El psicoanálisis puede trabajar el malestar social pero no busca la felicidad

img_0305

“El psicoanálisis puede trabajar el malestar social pero no busca la felicidad, sino que el paciente encuentre la verdad en su vida y así construya su bienestar”

Paul Laurent-Assoun.

 

Durante más de un siglo el Psicoanálisis ha sobrevivido y emancipándose a diversas metamorfosis políticas, económicas, ideológicas, sociales, históricas, filosóficas y culturales, diversificando y ramificándose en diversas aportaciones críticas y teóricas dentro de su seno paradigmático. Aún con ello, desde sus inicios con Sigmund Freud, el psicoanálisis ha mantenido un discurso claro, fecundo y revolucionario para sus representantes y sujetos que hacen uso de él en la vida cotidiana (pacientes), estos últimos, con motivo de reducir sus malestares emocionales y así encontrar un nuevo sentido singular de sus vidas.

Para hablar del significado y definición de “Psicoanálisis”, veo necesario esbozar brevemente una pincelada que su fundador le otorga, pues es el punto angular de partida en toda labor como analistas. Iniciaremos con la segunda acepción Freudiana de 1923, la cual denomina al psicoanálisis como “El Método de tratamiento de las perturbaciones neuróticas”, que tiene como objetivo, el trabajo mediante el cual, traemos a la conciencia del paciente lo psíquico inconsciente reprimido en él (eventos traumáticos) que limitan el pleno desarrollo de sus capacidades y virtudes de su personalidad. Es así, como el psicoanálisis se fundamenta como un método para la investigación de procesos mentales prácticamente inaccesibles de otro modo, especialmente para el tratamiento de los trastornos de los neuróticos y estados anímicos (mentales).

Las experiencias traumáticas en la niñez pueden determinar los patrones con los cuales se producirían conflictos mentales posteriormente o en la adultez. Cosas Así, conlleva al individuo a experimentar sentimientos de inseguridad, temor, tristeza, etc. similares a los que vivió de niñ@, repitiendo de esta forma conflictos semejantes que le paralizaban y le privan en su presente para vivir libremente, se dice que esto es neurosis o representaciones de conflictos psicoafectivos-emocionales como: Depresión, ansiedad, anorexia y bulimia, insomnio, adicciones, ideas e intentos suicidas, fobias, conflictos en la sexualidad, duelo por muerte de un ser querido o rupturas de pareja.

Por lo tanto, el psicoanálisis en la clínica funge como un tratamiento direccionado a la resolución e interpretación de diversos malestares emocionales y psiquicos, pues es utilizado en alianza entre analista (terapeuta) y analizante (paciente) con la misión de revelar, asimilar y asumir nuevas formas de comportamiento, que amplifiquen el desarrollo de la personalidad. Para ello, el psicoanalisis ha optado por la utilización y creación de dos técnicas de intervención, para la resolución de conflictos emocionales y psicologicos, que no solo se limitan a la terapia individual, sino que tambien abarca, la terapia de pareja.

Apuntalando la definición y los contenidos teóricos aportados por Sigmund Freud sobre Psicoanálisis y siendo cuidadosos de no caer en la expresión de un “Psicoanálisis Salvaje”, es de gran importancia mencionar y subrayar que el psicoanálisis toma dos vertientes; el primero como “Cura Psicoanalítica”, para designar el psicoanálisis como “práctica o praxis”, respaldado de la mano de Eric Laurent, que lo define como “La práctica de la Palabra”; y Segundo, “Teoría Psicoanalítica” para referirnos al psicoanálisis como un cuerpo teórico. …Es Posible ¿hablamos?.

 

Pisc. César Sinuhé Gómez sánchez

 

psicesaricyp@outlook.es

“Tuve cuatro analistas y un solo análisis”

oscar-ventura

Por Marta Berenguer

Hay algunos axiomas del psicoanalista Jacques Lacan que a menudo se convierten en frases repetidas hasta el aburrimiento. Algunas de ellas tienen que ver con el tema que nos ocupa este año en la Conversación Clínica de Barcelona: la presencia del analista. Quizás una de las que más retumba es: “la presencia del analista, como semblante de objeto a”. Pero ¿qué quiere decir eso? Si algo aprendí de la conversación con Óscar Ventura es que por mucho que uno lea e intente comprender, hay algo en la enseñanza de Lacan que siempre se escapa, y es sólo cuando algo de eso se encarna que se puede empezar a entender en su basta complejidad. “Tuve cuatro analistas y un solo análisis”, nos cuenta. Sus palabras muestran bien que es el analizante el que hace el trabajo. Por supuesto, presencia del analista mediante, pero incluso las interpretaciones caen por cuenta propia. Asimismo los actos fallidos, que en el caso de Óscar son toda una enseñanza y activan a menudo la risa de quien le escucha. En una ocasión, estando en París después de una sesión, pidió al taxista con un decidido “5, Rue de Lille!” que le llevará a supervisar un caso. Por supuesto que en su consulta Lacan ya no estaba, pero esa manifestación del inconsciente fue un punto de viraje crucial en su experiencia de análisis. De ahí, sólo quedaba pedir el pase. De este y otros giros, dará cuenta en sus testimonios como Analista de la Escuela (AE) que realizará durante los tres próximos años. Bon Voyage!

Óscar Ventura
Óscar Ventura en las XV Jornadas de la ELP “Mujeres”

¿Qué le llevo a la consulta de un psicoanalista?

En Buenos Aires el psicoanálisis está muy presente, está encarnado en la cultura, en el discurso. En un momento determinado, a los 14 años, entre la salida de la pubertad y la adolescencia, me encontré con una analista kleiniana ortodoxa. Era un momento turbulento. Había perdido el rumbo, me había convertido en alguien errático, desorientado. En la segunda entrevista, me tumbó en el diván y desplegó la regla fundamental: “diga todo lo que se le ocurra”. Me quedé mudo ante la sorpresa. Seguramente por el estado de angustia en el que me encontraba, yo no paraba de mover la pierna rítmicamente. De repente escuché la primera interpretación que tuve en mi vida, fue intempestiva: “su movimiento de piernas representa la práctica de la masturbación”, -y siguió interpretando, una doble interpretación- “y ese movimiento de piernas tiene que ver con el fantasma que mi persona ha despertado hacia usted”. ¡Me quedé impactado! Porque además era una tipa guapa, joven, inteligente. “¿Qué quiere de mí?”, me preguntaba. A partir de esa interpretación se produjo un desplazamiento muy interesante. Uno de los primeros efectos fue desplazar el pathos de la muerte, sellado por el fantasma, a la pregunta por la sexualidad. Un experimento que salió bien.

¿Qué queda de esas primeras sesiones al final del análisis?

Creo que ahora puedo decir que ese análisis fue muy importante. Lo que a ese adolescente le faltaba era desplegar la palabra. Esta analista sabía hablar la lengua del Otro, el del adolescente que yo era. Supo maniobrar de la buena manera, a pesar de este comienzo fulminante. Gracias a ese análisis pude desplegar un montón de cosas, ella me ayudó a sostener mi pasión por la literatura, la escritura, el cine. Despertó mi interés por la literatura china. En fin, acompaño un buen despertar de la primavera que podría haber tenido un desenlace trágico. Recuerdo que en una sesión me dio un libro que se titula ‘Una hoja en la tormenta’, de Ling Yu Tang y que cuenta las vicisitudes de un soldado chino en la guerra chino-japonesa. Un libro que tuvo sin duda un impacto en mí. La metáfora es la hoja en la tormenta. Cuenta la historia de alguien que está desamarrado; que va de un lado para el otro, a partir de la desgracia, de la catástrofe, de la guerra. Ese regalo inició todo un interés, por ejemplo, por la literatura china. Otra de las cuestiones que se pudieron desplegar es que yo en ese momento estaba silenciosamente enamorado de una compañera de colegio y no encontraba la fórmula para acercarme y decirle algo. La analista me empujaba, de la buena manera, a poder desencadenar una conversación temprana con una mujer y cómo abordar ese universo que para mí era mágico y deseable. El encuentro con esa analista fue el puente que me permitió encontrar la incógnita, la primera pregunta, el primer encuentro con la ausencia de significación de lo femenino y de la sexualidad. A partir de ahí ya no abandoné nunca más el psicoanálisis.

En su primer testimonio usted escribe lo siguiente sobre el amor: “Fue la pura contingencia que me hizo encontrar a la mujer que hoy es mi compañera de viaje y madre de mis hijas. El amor por primera vez presentaba una autenticidad inédita”. ¿Qué ocurrió a lo largo del análisis para que sucediera algo nuevo en el campo del amor?Después de esta primera parte del análisis me queda un saldo terapéutico muy importante. Pero lo que no se toca para nada es la cuestión del fantasma. El funcionamiento de su estructura seguía sólidamente funcionando. Es decir, esa interpretación que yo le daba al mundo a partir de lo que para mi se inscribía en la dificultad de la separación del Otro. Una vez finalizado ese primer análisis, me encuentro un día con un libro que lleva por título ‘Matan a un niño’. Ese libro, por decirlo así, me mira desde el escaparte de una librería, y lo compro sin pensar. Este tema da cuenta de lo que no había sido tocado, de lo que aún faltaba por recorrer. En mi caso, la relación de objeto había quedado sujeta a una cierta metonimia, una especie de farsa de don Juanismo en la que voy pasando de una mujer a otra sin solución de continuidad. Durante el segundo análisis esto tiene un cierto momento de agotamiento. Lo que estaba en juego era siempre el temor: “ella me puede dejar”; “ella me va a abandonar”. Así, en las relaciones amorosas, yo precipitaba el corte, pero era el fantasma que interpretaba las cosas de esa manera. Este segundo análisis estuvo atravesado por lo turbulento de las relaciones amorosas: los celos, las infidelidades, los desencuentros. El no poder estar solo, en definitiva. Y fue, efectivamente, el hartazgo de la repetición, lo que hace alcanzar un límite.

Hasta que hace un acto fallido que usted mismo califica de “monumental”.

Si, exactamente. En ese tiempo yo estaba con una partenaire, planeando un viaje. Tenemos una discusión sobre los detalles del viaje y mi acto, muy enfadado, fue llamar a una antigua amante, que tiene la particularidad y la buena fortuna de decirme: “¡No! Ya está, basta”. Me ocupe entonces de la logística de todo ese viaje. Voy a la agencia de viajes donde se tenían que imprimir los billetes y cuando le doy el nombre del otro pasajero al agente, ¡le doy el nombre de la mujer que me había dicho que no! El tipo imprime los billetes a nombre de la otra. En un momento, hago ver este acto fallido a mi partenaire. ¡La separación fue fulminante! Y muy bien que hizo, tuvo un efecto de interpretación. En fin, toda una forma de esa mutación de la tragedia en comedia.

¿Qué quería decir ese acto fallido?

Me quedé con los billetes en la mano y me fui solo de viaje, tranquilo. La interpretación del analista estaba servida, me dijo algo así como: “bueno, por fin encontró la tranquilidad, encontró una forma de no estar atormentado por el objeto”. Y efectivamente, esto abre una dimensión diferente en mi vida, donde por fin puedo estar sin mujeres, o más bien sin establecer falsas relaciones con ellas. En el intersticio de este espacio la contingencia más radical me hace encontrar una mujer que tiene una particularidad: no demandar casi nada, el casi es importante, sin duda. Es una mujer que tiene un grado de autonomía y muestra el deseo del Otro de una manera tan radical, que me sorprende. O tal vez estaba yo preparado de alguna manera para esa sorpresa. Una mujer que me dice: “ya nos llamamos; ya hablamos; veremos…”. A esas alturas, una mujer así de decidida me parecía algo que era de otro orden. Tuve margen para maniobrar con la angustia que podía despertarme aquello. Me pareció muy interesante porque me empujaba a convocarla, no sólo por la relación al deseo; al cuerpo de una mujer; la sexualidad, sino que se abrió la posibilidad de establecer con ella una conversación. Fue la primera mujer de mi vida con la que no se trataba únicamente del objeto parcial, sino de entablar un modo de lazo sostenido en una conversación íntima, una cosa más bien del lado de la poesía que una mujer puede encarnar. Este encuentro tiene que ver con un cierto stop de la metonimia, con un punto de capitonado. Durante ese viaje en el cual me quedo solo, se establece un verdadero corte. Y eso produce algo de la serenidad. En cierto modo, fue un espacio de libertad, de hacer un poco lo que quería, de estar solo, sin mujeres. Hasta que vino una a perturbar esta tranquilidad, esta vez, de la buena manera. Pensé entonces: ¡con esta me quedo! Es necesario perder a las mujeres para encontrarlas.

DE PAUL VALÉRY SIEMPRE ME RETORNA UNA FRASE QUE HACE ECO EN LO PROFUNDO DE LA SUBJETIVIDAD: “LLEVAR UNA VIDA AMARGADA LO PUEDE CUALQUIERA, PERO AMARGARSE LA VIDA A PROPÓSITO ES UN ARTE QUE SE APRENDE”. PROBABLEMENTE TAMBIÉN SE DESAPRENDE, LE AGREGARÍA YO EN ESTOS TIEMPOS DE MI VIDA

“Me tienen, nazco”*, fue una frase importante en su análisis. Su experiencia me hizo pensar en un texto maravilloso de Jacques-Alain Miller: ‘La Salvación por los deshechos’. Él toma una cita de Paul Valéry y hace un despliegue magnífico que empieza por una frase interesante: “el descubrimiento freudiano, fue, como sabemos, primero el de los desechos de la vida psíquica, esos desechos de lo mental que son el sueño, el lapsus, el acto fallido y más allá, el síntoma. El descubrimiento también de que, de tomarlos en serio, y si les presta atención, el sujeto tiene la oportunidad de lograr su salvación”. ¿A qué le resuenan estas palabras?

Esa referencia de Jacques-Alain es magnífica. La matriz del fantasma -y este es un momento crucial de mi análisis- me ubicaba en una posición melancólica, en una posición de objeto de deshecho del Otro, en el sentido de la constelación familiar en la que se había producido el fantasma en mi caso: “podrías no haber nacido”. Ese equívoco: “me tienen asco” -que sólo se puede captar por el lado de la escritura- es impresionante porque me deja a merced de mi propia relación con la lengua, es esto lo que se pone en juego. Y produce un atravesamiento de esta posición melancólica, fijada como estaba en el fantasma, hasta desplazarme de ese sitio del objeto de deshecho, victimizado, para colocarme en un lugar muy diferente. Se produce una dilución del imperativo, es un desplazamiento de los dos afectos concretos que se ponían en juego ahí, y comienzan a funcionar de otra manera. Me las arreglo con ello. La angustia y la tristeza, que le daban aire al superyó, dejan de soplar en esa dirección.

Y gracias Marta por traer la referencia de Jacques-Alain Miller y de Paul Valéry. Son importantes para mí. A Jacques-Alain le debo haberme enseñado a leer a Lacan y a entender la lógica de una institución analítica. Sin él hubiese sido imposible. Y de Paul Valéry siempre me retorna una frase que hace eco en lo profundo de la subjetividad: “Llevar una vida amargada lo puede cualquiera, pero amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende”. Probablemente también se desaprende, le agregaría yo en estos tiempos de mi vida.

Darse cuenta, escuchar y leer ese equívoco, ¿cómo cambia su práctica analítica?

Fundamentalmente hago hincapié en este momento concreto, porque para mí es un momento privilegiado en el que puedo cernir un momento de pasaje de analizante a analista. Me enseñó cómo poder desplazarme de una práctica que hacia unos años que estaba demasiado concernida a la posición del Otro. El cuerpo se pudo desplazar de esa posición del Otro, a la posición de objeto en los dos sentidos: como objeto causa del deseo; pero también -y esto era fundamental en relación con el fantasma- convertirse, como analista, en un objeto de deshecho, en un trozo de papel y dejar que te tiren a la basura. Creo que este equívoco que vehiculiza lalengua fue un momento de encarnamiento de ese pasaje. Y es un momento concreto que puedo captar y formalizar. Creo que este es un punto interesante para que cada cual -sea el momento que sea en que esté de su análisis- empuje un poco para poder elaborar bajo qué tipo de causa alguien se autoriza a la práctica del psicoanálisis.

Una pregunta a modo de brújula.

En efecto, esta pregunta es siempre una brújula: ¿qué paso en mi análisis para que algo del orden del deseo del analista emerja? ¿Qué pasó para que algo de mi posición en las curas que dirijo se establezca de otra manera? Es muy interesante pensar esto en la medida que uno se sorprende por los efectos que se producen en las curas que dirige.

UNO PUEDE TENER LA IDEA, PUEDE ESTUDIAR, LO PUEDE SABER TEÓRICAMENTE, PERO HASTA QUE ESO NO SE ENCARNA VERDADERAMENTE, LA EPISTEME ES COMO UNA ESPECIE DE VACÍO, ES UN ENTENDER SIN ENCARNAR

¿Y qué pasó en su análisis?

Para mí, ese pasaje tuvo un efecto de tranquilidad. ¡Es totalmente pesado estar en el lugar del Otro! La liviandad de salirse de ese lugar para la práctica es fundamental. Antes de este momento, yo tenia cierta tendencia a colocarme en ese lugar del Otro, empujaba el acto hacía la explicación, a hacerme entender. De algún modo, estaba contaminado también por el temor a que el Otro me abandonara, a que se fuera. Lo que faltaba, antes de este momento de autorización propiamente dicha, era que eso se encarnara. Porque uno puede tener la idea, puede estudiar, lo puede saber teóricamente, pero hasta que eso no se encarna verdaderamente, la episteme es como una especie de vacío, es un entender sin encarnar.

HACER SEMBLANTE SIGNIFICA TAMBIÉN UNA CIERTA ADAPTABILIDAD DEL ANALISTA EN RELACIÓN AL SUJETO QUE TIENE ENFRENTE

¿Cómo se sabe que eso se ha encarnado?

En mi caso, hay un momento que ubico en esta interpretación de la frase “me tienen asco”, y entonces eso de golpe hizo ¡crac! A partir de ahí, apareció un momento magnifico, muy aliviador. Es gracias a este desplazamiento que uno aprende a hacer con los semblantes, hacer semblante de objeto es un efecto en el cuerpo. Aparece entonces la verdadera plasticidad en la dirección de la cura, donde el standard, el encuadre, el setting, no son lo importante. La cosa no se define por la fijeza de una posición o de unas reglas preestablecidas, sino por principios que sólo son posibles de encarnar a partir de una experiencia. Ninguna figura del Otro está concernida allí como orientación en la que uno podría ampararse.

EL ANALISTA TIENE QUE SABER, MÍNIMAMENTE, CÓMO HACER DE LA BUENA MANERA EN RELACIÓN A QUIEN TIENE ENFRENTE Y ESO NO TIENE OTRA LÓGICA POSIBLE QUE LA DEL UNO POR UNO

Hacer semblante significa también una cierta adaptabilidad del analista en relación al sujeto que tiene enfrente. En ocasiones, en la cura, uno necesita hacer semblante del Otro también; puede haber sujetos que en determinado momento necesiten más bien una cuestión directiva; una explicación firme que viene más del lado del Otro, que del lado del equívoco o del medio-decir, un punto de capitón. Todos estos actos tienen una gran plasticidad y están atravesados por la cuestión del semblante. Pero una cosa es hacerlo y pensarlo, estar advertidos de ello, y otra muy distinta es encarnarlo. En mi caso puedo ubicar esto como lo que me permite maniobrar en la experiencia. Es efecto de una ascesis del fantasma -hasta donde he podido realizarla-, de un vaciamiento en el tiempo en que uno escucha como practicante del psicoanálisis. Sin duda este fue para mí un momento de pasaje que esclarece completamente la posición del cuerpo en la consulta. Y deja al cuerpo más liviano, sin el exceso del Otro. Dejarse usar, dejarse arrojar a la basura, convertirse en un objeto de desecho, pero como instrumento. El analista tiene que saber, mínimamente, cómo hacer de la buena manera en relación a quien tiene enfrente y eso no tiene otra lógica posible que la del uno por uno. Para mí, aquí se ponía en juego una de las partes más complicadas porque hay un corte que implica la separación, la buena forma de desprenderse, la buena forma, por ejemplo, de dejar ir al sujeto cuando clínicamente eso es lo apropiado. En fin, también de persuadirle de que aún no. Todo eso es posible cuando uno está, en la medida de lo posible, desembarazado de ese pesado aparato que es el fantasma. Es un antecedente lógico para darle lugar a una clínica que va del sujeto al parlêtre.

INSISTO, EL CONTROL SE INSCRIBE COMO CUESTIÓN FUNDAMENTAL DE LA FORMACIÓN DEL ANALISTA. Y VA, POR SUPUESTO, MÁS ALLÁ DEL FIN DEL ANÁLISIS. SE HAYA HECHO EL PASE O NO

¿Ese pasaje cambia también el control de los casos clínicos?

El control es, sin duda, una necesidad lógica en psicoanálisis, lo que se controla es el acto analítico. La pregunta es: ¿dónde estoy yo para este sujeto? ¡Por supuesto que sigo controlando los casos! Que uno haya terminado el análisis y haya hecho el pase, de ninguna manera es un seguro ni una vacuna. Responde a la lógica del discurso analítico, requiere no abandonar la formación ni el control. Hay sorpresas en la dirección de una cura para todos los practicantes, pienso, de las buenas y de las no tan buenas. La conversación que implica el control siempre es una reubicación del acto analítico y del deseo del analista. La conversación del control implica esta verificación del acto que uno produce, también sobre uno mismo, eso tiene efectos sobre uno mismo. No hay que perder la brújula de lo que uno esta haciendo. Insisto, el control se inscribe como cuestión fundamental de la formación del analista. Y va, por supuesto, más allá del fin del análisis. Se haya hecho el pase o no. Eso es indiferente a la práctica del control.

¿En su testimonio de pase en Barcelona comentó algo interesante: “tuve cuatro analistas y un solo análisis”. ¿Qué quiere decir con eso?

Sí, es una idea que aparece après coup. Pensar el análisis, más allá de los analistas que uno ha tenido. Las discontinuidades del analizante. En el debate del testimonio en Barcelona, podía rescatar esto a raíz de algo que puntualizó Hebe Tizio sobre la función del analista como instrumento: el analista como un instrumento que se ofrece a la experiencia, inclusive a la discontinuidad de la experiencia. Aunque sea con el mismo analista hay pacientes que van haciendo distintos ciclos, distintos tracks. Ahí se ve como el analista es, en determinados momentos, un instrumento para reducir las condensaciones de goce. También se puede pensar esto para los momentos de urgencia. En cada momento el analista se deja usar, se convierte en un instrumento para dar una vuelta más sobre la sustancia gozante del analizante y sus destinos. En mi caso, no es tan importante la serie de analistas -en mi historia fueron cuatro- sino más bien la posición que cada uno de ellos tuvo y los recursos que encontré en cada uno de los momentos de mi recorrido analítico. Es decir, cómo me pude servir de esto, cómo me pude servir de la presencia de estos analistas.

Es interesante porque en cierto modo desidealiza un poco la figura del analista en el sentido que, bueno, finalmente, el que hace el trabajo es el analizante.

Efectivamente, finalmente, ¡incluso la interpretación es de uno! Sin duda la presencia del analista es fundamental para que haya análisis, esto es así, pero en momentos puntuales de los análisis, en momentos clave, la cuestión es servirse de eso de la buena manera, tiene que haber el analista que lo consienta, en eso tuve suerte. Y creo que eso no tiene tanto que ver con las intervenciones de ese analista en concreto, sino con la elaboración que uno produce o hace de esa presencia. De qué manera esa presencia -si está ubicada de la buena manera- permite al analizante hacer el trabajo. Al fin y al cabo es el analizante que uno fue, es precisamente eso lo que ha permitido poder destacar estas piezas sueltas del testimonio. En cada análisis hay un punto concreto de vaciamiento, de viraje, un punto de rectificación que hace avanzar al sujeto más allá del analista mismo, uno no lo percibe inmediatamente. Y, sí, ciertamente es un punto interesante, un punto de desidealización del analista que nos sirve para entender -como decía Hebe- la clínica del parlêtre, en este mundo tan extraño y tan fascinante a la vez que nos toca vivir. El analista muta con la época hasta cierto punto, creo, hay principios que fundan la experiencia, sino dejaría de existir el psicoanálisis.

¿Cómo se dio cuenta en su caso que el análisis había llegado a su fin? ¿Y por qué decide hacer el pase?

El pase para mi tiene una significación histórica. Siempre me ha interesado la historia del psicoanálisis. Creo que el pase es algo que ya estaba inscrito en esa historia. Lo que Lacan hace es la formalización lógica del procedimiento, así como su articulación institucional. Seguramente me extenderé sobre esto en el transcurso del tiempo que me toca ser AE. Yo entré a la Escuela por el pase. Hice el pase a la entrada. En ese momento, para mí era el dispositivo más apropiado para la organización y el reclutamiento de los analistas. El pase a la entrada me sirvió mucho porque fue una reorganización de la cura y de mi práctica. En aquel momento yo podría, probablemente, haber entrado a la Escuela por el trabajo, por el currículum, por las entrevistas, pero finalmente decidí hacerlo por el pase mismo. Para mí fue la buena fórmula, un modo de primer atravesamiento de la experiencia. Así que entré a la Escuela por el pase y salí del análisis por el pase.

Otra cosa es presentarse concretamente al dispositivo al final. Creo que esto se desprende un poco de mi propio análisis, como una cierta necesidad lógica de mi caso. Puedo ilustrarlo, aunque la ilustración nunca es suficiente. En un momento, cometo un acto fallido en el que vuelvo a experimentar otra vez el campo de la soledad, el campo del abandono del Otro, el campo en el que la repetición retorna bajo el enunciado falso de que Otro me deja solo, puede desaparecer. Puedo desaparecer. En fin, todas las declinaciones del “pueden perderme”.

¿Nos cuenta ese acto fallido?

Estoy en París y salgo de una sesión de análisis. Me voy a supervisar a la consulta de una colega que vive en 5, Rue de Assas y cuando entro en el taxi le digo al taxista: “5, Rue de Lille!“. Me iba derechito a la consulta de Lacan. Cuando me doy cuenta, la sorpresa es impresionante. Iba, como último intento del sujeto que resiste a lo real, aún, en busca del Otro del Otro. Pero este, afortunadamente, es un momento de Witz, de chiste, de buen equívoco. Esta secuencia del último análisis fue una de las cosas que me empujaron a hacer el pase y, en su transcurso -sabía que más allá de si era nominado o no-, me iba a permitir de una vez para siempre encontrar una enunciación que estuviera fuera de la tragedia. Poder hablar de otra manera. Eso significaba hacerlo en la Escuela. Esta transformación de la tragedia en comedia, me despierta y produce en mí un entusiasmo diferente, algo en el cuerpo que se vivifica de una manera muy fuerte. Después del pase lo que queda es hablarle al Otro de la Escuela, que no es el Otro del Otro. Sino un Otro agujereado al que uno va bordeando con sus recursos, más o menos como puede, sea o no sea AE, ya que, menos mal, el grado es transitorio. La cuestión, en el fondo, es cómo, entre todos en la Escuela Una, hacemos vivir el psicoanálisis. Y nos vamos haciendo soporte de su existencia en cada momento y en cada época, permutándonos en un sentido amplio del término. Esto es para mí el corazón de la experiencia del pase.

* Homofonía entre: “Me tienen, nazco” y “Me tienen asco”.


Óscar Ventura es psicoanalista en Alicante, miembro de la ELP y la AMP, nombrado AE en septiembre de 2016.

Marta Berenguer es periodista, socia de la sede de Barcelona de la Comunidad de Catalunya de la ELP.

El acompañamiento del enfermo oncológico

Por Milena Vigil / Psicóloga del Hospital Oncológico de Córdoba

La noticia de enfermedad oncológica en un miembro de la familia produce la vivencia de estar sumergidos en una catástrofe.

Acompañamiento. Es una forma de amortiguar el impacto que tiene el diagnóstico de cáncer en la familia.

La noticia de enfermedad oncológica en un miembro de la familia produce la vivencia de estar sumergidos en una catástrofe. El temblor, impacto o desarme que se genera altera todo el sistema familiar y también moviliza soluciones y ayudas.

Los comportamientos son diferentes en relación con “quién es” el que se enferma. Así, tenemos un abanico de reacciones y emociones. Puede ser una mamá con trabajo fuera y dentro de casa y es un eje del funcionamiento familiar; o una mamá con hijos pequeños dedicada a acompañar los primeros pasos de sus polluelos; o un papá sostén de familia, preocupado por la subsistencia grupal; o un niño absorbido por su mundo infantil, de juegos y fantasías; o un adolescente; o una persona que está a punto de jubilarse. Podemos describir muchísimas realidades, lo importante es considerar empáticamente qué momento vital ese ser y su familia se encuentran transitando, para poder pensar juntos estrategias que amortigüen el golpe y el dolor que ocasiona el cáncer.

Historia

Como todo grupo de personas, la familia viene con una historia, con un bagaje de experiencias positivas y negativas y con una caja de herramientas, más llena o más desprovista, de la que se valieron frente a situaciones adversas anteriores.

Estos antecedentes van a colorear de una manera particular la escena actual. Muchas veces, en el hospital escuchamos realidades muy rebasadas de dificultades, obstáculos, carencias, que desbordan y dificultan la posibilidad de concentrarse en enfrentar la enfermedad. Familias que tienen comportamientos violentos en su modo de comunicación, familias cuyos miembros viven aisladamente aunque bajo un mismo techo, familias con problemas de adicciones serias, grupos de padecen severamente las carencias primarias (comida, refugio, vestimenta).

Las redes de apoyo –de familiares, vecinos, amistades– son de suma importancia para valerse de un sostén y acompañamiento, ya que las tareas son muchas para comenzar los tratamientos, trámites, turnos de estudios, traslados, etcétera. Además, nos pueden prestar, aunque sea transitoriamente, “cabeza para pensar” o “alma para descansar”, frente a las angustias y desesperaciones sufridas.

También la espiritualidad es una buena aliada para sostenerse, ya que nos permite abrir ventanas de esperanzas y confianza para esos momentos.

Cada integrante de la familia puede pensarse útil para colaborar en diversas actividades, según sus posibilidades y edad. El diálogo y una reorganización familiar serán claves. La circulación y expresión de los afectos posibilitará una realidad compartida, evitando los secretos y los silencios contenidos, así como las actuaciones desbordadas.

Muchas veces, podemos recurrir a la ayuda de un profesional de salud mental para superar algunas dificultades.

Continuidad

La continuidad de las actividades de la vida cotidiana, de todos los miembros de la familia, ayuda eficazmente a no desbarajustar tanto el sistema, a sentir que la vida no termina y que cada uno tiene algo para compartir. Quizás, reacomodando los tiempos y las actividades en función de la necesidad de presencia.

Es saludable que el paciente vaya siempre acompañado a realizarse los tratamientos, ya que lo que se puede compartir, tanto lo malo como lo bueno, es doblemente eficaz. En situaciones dolorosas, no estar solo amortigua en alta proporción el daño que puede ocasionar las circunstancias vividas.

Los proyectos a corto y mediano plazo que se puedan idear entusiasman y ayudan a todos los seres queridos a atravesar el problema, aceptando y trabajando para transformar las vivencias en suculentos aprendizajes.

Perfil

Milena Vigil nació en Santa Fe, pero vive en Córdoba. Es licenciada y profesora de Psicología. Es psicoanalista, responsable del área de psicooncología del Hospital Oncológico de la provincia de Córdoba desde 2006.Tiene formación en Psicooncología y Cuidados Paliativos por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y por la Universidad Favaloro. Es exresidente del Programa de Salud Familiar y Comunitaria.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/salud/el-acompanamiento-del-enfermo-oncologico

Abordar las adicciones desde el psicoanálisis

Plantean que el adicto se ocupe de la relación con el inconsciente y su goce y sepa decidir para superar la adicción.
LILIANA ALFARO
El CONSUMO DE DROGAS en la provincia es una realidad y la recuperación continúa siendo un desafío en los distintos organismos que se dedican a ello. Aseguran que las más visibles en torno a la demanda son paco y pasta base. La visión de recuperarlos en su entorno refuerza la idea de la atención de centros de día, mientras una coordinación nueva apunta a integrar otros estamentos para ampliar la atención y no reducirla a los centros especializados.
LUIS DARÍO SALAMONE, licenciado en Psicología, doctorado en Psicología Social, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la ASOCIACIÓN MUNDIAL DE PSICOANÁLISIS (AMP) brindó charlas en Jujuy invitado por la Biblioteca Analítica de Jujuy y con apoyo de Salud Mental del Ministerio de Salud.
Abordó la temática de las adicciones desde la mirada del Psicoanálisis planteando la función, cómo fue cambiando, el abordaje y el tratamiento frente a un multidisciplinario público que buscaba ahondar en la temática, en un encuentro desarrollado en el hospital “San Roque”. Por la tarde la presentó su libro “El silencio de las drogas” que sintetiza su perspectiva tras lo cual plantearía ante los psicoanalistas el desarrollo en torno al abordaje.
Explicó que hay una diversidad de consumo en virtud de la oferta al entender que se juntó una cuestión de la ciencia con el campo del discurso capitalista, que promueven nuevas sustancias que salen todos los días algunas con preeminencia y la gente que busca lo nuevo.
“Siempre ha habido una relación del sujeto con el consumo. Dentro de la problemática que hay actualmente en general hay relación con muchas sustancias diversas, están las drogas más clásicas, el alcohol una sustancia más clásica como la marihuana, la cocaína, la pasta base y están saliendo las más sintéticas como el éxtasis y otras”, afirmó.
Explicó que hay un discurso capitalista que hace que el consumo se generalice y llegue a un grado que mucha gente se acerque al consumo, una suerte de “empuje al consumo” no solamente de sustancias pero que no dejan de resultar adictivas para el sujeto.
“El Psicoanálisis lo que hace es llevar al sujeto a que se cuestione la relación que tiene con algo que nosotros denominamos el goce, que no necesariamente es el goce de algo productivo sino ser un goce de algo destructivo para el sujeto, que se cuestione la relación que tiene con ese goce y pueda hacer un uso responsable del mismo, decida cómo quiere manejarse”, expresó.
El desarrollo lo realizó planteando algunos ejemplos e intercambió conocimientos con los profesionales del sector de Salud Mental.
El panorama en Jujuy
Sucede que la adicción a las drogas es un tema relevante y preocupante en la sociedad, y Jujuy no escapa a esa realidad.
Según la titular del Centro de Asistencia y Orientación en Adicciones “El Umbral”, Laila Quintar, “hay un policonsumo: el que consume base consume alcohol, marihuana, a veces cocaína, sustancias legales también, roba a la madre o a la tía, mezclan drogas de laboratorio con drogas ilegales”, afirmó la directora.
Contemplando que los pacientes llegan a veces porque los llevan, y la opción en “El Umbral” es que los jóvenes puedan preguntarse por qué lo hacen, qué están tapando.
Recordó que si bien hay muchos que procuran la internación para sus hijos, debido a que hace al menos diez años perciben consumo de base y paco en forma masiva desde hace diez años, y se probó con una internación tras otra cuyo resultado es del 1 % porque una vez que salen vuelven a lo mismo.
Es que se trata de que puedan elaborar, y supone un tiempo que tomen conciencia en un tratamiento ambulatorio donde puedan ser escuchados, hablar, desplegar sus dolores, sufrimiento, su condición como ser humano y no someterlo a un tratamiento que lo aísla donde no consume pero vuelve a hacerlo cuando sale.
Quintar explicó que el inicio en el consumo de drogas en la provincia, según los casos que les ha tocado tratar en “El Umbral”, suele darse en la pubertad, sin embargo aseguró que los mayores problemas se dan de los 22 a 25 años que es cuando consultan, mientras si llegan a la consulta más jóvenes es porque los llevan.
El panorama del consumo se modificó desde que comenzó a funcionar el centro, hace 20 años, cuando tenían consultas reducidas por consumo experimental de marihuana y muy esporádicas de cocaína, y en 2003 cambió la demanda por pasta base y paco, y eventualmente por marihuana y mucho menos por cocaína.
La función de las drogas y el amor
En cuanto a la función de las drogas Luis Darío Salamone explicó que tiene que ver con qué lugar ocupa la sustancia en la economía psíquica de alguien, es decir para qué le sirve, con lo cual se plantea meterse con ello para determinar una manera de desmantelarse y encontrar una salida diferente que no sea mortífera. En su libro “El silencio de las drogas”, el psicoanalista aborda la problemática del amor como aquellos nocivos, que matan, adictivos, planteando que no solamente una sustancia tóxica lo es sino todo puede resultarlo en alguien, y lo que se espera es que no sea nocivo.
Fuente: http://www.eltribuno.info/abordar-las-adicciones-el-psicoanalisis-n716234

“El pase desmiente la novela familiar del neurótico”

EN LENTA, PRECIPITADAMENTE. UNA EXPERIENCIA PSICOANALÍTICA, EL PSICOANALISTA Y DOCENTE ESPAÑOL ANTONI VICENS RECAPITULA O RECREA EL PASE, TESTIMONIO DE SU PROPIO ANÁLISIS CUYA LÓGICA Y PROCEDIMIENTO TEORIZÓ JACQUES LACAN PARA QUEBRAR ESA EXPERIENCIA EN EL PUNTO QUE PODÍA CONVERTIRSE EN INFINITA Y DIFICULTAR SU TRANSMISIÓN.


El libro, publicado por la editorial de la Universidad General de San Martín (UNSAM) en la serie Tyché, es una muestra de cómo un analista puede hablar de los momentos clave de su experiencia del inconsciente, y del fin de la misma. 

Vicens vive en Barcelona, es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). En la actualidad es presidente de la ELP y titular de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona.

El libro, publicado por la editorial de la Universidad General de San Martín (UNSAM) en la serie Tyché, es una muestra de cómo un analista puede hablar de los momentos clave de su experiencia del inconsciente, y del fin de la misma.

 

Vicens vive en Barcelona, es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). En la actualidad es presidente de la ELP y titular de Filosofía en la Universidad Autónoma de Barcelona.

 

Esta es la conversación que tuvo con Télam desde la ciudad donde reside.

 

T : ¿Cuál es la diferencia entre el testimonio del pase y la novela familiar del neurótico? 

V : (Jacques) Lacan definió bien el pase, y la concreción de su procedimiento está en los distintos reglamentos. El resto lo van decidiendo los nuevos analistas de la Escuela tal como son nominados. El pase desmiente la novela familiar del neurótico. Si en ésta el neurótico se construye una familia que le sea más familiar que la propia, en el pase aparece lo unheimlich de aquella familia -del tipo que sea- en la que se constituyeron sus primeros objetos de deseo y de amor. La novela familiar implica un desacuerdo con la propia familia; en el pase se obtiene un así la quise: no hay Otro del Otro.

 

T : Hay momentos que el libro se lee como una novela. Pero nunca como una educación de las pasiones. ¿Cómo logró ese efecto?

V : Las pasiones no se educan; lo que uno aprende es a aceptarlas como guía de la existencia, de la creación, del circuito de los dones.

T : ¿Qué diferencia estructural hay entre el pase y una suerte de revelación mística?

V : La revelación mística comporta una declaración de lo inefable y de lo infinito. El pase se hace con explicaciones. Aun sabiendo que nunca se llega al final, el testimonio del pase se hace dentro de los límites de la existencia como finita. Es lo que Lacan denominó en los primeros tiempos de su enseñanza como la subjetivación de la propia muerte. Aunque sí tienen en común algún tipo de amor en la ausencia del Otro.

 

T : La pregunta anterior la relaciono con algunas páginas de Carlos Castaneda o de René Daumal. Por momentos pareciera el discurso de alguien lastrado de las escorias del yo de las que hablaban uno y otro.

V : No conozco lo suficiente esas referencias que cita para poder responderle.

 

T : ¿Cuánto tiempo de análisis es necesario antes de pedir el pase? Como estas cosas no se cuentan cronológicamente, supongo que es una pregunta conjetural. Pero usted dirá.

V : Los pasantes suelen decir que el análisis mismo les llevó al momento de dar testimonio, y que era ese momento y no otro.

 

T : Quien haya hecho el pase, ¿se transformará necesariamente en psicoanalista?

V : No conozco ningún caso en que no haya sido así. Y sucede a menudo que el pasante es alguien que tiene ya una experiencia como psicoanalista. El objetivo fundamental del pase es obtener un saber sobre el paso de psicoanalizante a psicoanalista. Del saber que obtengamos sobre ese paso depende el porvenir del psicoanálisis. 

Fuente: http://www.telam.com.ar/notas/201401/48016-el-pase-desmiente-la-novela-familiar-del-neurotico.html

Edipo en San José

El psicoanalista Daniel Gil realiza un abordaje ambicioso de uno de los grandes nombres de la literatura uruguaya.

EL PSIQUIATRA y psicoanalista Daniel Gil, autor de una serie de títulos referentes a su profesión (entre otros Presencia de Lacan, La vida, la muerte y la pulsión y Escritos sobre locura y cultura), publicó en 1986, apenas salidos de la dictadura, el estudio Las ratas. Un recuerdo de infancia de Francisco Espínola, en el que ofreció su primera aproximación a la obra de uno de los grandes nombres de la literatura uruguaya del siglo XX. En su libro, Gil examinaba desde un enfoque psicoanalítico uno de los cuentos más descarnados y dramáticos del autor de Raza ciega. Ahora, casi treinta años después, da a conocerPaco Espínola. La violencia y la piedad, un trabajo más abarcador y ambicioso, analizando no solo la narrativa de Espínola sino también unos Manuscritos que éste redactó a modo de diario personal en su juventud, y algunos discursos y testimonios directos del creador, de sus amigos y de sus familiares.

El padre de Gil, nacido en San José como Espínola, fue amigo de Paco durante toda su vida, lo que le permite un contacto directo con el mundo y las circunstancias que rodearon su vida y su obra, así como un conocimiento exhaustivo de su familia. Gil abre el libro con una extensa introducción en la que revisa el árbol genealógico del escritor, da cuenta, al igual que sus ancestros, de su fidelidad al Partido Nacional, y elabora un racconto de la historia de su terruño y de las últimas guerras civiles que conmovieron a Uruguay. Reproduce además facsímiles de cartas y ediciones, lo que insume casi noventa páginas del volumen, prácticamente su primera mitad. Las otras cien, ya dedicadas al análisis de los textos y de la angustiada personalidad de Espínola, intentan una aproximación a su psicología profunda, evaluando algunos ítems caros al psicoanálisis como las figuras parentales, el complejo de Edipo, los vínculos entre religión, ideología y familia, el ambiente prostibulario en el que Paco vivió su juventud y su conflictiva relación con las mujeres y el sexo.

Poco más de diez años le llevó a Espínola dar a luz la mayor parte de su producción. Entre 1925 y 1937 escribió los cuentos de Raza ciega, la pieza para niños Saltoncito y la novela Sombras sobre la tierra, en la que Juan Carlos, su protagonista, hace del bajo su escenario vital, y de una prostituta su referente sentimental. De este modo daba comienzo una migración que desplazaría historias y personajes del medio rural al medio urbano, alentando el surgimiento de otras experiencias narrativas, en particular la de Juan Carlos Onetti, que pondrían a la ciudad en el centro de sus anécdotas, dando reconocimiento a la vez a un tipo humano que había sido ignorado.

Pero Gil empareja de manera casi entusiasta personajes y autor, al punto de terminar atribuyendo al Espínola individuo todas las virtudes y defectos, todas las dudas y tribulaciones del Juan Carlos ficcional, como si Sombras sobre la tierra no se tratara más que de una larga y personal confesión, de un testimonio prácticamente autobiográfico sobre el que no hubiera incidido el tamiz de la creación. Este mecanismo interpretativo se extiende a otras criaturas (hasta incluso de Saltoncito), sin permitirse una distancia que lo exima de pensar en la catarsis de todo artista como única verdad de su labor.

Más allá de estas discrepancias, que acaso pudieran remitirse al inagotable abanico de visiones teóricas sobre creación y creador que el psicoanálisis ha pretendido resolver desde sus orígenes, el libro merecía una revisión editorial. Así se habrían evitado múltiples reiteraciones y un desmedido número de notas al pie, la mayoría de ellas innecesarias y de engorrosa tipografía.

Tomado de : http://www.elpais.com.uy/cultural/edipo-san-jose-paco-espinola.html

Es la “terapia” por Skype: ¿un complemento para el diván?

Los tiempos cambian. Las innovaciones tecnológicas llevan a otros hábitos casi sin darse cuenta. Todo está en el celu o la compu, desde pedir una pizza hasta tomar una clase de cualquier idioma. Y ahora también los psicoanalistas. Sí, la terapia de grupo virtual se instala con cada vez más fuerza por la comodidad que genera para ambas partes y aunque quienes la defienden aclaran que no se trata de un reemplazo, sino de un complemento, muchos pacientes la adoptan definitivamente.

“Esto empezó en el año 2009 con un grupo de alumnos a los que luego se sumó gente de distintas partes del mundo. Así se armó un grupo bastante grande que duró cuatro años”, contó aRosarioplus.com el médico psicoanalista vincular Carlos Pachuk, quien defiende la denominada “terapia de grupo virtual”. Y tiene sus firmes argumentos.

La facilidad para coordinar horarios, evitar trasladarse hasta un consultorio, no interrumpir el vínculo con el psicoanalista por viajes o vacaciones y la posibilidad de hacer terapia familiar de grupo más allá de la distancia, son algunas de las ventajas de la nueva tendencia.

“Sólo se necesita del Skype. Allí uno ve todas las caras, cada uno en su casa, un bar, o donde sea, y entonces cada uno que habla crea un conjunto. Son espejos múltiples en una computadora”, señaló Pachuk.

Para el psicoanalista, autor de Terapia de grupo virtual, curarse por internet, “los resultados son positivos”, aunque aclara: “Tiene que tratarse de pacientes neuróticos que no tengan una problemática muy grave. Adictos, psicóticos o casos de violencia de género no se pueden atender por internet. Para todos los otros casos la terapia funciona muy bien y se está difundiendo, cada vez es más común”.

“Este tipo de terapia se desarrolla mucho en casos de migración. Al atenderse con un terapeuta de la lengua materna el paciente tiene la sensación de estar acompañado por alguien del país y entonces se soluciona la sensación de aislamiento. Y para el psicoanalista es un paciente como cualquier otro, con sesiones que tienen el mismo ritmo que las presenciales”, amplió Pachuk.

Siempre hay críticas

Todos los cambios generan controversia. Lo cierto es que tarde o temprano las modificaciones se imponen y casi sin percibir cómo ocurrió el mundo termina por ceder sobre el avance de lo virtual. Algo así ocurre con las terapias virtuales.

“Siempre están las objeciones ante los cambios. Gente que no está de acuerdo. Algunos creen que solo la presencia del terapeuta genera psicoanálisis, pero yo creo que se puede aplicar en distintos dispositivos”, remarcó Pachuk.

Algunas desventajas

Los defensores de las terapias virtuales son conscientes respecto de algunas cuestiones por mejorar. Además de la imposibilidad de atender a cierto tipo de pacientes, hay otras cuestiones.

La fantasía de una disponibilidad permanente como una terapia sin límites puede ser un problema. ¿Qué pasa si el psicoanalista no contesta en el chat? Aumenta la dependencia en un doble sentido: el analista obligado a contestar en un tiempo cercano y el paciente puede transformar al terapeuta y el celular o la computadora en fuentes de consulta frente a cualquier decisión y así perder autonomía.

Tomado de: http://www.rosarioplus.com/enotrostemas/Terapia-por-Skype-un-complemento-para-el-divan-20160322-0034.html