratamiento de lo que siempre es urgente: el amor.

* Psicoanalista, doctor en Filosofía y doctor en Psicología por la UBA, donde trabaja como investigador y docente. Cocoordinador de la Licenciatura en Filosofía de UCES. Este artículo remite a ideas de su último libro Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina, publicado por editorial Galerna.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/10127-de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-amor

El TDAH es un trastorno de época

Heinke Freire, en la charla ofrecida el martes en Zamora.

La psicóloga Heinke Freire considera que el trastorno de déficit de atención e hiperactividad aparece como “una especie de cajón de sastre donde se están metiendo muchísimas dificultades que pueden tener los niños y las niñas de hoy pero una parte de las cuales a mi me parecían clarísimamente vinculadas con lo que podría llamarse un trastorno de época. El hecho de que el TDAH aparezca con esta intensidad y este despliegue justo en este momento, en estos últimos 30 años, tiene mucho que ver con el tipo de sociedad que estamos construyendo, con ese exceso de presión sobre los niños y las niñas, con ese exceso de sedentarismo, con esa falta realmente de poder vivir su infancia, cada uno a su ritmo”.

La experta, que participó en Zamora en una charla organizada por la Asociación Apego Lácteo, expone que “la mayor parte de los niños y niñas que yo he visto que han sido diagnosticados de TDAH o que han estado a punto de serlo, en realidad lo que tienen son unos procesos madurativos a nivel cerebral que son más lentos de los de sus compañeros y compañeras. Por razones que pueden ser muy diversas tienen unos procesos madurativos que pueden ser un poco más lentos”. Pero no le parece adecuado ” fijar esa cuestión” en procesos que “pueden ser pasajeros, “y de hecho la mayor parte de la gente que es diagnosticada de TDAH cuando es pequeño después de adulto se soluciona el problema, pasada la adolescencia. Realmente fijar eso, medicarlo, crear una etiqueta no creo que sea el camino”.

La experta en innovación educativa cree que “el camino pasa porque la escuela sea capaz de acoger mucho más las diferencias de las personas y de positivarlas. En vez de convertir una diferencia en un problema, convertirla en una oportunidad. Y el día que la escuela sea capaz de hacer esto no va a ser necesario etiquetar a las personas y apartarlas y darles clases especiales porque realmente cada persona va a poder apoyarse sobre sus capacidades y sus potencialidades y no se necesitará normalizar y que todo el mundo pase en el mismo momento y por el mismo tipo de pruebas”.

En definitiva, para la autora de libros sobre la materia, “cada niño y cada niña tiene derecho a tener su propio ritmo de desarrollo porque la naturaleza es así y porque un organismo humano es terriblemente sabio”.

Tomado de: http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2016/12/15/tdah-trastorno-epoca/971969.html#

El “psiquiátrico” en casa

El 'psiquiatra en casa' reduce los ingresos por psicosis

La primera Unidad de Hospitalización Domiciliaria (Hadmar Psiquiatría) en Cataluña impulsada por el INAD (Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones) del Hospital del Mar ha cumplido con éxito su primer año de funcionamiento, en el que ha atendido a cien pacientes.

Se trata de un dispositivo asistencial de salud mental que atiende en domicilio a pacientes con trastorno mental severo, descompensados o en vías de descompensación, por medio de un programa intensivo y protocolizado.

Pasado este primer año, se ha conseguido acortar el tiempo de ingreso en la Unidad de Hospitalización de Agudos (UHA) del Hospital del Mar y se han puesto en marcha protocolos para disminuir el número de ingresos desde el servicio de urgencias de Psiquiatría y desde los centros de Salud Mental de Adultos (CSMA); en la actualidad, un 30 por ciento de los pacientes ingresan en la UHA.

“Este nuevo dispositivo posibilita el tratamiento en el domicilio a aquellos pacientes que no pueden desplazarse a la Unidad de Hospitalización de Agudos, mejora la continuidad asistencial entre la red hospitalaria y comunitaria, y minimiza el impacto del estigma de la atención del paciente con trastorno mental severo”, ha explicado Luis Miguel Martín, responsable de atención Comunitaria y Programas Especiales del Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Hospital del Mar.

Paciente con psicosis y apoyo familiar

Durante su primer año, se ha perfilado el candidato y el procedimiento asistencial, y, en este sentido, se ha confirmado que el paciente de Hadmar Psiquiatría se corresponde con un diagnóstico de trastorno del espectro de la psicosis, con buen apoyo familiar pero con gravedad clínica severa.

El protocolo asistencial comienza por una solicitud de ingreso domiciliario desde CSMA, UHA del Hospital del Mar, Urgencias de Psiquiatría del Hospital del Mar, Unidad de Crisis o Hospital de Día y Consultas Externas del Hospital del Mar (las solicitudes desde Atención Primaria o Servicios Sociales deben ser remitidas al CSMA de referencia).

A continuación, la enfermera especialista valora la pertinencia de la petición y contacta con el médico de referencia que deriva el caso para informar de la aceptación o rechazo del caso.

Si es aceptado, el paciente y cuidador responsable firmarán el consentimiento informado de ingreso domiciliario; y existe el compromiso de atención en domicilio por parte del equipo en un plazo menor a 48 horas (en días laborables).

El ingreso domiciliario se plantea de forma limitada en el tiempo, dependiendo de las necesidades de cada caso. Y el seguimiento se realiza también según las necesidades de cada caso (desde visitas diarias hasta un máximo cada tres días) para Enfermería con intervención del psiquiatra si es necesario. El equipo contacta con Atención Primaria para la valoración de problemas orgánicos o sociales que surgen en el proceso.

Enfermería se coordina y contacta con el CSMA o con la unidad de derivación del paciente cuando reciba el alta. Al final del ingreso, se realiza un informe de alta que se envía a la unidad de derivación, confirmando la primera visita de seguimiento en el recurso ambulatorio.

Tomado de: http://www.redaccionmedica.com/secciones/psiquiatria/el-psiquiatra-en-casa-reduce-los-ingresos-por-psicosis-4353