El poder de la voz de la madre en sus hijos

Más regiones que las que se estimulan al oír otras voces son activadas cuando el niño oye la voz de su madre. Oír la voz materna anima las emociones, el afecto, la memoria, y la recompensa, e impulsa las habilidades comunicativas y sociales de los niños.

Es lo que revela un reciente estudio de un equipo de científicos de la Stanford University School of Medicine, en Estados Unidos.

Vínculo madre e hijo

El vínculo entre la madre y sus hijos cada vez se revela como más importante para el correcto desarrollo del segundo. El contacto piel con piel entre la madre y el hijo, después justo de dar a la luz, por ejemplo, resulta fundamental para el desarrollo posterior del bebé.

El psiquiatra británico John Bowlby fue el primero en exponer una teoría coherente sobre el apego y el desarrollo de los niños en 1960. Mary Ainsworht, de la Universidad John Hopkins de Baltimore, aportaría los datos empíricos que demostraban que, si el progenitor no suscita en el bebé una sensación de seguridad, cuidado y afecto, el bebé no se desarrolla en la medida necesaria para relacionarse con el mundo.

La voz materna

De igual modo, la voz materna, según el estudio realizado por científicos de la Stanford University School of Medicine y que ha sido publicado en PNAS, señala que resulta también muy importante.

En el estudio se midió la actividad cerebral de 24 niños sanos de entre 7 y 12 años mientras escuchaban palabras de menos de un segundo y sin sentido de sus madres biológicas, parangonadas con las de dos mujeres desconocidas.

Una amplia variedad de regiones cerebrales se activa en los niños cuando escuchan la voz de sus madres, tal y como explica Daniel A. Abrams, autor principal del trabajo e investigador en el departamento de Psiquiatría y Ciencias Comportamentales:

Estas regiones incluyen no solo las estructuras auditivas del cerebro, sino también las que están asociadas con la recompensa y el procesamiento de las emociones, el afecto, y la memoria, así como las regiones visuales asociadas con el procesamiento de la cara (los niños no ven nada cuando se les hace el escáner) (…) Nuestro trabajo sirve como patrón inicial para examinar las bases de la percepción del habla en poblaciones clínicas, como los autistas.

Tomado de: http://www.xatakaciencia.com/psicologia/el-poder-de-la-voz-de-la-madre-en-sus-hijos

Se exageran los estudios sobre beneficios del “mindfulness “

El mindfulness es uno de los temas psicológicos más populares de la actualidad. En casi todos los cursos y congresos científicos hay un panel relacionado a los beneficios del mindfulness sobre la salud mental. Pero al parecer los resultados de los estudios científicios se han exagerado.

Investigadores de la Universidad McGill en Montreal, Canadá, analizaron 124 ensayos publicados de el mindfulness como un tratamiento de salud mental, y encontraron que los científicos informaron hallazgos positivos 60% más a menudolo  que es estadísticamente improbable. El equipo también examinó otros 21 ensayos que fueron registrados en bases de datos como ClinicalTrials.gov; de estos, el 62% eran inéditos 30 meses después de que terminaron. Los hallazgos – informó en PLoS ONE el 8 de abril 1 – insinúan que los resultados negativos se van sin publicar .

El  mindfulness o  atención plena es la práctica de ser consciente de los pensamientos y sentimientos sin juzgarlos bueno o malo. Es un tratamientos de salud mental que se centran en este método incluyen la reducción del estrés basada en la conciencia – un programa basado en grupo de 8 semanas de duración que incluye el yoga y la meditación diaria – y la terapia cognitiva basada en la conciencia.

Un sesgo hacia la publicación de estudios que encuentran que la técnica es efectiva retiene información importante de los médicos de la salud mental y los pacientes, dice Christopher Ferguson, psicólogo de la Universidad de Stetson en la Florida, que no participó en el estudio. “Creo que este es un hallazgo muy importante”, añade. “Invertiremos una gran cantidad de capital social y financiero en estos temas, y mucho de eso podemos estar fuera de lugar si no tenemos buenos datos.”

El sesgo de publicación

Para los 124 ensayos, los investigadores calculan la probabilidad de que un ensayo con el tamaño de la muestra podría detectar el resultado informado. Los experimentos con tamaños de muestra más pequeños se ven más afectados por casualidad y por lo tanto peor en la detección de resultados positivos estadísticamente significativos. Cálculos de los científicos sugieren que el 66 por 124 de los ensayos tendrían resultados positivos. En lugar de ello, 108 ensayos tuvieron resultados positivos. Y ninguno de los 21 ensayos registrados especifica adecuadamente cuál de las variables que se realiza un seguimiento sería el principal que se utiliza para evaluar el éxito.

Esto no significa necesariamente que ninguno de los tratamientos funcionan atención, dice el coautor del estudio Brett Thombs, psicólogo de la McGill y en el Jewish General Hospital en Montreal. “No tengo ninguna duda de que el mindfulness ayuda a mucha gente”, dice. “No estoy en contra del mindfulness . Creo que tenemos que tener evidencia reportada honesta y completa de averiguar para quién trabaja y cuánto “.

Los ensayos con tamaños de muestra más grandes – y por lo tanto más potencia estadística – sería una mejora. En el análisis del equipo de McGill, los 30 ensayos con el mayor poder estadístico no mostró exceso de informes de resultados positivos.

El sesgo hacia la notificación de los resultados positivos es un fenómeno generalizado en muchos tipos de la salud mental, la psicología y la investigación médica , dice Ferguson. Por ejemplo, la teoría ampliamente popularizada de agotamiento del ego – que la gente ha limitado el autocontrol para las decisiones – Recientemente no pudo contener hasta en un ensayo de replicación grande.“Muchas de estas cosas son reportadas como verdaderas, están en una charla TEDx,” dice. “Ahora estamos viendo, cuando nos fijamos en las cosas más de cerca, podemos decir que hemos estado tomando el pelo a la gente en una década.”

 

Él aboga por estudios de pre-registro , en el que una revisión de revistas y acepta un estudio – incluyendo los resultados que va a medir – antes de que comience la recogida de datos. De esta manera, la revista publica los resultados del ensayo, independientemente de si son negativos o positivos.

Sin este tipo de acuerdo, las revistas son más propensos a publicar sólo resultados positivos, y los científicos tienen que publicaron trabajos para conseguir la financiación de sus trabajos. Esto crea un incentivo perverso. “Para el sistema de atención de salud”, dice Thombs, ” es igual de importante saber lo que no funciona.”

Tomado de http://www.nature.com/news/power-of-positive-thinking-skews-mindfulness-studies-1.19776

Abordar las adicciones desde el psicoanálisis

Plantean que el adicto se ocupe de la relación con el inconsciente y su goce y sepa decidir para superar la adicción.
LILIANA ALFARO
El CONSUMO DE DROGAS en la provincia es una realidad y la recuperación continúa siendo un desafío en los distintos organismos que se dedican a ello. Aseguran que las más visibles en torno a la demanda son paco y pasta base. La visión de recuperarlos en su entorno refuerza la idea de la atención de centros de día, mientras una coordinación nueva apunta a integrar otros estamentos para ampliar la atención y no reducirla a los centros especializados.
LUIS DARÍO SALAMONE, licenciado en Psicología, doctorado en Psicología Social, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la ASOCIACIÓN MUNDIAL DE PSICOANÁLISIS (AMP) brindó charlas en Jujuy invitado por la Biblioteca Analítica de Jujuy y con apoyo de Salud Mental del Ministerio de Salud.
Abordó la temática de las adicciones desde la mirada del Psicoanálisis planteando la función, cómo fue cambiando, el abordaje y el tratamiento frente a un multidisciplinario público que buscaba ahondar en la temática, en un encuentro desarrollado en el hospital “San Roque”. Por la tarde la presentó su libro “El silencio de las drogas” que sintetiza su perspectiva tras lo cual plantearía ante los psicoanalistas el desarrollo en torno al abordaje.
Explicó que hay una diversidad de consumo en virtud de la oferta al entender que se juntó una cuestión de la ciencia con el campo del discurso capitalista, que promueven nuevas sustancias que salen todos los días algunas con preeminencia y la gente que busca lo nuevo.
“Siempre ha habido una relación del sujeto con el consumo. Dentro de la problemática que hay actualmente en general hay relación con muchas sustancias diversas, están las drogas más clásicas, el alcohol una sustancia más clásica como la marihuana, la cocaína, la pasta base y están saliendo las más sintéticas como el éxtasis y otras”, afirmó.
Explicó que hay un discurso capitalista que hace que el consumo se generalice y llegue a un grado que mucha gente se acerque al consumo, una suerte de “empuje al consumo” no solamente de sustancias pero que no dejan de resultar adictivas para el sujeto.
“El Psicoanálisis lo que hace es llevar al sujeto a que se cuestione la relación que tiene con algo que nosotros denominamos el goce, que no necesariamente es el goce de algo productivo sino ser un goce de algo destructivo para el sujeto, que se cuestione la relación que tiene con ese goce y pueda hacer un uso responsable del mismo, decida cómo quiere manejarse”, expresó.
El desarrollo lo realizó planteando algunos ejemplos e intercambió conocimientos con los profesionales del sector de Salud Mental.
El panorama en Jujuy
Sucede que la adicción a las drogas es un tema relevante y preocupante en la sociedad, y Jujuy no escapa a esa realidad.
Según la titular del Centro de Asistencia y Orientación en Adicciones “El Umbral”, Laila Quintar, “hay un policonsumo: el que consume base consume alcohol, marihuana, a veces cocaína, sustancias legales también, roba a la madre o a la tía, mezclan drogas de laboratorio con drogas ilegales”, afirmó la directora.
Contemplando que los pacientes llegan a veces porque los llevan, y la opción en “El Umbral” es que los jóvenes puedan preguntarse por qué lo hacen, qué están tapando.
Recordó que si bien hay muchos que procuran la internación para sus hijos, debido a que hace al menos diez años perciben consumo de base y paco en forma masiva desde hace diez años, y se probó con una internación tras otra cuyo resultado es del 1 % porque una vez que salen vuelven a lo mismo.
Es que se trata de que puedan elaborar, y supone un tiempo que tomen conciencia en un tratamiento ambulatorio donde puedan ser escuchados, hablar, desplegar sus dolores, sufrimiento, su condición como ser humano y no someterlo a un tratamiento que lo aísla donde no consume pero vuelve a hacerlo cuando sale.
Quintar explicó que el inicio en el consumo de drogas en la provincia, según los casos que les ha tocado tratar en “El Umbral”, suele darse en la pubertad, sin embargo aseguró que los mayores problemas se dan de los 22 a 25 años que es cuando consultan, mientras si llegan a la consulta más jóvenes es porque los llevan.
El panorama del consumo se modificó desde que comenzó a funcionar el centro, hace 20 años, cuando tenían consultas reducidas por consumo experimental de marihuana y muy esporádicas de cocaína, y en 2003 cambió la demanda por pasta base y paco, y eventualmente por marihuana y mucho menos por cocaína.
La función de las drogas y el amor
En cuanto a la función de las drogas Luis Darío Salamone explicó que tiene que ver con qué lugar ocupa la sustancia en la economía psíquica de alguien, es decir para qué le sirve, con lo cual se plantea meterse con ello para determinar una manera de desmantelarse y encontrar una salida diferente que no sea mortífera. En su libro “El silencio de las drogas”, el psicoanalista aborda la problemática del amor como aquellos nocivos, que matan, adictivos, planteando que no solamente una sustancia tóxica lo es sino todo puede resultarlo en alguien, y lo que se espera es que no sea nocivo.
Fuente: http://www.eltribuno.info/abordar-las-adicciones-el-psicoanalisis-n716234

Freud y la literatura

Si se piensa que el premio más prestigioso que obtuvo en vida Sigmund Freud fue el Goethe de literatura puede percibirse la importancia que ésta tuvo en su formación y en los elementos que le aportó a su creación. Para Carlos Gustavo Motta, el autor del libro Freud y la literatura que distribuye desde esta semana Editorial Paidós, “los historiales freudianos son verdaderas obras de literatura. No sólo transmiten los detalles de los signos y rasgos de una estructura psíquica sino que nos permiten aún hoy comprender las reacciones frente a la angustia”.

Por Carlos Gustavo Motta *

Escribir sobre la relación que Sigmund Freud estableció con la literatura es recorrer los textos que lo influyeron en la creación del Psicoanálisis en tanto investigó una formalización clínica terapéutica en obras cuyas problemáticas son universales, permitiendo así una comprensión de su teoría para los legos.

Sus lecturas abarcaron desde las Tragedias de Sófocles y la poesía de Virgilio, los grandes personajes creados por Shakespeare, Swift, Milton, Spencer, George Eliot, Kipling, Kingsley, Haggard, Max Müller, Charles Dickens; como también las novelas francesas de Balzac, Flaubert, Zola, Maupassant, Rabelais, Molière, Voltaire, Rousseau, Victor Hugo, Pascal, Alexandre Dumas hijo y los grandes clásicos rusos: Dostoievski, Tolstoi y Merejkovski. También la tradición escandinava representada por Ibsen y la literatura alemana en boga durante el siglo XIX leída en autores como Kleist, Uhland, Grabbe, los hermanos Grimm y Goethe fueron objeto de su estudio y la referencia que a ellos hace es reconocible en su obra. No obstante, Goethe y Schiller encabezan la lista de los escritores más citados por el maestro vienés.

Freud hizo foco en las leyendas anónimas [Nibelungenlied] y en autores como Bürger, Christian Fürchtegott Gellert, Herder, Kortum, Lessing, Lichtenberg. También estuvieron en la mira de su avidez intelectual Fritz Reuter, Heinrich von Kleist, Grillparzer, el austrohúngaro Theodor Herlz –uno de los fundadores del sionismo– y novelistas como Gottfried Keller, Joseph Viktor von Scheffel y Arthur Schnitzler, entre otros. Aunque decidió ignorar a Marx y a Hegel, las lecturas atentas que hizo de Kant, Schelling, Hartmann, Brentano (padre de la fenomenología, que lo tuvo entre sus alumnos en las clases que dictara en Viena), Schopenhauer y Nietzsche son de fácil rastreo en sus investigaciones.

Asimismo –de acuerdo con esta argumentación inicial– se encuentran las obras que no cita directamente y que pueden inferirse a lo largo de sus escritos e intervenciones. En materia de influencias filosóficas, tuve en cuenta las que tenían la misma orientación utilizada para sus propias investigaciones.

Didier Anzieu afirma que la noción de inconsciente no resulta sorprendente para alguien educado en la cultura germánica. Las aproximaciones al concepto comenzaron con las percepciones confusas de Leibniz, luego se desarrollarían con Herbart y Schopenhauer, para culminar con la lectura de Eduard von Hartmann, quien había escrito Das Unbewusste [Lo inconsciente], libro conocido en 1870 y traducido a todas las lenguas europeas. Freud además se encontraba interesado por la obra de Wilhelm Jerusalem, Urteilsfunktion [La función del juicio], según expresaba en una carta a Fliess del 25 de mayo de 1895. He aquí algunos ejemplos que indicarían ya entonces la existencia de la palabra “inconsciente” en obras de autores germanos, pero de ninguna manera con el significado que Freud le otorgaría a partir de su investigación y de la aplicación del método de la asociación libre en la dirección de un tratamiento clínico psicoanalítico.

Ser un lector. ¿Acaso no es el propio Freud quien lo dice?

Mi padre se divirtió cierta vez, dejándonos a mí y a la mayor de mis hermanas un libro con láminas de colores (descripción de un viaje a Persia) para que lo destrozáramos. Pedagógicamente fue algo apenas justificable. Yo tenía entonces cinco años y mi hermana, menos de tres; la imagen que tengo de nosotros, niños, deshojando dichosos ese libro (hoja por hoja, como un alcaucil, no puedo menos que decir) es casi la única que me ha quedado como recuerdo plástico de esa época de mi vida. Después, siendo estudiante, se desarrolló en mí una predilección franca por coleccionar y poseer libros (que, análogamente a la tendencia a estudiar en monografías, era una afición, como ocurre en los pensamientos del sueño con respecto al ciclamen y al alcaucil). Me convertí en un gusano de biblioteca [Bücherwurm].

Desde que comencé a reflexionar sobre mí mismo, he reconocido que esa escena infantil es un recuerdo encubridor de mi posterior bibliofilia. Desde luego, también muy pronto supe que las pasiones [Leidenschaften] fácilmente nos hacen padecer [Leiden]. A los dieciséis años llegué a tener una considerable deuda con un librero pero no los medios para saldarla y mi padre apenas admitió como disculpa que mis inclinaciones no me hubieran hecho caer en algo peor. (Lo destacado en itálica apunta a lo investigado en la presente publicación.)

Es notable la vastedad bibliográfica puesta de manifiesto en Die Traumdeutung [La interpretación de los sueños –1900–]. A partir de la cita inicial, “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” (La Eneida, libro VII; “Si no puedo persuadir a los dioses del cielo, moveré a los de los infiernos”), da cuenta de los alcances del psicoanálisis: una apuesta dirigida a la tensión entre la realidad y el placer.

Cruzar el río Aqueronte implica un viaje de ida. Marca un acontecimiento tal como el cruce del Rubicón para Julio César. Un antes y un después. En La interpretación de los sueños, una cantidad impresionante de citas bibliográficas confirma la envergadura de una investigación en torno al sueño como nunca se había hecho hasta entonces.

Por eso fue que, frente al interrogante de algún incrédulo sobre si había leído todas esas obra citadas, cabe solo una respuesta que confirma la personalidad de Freud: sí, las había leído todas.

En 1899, Freud eligió una cita de Goethe para La interpretación de los sueños pero, como le escribía a Fliess en julio de ese mismo año, “desde que mataste mi sentimental epígrafe de Goethe para el libro de los sueños, no encontré ningún otro que me convenciera. Creo que me decidiré por aludir simplemente a la represión”. Entonces optó por una cita del poeta Virgilio.

En otra carta, esta vez fechada el 4 de diciembre del 1896, momento en el que programaba escribir un libro sobre la histeria, le comentaba a Fliess los posibles epígrafes que había pensado para cada uno de sus proyectados capítulos:

Mi Psicología de la histeria será encabezada por estas altivas palabras: “Introite et hic dii sum”. El capítulo de la sublimación: “Sie treiben’s toll, ich fürcht es breche, Nicht jeden Wochenschluss macht Gott die Zeche”. El de la formación de síntomas: “Flectere si nequeo superos Acheronta movebo”, y el de la resistencia: “Mach es kurz! Am jüngsten Tag ist’s nur ein”.

Todos estos datos se encuentran a mano de cualquier investigador, y el nexo entre Psicoanálisis y Literatura se ve reflejado en numerosos ensayos.

Abordar esta relación en el siglo XXI presenta el desafío de comunicar y articular discursos nuevos sobre el tema y al mismo tiempo estar advertidos de los aportes bibliográficos pertinentes que han sido publicados.

Lo que el lector tiene a continuación es un estudio a partir de datos dispersos que podrán orientarlo hacia las fuentes primeras del psicoanálisis, disciplina que resulta siempre un work in progress. Porque, si bien es cierto que la práctica del psicoanálisis es una tarea donde lo que falta siempre estará presente, no es menos cierto que el uso de herramientas precisas en la elaboración de conceptos –que no siempre funcionan de una vez y para siempre– deberá atenderse con singular empeño para que la teoría psicoanalítica continúe avanzando.

Hoy es tiempo de ser claros con las ideas aquí expuestas y, además, ser claros con todos los argumentos que propone el psicoanálisis.

Asimismo advierto que, como en todo proceso creador, es posible que el resultado sea otro distinto al planteado inicialmente, teniendo en cuenta que la época que nos toca vivir se encuentra bajo el imperio del discurso de la Ciencia que siempre tiene en su horizonte la ilusión del progreso.

El psicoanálisis propone incorporar ideas diversas, perspectivas ubicadas más allá del límite, espacios construidos por un pensamiento original dirigido a lo propio y a lo singular y que se aleja de lo estadístico, lo medible, lo universal. El Para-Todos de la Ciencia debe convivir con El-Para-Cada-Uno del Psicoanálisis, postulados ambos que no se excluyen entre sí sino que comparten el mismo universo.

Sigmund Freud intentó despejar el binarismo desde sus primeros escritos. Como lector de los clásicos de la literatura universal, incorporó un lenguaje particular a lo que una historia clínica podía transmitir una vez que se toma la decisión de contarla.

Los historiales freudianos son verdaderas obras de literatura. No solo transmiten los detalles de los signos y rasgos de una estructura psíquica sino que nos permiten aún hoy comprender las reacciones frente a la angustia.

Considerado como un hombre de su tiempo, Sigmund Freud es el resultado de un contexto social y político. En el libro La Viena de fin de siglo. Política y cultura, Carl Schorske señala al nacimiento del Freud intelectual como el producto de una Austria convulsionada por un clima político efervescente. Con la llegada al poder de los antisemitas en 1895, liderados por Karl Lueger, se había asestado un certero golpe a los judíos.

Freud seguía con preocupación este fenómeno porque lo golpeó donde más le dolía: en su vida profesional. Así, se postergaban nombramientos académicos a judíos que estaban en la Facultad de Medicina y esta dificultad se acrecentó a partir de 1897. Fue entonces cuando se incorporó a la fraternidad hebrea B’nai B’rith, lugar que utilizó como refugio científico. Fueron años particularmente frustrantes para él, que se han visto reflejados fundamentalmente en La interpretación de los sueños.

Por entonces, fines del siglo XIX, Viena se había constituido en el refugio de los inmigrantes judíos del este, principalmente de Rusia. Muchos se establecerían a posteriori en Alemania hacia donde en algún momento Freud pensó emigrar aunque luego también consideraría como destinos posibles Estados Unidos e Inglaterra, país que amaba desde su juventud.

Que alrededor del 1900 Viena se convirtiera en la capital cultural de Europa Central está estrechamente relacionado con el rápido crecimiento de la ciudad, en abierta competencia con otras metrópolis europeas como Londres, París y Berlín. Entre 1870 y 1910 duplicó su población, pasando de unos novecientos mil habitantes a más de dos millones. Viena era la capital del Imperio austrohúngaro en el que convivían más de cincuenta millones de habitantes de quince nacionalidades. El garante y símbolo de la unidad de esta monarquía era Francisco José I, nacido en 1830, quien gobernara de 1848 a 1916. La capital recibía oleadas de inmigrantes de diferentes grupos étnicos y religiosos que venían de todos los confines de ese imperio multirracial. Allí también confluían estratos sociales diversos, aumentando así la tasa de conflictividad, dado que los inmigrantes fueron el blanco fácil de la explotación laboral de la época, situación que favoreció la organización del movimiento obrero.

A modo de pincelada del clima cultural imperante en la Viena de aquellos años, consignaré algunas manifestaciones. Otto Wagner (1841-1918) era vienés pero casi la mitad de los alumnos diplomados de su escuela especial de arquitectura en la Academia de Bellas Artes, la llamada Escuela de Wagner, eran oriundos de las provincias del sur y del este del Imperio. Josef Hoffmann y Adolf Loos son los nombres más representativos de la corriente arquitectónica del 1900 que junto con otros colegas, pintores, músicos, poetas, periodistas y demás intelectuales se daban cita en el Café Griensteidl, en el Café Central o en el Café Museum.

Gustav Mahler (1860-1911), nacido en Bohemia, fue director de la Ópera de Viena entre 1897 y 1907, razón por la que era considerado una especie de regente del mundo de la música europea de entonces.

A raíz de conflictos suscitados por el antisemitismo y por sus frecuentes actuaciones en otras ciudades, Mahler se vio obligado a dimitir del prestigioso cargo. Alma, su esposa, es conocida no solo por los melómanos sino que su fama llegó más lejos debido a su vida amorosa y matrimonial. Gustav y Alma se habían conocido en casa de Bertha Zuckerkandl, anfitriona de uno de los salones donde se reunía la alta burguesía vienesa. Probablemente cuestiones sentimentales en torno a la difícil relación con Alma hayan sido uno de los motivos que condujeron a Mahler a asistir en 1910 a una consulta con Sigmund Freud cuando ambos se encontraban de viaje en Holanda.

Los artistas ponen en tela de juicio las obras de la generación precedente. En aquel final de siglo los jóvenes, en gesto de rebeldía, comenzaron a formar el Movimiento de la Secesión, del que eran miembros activos Gustav Klimt (1862-1918), Kolo Moser (1868-1918), Josef Hoffmann (1870-1956), Joseph Maria Olbrich (1867-1908), Otto Wagner y Gustav Klimt.

Pocos años antes de la Primera Guerra Mundial, una nueva generación de jóvenes volvió a sacudir la percepción visual: Egon Schiele (1890-1918) y Oskar Kokoschka (1886-1980), los más destacados representantes del expresionismo austríaco. Ambos, bajo el patrocinio de Gustav Klimt, tuvieron la oportunidad de exponer sus obras en 1908 y en 1909 en la Feria de Arte de Viena. Un poco antes, en 1907, Picasso pintaba en París Les demoiselles d´Avignon [Las señoritas de Aviñón], considerada la obra fundante del cubismo, una de las pocas corrientes modernas que no surgieron ni pasaron por la Viena de fin de siglo.

Después de esta fecunda primavera vienesa sobrevendrá, con la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el desmoronamiento de esa cultura y de toda la riqueza estética que allí había florecido a principios de siglo XX.

Así, aquella Viena del fin de siglo quedó anclada en la memoria de los supervivientes y de las generaciones posteriores como símbolo del ocaso de una brillante cultura europea.

* Psicoanalista y realizador cinematográfico, magíster en Psicología Clínica por la Universidad John F. Kennedy y doctor de la Universidad del Salvador. Es asimismo miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Argentina de Salud Mental. Preside la fundación Centro de Estudios Superiores en Psicoanálisis y Psiquiatría, e integra la World Foundation for Mental Health

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-300248-2016-05-26.html

Psicoanalistas en el diván

ANA GAITERO | LEÓN

Hace más de 100 años, Sigmund Freud revolucionó la psiquiatría y la psicología con su diván. El método psicoanalítico lo gestó sumergiéndose en su propio subconsciente.

Santiago Castellanos, presidente de la ELP, está hoy a las 19.30 horas en Sierra Pambley. DL -

Los postulados fundamentales de Freud y Lacan, quien reorientó la técnica incorporando aspectos de lingüística, serán desarrollados hoy en León por Santiago Castellanos, presidente de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) de España, en una conferencia en la Fundación Sierra Pambley (19.30 horas) sobre la formación e interpretación del psicoanalista.

Este médico y analista de Madrid se centrará en la función del analista y la interpretación en los diferentes momentos de su enseñanza. «El psicoanálisis es una praxis que trata a los pacientes, independientemente del sufrimiento psíquico o enfermedad mental que padecen, por la vía de la escucha y de las palabras del analizante y del analista», explica.

Los pacientes creen que lo que sufren «tiene una causa y que esa causa tiene un sentido». Van a buscarlo con la ayuda de un psicoanalista, pero éste a su vez tiene que haber vivido en carne propia la experiencia del diván.

«La interpretación son las palabras, los silencios, los cortes y todo aquello que el analista hace en la dirección de la cura», añade sobre el papel de quienes sirven de guía en el camino de la exploración del subconsciente.

La práctica del psicoanálisis, con más de un siglo de experiencia, «genera un saber que se deposita, que se extrae y eso es lo que llamamos la clínica psicoanalítica en la que la interpretación puede ser interrogada y elucidada», apunta Castellanos.

Para llevar a cabo su labor, «es imprescindible que el analista» se siente en el diván. Como señala Santiago Castellanos, «al mismo tiempo que el psicoanalista se forma epistémicamente es imprescindible que él mismo se analice porque el análisis es parte de su formación».

Se trata de una preparación «larga, que dura muchos años» y va más allá de una titulación. El psicoanalista tiene que «haber hecho la experiencia del inconsciente y de haber sido lo suficientemente analizado como para que realice su práctica desde la posición en la que sus propios fantasmas no interfieran en la cura del paciente», añade.

Esto es así porque en el método psicoanalítico, «cada paciente es analizado en su singularidad y tendrá que encontrar su propia salida sin que haya juicios de valor previos ni soluciones pret a porter, ni protocolos generalizados», explica.

Santiago Castellanos será presentado en el salón de actos de Sierra Pambley por Ángela González Delegado, de la ELP y AMP.

 

Fuente: http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/psicoanalistas-divan_1072259.html

La recepción de la obra de Roland Barthes en la Argentina, en un nuevo ensayo de Luis Gusmán

EN “BARTHES, UN SUJETO INCIERTO”, EL ESCRITOR Y PSICOANALISTA LUIS GUSMÁN EXPLORA LAS DIVERSAS DIMENSIONES QUE TUVO EN LA ARGENTINA LA CIRCULACIÓN DE LOS TEXTOS DEL ENSAYISTA FRANCÉS, Y PONE EL ACENTO EN LAS OPERACIONES CRÍTICAS DE SUS INTERVENCIONES EN LA INSTITUCIÓN LITERARIA ASÍ COMO SU MANERA DE PRESENTARSE, ALGO INASIMILABLE Y OPACA PARA EL PODER, EL DEL SABER Y EL DE LA POLÍTICA.

Télam: ¿Por qué Roland Barthes sería un “sujeto incierto”?
Luis Gusmán: Supongo que por lo que él mismo dice, por su posición intersticial. Esa tensión constante que hay en su obra y en su vida. A veces del lado del semiólogo, otras del profesor, otras del ensayista, otras del crítico. Pero ya sea basculando entre una y otra, siempre en la de lector. Es notable que tensión no es una característica psicológica sino discursiva. Es por eso que si bien dispone de un discurso crítico su prosa fluye. Y fluye incluso en los incisos, las digresiones, los fragmentos, y la erudición que pone en escena.

T : ¿Existe un resto inasimilable en la “teoría” que arma Barthes, que es quizá la que le permite decir que la lengua puede ser fascista?
G : Ese resto inasimilable: es que por más que se quiera aplicar Barthes, su mismo discurso lo impide por esa dialéctica de los contrarios entre el sujeto y el atributo. Hay “muchos” Barthes. Porque siempre trata de situar su lectura de manera ectópica y lo hace en las instituciones del poder como puede ser la academia, incluso el College de France.

T : ¿Podría pensarse en una recepción “argentina” de Barthes o en un Barthes “argentino”?
G : Siempre hay un Barthes argentino, un Sartre argentino, un Lacan argentino. Es cierto que es una apreciación un poco snob e irónica, pero la producción intelectual y crítica de los ensayistas y escritores siempre supera el primer tiempo mimético para producir un segundo tiempo de apropiación y un tercero de producción. Creo que las primeras lecturas pertenecen al campo de la semiología (Oscar Steimberg, Eliseo Verón, Oscar Traversa) y luego se desplaza hacia la crítica literaria (Nicolás Rosa, Enrique Pezzoni). Ese encuentro se da, fundamentalmente, con los “Ensayos críticos”  y “El grado cero de la escritura”. Libros que posibilitaban no solo otra lectura de la literatura sino también de la política. Sus textos sobre Bertolt Brecht, autor que nunca abandonó, me parecen que son una prueba de lo que digo.

T : En general, ¿qué relación tiene Barthes con el psicoanálisis, y más específicamente, con Jacques Lacan?
G : Barthes explicita que el uso que hace del psicoanálisis y específicamente de Lacan es metafórico. Creo que en algún fragmento cita muy familiarmente a Octave Mannoni. Y creo que en una retórica más general puede participar de algunos fundamentos “teóricos” compatibles, como el desvío, la no totalidad, lo no determinado, la repetición y el deseo.

T : ¿Se puede pensar su libro “Roland Barthes por Roland Barthes” como una suerte de autobiografía desplazada, producto de cierta influencia, y entiéndase ese término como sea, del psicoanálisis?
G : Se me escapa cómo pudo ser influencia. Si “es el relato de un análisis”, “si es un sueño”, “si son recuerdos enmascarados” en el sentido de lo que dice Georges Perec, “yo marcho enmascarado”, o si se dirige a alguien cuando escribe “esa autobiografía”, es posible. En todo caso hay un privilegio por el fragmento y un abandono en el sentido de entrega a la “olvidadiza memoria”.

T: ¿Cómo entendés su paradójica decepción con la China de la revolución cultural, si se la compara con el también paradójico entusiasmo de algunos de sus camaradas de viaje? ¿Y su fascinación con Japón?
G : El Barthes de “El imperio de los signos” es el que menos leí. Un prejuicio mío contra la fascinación francesa por cierto orientalismo. Digo prejuicio, porque incluso en “El viaje a Oriente”, de Gustave Flaubert, un escritor de otro siglo, nunca me ocupé del asunto político, salvo una lectura sesgada del libro de Edward Said.

 

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201605/149020-la-recepcion-de-la-obra-de-roland-barthes-en-la-argentina-en-un-nuevo-ensayo-de-luis-gusman.html

La experiencia de la lengua

La escritora y psicoanalista Vanesa Guerra trae una novela innovadora por donde se la lea: “Síndrome del montón”. “La sociedad es incapaz de pensar la angustia”, sostiene.

Augusto Munaro – Especial para Cultura

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La escritora y psicoanalista Vanesa Guerra acaba de publicar “Síndrome del montón” (Tren en Movimiento/El 8vo Loco ediciones), novela con un importante sesgo innovador. Una prosa que parece estar más allá de los géneros, corrosiva, paródica, deliciosamente bien escrita, Guerra se aventura al adentrarse en lo real de la escritura como experiencia reveladora.

Una de sus premisas más interesantes es considerar a la teoría como ficción (y viceversa). Mecanismos, operaciones metatextuales que activan -a través de una lúcida ilación verbal- otras napas de narratividad con los sucesos y personajes. Coral, por momentos crudamente arltiana, “Síndrome del montón” es una firme apuesta afincada pura y exclusivamente en la lengua y sus intersticios.

-¿Qué síndrome es el que ataca a los personajes de esta historia?

-Síndrome del montón es el nombre que toma la novela a fines del año pasado cuando la decisión de publicarla asume la fuerza para convertirla en un hecho. Este trabajo se conoció y estuvo colgado un breve tiempo en la web bajo el título Amanece arañado; era un nombre justo para los años en los que fue compuesta, la década de los 90. Para entonces, algo amanecía bajo una luz compleja, anómala, cierta cosa de la postmodernidad que supimos leer en Lyotard y Baudrillard hincaba su diente en este país pobre, disfrazado de ricachones que viajábamos con un dólar de baratija a cualquier lugar del mundo… ay, ¡costos antropofágicos!

En esos días, el pannick attac era una especie de virus, los profesionales de la salud, entre otros, diagnosticaban con ligereza tranquilizadora un Ataque de Pánico en quien tenían al lado, enfrente, abajo, arriba, en fin, recuerdo cómo se le arengaba, cómo se bajaba línea desde los medios, y cómo, por efecto, pululaban seres obedientes que apenas salían de la casa porque se mareaban, levitaban, vomitaban, se ahogaban, sudaban, deshidrataban el alma de forma repentina; en Todos, de algún modo, se gestaba la amenaza de una implosión existencial, recuerdo -muchos lo harán- cómo los acompañantes terapéuticos y contrafóbicos, más los grupos de confrontación multiplicaron ganancias y quehaceres, ¡Dios! eran tantos que habrían colmado innúmeros estadios; creo que fue una de las sintomatologías peor trabajada y considerada de la historia, por eso se volvió un producto de mercado que logró su gloria mediática, banal y arrasadora, esto último sobre todo, porque nadie cuestionaba nada, era un tapón y aún un tampón, toda una sociedad incapaz de pensar la angustia, de habitarla, de hacer algo con los restos, con los pliegues, de atender mínimamente a las señales, a lo que venía, todos muertos de miedo, un horda de zombies en la liviandad de la pizza y el champagne, del clonazepam y la sertralina, del talk show como formato de los primeros realities, y, mientras el desierto crecía con indiferencia abrumadora, deambulábamos hacia un reiterado origen de otra desdicha.

Hoy ya estamos amanecidos, rodeados, absolutamente enredados en las redes. Por eso creí que era mejor tomar el nombre Síndrome del montón, GSM (Grupo Síndrome del Montón) donde los personajes -unos cuantos extraviados- hacen lo que pueden (poco y con alto costo) con sus rasgadas  existencias. Síndrome del montón es un estado de horror en el que se habita ignorándole.

-¿Qué te permitió explorar a través de esta forma de narración “astillada”, donde se mezclan las subjetividades narradoras?

-Adoro las escrituras corales, polifónicas, mi cabeza funciona de esa manera (digo mi cabeza para que se entienda, en verdad nunca la siento mía, siempre la voy perdiendo) estoy habitada por diversas voces, por diversos puntos de vista; esa coexistencia me habilita a más conexiones con los otros, ilumina la discontinuidad existente en el todos y aun: entre yo y yo.

Eso tiene que ver con la experiencia identitaria, recuerdo lo que conversé con Juliana Corbelli -que escribió los paratextos para esta novela (ella es una interlocutora hermosa)- recuerdo que le dije: mirá Juliana, en general no digo que SOY psicoanalista, digo que me dedico al psicoanálisis, a la escritura; porque la identidad se me escapa todas las mañanas, desde lo básico. Me despierto y tengo que pensar de nuevo: soy mujer, soy hombre, qué soy; despierto y soy una especie de alma, esa es mi identidad; y ahora, Augusto, agrego que la experiencia de identidad es una fragmentación polifónica atonal.

En mi cabeza el formato yoico ha caído, está hecho trizas y eso me ha liberado: entre el desamparo y la felicidad hay un tris, un suspiro. No tolero (me aburren) las historias sin puntos de fuga, las vidas no tienen nada que ver con ese afán de completud cronológico-lineal, mi vida y la de muchos es más etérea, suele ser un disparate, una disrupción permanente.

-Si nos dejamos guiar por el prólogo de la novela, la historia comenzó a escribirse hace más de dos décadas; hacia fines de los 90, comienzos de siglo. ¿A qué se debió esa particularidad?

-La primera versión se compuso en la década de los 90,  y es esta que presento (hay más de veinte);  en el 2000  quedó finalista en un concurso que organizó Alfaguara & el foco.com, en México, después durante algunos años intenté llevarla sin demasiado ánimo a distintas editoriales, y si bien fue leída y recibida con cierto interés, nunca se publicó hasta ahora en que Ana Ojeda y Alejandro Schmied la alojan en la Colección Fuera de Serie, editada por El 8vo loco y Tren en Movimiento.

La demora no fue intencionada, sin embargo, me cierra más que el libro aparezca en este tiempo que en aquel momento; Mariana Docampo sugirió que volviera al ruedo con este asunto textual que, por cierto, había dejado como a la deriva, como sin destino, pero con demasiada presencia porque este trabajo siempre estuvo orbitándome como un deja vu; conversando largo, larguísimo con ella supe que este era el buen tiempo para Síndrome del montón.

-Hay capítulos completos construidos a base de diálogos. ¿Pensás que eso te permitió favorecer la acción del hilo narrativo?, ¿por qué?

-No sé si favoreció, lo que sé es que no pude ni quise resistirme a esas voces, no eran narrables, eran cuerpos sonoros, bodoques robustos, ocupaban mucho espacio… yo hubiera querido que esas zonas del libro fueran grabaciones, audios.

Y si bien una versión de la novela fue concebida de esa forma, finalmente creí que era más cauto que la voz del lector, esa voz tan íntima  y tan imposible para un otro, digo esa voz con la que alguien se lee a sí mismo, con la que alguien se habla o se piensa, o hace hablar a otros en sí en medio de una fantasmagoría, quedara solo irradiada solo por la letra, por la palabra impresa, o virtual.

-¿Según tu criterio, ¿existen otras escrituras rioplatenses que hayan explorado zonas cercanas al Síndrome del montón?, ¿acaso algún autor que venga a tu memoria?

-Posiblemente las haya y lamentablemente son libros que aún no he encontrado; en aquellos años leía de manera apasionada a Macedonio Fernández, era mi autor argentino preferido, y mis autoras amadas entonces eran Pizarnik (en sus modos más narrados y delirantes) y Silvina Ocampo.

Esa era mi Santísima Trinidad Literaria Argentina. Sé cuánto mordió, cuanto irradió, del mismo modo que sé que este trabajo está decididamente cruzado por Lyotard Baudrillard Freud + el conde de Saint German y Almodóvar + ciertas ideas de escuelas de psicología del yo, en particular las neoconductistas + el Homero (o LA Homero – Samuel Butler insistió que la obra fue compuesta por una mujer) de la Ilíada y la Odisea; ese cóctel fue un vuelo. Es verdad que me divertí, necesitaba un exorcismo, estaba aterrada, porque los 90 eran impunes y sensuales y todo el mundo caía o se zambullía en la trampa.

-¿Algún adelanto sobre tu esperado libro sobre Robert Walser?

-Estamos en eso, ya sale, en cualquier momento.

 

Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/la-experiencia-de-la-lengua