Realidad virtual y fantasía: la pornografía y subjetividad en nuestro siglo

Por: Fernando Michel Montealegre Pabello

¿Cuáles son los límites entre la realidad y la ficción? Esta pregunta ya se la había realizado Sigmund Freud cuando trabajaba en la famosa Salpetriere en París, Francia, él se hace este cuestionamiento ya que las mujeres histéricas de la época relataban sucesos y síntomas que parecían irreales, ¿cómo es posible que una mujer se vuelva ciega de un momento a otro y de igual forma recupere la vista? a estas mujeres se les pensaba como actrices, ya que se creía que sus síntomas eran actuados y que no eran “reales”, sin embargo los síntomas existían pero las causas no se encontraban en lo orgánico como pensaban los médicos de la época.

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Freud asocia estos síntomas a una escena infantil en la que las mujeres (en su mayoría) habían sido seducidas por un adulto,

¿pero realmente todas las mujeres tienen estos síntomas por la misma causa? Evidentemente Freud se percata de su error y rectifica su teoría, no es que haya sucedido como un hecho sino como una fantasía. 

Esto abre el camino para pensar no solamente la realidad fáctica, aquella realidad que está basada en los hechos y donde debe haber un grado de veracidad en la que exista conformidad con la verdad en relación a un evento. El testimonio de un testigo que narra los hechos de un asalto bancario, su testimonio tiene veracidad si este se ajusta o se aproxima a lo que realmente pasó, es decir, a los hechos.

Para Freud esto es mucho más complejo debido a que algo puede narrarse como un hecho y realmente nunca haber sucedido pero haber sido vivido como tal. Esto cabe aclarar, sucede a nivel individual, sin embargo podría pensársele en comparación con el Efecto Mandela para tratar de dilucidar los alcances de la teoría freudiana en relación a la fantasía.

El efecto Mandela son recuerdos que nunca sucedieron pero que son compartidos por una colectividad en el mundo. ¿Qué le dijo Darth Vader a Luke en la famosa escena donde le dice que él es su padre? Dice: 1. Luke, I am your father o 2. No, I am your father. ¿Cuántas personas viajaban en el coche presidencial en el que asesinaron a JFK?

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Seguramente uno recuerda con precisión que Darth Vader dice: Luke I am your father o que el coche de JFK llevaba 4 pasajeros e incluso uno podría narrar los detalles de ese recuerdo, sin embargo eso nunca pasó. El vehículo llevaba 6 pasajeros y Darth Vader dice: no, I am your father. Recordamos algo que nunca sucedió.

Entonces ¿cómo podemos estar tan seguros de la certeza de los recuerdos de nuestra infancia? ¿Cómo saber si fueron hechos y no fantasías? La respuesta: no es posible saber qué fue fantasía y qué fue un hecho.

Los límites entre realidad y ficción son muy difusos, nos encontramos alejados de la percepción que tenían los empiristas, ya que ellos decían que lo que se conoce de la realidad es la experiencia, es decir, la percepción de color, luz, formas, sensaciones, olores, sabores, etc. ¿Pero es tan sencillo esto? Definitivamente no y para muestra habrá que recordar el famoso vestido de Facebook.

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El vestido está ahí, todos podemos percibirlo pero lo hacemos de forma diferente. ¿Por qué unos lo ven azul y negro y otros lo vemos dorado y blanco? Kant hablaba de los fenómenos y los noúmenos como algo diferente, él pensaba que los primeros designaban algo que se manifiesta directamente a los sentidos, así que sabemos que algo existe porque afecta nuestros sentidos y no es que nada exista; más bien existe porque lo percibimos. En oposición al fenómeno se encuentra el noúmeno, que es el objeto tal como es, “en sí mismo”, independientemente de nuestro modo de conocerlo. Así que los fenómenos constituyen el mundo tal como lo percibimos en oposición al mundo tal como existe independientemente de nuestra experiencia (percepción)

¿Y de qué color era el maldito vestido de facebook?

Las mamás kantianas dirían que “todo depende con el cristal con el que se le mire”, depende, de las condiciones de luz, dispositivo móvil, color de la pantalla, reflexión e incidencia de la luz, etc. El que el vestido sea azul o dorado es un fenómeno pero realmente no podemos conocer de qué color es porque eso está del lado del noúmeno, así que no sigan peleando, es correcto decir que el vestido es azul y dorado pero al mismo tiempo es incorrecto decirlo porque realmente no es ninguno de esos colores. 

Lo que percibimos nos engañana, por lo tanto si nuestros recuerdos pueden ser fantasías que se vivieron como hechos entonces no podemos estar seguros de haber vivido todo lo que vivimos, lo que vivimos aunque haya sido una ficción tiene tintes de realidad ya que nos asumimos en un lugar frente esa experiencia.

Como el adulto que le reclama a su madre el haberlo golpeado cuando era un niño; aunque nunca haya sucedido el niño pudo haber crecido con esa idea en la mente como un fenómeno producto de la distorsión inconsciente de su deseo.

Para decirlo de forma más clara hay que recordar los 3 momentos de la fantasía descrita por Freud en el texto “pegan a un niño”. En esta fantasía el niño observa que un adulto inflige un castigo a otro niño; ese adulto indeterminado pasa después a ser el padre y se diría que: “el padre pega al niño”. Nótese en este primer tiempo cómo el niño es un espectador, como aquel que va a ver una película y comiendo palomitas como el meme de Michael Jackson ve la escena con cierto placer.

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En el segundo tiempo el que pega sigue siendo el padre pero el niño azotado es ahora el propio fantaseador y aquí es donde el tinte de placer aumenta. ¿Pero qué se fumó Freud para decir tanta mariguanada? (dirían muchos). Esto es muy sencillo entenderlo retomando el meme de Michael Jackson, si recuerdan, este meme es del video Thriller que trata sobre cómo Michael Jackson invita a su novia al cine a ver una película de terror y él termina siendo el hombre lobo, como si él se hubiera introducido en la cinta y ahora fuera el personaje principal. ¿Qué no es esto lo que pasa con los niños cuando van a ver Avengers? Ellos no juegan a ser Iron Man, Thor, Capitán América, es que lo son. Pasan de espectadores a protagonistas.

Pero es que Freud estaba traumado y todo tenía que ver con sexo (dirían otros que nunca han leído a Freud) ¿cómo es que el golpear o ser azotado causa placer?, no hay que tener doctorado para saber que la línea entre placer y dolor realmente es muy delgada, Freud mismo trata este tema en “Más allá del principio del placer”, lo que menciona Freud es que el displacer puede causar placer y comienza a trabajarlo ya desde varios años antes en “tres ensayos de teoría sexual” donde aborda el sadismo y el masoquismo, tal como puede verse en la película “Ninfomanía” de Lars von Trier donde Joe (Charlotte Gainsbourg) ya no puede sentir placer y lo busca a través de experiencias sadomasoquistas. ¡Ajá entonces todo es sexo! (Seguirían diciendo los críticos de Freud), pues no, no todo es sexo, esta implicación de placer en el dolor puede percibirse en el niño que constantemente se arranca la costra, una y otra vez, que sangra y le duele pero también le gusta; también se puede ver esta dimensión en la típica relación de pareja tormentosa con golpes y gritos que se repite una y otra vez, es más que se repite de una pareja a otra.

Sigamos con la fantasía que se trabaja en el texto “pegan a un niño”, una vez que se ha pasado el segundo tiempo en el que el niño observador pasó a ser el azotado por el padre, surge un tercer tiempo que se aproxima nuevamente a la primera fase: la persona que pega ya no es el padre sino el sustituto (maestro, doctor, niñera) y el sitio del sujeto golpeado nuevamente vuelve a ser de terceridad, es decir, él está mirando la escena. 

¿Cómo es que se dan estos pasos? Si tratamos de recordar alguna escena de nuestra infancia, (ya que cada vez que recordamos justamente lo hacemos en tercera persona), nos vemos a nosotros mismos desde afuera, como si fuera una escena de película, la cuestión es que esto nunca pasó, nunca pudimos salir de nuestro cuerpo y percibirnos en esa escena desde afuera. Yo me percibo desde afuera, tal como lo plantea el cogito prerreflexivo de Sartre.

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Así que el planteamiento freudiano es muy certero: “yo no sé si mi papá me pegó pero puedo estar casi seguro de que lo hizo”, aunque el padre nunca le haya puesto una mano encima, el niño puede vivir como abusado por su padre, abusado no en la realidad fáctica sino en la fantasía, es por eso que la fantasía es realidad. 

Se ha venido planteando que la fantasía implica 2 cosas:

  1. Un evento que no sucedió y que lo recordamos como si hubiera sucedido
  2. Un movimiento de tercera persona a primera persona y culmina nuevamente en la tercera persona. (Como cuando se cambia la vista del auto que se va manejando en los videojuegos)

El segundo punto de la fantasía es sumamente utilizado por la publicidad y la venta de productos que prometen maravillas, Stavrakakis en el texto “La izquierda lacaniana” lo desarrolla muy bien ya que plantea que lo que se vende es la falta y cómo al comprar ese producto vivimos en una fantasía de quedar sin falta. Esto se puede percibir claramente en los anuncios espectaculares que anuncian casas o fraccionamientos con la imagen de una familia riendo, sin preocupaciones, con el pasto verde y el cielo sin nubes. El mensaje es claro: “si quieres ser feliz tienes que vivir aquí” y uno se puede pasar la vida pagando su casa porque ahí reside la felicidad.

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El juego de la fantasía consiste en colocarnos imaginariamente en el lugar del otro, el que tiene felicidad, dinero, amor, mujeres, casas, y un largo etcétera. Si apelamos a la lógica freudiana se haría una gramática parecida a esta: “yo no tengo eso pero si yo fuera esa persona en esa publicidad tendría todo lo que me hace falta, sin embargo no lo tengo”

Nótese el pasaje de la primera persona (yo) al de la terceridad (él tiene algo que yo no) para nuevamente regresar a la primera persona (yo) no lo tengo y por eso lo quiero. Así que la publicidad juega con nuestros corazones como niños que ven a otro que tiene algo que él no y por eso lo quiere.

La cuestión a tratar aquí no es la publicidad sino la fantasía con su cercanía a la realidad y en los movimientos gramaticales yo-él/ella.

Lacan al término del texto “función y campo de la palabra” sentencia con la siguiente frase: “mejor que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época”. Esto puede comprenderse como una crítica muy fuerte a todos aquellos que dicen que el psicoanálisis es cosa del pasado, que ha sido superado y que ya no tiene aplicación. La subjetividad de la época de Freud fue una relacionada a la época victoriana y las buenas costumbres, a la histeria y el sexo. Ahora cabe preguntarse: ¿cuál es la subjetividad de nuestra época?

La tecnología debe tener algo que ver en esta subjetividad, una de la que Lacan dilucidaba algo con los gadgets y las letosas (lathouses), los gadgets son dispositivos que tienen un propósito y una función específica para ser utilizados en la vida cotidiana. Las “letosas” son un neologismo de Lacan que menciona en el seminario “el reverso del psicoanálisis”, haciendo alusión a los objetos hechos para causar deseo desde una postura marxista de mercancía y goce.

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Lacan falleció en 1981 y la subjetividad de su época tuvo avances tecnológicos impresionantes, muchos que seguramente Freud no dilucidaba. Lacan vivió el invento de la televisión en blanco y negro, la televisión a color, la primera cámara digital en 1975, el walkman en 1979, el gps en 1970, Atari (1977), la primera generación de celulares (1979), el correo electrónico (1971) y los comienzos de la world wide web.

Ahora nos toca a nosotros en 2017 cuestionarnos sobre la subjetividad de nuestra época donde los desarrollos tecnológicos son avasalladores, los smartphones, drones, consolas de videojuegos, Ipad, Iwatch, Ipod, Tinder, Facebook, WhatsApp, Amazon, Twitter, tarjetas de crédito, dinero electrónico, bitcoins, Skype, deep web para comprar desde droga y que sea llevada a la puerta de tu hogar hasta para contratar hackers o mercenarios, coches autónomos y eléctricos, wi-fi y google o qué decir de los lentes de contacto que graban todo lo que vemos recientemente patentados por Sony.

Pero eso no es todo, evidentemente la tecnología ha avanzado a terrenos insospechados tales como las muñecas sexuales (sex dolls) intuitivas, muñecas que deben ser seducidas y halagadas para poder ceder y tener relaciones, estas muñecas al ser  penetradas de forma (digamos adecuada) hacen sonidos de orgasmos (siempre y cuando se encuentre su punto g). 

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Otro invento que hace cuestionar la subjetividad de nuestra época es el de la realidad aumentada, una realidad que se describe como la visión de un entorno físico del mundo real a través de un dispositivo, es decir, que los elementos físicos se combinan con los elementos virtuales en tiempo real. Mientras que la realidad virtual sustituye la realidad física la realidad aumentada (como su nombre lo dice), añade elementos virtuales a la realidad que se ve a través de la compra del dispositivo utilizado. Este tipo de realidad puede utilizarse en publicidad, arquitectura, en la educación, medicina para realizar cirugías asistidas, eventos deportivos mientras se ven estadísticas del juego en tiempo real, automóviles, tours guiados en museos y ciudades, o google con sus google glass (lentes de realidad aumentada).

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El ejemplo más claro y reciente de realidad aumentada es el famosísimo Pokemon go, un juego que consiste en atrapar pokemones en nuestro entorno, así que estos pueden estar en la calle, en el parque o en nuestra misma casa, claro, están de forma aumentada en nuestra realidad a través del dispositivo del celular o el iPad. Vemos el Pokemon como si estuviera ahí pero realmente no está. 

Si el tema sigue siendo la fantasía, ¿cómo opera esta en la realidad aumentada y en la realidad virtual?

La fantasía en la realidad aumentada es bastante cercana a lo que mencionaba Freud sobre los elementos que agregamos al mundo real o mejor conocidos como: “recuerdos encubridores”, en este texto Freud comenta que nuestros recuerdos de la infancia les modificamos escenas, agregamos detalles, quitamos elementos, y distorsionamos la realidad.

Es bastante parecido a lo que pasa en la realidad aumentada, solamente que el recuerdo encubridor para Freud es una operación de la represión mientras que en la realidad aumentada es una operación de un dispositivo pero en las dos se reproducen en imágenes cosas inexistentes.

¿Qué pasa con la realidad virtual?

El punto de referencia es Lacan con el estadio del espejo que trabaja en sus escritos, aquí Lacan habla de cómo los espejos planos producen imágenes virtuales y los espejos cóncavos o convexos producen imágenes reales. Para esto apela a las leyes de la óptica que a partir de las cuales se puede explicar que una imagen virtual es aquella que se forma por rayos divergentes y que son percibidas gracias a que el globo ocular “sigue” detrás del objeto observado la proyección de esos rayos divergentes y los hace confluir o converger; la virtualidad de la imagen consiste en que no está allí donde se percibe, es decir, la imagen virtual del objeto se representa detrás del espejo pero realmente no está allí.

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Si nosotros nos miramos frente un espejo plano para arreglarnos antes de salir a la calle, lo que hacemos es precisamente ver una imagen virtual de nosotros porque nosotros no estamos en el espejo pero nuestro cerebro procesa que la imagen invertida de forma horizontal viene de atrás del espejo, como si nosotros estuviéramos detrás del espejo a la Tom y Jerry cuando Tom escapando del perro se topa con un espacio entre dos paredes y del otro lado está el perro que le persigue. Tom ante esto tiene que hacer exactamente los mismos movimientos que el perro pero de forma invertida, si el perro alza la mano derecha, Tom (como su espejo) alza la mano izquierda, así que para que Tom no sea descubierto, él le hace creer al perro que su imagen proviene de atrás. Tom es la imagen virtual del perro. Este ejemplo permite pensar todavía más allá  la realidad virtual, ya que la imagen virtual justamente consiste en que no está allí donde se percibe porque el perro ni siquiera se percibe a sí mismo sino a otro. 

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¿No es lo que pasa en facebook o instagram? Todo el tiempo aparecen imágenes virtuales nuestras porque no estamos en la foto del ordenador/laptop/celular, estamos en otro lado pero lo más tétrico es que muchas veces somos como el perro que ve su imagen virtual de gato, como cuando se dice que en Facebook uno sale bien y en la credencial para votar no. En Facebook e Instagram buscamos precisamente las mejores tomas, el mejor perfil y nuestro mejor ángulo, agregamos filtros e incluso podríamos “photoshopear” la imagen para parecer otro; ¡el perro que se refleja y ve un gato pero que además no se da cuenta que la imagen no concuerda con su ser de perro! Se crea así una fantasía en la imagen virtual de nosotros mismos. ¡La fantasía de ser otro!

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Realidad virtual e imagen virtual no son lo mismo; la realidad virtual produce imágenes virtuales pero una imagen virtual no necesariamente produce realidad virtual.

La realidad virtual es la representación de imágenes producidas por un sistema informático que da la sensación de existencia real, esta puede basarse en entornos reales o no pero crea una inmersión sensorial en ese “nuevo” mundo.

Esto se puede percibir gracias a las gafas de realidad virtual tales como: playstation VR, Oculus rift y HTC vive, junto con sus accesorios (audífonos, guantes, controles, etc). El objetivo de la realidad virtual es crear un mundo ficticio del que se puede formar parte como protagonista en primera persona.

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El primer antecedente de la realidad virtual es el “sensorama” creado en 1962 por Morton Heilig. El sensorama era una máquina de inmersión sensorial total a través de imágenes tridimensionales, estímulos visuales, vibraciones, sonidos y olores. Algo parecido a lo que intenta Cinépolis con sus funciones 4dx. Años después, en 1968, Ivan Sutherland inventó el hmd (head mounted display y es considerado el primer intento por crear un casco de realidad virtual.

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Con el paso de los años y el avance de la tecnología se ha logrado que la realidad virtual sea accesible al público a través de películas tales como: Tron y The matrix. Esta segunda fue en su momento un gran éxito comercial porque cuestionaba el cómo percibimos la realidad y a qué le podemos llamar así. La película ha sido comparada con la caverna de Platón y su abordaje es epistemológicamente racionalista ya que el mensaje es muy claro: “nuestros ojos nos engañan”. 

The matrix plantea que las personas viven inmersas en una realidad virtual que perciben como una realidad digamos “análoga”, esta realidad virtual encubre otra realidad donde todos los cuerpos están sumergidos y conectados por cables a sus cerebros para dar energía a las máquinas   algo muy parecido a la guerra de los mundos de Wells.

La gente al terminar de ver esta película se cuestionaba si nuestra realidad entonces es una realidad virtual, evidentemente no porque no compartimos la misma visión del mundo a través de la virtualidad pero esta película abre el panorama para pensar cómo la realidad virtual tiene efectos en nuestro mundo donde no sabríamos diferenciar una de otra y cuestionarnos lo que es real o qué no lo es.

Ante este panorama de la realidad virtual en su cercanía con la realidad análoga, surge “second Life”, un mundo virtual ficticio o metaverso el cual es un espacio virtual colectivo y compartido por usuarios y sus avatares en un entorno bastante parecido a la realidad externa o análoga. El metaverso de Second Life es un entorno en el que los usuarios interactúan a través de sus avatares en una metáfora del mundo externo con sus mismas limitaciones tanto físicas como económicas.

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Uno puede ser quien quiera ser en el mundo virtual de Second Life, se elige al avatar como una representación gráfica de nosotros que puede ser parecida o no y mediante este avatar uno interactúa con otros avatares, es decir, la relación es entre representaciones virtuales de personas ya no entre mercancías como plantearía Marx.

Mediante los avatares uno tiene limitaciones como en el mundo análogo, uno está limitado a las leyes de la física, de los objetos y de la economía; esto quiere decir que se puede vivir sin dinero en la virtualidad pero es más divertido si se tiene. ¿Cómo ganar dinero virtual? Se puede pagar en dólares  y por esa cantidad se recibe un equivalente en moneda virtual, además de esta forma hay trabajos que son remunerados como en la vida análoga. Lo interesante es que muchos eligen su avatar como algo que no los representa, más bien parecen ser sus deseos, por lo tanto hay hombres cuyo avatar es mujer, mujeres con cuerpo fit, médicos, personas atractivas, e incluso prostitutas.

Tal es el caso de Palela Alderson un avatar de prostituta de Second Life cuya dueña siempre tuvo la fantasía de serlo en la vida análoga y para poder cumplir su fantasía cobra en este metaverso el aproximado de 7 dólares por hora completa. 

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En el mundo virtual se puede ser otro y seguir siendo el mismo al mismo tiempo. ¡La fantasía de ser otro!, o mejor dicho: de ser dos o como decía Timbiriche, “tú y yo somos uno mismo” solamente que tendría que hipermodernizarse esta frase en: el avatar y yo somos uno mismo. Frase que a partir del estadio del espejo sabemos que se encuentra del lado de la ilusión porque nunca 2 pueden ser 1, ni en las leyes de la física ni en el sexo. 

¿Cómo pensar esto de ser 2 en 1?, ¿1 en la realidad virtual y otro en la realidad análoga? Abordemos el tema desde el avance tecnológico más importante en realidad virtual y videojuegos: el Playstation VR.

El Playstation VR son unos lentes de inmersión virtual que tienen la característica de adentrar en el juego al usuario; este al ponerse los lentes ya no ve el videojuego como en una pantalla sino que él está dentro de la pantalla de los lentes en 360º.

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Los videojuegos tienen resolución hd y al estar dentro del juego se perciben las texturas, espacios, profundidades, colores y hasta sensaciones del mundo exterior. Se puede sentir vértigo si se juega a la montaña rusa, también se puede tener la misma sensación de miedo a las alturas si se está virtualmente arriba de un edificio o incluso la adrenalina al manejar un coche a gran velocidad. Aunque no se haya nunca manejado un avión si se juega a Star Wars uno sentirá el vértigo, el mareo y la sensación de volar y seguramente así se debe de sentir.

En VR no solamente hay videojuegos sino también la industria pornográfica ha dilucidado las grandes ganancias que podrían generar si le venden a los usuarios el tener relaciones sexuales virtuales con su estrella porno favorita. El VR del porno es una vista en primera persona del sexo con una pornstar, esto implica que si se baja la vista uno puede ver otro cuerpo que puede dar la sensación de ser el del usuario.

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Tal cual como sucede con los videojuegos en los que se dispara una pistola que mediante controles se genera una imagen virtual de unas manos en los lentes que creemos que son nuestras y que se mueven al ritmo que nosotros movemos nuestras manos.

Es increíble y terrorífico a la vez pensar que el cuerpo de un actor porno puede ser el del hombre consumidor de pornografía por lo menos de manera virtual. Significa que puede tenerse un cuerpo envidiable, proporciones peneanas fuera del promedio y además “tener” a una mujer que antes era fantasía ¿o sigue siéndolo? 

Retornando a la pregunta inicial: ¿Cuáles son los límites entre la realidad y la ficción?

Evidentemente con el VR los límites entre una y otra están difusos, la subjetividad ahora es 1080 hd o 4k donde la realidad virtual es de mejor definición que en la realidad análoga que se nos presenta día a día. 

La calidad de la imagen iguala o incluso supera a la realidad, ¿también iguala a la relación sexual  normal? este planteamiento inmediatamente podría tener como respuesta que no pero tendríamos que detenernos un poco en este asunto para dar una mejor respuesta. Anteriormente se mencionaba que cuando se juega la sensación de vértigo es la misma a cuando uno se sube a una montaña rusa de a deveras, eso se sabe porque ya se tuvo la experiencia real y puede comparar que la experiencia virtual es igual o por lo menos muy semejante, tanto que uno podría olvidar que es un juego; si se juega a la montaña rusa pero no se tiene el carrito que baja sobre los rieles uno puede sustituirlo por el sillón de la casa que en apariencia es algo parecido en su forma y obtiene el mismo resultado.

Esta sustitución aparece de igual forma en la realidad virtual: se sustituye a una mujer de carne y hueso por su imagen virtual y el sexo se reemplaza por el onanismo (quizás la realidad virtual más primitiva). Ante esto la sensación seguramente será similar a la de la relación sexual normal pero nunca igual. 

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¿Qué complicaciones trae esto a la subjetividad?

Si antes Lacan hablaba de la no relación sexual en el sentido del no complemento, él no lo pensaba como algo anormal o patológico sino más bien realista (no de sentido de realidad sino de real); como se mencionó anteriormente 2 no pueden ser 1 y fundirse en la relación sexual o en un abrazo sin embargo existe relación y lazo con el Otro pensado como aquel que otorga un lugar al sujeto. ¿Qué somos?, ¿qué soy yo para ti?, ¿qué significo para ti?, son las preguntas en las que se puede percibir claramente el lazo con el Otro del que se espera una respuesta que otorgue un lugar frente a su deseo.

Ahora con la relación sexual virtual parece ser que el vinculo con el Otro se desmorona, existe pero virtualmente, es endeble y no tan necesario. Esto no quiere decir que quien juegue VR sea una persona completamente antisocial, anormal, trastornada o que no tenga interacción con absolutamente nadie y sea un ermitaño.

No, lo que se plantea aquí es cómo a través de la realidad virtual se puede reemplazar a una mujer por una virtual, ¿para qué ligar?, ¿para qué frustrarse si no se puede tener una relación con la mujer que se ama?, ¿para que hacer dieta o ir al gym?, eso no es necesario porque la virtualidad no frustra, da la apariencia de completud; en la virtualidad se puede tener lo que sea del Otro y el deseo está mórbidamente satisfecho. Es la gratificación milennial inmediata. 

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El movimiento gramatical del que se hacía mención donde se pasaba de la primera persona a la tercera y viceversa ahora tiene un cambio. El juego de la fantasía sigue siendo el mismo ya que la fantasía consiste en colocarse en el lugar del actor porno que nunca hemos sido sabiendo que él tiene algo que yo no (una estrella porno), “Yo no tengo eso pero si yo fuera esa persona yo tendría lo que me hace falta, sin embargo no lo tengo en la vida real y seguramente nunca lo tendré, pero sí en la virtual” (una mujer, sexo, placer). Lo subrayado es lo que cambia en la virtualidad, el pasaje de la primera persona (yo) al de la tercera persona (él) se sigue gestando en el sentido de que él tiene algo que yo no pero cuando se regresa a la primera persona “yo no lo tengo y por eso lo quiero”

hay un cambio radical, ahora es: “no lo tengo y él sí, si yo soy él en la virtualidad lo tengo”. Ya Sartre y otros filósofos planteaban que lo que soy yo no es otro, la tautología del: “yo soy yo, tú eres tú”, ¿Muy obvio no?, pues en la virtualidad eso es justamente lo que desaparece y se convierte en “yo soy él”, de ahí que radique el planteamiento de la subjetividad de nuestra época. 

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Si la virtualidad consiste en que aquello no está allí donde se le percibe entonces “yo no estoy ahí pero tampoco aquí”, el ser desaparece porque no está ni aquí ni allá, ¿entonces qué relación posible existiría? Ya Marx pensaba esta dificultad con su denominado fetichismo del capital, aquí él planteaba que un obrero ofrece su fuerza de trabajo (capacidad mental y física) para realizar un trabajo y poder recibir un salario a cambio, este obrero tiene que ofrecer su cuerpo como mercancía ya que de él se obtienen ganancias y su cuerpo tiene además un valor de uso y un valor de cambio. Marx sentenciaba con dureza en el fetichismo que las relaciones ya no son entre personas sino entre mercancías.

Esto se ha hipermodernizado ya que las relaciones ahora son virtuales, son relaciones entre dispositivos, pero no solamente los dispositivos en el sentido gadgets y smartphones sino dispositivo en el sentido que Agamben (2006) menciona:

“Un dispositivo no es otra cosa que un mecanismo que produce distintas posiciones de sujetos precisamente por esa disposición en red: un individuo puede ser lugar de múltiples procesos de subjetivación […] los dispositivos no solo subjetivan sino que también son procesos de desubjetivación que son aquellos en los que la creación de un sujeto implica la negación de un sujeto”.

Atrás queda la sentencia marxista que cosifica al sujeto como mercancía, ahora el sujeto virtual no llega ni a sustancia ya que en la pornografía se relaciona con imágenes virtuales. Su representación virtual es otro diferente a él y la representación de la mujer también lo es. Si la relación ahora es entre representaciones virtuales a través de dispositivos en la definición de Agamben, podemos concluir que son precisamente estos los que desubjetivan al sujeto ya que lo niegan como un ser y lo afirman como algo que no es.

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Por un analista que entienda a adolescentes y adultos y las tecnologías

Una argentina frente al gran diván freudiano

¿Vio? Ya nadie llama por teléfono fijo…”. Virginia Ungar hace esa observación antes de comenzar a explicar qué hace un psicoanalista hoy. Un interrogante que tiene cierta dificultad en sus contenidos porque los días que vivimos se vuelven siempre más complejos. No en las formas, dado que la existencia de esta enorme y extendida práctica en nuestro país la ubica en el lugar de lo casi cotidiano. El psicoanalista o analista puede ser el protagonista de una ficción, el vecino de enfrente o la persona con la que muchos tejemos relaciones intensas a lo largo del tiempo. Por eso no es casual que en pocos días –el 27 de julio– Ungar asuma como la nueva presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API) justo en el inicio del 50º Congreso API “Intimidad” que se realizará en Buenos Aires del 25 al 29 de julio. Lo que sí es novedad es que se trata de la primera mujer en la historia que va a dirigir los rumbos de una institución tan renombrada. Es aquella que en 1910 fundara el mismísimo Sigmund Freud y en el que Carl Gustav Jung fuera el primer presidente. “Nunca una mujer fue elegida para este cargo. Lo que no quiere decir que no hubo mujeres que se postularon para conducir la API”. Sí hubo un compatriota hombre que ocupó el cargo: en 1991, el elegido fue Horacio Etchegoyen, un protagonista fundamental de la escena psicoanalítica local.

Sobre las nuevas formas de la comunicación, los vínculos, las edades y el futuro, habló Ungar en esta charla en su estudio. En un rincón de la biblioteca, nos observaba un retrato pequeño de Freud.

–Leí un artículo suyo titulado “¿Quién puede ser psicoanalista?”. ¿Cómo se responde esa pregunta?

–Uno no es psicoanalista, deviene psicoanalista. De la misma manera que yo pienso que uno no es padre o madre, sino que se deviene padre o madre. Es un proceso largo y de un compromiso importante.

–Hoy con más desafíos y condicionamientos.

–Paciente y analista viven insertos en una cultura, el psicoanálisis se vio y se ve afectado por los cambios veloces de la época. No se llega a absorber un cambio que ya aparece otro nuevo. No es posible pensar sólo desde el punto de vista del paciente, o sólo desde el del analista, ni tampoco sólo desde el de la relación de ambos.

–¿Cómo se asumen estos cambios?

–El psicoanálisis está interrogado por los cambios de la época. En primer lugar los tecnológicos, que tienen que ver con un espacio diferente de intercambio, de socialización. Yo soy analista de niños, adolescentes, adultos y estoy en contacto directo con el impacto tecnológico, que además ofrece un espacio de intercambio absolutamente virtual, que está al alcance de la mano: hoy el mundo entra en un teléfono celular. Si en una época el lugar de intercambio y de socialización era la familia, la escuela, el barrio, el club, hoy son los medios y las redes los que atraviesan estas capas.

–Hay nuevas formas de comunicación y también nuevas patologías.

–No creo que estemos ante un cambio apocalíptico; tampoco me parece que podamos transcurrir sólo en el espacio virtual. Hemos tenido cambios en el encuadre psicoanalítico. Los pacientes piden entrevistas por mail, WhatsApp o avisan que están retrasados con un texto. Yo no voy a poder dar una sesión por WhatsApp pero el encuadre ha tenido cambios en la técnica. Las presentaciones clínicas también tienen que ver con cómo se vive en este momento: no son las pacientes de Freud de 1910 pero la tecnología ha permitido intervenir en los cuerpos, cambiar el concepto de paternidad, filiación. Surgen las nuevas parentalidades, nuevas sexualidades, nuevas configuraciones familiares. Si esto no nos afecta vamos a vivir en una especie de aislamiento.

–Y todo esto está englobado en la palabra intimidad, título del Congreso.

–Uno puede pensar que la intimidad fue arrasada, devastada, yo quiero pensar, y prefiero pensar, que ha cambiado la noción y que conviven distintos tipos de intimidad. Y que el psicoanálisis ofrece la posibilidad de contar con un espacio de intimidad para poder no solo resolver problemas; también para ver qué es lo que el paciente necesita. Diría que para algunos pacientes el único espacio de intimidad con que cuentan es la hora de análisis. En muchas situaciones clínicas uno puede ayudar a un paciente a construir una noción de intimidad, porque nunca la tuvo. En muchas otras situaciones uno puede trabajar para recuperar el espacio de intimidad perdido.

–Muchos padres estamos preocupados por la exhibición de los hijos en la web, por su propia intimidad. Abren puertas de forma permanente…

–No es lo mismo un chico o un adolescente que usa WhatsApp, Snapchat y que además estudia, hace deportes, le gusta el rock, y el caso de un niño o un joven que se pasa el día aislado con su computadora. Esto último ya es para un motivo de consulta. Los padres tienen que tener una posición activa, no sólo en controlar, también tienen que enterarse de qué es lo que usan. A mí me suelen preguntar: ¿le puedo dar un celular a mi hijo de 10, 11, 12, 13? Me acuerdo de una paciente a la que no querían darle el celular, y esta chica fue quedándose progresivamente aislada porque para armar un programa con los chicos se mandan textos de distintas maneras. Cuando un adolescente dice “estuve hablando media hora con mi novio”, no hay que pensar que estuvo hablando, estuvo mandando textos.

–Hay adolescentes casi adultos que van al pediatra y que prefieren seguir yendo allí antes que a un clínico. ¿Hasta qué edad son adolescentes?

–Uno de mis maestros fue Donald Meltzer, él decía que la adolescencia es un estado de la mente; que puede haber un adolescente de cinco, quince, o sesenta años. Es decir, la adolescencia es un estado mental. Y yo entiendo que quieran ir al pediatra, porque sobre todo en la Argentina el pediatra tiene una formación con mucho conocimiento de la psicología evolutiva. La tradición de Florencio Escardó es la de un profesional cercano que, además de poder darle una medicación, puede escuchar. Y entonces el adolescente siente que puede hablar con el pediatra sobre sexualidad, por ejemplo.

–Y, en consecuencia, ¿cuándo se llega a ser adulto?

–Se llega a ser adulto cuando los aspectos más maduros de la personalidad predominan sobre los más infantiles o adolescentes. No siempre se llega a la adultez a la edad que se considera clásicamente adulta. Están los seudoadultos o seudo- maduros. Son niños o adolescentes que parecen haber pasado de largo, no han hecho crisis, son “adultitos”, adaptados a lo que parecen ser los ideales de una época, y que en realidad se pierden la infancia y la adolescencia. En definitiva, es necesario atravesar una crisis adolescente.

–Hay hombres y mujeres de traje y zapatillas, sesentones rockeros…

–Yo no lo vería como muy preocupante si esa persona puede conservar ese aspecto infantil o adolescente que está muy ligado a lo lúdico. Cuando crecemos y vamos atravesando distintas etapas de la vida, el juego en sí mismo es terapéutico, va dejando lugar a otras producciones Freud decía que el ensueño diurno reemplaza el juego en el niño, pero yo pienso que siempre es muy valioso poder preservar y tener contacto con lo infantil y lo adolescente de una manera creativa y responsable. No me preocuparía tanto por el aspecto de alguien, salvo que sea algo muy bizarro. A mí me preocuparía que sea alguien que no pueda tomar responsabilidades y no pueda cuidar, además, del otro. Todos tenemos aspectos femeninos, masculinos, de bebé, de niños, adolescentes, adultos. Y es parte de la dinámica de la vida mental en todos nosotros. La cuestión siempre es qué lugar tiene, ocupa, para qué se utiliza, con qué fines.

–Y la imagen, ¿cuánto nos condiciona o define?

–Vivimos en una época en la que la imagen prevalece. Hasta el criterio de existencia parece estar centrado en la presencia o no en las redes. Le pregunto a un paciente de siete años: ¿qué estás dibujando? Menciona un personaje que yo no conozco. ¿Pero existe?, le pregunto. Claro, está en la tele, me responde. La existencia parecería que está por la aparición y la confirmación desde afuera, con el pulgar para arriba. Cuanto más seguidores uno tiene parece que está más convalidado, o afirmado. El adolescente está tramitando el duelo por la pérdida del cuerpo infantil y necesita ser afirmado por sus pares.

–Hasta hace poco tiempo Facebook sólo permitía decir “me gusta”. Ahora se puede decir “me enoja”. Y a continuación algunos se expresan agresivamente. En esas edades es durísimo.

–Es durísimo porque, además, a través de las redes se organiza el bullying. Existía antes, es algo inherente a un proceso te diría adolescente, ahora está muy favorecido por las redes. Las redes pueden ser usadas para agregar, compartir, sumar, o para destruir también. Los psicoanalistas trabajamos con singularidades; entonces hay que ver cada situación en su contexto. Pero los fenómenos grupales están potenciados, y además el adolescente tiene como tarea de desarrollo migrar de ser un niño en la familia a ser parte del mundo, de lo que se llama la vida adulta. Ese tránsito ha sido siempre difícil y creo que hoy es más difícil. Es un mundo hostil, la violencia está en todas partes. También tiene que ver con que el adolescente para transitar la adolescencia necesita un sostén. Los primeros que tienen que sostenerlo son los padres pero a veces, no es que no quieran, no pueden.

–¿Y entonces dónde lo buscan?

–Antes, en la escuela, en el club. Hoy me parece que los bordes están más diluidos. Probablemente lo busca en su grupo de pertenencia en el chat. Lo más natural de un adolescente es transcurrir el tiempo en el grupo de pares. Y es bastante problemático. La cultura a lo largo de la historia ofrecía ritos de pasaje. En algunas sociedades tribales de esta época se pueden encontrar, y también en Occidente, por lo menos hay ciertas ceremonias, ciertos ritos de pasaje. Pero lo cierto es que la cultura no provee más ritos de pasaje, entonces los adolescentes se los tienen que inventar, y los que inventan son bastante difíciles. Hay que emborracharse hasta quedar inconsciente, consumir drogas, o tener relaciones sexuales en lugares sin intimidad. Todo esto está ahora muy discutido con los famosos juegos en red, y esa serie 13 reasons why, el juego de la ballena azul. El proceso adolescente naturalmente tiene violencia, porque hay que desprenderse de las figuras parentales y el adolescente exterioriza, que no lo molesten, que no lo hinchen, que no lo controlen. Si no cuenta con un sostén cercano la violencia la vuelve contra sí mismo: cortes, trastornos de alimentación, etc.

–¿De dónde saca las herramientas el analista para estas nuevas cuestiones que aparecen?

–Tiene que estar atento. No tiene que dejarse seducir, para tratar adolescentes no hay que hacerse el adolescente. El trabajo analítico con adolescentes es difícil, pero no hay nada que sea más gratificante que eso. Porque tienen potencia creativa, todo por delante, y si se lo puede aliviar de sus síntomas, de su neurosis, puede llegar a encontrarse con lo mejor de sí mismo, y apostar por algo. Un analista de adolescentes no tiene que tener ninguna meta para sus pacientes, que tienen que encontrarse con lo que quieren. Si se logra, puede llegar a hacer cosas muy buenas.

–¿Y si un paciente pide una terapia breve?

–Yo puedo entender que alguien no quiera hacer un análisis: es una inversión de tiempo y una inversión emocional importante. Lo puedo entender y es muy honesto con sí mismo quien decide no hacerlo.

–Hay quien piensa que “un frasco de pastillas soluciona las cosas más rápidamente que un tratamiento psicoanalítico de años”.

–Yo soy médica y no medico. Una medicación puede aliviar los síntomas pero no va a ir al conflicto de raíz que da origen a esa ansiedad. Yo no estoy en contra de la medicación. A veces es necesaria, además de una terapia psicoanalítica. Pero eso es para situaciones muy particulares y por un cierto tiempo, para poner a esa persona en condiciones de trabajar psicoanalíticamente. Pero no es uno o lo otro. Sí estoy en desacuerdo con la medicalización salvaje que se relaciona con otros intereses, ligados a la industria farmacéutica. Lo que a mí me apena es ver la cantidad de niños medicados, diagnosticados con síndrome de déficit de atención: de una consulta salen con una receta. Y si va a ver a un psiquiatra formado como para medicar y nada más que medicar entonces lo va a medicar. En los niños hay que tratar de evitarlo, en los adultos también. Si ocurre, que sea solo por un lapso acotado y siempre con una psicoterapia o psicoanálisis al mismo tiempo.

–¿Tuvo o tiene pacientes por Skype?

–Pacientes no. Hago supervisiones (de tratamientos que hacen colegas) por Skype. Eso permite compartir su clínica a personas que están en lugares muy distantes de ciudades donde hay una concentración de psicoanalistas. En esto tengo experiencia y ha sido buena. Ya un tratamiento analítico es distinto.

–¿Y el diván? ¿Todavía lo usa?

–Sí. No puedo obligar a nadie a acostarse en el diván, lo sugiero. A veces demora. Lo que puede pasar es que, en el transcurso del análisis, alguien diga: “para contarte esto necesito mirarte a la cara”. Después se acuesta. El sentido del diván tiene que ver con dirigir la atención hacia dentro de uno. Si estamos hablando y nos miramos puedo intentar ver qué pienso, qué tal le cae lo que le digo, por algún gesto.

–¿Y en lo personal, y en lo general, Freud sigue siendo el gran padre del psicoanálisis?

–Sí. Por supuesto que sí. Es el fundador del psicoanálisis. Y también ha habido otros desarrollos que hay que tener en cuenta. Creo que a partir del aporte freudiano, los aportes más nucleares del psicoanálisis, la existencia del inconsciente, la noción de transferencia, la neurosis infantil, y muchos más, eso se retrabajó. En la época de Freud, él opinaba que la psicosis no se podía tratar con el método psicoanalítico: la llamaba neurosis narcisista. Años después esto cambió. Debido a aportes de distintas escuelas, de Jacques Lacan y otros franceses. También de la escuela inglesa en la que me formé. A partir de los aportes de Bion, de Winnicott, de Melanie Klein, se empezó a trabajar con pacientes psicóticos. Hoy el psicoanálisis trabaja con pacientes psicóticos con un punto de vista psicoanalítico.

–Y después se empezó a hablar de posfreudismo. ¿En qué consiste?

–Sí, hay un posfreudismo. No se puede pensar que a Freud no se lo puede interrogar, cuestionar. La sexualidad ya no se puede pensar como en la época en que nació el psicoanálisis, en plena modernidad, cuando la familia nuclear monogámica heterosexual era el modelo de familia. Hoy no puedo decir que ese sea el modelo de familia, porque no es más ese. Estamos formateados por ese modelo de familia, pero mis hijos no creo que piensen igual ni lo pensarán mis nietos. El modelo está en cuestionamiento. Cómo vamos a pensar que el psicoanálisis no se vio afectado, interrogado. Yo creo que conserva los postulados freudianos, y también se lo puede interrogar. No sé si un niño que tiene dos padres o dos madres va a desarrollar el complejo de Edipo tal como lo describió Freud. Le digo que no sé, porque no lo sé.

–Definir hoy lo que es una familia ya es muy complejo…

–Incluso definir qué es un niño, o qué es una infancia, son nociones determinadas por los códigos hegemónicos de cada época. Todo está sacudido pero eso no tiene que impedirnos seguir trabajando como trabajamos. Y a la vez tratar de observar, ser cautelosos, cuidadosos, y animarse a interrogar a Freud o a cualquiera de los maestros. Interrogarlo.

–Se sabe quién es el analista del presidente Mauricio Macri; se sabía quién era el de la ex presidente Cristina Kirchner también. ¿Cómo se leen estos datos desde la sociedad?

–Yo creo que tenemos que tener en cuenta que ambos son argentinos. Entonces tenemos que tener en cuenta la implicancia del psicoanálisis en la cultura. Creo que esto también tiene que ver con una marca del lugar que tiene el psicoanálisis en nuestra sociedad. El psicoanálisis acá ha tenido una influencia enorme. La sigue teniendo. A mí no me llama la atención que alguien que tiene una tarea de tanta responsabilidad pida ayuda. Más, le digo, siendo argentino. Hubo un boom en Argentina, y después ya empezó a aparecer otro tipo de ofertas terapéuticas.

–La pregunta que atraviesa la historia de la salud mental de los siglos XX y XXI de la Argentina es: ¿por qué en nuestro país se produjo este desarrollo tan importante del psicoanálisis?

–Pienso que las condiciones de la cultura, de ser un país de inmigrantes, en su mayoría han tenido una gran influencia. Durante la Segunda Guerra, vinieron psicoanalistas, y encontraron un terreno fértil en una cultura abierta. Abierta además a invertir tiempo de uno mismo, y vuelvo a decir, a dejar entrar el psicoanálisis en el terreno de la infancia. Acá tuvo un desarrollo impresionante el psicoanálisis de niños. Llegaron al país personas que ya venían con formación como Arminda Aberastury. Y también tiene que ver con la búsqueda permanente de la identidad. Es un país que no tiene tanta historia, la tiene pero como tierra de oportunidad.

Tomado de: https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/argentina-frente-gran-divan-freudiano_0_BkvTskgIW.html

¿De quién es el cuerpo?

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Por Alberto Isaac Mendoza Torres

Hay una frase que se usa constantemente para denunciar la violencia en contra de las mujeres, que dice: “este cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata”. Para lo que hoy quiero hablarles, usaré solamente la primera sentencia de este evangelio. Este cuerpo es mío. Es sin duda una certeza, que pocos se atreven a poner en tela de juicio.

Este cuerpo es mío. Es mío, todo, siempre. Lo sé porque me duele la cabeza o porque hoy me levanté con un grano en la nariz. Siento frío, o tengo calor. ¿Pero en realidad este cuerpo es mío?

Hay en redes sociales una polémica por el caso de Charlie Gard, un bebé británico de diez meses, quien nació, aparentemente sano, pero a las cuatro semanas de su nacimiento empezó a perder peso y fuerza; por lo tanto su salud se deterioró rápidamente. Se le diagnosticó con síndrome de agotamiento mitocondrial. Quien padece esta enfermedad, dicen los médicos, no sobrepasa el año de vida.

Por tal motivo la Suprema Corte de aquél país determinó que el hospital infantil en el que está internado, debería suspender el tratamiento para el menor, e iniciar los procedimientos para que se le diera “un final digno”. Y se les negó la posibilidad a los padres de llevarlo a su casa. Esta sentencia fue avalada por la Corte Europea de los Derechos Humanos.

Los padres, por su parte, iniciaron en Facebook una cruzada para salvar la vida del menor. Lograron recaudar más de 1.3 millones de libras esterlinas, para poder someterlo a tratamientos experimentales. Pero sobre todo, recibieron el respaldo mayoritario de la comunidad digital, que reconoce “el derecho de los padres” a decidir sobre su hijo.
Entonces, ¿de quién es el cuerpo, de quién?

A la edad de 33 años, el 26 de julio de 1952, Evita Perón falleció por las complicaciones de un cáncer de útero. Esta enfermedad la mantuvo en cama dos años antes, periodo en el que recibió constantes quimioterapias. Incluso se le practicó una lobotomía, por órdenes de su esposo, el presidente argentino Juan Domingo Perón. La idea era calmar ese carácter beligerante de la figura de los movimientos sociales argentinos.

Tras la muerte de Evita, el Doctor Pedro Ara le practicó durante un año un proceso de embalsamiento, para que su cadáver se llevara a un mausoleo, que nunca se construyó. Mientras tanto estuvo en el edificio de la Confederación General del Trabajo, por más de dos años. Hasta que una noche de noviembre de 1954, el cuerpo fue secuestrado por los golpistas.

Querían quitar el cuerpo del culto al peronismo. Pero no sabían qué hacer con él. Se debatieron entre tirarlo al mar, incinerarlo, enterrarlo bajo un nombre falso en Milán. En tanto se decidían, el cuerpo embalsamado de Evita estuvo en las oficinas de inteligencia de la dictadura. Detrás de una pantalla de un cine. En casas de oficiales. Al final, fue llevada a Italia en 1957, es decir 5 años después de su muerte, y tres años después de su “secuestro”. Todo esto, en complicidad con la Iglesia Católica. El esposo, Juan Domingo Perón, nunca se mostró preocupado por recuperar el cuerpo de Evita, porque quería ser presidente de nueva cuenta. Fue hasta 1971, y después de pasar por Italia, Francia y España, que le fue entregado. Se dice que, el hombre de confianza de Perón, José Luis Rega, realizaba sesiones de espiritismo con el cuerpo de Evita, para pasar el carisma a Isabel, la tercera esposa de Perón.

Entonces, ¿de quién es el cuerpo, de quién?

¿Este cuerpo es mío? Al que le dijeron en la secundaria que debía ir de casquete corto. Al que le dicen que debe bajar de peso. Que mejor ya no tanto, que parece enfermo. Que se corte el cabello, que un poco más largo se vería mejor. Que se tatúe, que no lo haga.
¿De quién es el cuerpo de Evita?, ¿de los peronistas?, ¿del marido?, ¿de la Iglesia? ¿De quién es el cuerpo de Charlie? ¿Le habría dado tiempo enterarse que “tiene” un cuerpo? ¿El cuerpo de Charlie, es de los padres, de la Corte Inglesa, de la Corte Europea, de Facebook? Quizá es de todos los que hablan de él, menos de Charlie.

Publicado en http://diariotiempo.mx/opinion/opinion-cuerpo-alberto-isaac-mendoza-torres/

La amistad, un vínculo saludable

El proceso de construcción de este particular lazo, que es fundamental para una vida plena. Qué implica y qué desafíos plantea.

En un capítulo de El principito, de Saint-Exupéry, referido al vínculo entre el Principito y el zorro, el animal ingresa a escena en pleno estado de pena del pequeño, quien, al ver al animal, le propone de inmediato que fuera a jugar con él porque padece tristeza. Ante el pedido, el cuadrúpedo responde diciéndole que aún no puede porque no está domesticado.

“¿Qué significa domesticar?”, pregunta el Principito.

–Es una cosa ya olvidada, significa crear vínculos.

–¿Crear vínculos?–¡Sí! Verás: tú eres para mí solo un muchachito igual a otros y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro como otro cualquiera. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, como también yo lo seré para ti. Si tú me domesticas, mi vida se llenará de sol y conoceré el rumor de unos pasos diferentes a los de otros hombres. Esos, me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos, me llamarán fuera de la madriguera como una música. Además: ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y, por lo tanto, el trigo no me significa algo, es inútil para mí. Los trigales no me recuerdan nada y eso me pone triste. Sin embargo, tú tienes el cabello dorado como el trigo y, cuando me hayas domesticado, será maravilloso ver los trigales: te recordaré y amaré el canto del viento sobre el trigo.

Después, el zorro permaneció callado mirando un buen rato al principito. “¡Por favor! Domestícame”, le dijo.

–Bien quisiera hacerlo, pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.

–Sólo se conoce bien lo que se domestica. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada; todo lo compran ya hecho. Y como en las tiendas no se venden amigos, los hombres ya no tienen amigos. ¡Si quieres tener un amigo, entonces debes domesticarme!

–¿Qué debo hacer?

–Debes ser muy paciente. Al principio, te sentarás sobre la hierba, un poco retirado de mí; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no dirás nada, pues el lenguaje puede ser fuente de malos entendidos. Entonces, al pasar los días, te podrás sentar cada vez más cerca.

Al día siguiente, el Principito volvió.

“Es mejor que vengas siempre a la misma hora”, dijo el zorro. “Si vienes, por ejemplo, a las 4 de la tarde, yo desde las 3 comenzaría a ser dichoso. Conforme avance la hora, más contento me sentiré. A las 4, me sentiré agitado e inquieto. Así, descubriré lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, yo nunca sabré cuándo preparar mi corazón. Tú sabes, los ritos son necesarios.

–¿Qué es un rito?

–Eso también es algo casi olvidado. Es lo que hace que un día sea diferente a otro día y que una hora sea diferente a otra.

Las reflexiones sencillas, profundas y bellamente planteadas en El Principito concuerdan plenamente con las que impartió Aristóteles en su época. En su Ética a Nicómaco, expresa que “para la amistad verdadera, hace falta tiempo y hábito”. Y, si bien el deseo de una amistad puede nacer con prontitud, su concreción requiere –inexorablemente– tiempo.

Se trata de un tiempo productivo, que implica un trabajo de construcción, un proceso, no exento de los avatares de otros vínculos (malos entendidos, por ejemplo), pero que se presenta con sus particularidades.

Domesticar viene del latín domesticus y deriva de domus (casa). En conclusión, amigo es aquel a quien privilegiamos, haciéndolo entrar en nuestra vida, y respecto de quien obtenemos igual privilegio.

¿Qué condiciones implica una relación de amistad?, ¿qué elementos serían los indispensables para que una relación de amistad pudiera gestarse y mantenerse como tal?, ¿quizá el afecto mutuo y desinteresado?, ¿la confidencialidad?

¿Qué es, realmente, lo que caracteriza más específicamente y lo que define mejor la esencia de este tipo privilegiado de relación?

La amistad no es entendible sin la obligada articulación del deseo con el ideal, de la dinámica afectiva con determinados valores.

El término “amigo” puede ser empleado con significados muy diferentes. Así, la amistad puede estar referida a relaciones superficiales o bien exclusivamente a aquellas personas con las que se mantiene un grado realmente elevado de confianza e intimidad. Amigos, compañeros, camaradas, colegas, constituyen, pues, parte de una constelación de términos que implican determinados rasgos en común, pero en donde las diferencias pueden llegar a ser muy significativas, sin constituirse una amistad plena.

El concepto de amistad padece hoy una notable devaluación que, probablemente, no es sino una manifestación más de la devaluación generalizada que se da en los modos de contacto personal. En la era del consumo, el esquema de “usar y tirar” impregna también el mundo de las relaciones interpersonales y, entre ellas, el de las relaciones de amistad. Muchos vínculos se tornan efímeros y descartables (ver “Etapas de la vida y virtualidad”).

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El afecto, el amor benevolente, la confidencialidad, la complicidad, la participación en ideales comunes, todo ello podrá dar sustento a una relación de amistad, pero nada de ello cualifica y diferencia a este tipo de relación como lo hace la libertad y la gratuidad con la que esta se manifiesta y tiene que establecerse.

Si el vínculo no surge desde la libertad recíproca de quienes se relacionan, la amistad no puede desarrollarse. Probablemente, no existe ningún tipo de relación humana que, como la amistad, se vea completamente al margen de cualquier forma de reglamentación. Cualquier otra modalidad de vínculo humano se ve sometido, sin embargo, a ella.

El deseo que impulsa a la amistad se irá manifestando en función de las dinámicas particulares de cada sujeto. En definitiva, no existe amistad sin la intervención del deseo. Un deseo que, como impulso básico, nos mueve, y que aspira, de un modo u otro, a la reducción de la distancia y la diferencia que nos constituye desde nuestra condición de “ser separado”.

Dentro de esas dinámicas, los procesos de identificación jugarán siempre un papel decisivo, modulando dinámicamente el encuentro con el otro. Identificación a través de un pasado con puntos de semejanza, de un presente compartido o identificación en las expectativas de un futuro anhelado.

La relación de amistad se abre a esa otra magnitud esencial que la caracteriza, que es la dimensión ética de apertura y compromiso con la alteridad. Ella presupone la aceptación de la distancia que nos constituye como “seres separados” y la aceptación de la diferencia que nos perfila particularmente a cada uno. Justamente, por ser la relación más libre, la menos obligada, manifiesta mejor que ninguna otra la dimensión ética que es inherente a la relación humana.

Cuando se ha podido renunciar a la omnipotencia infantil, y se asimila que no somos el todo para nadie y que nadie será el todo para nosotros, se hace posible el encuentro en libertad y en aceptación de la diferencia y, con ello, el encantamiento con ese otro por el que se puede entrar en un intercambio amistoso.

No necesita ni aspira a la fusión que el erotismo y la genitalidad pretenden en la dinámica del enamoramiento. Por eso, la presencia del otro en la amistad agrada y se agradece, pero no es la urgencia ni el reproche de los enamorados. Sin embargo, a pesar de las evidentes diferencias existentes entre las lógicas del enamoramiento y de la amistad, tanto una como la otra se nutren de la misma corriente de fondo: el deseo como aspiración a una unión que alivie la carencia de base que nos constituye como seres separados e incompletos. En ese tronco común del deseo encontró el psicoanálisis la fuente dinámica que alimenta la relación de amistad.

Etapas de la vida y virtualidad

A edades tempranas, es de suma importancia que la experiencia de tener amigos sea favorecida y potenciada por los adultos (como los padres y los docentes) que están involucrados en el desarrollo de los niños.En otra etapa de la vida, en tanto, para los adultos mayores, tener amigos y grupos de pares constituye un factor fundamental de apuntalamiento de la salud psicofísica.

Redes sociales

En esta época de popularización de las denominadas “redes sociales”, contactos ilimitados y de supuestos “amigos” producto de los intercambios que posibilita la virtualidad, se generan espejismos, ilusorias creencias de estar rodeados de amigos que desaparecen con un clic o cuando se apaga el ordenador o el celular, y en numerosas ocasiones el vacío existencial se apodera del sujeto.En nuestra práctica profesional, observamos cotidianamente conflictos y padecimientos suscitados a raíz de la confusión de colocar en el mismo plano, intercambios virtuales y reales con otros, sin poder dimensionar sus diferencias ni discriminar sus alcances vinculares.

*Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC).También es especialista en Psicología Clínica y delegada por Capital en el Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba.

 

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/salud/la-amistad-un-vinculo-saludable

Un día con el equipo de calle de Salud Mental

Un equipo de 15 profesionales de la Sanidad Pública madrileña sale diariamente a la calle desde 2003 para hacer la ronda y atender a los sintecho con patologías mentales. Gente sin hogar, sin papeles, sin tarjeta sanitaria e invisibles para la mayoría de ciudadanos. Este es un viaje en compañía de una pareja de sanitarios en una de sus rutas por el centro de la capital.

Sintecho
Sintecho Pepo Jiménez

Emmanuel es un gigante de Camerún, lleva 27 años en España y no tiene ni techo ni papeles. 27 años, sí. Lo encontramos a la puerta del albergue esperando para hacer la colada. Emmanuel tiene esquizofrenia diagnosticada desde hace 9 años y es uno de los pacientes de la unidad de calle de Salud Mental de la Consejería de Sanidad, un equipo formado por profesionales del Hospital La Paz y el Clínico San Carlos.

 

La consulta es en la acera y las medicinas hoy son la conversación y la paciencia. Más de 800 sintechos pululan diariamente por Madrid. Uno de cada tres tiene algún problema de salud mental. La tarea de estos profesionales médicos es atender a los casos localizados y fichados por alguno de los 18 equipos del Samur Social.

Más de 800 sintechos pululan diariamente por Madrid. Uno de cada tres tiene algún problema de salud mental.

Emmanuel está separado y tiene un hijo. Es una de las grandes victorias del equipo. Hablan de él como si fuera un campeón olímpico pero es más que eso. Ha mejorado muchísimo tras un largo viaje de brotes psicóticos, ingresos forzosos y medicación en la calle. Cuando el Samur Social le derivó al equipo psiquiátrico solía pasear por la ciudad, sudando como un pollo, con dos abrigos abrochados en pleno mes de agosto. Hoy lleva polo y bermudas y le brillan los ojos al reconocer de lejos a Elena Medina, la psiquiatra Coordinadora del Equipo de Calle y responsable de la ronda de hoy.

Una enorme y contagiosa sonrisa le precede a pesar de la úlcera supurante que padece en una de sus piernas. Me saluda como si me conociese de toda la vida. Imposible no empatizar.

—Tenemos que revisar la medicación y a ver si podemos hacer algo por fin con tus papeles —dice Elena Medina.

—Papeles muy difícil —responde  Emmanuel.

—Los periodistas podemos empujar algo contando lo que pasa —le digo yo para animarle.

—¡Empujar al gobierno, empujar al gobierno! jaja… —repite Emmanuel entre risas.

Parte de los 15 integrantes del Equipo Calle de Salud mental
Parte de los 15 integrantes del Equipo Calle de Salud mental Equipo Calle

Un ingreso forzoso es uno de los peores momentos que tiene que vivir el equipo. A ver cómo le dices tú a un paciente cuya cama es la acera, con paranoias, manías persecutorias y constantes rupturas con la realidad que tiene que acompañarte a la fuerza al hospital. La labor de estos ángeles va más allá del diagnóstico y la medicación de un rutinario centro de día. La primera gran lección de este paseo es que su gran herramienta de trabajo tiene que ser la confianza. Generar un valor añadido sobre la credulidad del enfermo para que acepten su ayuda. Y esto solo se consigue con tiempo, cariño y sacos de paciencia.  A veces hacen decenas de visitas hasta que consiguen su atención.

Sin recursos
Sin recursos Pepo Jiménez

Iniciamos la ruta un poco tarde, el Equipo de Calle suele trabajar todos los días de 9 a 15 horas turnándose entre sus miembros para salir bajo el sol, la lluvia o lo que tercie.

“Lo que me encanta es encontrarme en el equipo a personas sensatas, que se arremangan con la locura todos los días con muchísimo respeto, con curiosidad, sin juzgar y con ganas de disfrutar de este trabajo raro, emocionándose con lo emocionante e intentando lidiar con las miserias del sistema”, me cuenta Elena orgullosa de sus compañeros.

Hoy toca asfalto e infierno. Treinta y nueve grados centígrados y una ronda por el centro de Madrid siempre improvisada. “No sabemos a quién nos vamos a encontrar”, me avisa Susana Reverter, la directora de comunicación del Hospital La Paz: “Lo mismo os cruzáis con 10 pacientes que con ninguno. Espero que tengas suerte. Dependemos siempre de su libertad de movimientos y nos adaptamos a ella”.

Solo un 3% de los esquizofrénicos cometen delitos con agresión y suelen ser pacientes sin tratamiento ni un entorno de apoyo consolidado

Reconozco que cuando supe que iba a acompañar a estos sanitarios tuve algo de miedo. Un miedo irracional basado en el estigma social de la enfermedad mental. La mayoría de la gente se cruza de acera cuando ve a una de estas personas con un brote agudo. Si buscas en Google “los esquizofrénicos” la primera sugerencia que te sale es “son peligrosos”.

Resultados debidos a la ignorancia de la masa, no a una realidad documentada. Solo un 3 % de los esquizofrénicos cometen delitos con agresión y suelen ser pacientes sin tratamiento ni un entorno de apoyo consolidado. Y esto es precisamente lo que pretende evitar el Equipo de Calle. Sin embargo, esta marginación infundada les provoca a todos ellos vergüenza, aislamiento social y un sentimiento de culpa que agrava el terrible sufrimiento que ya viene de serie con su enfermedad. A todo eso súmenle la calle y la pobreza de los que duermen al raso.

El equipo calle tiene censados en Madrid a más de 250 sintechos con problemas mentales a los que hace el seguimiento durante todo el año

Pero la sonrisa de Emmanuel me limpió de prejuicios en un instante. Cuando logras entender que su calvario, su desconfianza es solo fruto de su sufrimiento se te pasa el miedo. Eso y el temple, la mano y el cariño con que Elena y María Díaz —la médico residente que nos acompaña hoy— les dedican a todos su tiempo. Por eso las adoran.

Sin trabajo
Sin trabajo Pepo Jiménez

Seguimos nuestra ruta. Elena va constantemente al teléfono en contacto con el Samur Social y el Hospital para saber los últimos datos de sus pacientes. Es difícil hablar con ella, va a piñón fijo. Enseguida pillamos a Rosario —otra indigente— dormida en un banco al sol, la psiquiatra sonríe y se alegra por el descubrimiento. La alegría de saberlos vivos, barrunto yo en mi ignorancia.

Rosario tiene un trastorno delirante crónico. Oye cosas. Me explican las profesionales que es bastante funcional y llevadero si no aflora su idea delirante y para eso es necesario un control rutinario. “Ellos no van a venir a ti hay que ir a ellos”. Rosario lleva un carrito con chatarra y está torrándose al sol de julio. “—¿Por qué no te pones a la sombra? —Ay, me habéis despertado, voy a seguir durmiendo un ratito, dejadme”. Elena se agacha (me fijo que siempre lo hace) para ponerse a su altura, mirarla a los ojos y decirle con afecto. “Si necesitas algo nos avisas, ¿vale?”.

Seguimos.

Entramos en uno de los albergues más grandes de Madrid. Más de 200 plazas. La planta baja está llena de gente durmiendo por las esquinas huyendo del calor. El concierto de ronquidos es sobrecogedor. El albergue de baja exigencia es el segundo paso para este empoderamiento progresivo de los sintecho. Cama, comida y ducha sin requerimiento de un perfil determinado, el primer peldaño en esta rehabilitación psicosocial.

Dentro del albergue nos asalta otro paciente fichado. Daren es un africano con estereotipias, esos movimientos espasmódicos y acompasados de los brazos asociados a su esquizofrenia. Impone respeto pero parece un tipo muy cariñoso. “Está bastante mal, ha sido tratado con TEC (terapia electroconvulsiva) con muy pocos resultados. Por mi experiencia he visto que las estereotipias son frecuentes en pacientes africanos”, me explica la psiquiatra. No logro entender lo que dice Daren pero Elena se hace con él enseguida. Se alegra de verla y le pide una Fanta. A la máquina vamos.

La red municipal de albergues de Madrid tiene 1.500 camas (500 más en invierno). Aún así, casi 800 personas duermen al raso

Elena se vuelve a agachar antes de empezar a hablar. Alessio reconoce y saluda. Está en la puerta de unos grandes almacenes con su perro de casi 12 años. Alessio es paranoide y ha tenido manías persecutorias muy importantes. Piensa que el gobierno italiano está detrás de él. No quiere ir a ningún albergue porque allí no admiten perros. Un caso muy habitual entre los sintecho.

Subimos por Gran vía para completar nuestra ruta. En el paseo me voy fijando en la cantidad de gente que duerme en la calle. Han dejado de ser invisibles y empiezan a coger color. El equipo ya les conoce a casi todos pero pasa de largo con la mayoría, si no hay aviso del Samur Social con indicios de patología mental no pueden empezar a atenderles. María me va contando mientras la diferencia de un crónico y un brote psicótico. “El trastorno delirante crónico acompaña a la personalidad, está más relacionado con la forma de ser, no tanto con los hechos”.

La casa de un sintecho
La casa de un sintecho Pepo Jiménez

Un poco más arriba nos encontramos con un argentino de casi 2 metros que ronda la zona con su maleta de ruedas y lo puesto. Ha sido fichado hace poco con trastorno paranoico y narcisista. Es el primero que no se alegra de vernos. Sobre todo a mí. Intento sonreír y permanecer callado pero cometo el error de ponerme a su lado.

—¿Pero tú quién eres?

Uno de los principales síntomas de la esquizofrenia es la desconfianza. El temor a la gente es patológico y hay que saber lidiar con ello. El paciente se aísla, sufren muchísimo y les incomoda la compañía. Siento que sobro y doy un paso atrás.

—¿Otra vez? Os he dicho que no quiero vuestra ayuda. Venís aquí sin avisar, con caras nuevas y me pedís que os atienda. ¿Quiénes sois? Mi tiempo vale dinero. Soy profesor de periodismo y cobro 5 euros por consulta, si me dais los tres os escucho.

Elena no cambia el tono e intenta ser agradable mientras el argentino sube la voz. Es imposible pelearse con ella. Solo le ha visto un par de veces, todavía está en la fase de construcción del vínculo y le explica que están ahí para ayudar y para lo que él necesite. Nada más. No discute, solo explica.

—No necesito nada. Si no os vais ahora mismo llamo a la policía. Os he denunciado en Facebook…

Nos alejamos tranquilos sin tensar más la cuerda. El argentino intenta retenernos para autoafirmarse. El problema de la mayoría de estos pacientes es que no tienen conciencia de su enfermedad. No pueden pedir ayuda ellos porque no saben lo que les pasa. Es terrible. El Equipo Calle tiene que manejar con muchísimo tacto y sin ahondar más en su sufrimiento hasta lograr el contacto. Me parece de una dificultad admirable.

El problema de la mayoría de estos pacientes es que no tienen conciencia de su enfermedad y no pueden pedir ayuda por sí mismos

Acabamos la ronda en un albergue diferente al planeado. El otro lo han cerrado un par de días por un brote de sarna. Treinta camas menos.

Están todos comiendo y nos toca esperar. Otro de los rasgos característicos de este apoyo sanitario es la diferencias en la variable tiempo. Esta pertenece siempre a los pacientes, no al sistema ni a los sanitarios. No hay hora de consulta, no hay ni consulta. Kon —nuestro siguiente encuentro— interrumpe la conversación para salirse del albergue a fumarse un cigarrillo. La única forma de llegar a ellos es respetar su espacio, compartir su tiempo.

Kon está en la primera fase del empoderamiento. Ha sido agraciado en el sorteo de una de las viviendas de acogida para vivir él solo. El próximo lunes la estrena y hemos venido a saber cómo lo lleva. Este sistema —me cuenta Elena— es distinto del tradicional “método de escalera” donde los pacientes van subiendo peldaños conforme logros y exigencias pero siempre juzgados por un grupo de expertos que los evalúan constantemente sin contar con ellos.

En el empoderamiento del programa Housing First (HABITAT) es el sintecho (con más problemas) el que desde el principio se abre hueco, dándole una libertad que provoca las mejorías sin juicios externos y siempre contando con su opinión: “Yo lo prefiero”, me dice la experta, “pero hay muy pocos medios”.

Acabo el día con la sensación de que no se ha conseguido mucho y de que se ha logrado todo. Que el equipo se levantará mañana, y al otro, y al otro… esperando su momento para extender su mano. Ángeles guardianes de la salud mental de los olvidados por todos.

Elena y María con uno de sus pacientes
Elena y María con uno de sus pacientes Pepo Jiménez

NOTA.

Todos los nombres de este reportaje han sido cambiados para preservar la intimidad de sus protagonistas. Ninguna fotografía corresponde con los personajes descritos en el texto excepto la última.

Fuente: http://www.vozpopuli.com/altavoz/redes/EquipoCalle-Sintecho-SanidadPublica-Esquizofrenia_0_1046595962.html

Derribar estereotipos: menos del 3% de las personas con esquizofrenia comete actos violentos

Lejos de lo que muchos creen, quienes tienen este diagnóstico pueden trabajar y tener una vida insertos en la comunidad.

Muchos de los villanos de las películas y series de televisión son caracterizados con una enfermedad mental como la esquizofrenia. También las noticias como “murió apuñalado por un joven con problemas mentales” -como el caso de un chico que acuchilló a un desconocido en un quiosco de Caballito en marzo pasado- terminan construyendo la idea de que todas las personas -o la mayoría- con algún padecimiento mental son violentas.

in embargo, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), menos del 3% de las personas diagnosticadas con esquizofrenia y otras psicosis comete actos violentos. Además, sólo el 1% de la población mundial desarrolla alguna forma de esquizofrenia durante su vida.

En los hechos, no existen evidencias médicas que demuestren una relación directa entre la esquizofrenia y las conductas agresivas. “Es un mito muy desafortunado porque estigmatiza. Las personas que sufren esquizofrenia son claramente más víctimas de violencia por parte de terceros que victimarios”, dice Pedro Rafael Gargoloff, médico psiquiatra y asesor de la Asociación de Ayuda de Familiares de personas que padecen Esquizofrenia (AAFE).

Y agrega: “Mientras que alrededor del 10% de la población general presenta alguna conducta agresiva, las personas que sufren esquizofrenia registran un valor muy por debajo. Casi la mitad de estos episodios violentos son verbales y leves”.

En esta línea, el neuropsiquiatra Gabriel de Erausquin señala que los trastornos de personalidad, el alcoholismo y la drogadicción aumentan mucho la probabilidad de actos violentos, mientras que los diagnósticos de trastornos del ánimo o psicóticos lo hacen en bastante menor grado. “Dentro de esta población, la mayoría de los actos violentos son autodirigidos [tentativas suicidas], y los que son para con otros no parecen diferir estadísticamente de los que se ven en la población general comparable”, sostiene.

Resultado de imagen para terapia ocupacional esquizofrenia

Además aclara que “si bien es cierto que las personas con esquizofrenia que además abusan de las drogas cometen muchos más actos de violencia, esto también es verdad para aquellos que no padecen la enfermedad”.

Mucha desinformación

Carlos Córdova es psicoanalista y supervisor de la Institución Fernando Ulloa. Trabaja en el hospital Moyano y asegura que, en sus pacientes, no conoció la violencia, sino el amor puro. También vio allí mucho abandono.

Explica que lo más grave de la esquizofrenia es que la persona no se puede comprometer con las cosas: “El mejor tratamiento para ellos es el de la amistad”, afirma.

Los especialistas consultados coinciden en que existe mucha desinformación en relación a este padecimiento mental, y eso genera impresiones erradas. “Todo lo que es distinto a lo largo de la historia de la humanidad fue visto como amenazante. Una persona extravagante o diferente puede producir sensaciones de temor o fascinación. Cuando uno ve a alguien que habla solo en la calle, en general siente temor porque no se puede predecir lo que va a pasar”, subraya Martín Nemirovsky, coordinador general de Proyecto Suma.

Sobre este punto, Julián Pessio, psiquiatra del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), dice: “Se tiene la creencia de que estas personas son imprevisibles y peligrosas. Además del temor a lo desconocido, hay que tener en cuenta el rol que tienen los medios de comunicación. Muchas veces las noticias hacen énfasis en algunos hechos protagonizados por un pequeño porcentaje de las personas con esquizofrenia”.

Otro mito que marca Pessio vinculado a quienes tienen esta condición, es que se piensa que están desconectados de la realidad. Explica que hay cuadros muy variados y existen personas que interactúan perfectamente con la sociedad. “Es importante resaltar que, en general, las personas con esquizofrenia que son acompañadas por sus familias tienden a cometer menos actos de violencia”, cuenta.

En relación al rol de la familia, Nemirovsky advierte que es importante que los miembros del grupo familiar comprendan lo que le pasa a la persona con esquizofrenia. “Cuando entienden lo que le sucede no se enojan tanto, pueden acompañarla de una manera distinta y colaborar a que pueda reponerse”, destaca. “Primero hay que ayudar a la familia a entender el trastorno. Luego, ellos tienen que darse cuenta cuando puede empezar a descompensarse, para estar prevenidos. El mayor aprendizaje es el de lidiar con la dificultad.”

Los profesionales consultados aseguran que para llevar una vida normal, quienes tienen este diagnóstico deben contar con psicoterapia, medicación y un abordaje de inclusión social. “Si la gente baja el nivel de estigma, discriminación y prejuicios, las cosas van a ser más fáciles. El cuadro cambia mucho si se empieza a tratar desde el primer episodio de forma adecuada”, concluye Gustavo Guardo, director general de Proyecto Suma.

Algunas de las organizaciones que contienen a pacientes y familiares

Proyecto Suma

Tiene como objetivo dar tratamiento y conseguir la integración social, laboral y familiar de las personas con padecimientos mentales. Orienta su accionar a la promoción y al restablecimiento de la salud y de los lazos comunitarios

www.proyectosuma.org

Fundación Discar

Su misión es que la inclusión de las personas con discapacidad sea un hecho natural y cotidiano en la sociedad. Está integrada por un equipo interdisciplinario de profesionales, artistas, estudiantes y voluntarios

www.fundaciondiscar.org.ar

Los Embolsados

En este taller para los pacientes del hospital Borda se realizan bolsas ecológicas de papel. De esta forma, brindan una propuesta terapéutica y psicoeducativa, que ayuda a desarrollar habilidades, crear recursos y fortalecer la autoestima

proyectoecobolsas.blogspot.com.ar

AAFE

Es una organización con sede en La Plata, cuyo fin es la ayuda mutua entre familiares de personas con esquizofrenia. Trabaja para lograr una mejor calidad de vida, brindándoles a las familias orientación relacionada con ese padecimiento mental

www.aafe.org.ar

Institución Fernando Ulloa

Es un centro de psicoanálisis abierto a la comunidad. Se brinda asistencia clínica con orientación psicoanalítica a niños, adolescentes, adultos, parejas y familias a través de un bono voluntario de atención clínica

www.institucionulloa.com.ar

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/2043409-derribar-estereotipos-las-personas-con-esquizofrenia-contra-el-estigma-de-la-violencia

En aumento el número de jóvenes que se autolesionan

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“Empiezas a cortarte y no puedes parar; lo necesitas, es algo enfermizo”, relata una de las adolescentes que han quedado atrapadas por una conducta que cada vez más jóvenes exhiben en las redes sociales, como si de una proeza se tratara. Psicólogos y psiquiatras especializados han detectado en los últimos años un aumento progresivo de estos casos, la mayoría de los cuales no van asociados a ninguna enfermedad mental, sino más bien a una manera de canalizar una frustración o un malestar emocional.

Sin embargo, el fenómeno preocupa a padres, profesores y profesionales sanitarios porque, como señala el coordinador del Hospital de Día de Adolescentes de Salud Mental de Parc Taulí, Joaquim Puntí, “las autolesiones no suicidas incrementan el riesgo de lesiones suicidas”, excepto en los adolescentes que lo hacen de manera muy ocasional. Es por este motivo que, a pesar de que muchos de ellos no sufren una patología psiquiátrica, deben recibir tratamiento para superar esta conducta.

Cinco hospitales catalanes han creado un grupo de estudio

“Estamos teniendo un incremento exponencial” de jóvenes que se autolesionan, asevera la psicóloga clínica Anna Sintes, del Hospital Sant Joan de Déu, que concreta que en el centro hospitalario de Esplugues de Llobregat este tipo de casos se han sextuplicado en los últimos cuatro años. Así es que si en 2012 atendieron en urgencias a 24 pacientes por autolesión que precisaron hospitalización, en 2016 la cifra aumentó a 173.

Mientras que el centro vallesano ha registrado en los últimos dos años un aumento de un 9% de las consultas de adolescentes que se autolesionan. Si en 2014 los jóvenes que se autoagredían representaban un 19% del total de los pacientes atendidos, al cierre del año pasado la cifra se había incrementado en un 28%.

Estudios europeos ratifican también el comportamiento al alza de autolesiones no suicidas entre la juventud, como el estudio que recogió en 2014 la revista británica Journal of Child Psycology and Psychiatry. El informe ultima que un 27,6% de jóvenes europeos se han autolesionado al menos una vez en la vida.

 La tendencia en Catalunya también se ha detectado, hasta el punto que se ha constituido el Grupo de Estudio y Tratamiento de las Autolesiones (Greta), formado por profesionales de cinco hospitales – el Clínic, Sant Pau, Parc Taulí, Sant Joan de Déu y Althaia, de Manresa-. El objetivo del grupo es elaborar un protocolo para atender de manera efectiva al número creciente de pacientes que sufren este problema psicológico.

 

“En la mayoría de los casos son cortes superficiales que se hacen con objetos tan comunes como sacapuntas, cuchillas y a veces también con un lápiz, con el que se van rascando hasta producirse una lesión”, detalla Joaquim Puntí. Los adolescentes, que en uno de cada diez casos son chicas, se hacen este tipo de heridas en antebrazos –el lugar más habitual-, pero también en nalgas y vientre.

La conducta de la autolesión empieza a detectarse entre los 11 y 14 años
La conducta de la autolesión empieza a detectarse entre los 11 y 14 años (champja – iStockphoto)

Una de las cosas que más alarma a psicólogos y familias es el hecho de que, tras realizarse el corte, los jóvenes acostumbran a fotografiar el resultado y compartirlo con el grupo de amigos a través de aplicaciones como Whatsapp, o bien lo exhiben a través de redes sociales –por ejemplo, Instagram-, llegando a un público más amplio.

 Es por ello que los profesionales no descartan que se esté produciendo una especie de contagio; que las autolesiones, que antaño se asociaban a una enfermedad psiquiátrica, se estén convirtiendo en una moda entre jóvenes aparentemente sanos. “No es extraño que en una clase cuando una chica se autolesiona, en pocos días tres o cuatro alumnas más imiten esa conducta”, comenta el psicólogo Joaquim Puntí.

No es extraño que en una clase cuando una chica se autolesiona, en pocos días tres o cuatro alumnas más imiten esa conducta

JOAQUIM PUNTÍ

Coordinador del Hospital de Día de Adolescentes de Salud Mental de Parc Taulí

Pero, ¿a qué es debido este fenómeno? “No se sabe con certeza”, contesta Anna Sintes. No obstante, la psicóloga clínica dilucida que “la expresión del malestar emocional cambia en función de la épocay la cultura”. Y añade que si bien antes los adolescentes agobiados y con problemas se enganchaban a la heroína, ahora una de las tendencias es cortarse, seguramente “por influencia de las redes sociales y la facilidad con la que se transmiten las imágenes”.

El perfil de los jóvenes sin ninguna enfermedad psiquiátrica que se autoagrede es la de una persona con una autoestima baja, que tiene dificultades en las relaciones interpersonales –en muchos casos son víctimas de acoso escolar-, con poca capacidad para resolver problemas y escasa resistencia a la frustración. Además, sus relaciones familiares suelen ser complicadas y comparten un temperamento que los predispone hacia este tipo de conductas. “Aunque cada vez el perfil es más heterogéneo”, puntualiza el psicólogo clínico del hospital Parc Taulí.

Diversos grupos de jóvenes que se autolesionan

Otra pregunta que se hacen los especialistas cuando reciben a un paciente con un comportamiento de este tipo es “¿qué función tiene la autolesión en este caso?”. Puntí explica que hay que diferenciar entre grupos de adolescentes distintos: el primero, los jóvenes que forman parte de una subcultura urbana llamada “Emo” y que se autolesionan como una manera de significarse como miembro de esa tribu.

El segundo grupo estaría compuesto por los jóvenes con una enfermedad mental –un trastorno alimentario, por ejemplo-. Una patología a la que va asociado un escaso control de los impulsos. En estos casos las autolesiones suelen ser mucho más graves que las que se hacen los otros grupos.

Y, por último, el grupo mayoritario: el de los que se hacen cortes superficiales ante problemas triviales: un límite impuesto por los padres que no les gusta, una relación de pareja que se rompe o una discusión con alguien. El adolescente se autoagrede como una vía para comunicar su malestar a los demás o bien para sentir alivio al cortarse –el dolor que le produce la autolesión desvía su atención del sufrimiento psicológico-, o bien porque se marea al ver la sangre y esto le disminuye la ansiedad que está sintiendo.

Esta conducta también provoca en ocasiones que el entorno próximo al joven se preocupe más y cambie su relación con él, con lo cual se siente más considerado y querido, lo que a su vez puede reforzar este comportamiento y convertirlo en más impulsivo. “Si la autolesión aparece en el contexto de una frustración, la familia cede en su objetivo porque teme que su hijo vuelva a autolesionarse”, añade el psicólogo del hospital Parc Taulí.

Entonces, ¿cómo tratar al adolescente que se corta para canalizar su malestar o frustración? No reforzando esa conducta, lo cual no quiere decir ignorarla. “No hay autolesión banal a la que no se le deba dar importancia, ya que puede ir en aumento”, avisa Anna Sintes. En este sentido Joaquim Puntí aconseja a los padres que “mantengan la calma” y que hablen del problema con su hijo o hija. No obstante, si rechaza la ayuda y continúa reproduciendo la misma conducta, el siguiente paso es acudir al especialista.

Los psicólogos consultados coinciden en que la clave para solucionar el problema es enseñar al joven a canalizar el dolor psicológico de una manera diferente. También aconsejan a los padres “controlar” los contenidos que sus hijos ven en internet, ya que la red –donde se pueden encontrar miles de resultados de cómo autolesionarse o suicidarse- “amplifica” esta conducta, aseguran.

No hay autolesión banal a la que no se le deba dar importancia, ya que puede ir en aumento

ANNA SINTES

Psicóloga clínica Hospital Sant Joan de Déu

Muestra de ello es el macabro juego conocido como la Ballena azul , por el que una menor ha sido hospitalizada en una unidad psiquiátrica en Catalunya. La práctica, monitorizada por otra persona a distancia, consiste en superar 50 retos, el último de los cuales es quitarse la vida. El juego ha generado alarma en diversos países por la sospecha que podría estar detrás de la muerte de varios adolescentes.

Para combatir el poder de persuasión de internet y del grupo de amigos, los expertos recomiendan que los padres pasen tiempo con sus hijos y mantengan una comunicación fluida. “Comer todos en la mesa en una buena recomendación”, dice Puntí, que alerta que cada vez es más común que los jóvenes hagan los almuerzos o las cenas solos en sus habitaciones.

Además, los especialistas también ven conveniente formar al profesorado para que pueda identificar este tipo de conductas y hacer una acción primeriza conveniente. “No es acertado hablar con todo el grupo del problema de las autolesiones”, advierte el psicólogo, y concluye: “Es mejor dedicar una clase a estrategias de gestión emocional para prevenirlo”.

La clave para solucionar el problema es enseñar al joven a canalizar su malestar emocional de una manera diferente.

Tomado de http://www.lavanguardia.com/vida/20170718/424187351914/aumento-adolescentes-cortan.html?facet=amp