La banalidad del perdón

Por Sergio Sinay

Basta con que se haga una vez y no tenga consecuencias para que se convierta en tendencia. Es lo que sucede en estos tiempos con la costumbre de lastimar, mentir u ofender para de inmediato pedir disculpas y luego seguir adelante como si nada hubiera ocurrido. Pasa con el productor de un programa de “mesazas”, que “asume” su responsabilidad (?), pasa con el ministro que se dedica a mandar emojis en lugar de aclarar una situación patrimonial bastante oscura, pasa con futbolistas o técnicos que primero denigran a un árbitro y luego lo dejan en que fue “cosa del momento” o con funcionarios y gobernantes abonados a la muletilla “nos equivocamos, pero lo corregimos”, para luego seguir equivocándose porque, en definitiva, si pasa, pasa. Luego están los mediáticos de todo pelaje, que descubrieron la fórmula “si ofendí a alguien pido disculpas” y la usan a rajatabla antes de proferir la nueva ofensa.

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Todo esto en el plano público. Sin embargo, estos personajes no son extraterrestres ni provienen de otra sociedad. Lo que hacen en pantallas y primeras planas es lo mismo que se verifica con enorme habitualidad entre los habitantes rasos de la sociedad. Pareciera que se instaló la banalidad del perdón. Cuando la gran Hannah Arendt inauguró la idea de la banalidad del mal (en Eichmann en Jerusalén), señaló que cualquiera puede hacer el mal (sobre todo el mal radical) sin necesidad de abandonar la condición humana, o precisamente por pertenecer a ella. Basta con pasteurizar al mal, con ponerlo como medio para un fin. En el caso de Eichmann, como en tantos, eso lo convierte en un simple trámite burocrático.

Guardando las distancias, algo así ocurre hoy con el perdón. Aparece como un trámite para sacarse un fastidio de encima (el fastidio son los otros, los lastimados, los ofendidos) y seguir adelante. Pero entre perdón y responsabilidad existe la misma correlación que entre mal y responsabilidad. Cuando la segunda está ausente los primeros son banales. Pedir perdón o decir “me hago cargo” es fácil. Reparar no lo es. La responsabilidad solo aparece con la reparación. Una acción reparadora va mucho más allá de pedir perdón y es un acto complejo, porque no se trata de lo que el ofensor considera reparador. Se trata de la necesidad del ofendido. Por lo tanto, el arrepentimiento (si existe de verdad) irá acompañado de humildad. Y no es lo que se ve en estos días.

Como señalan el sacerdote y psicólogo francés Jean Monbourquette y la ensayista Isabelle D’Aspremont en su ensayo Pedir perdón sin humillación, hay quienes creen que pedir perdón los rebaja, y terminan por sentirse ofendidos si se les pide reparación real, enmienda, además del simple formulismo verbal. “Nada envalentona tanto al pecador como el perdón”, decía Shakespeare, y sobran las oportunidades de comprobarlo, en lo público y en lo privado.

También están los ofensores que, al disculparse, hacen un exhibicionismo de sufrimiento que termina por convertirlos en el centro de la escena, y pareciera que son los verdaderos lastimados (cualquier semejanza con la reciente realidad televisiva se debe justamente a la realidad). Ejecutan así algo que los citados ensayistas franceses llaman “falso pedido de perdón”. Un acto mecánico, sin conciencia del daño inferido. Ni pedir perdón ni concederlo significa dar vuelta la página. Las heridas dejan cicatrices. Al lastimado le duelen. El ofensor preferiría borrarlas. Pero están. Y algunas son imperdonables. Porque la palabra perdón no es una goma de borrar. Y a veces unos y otros deben vivir con lo imperdonable. Cuando desaparece la banalidad del perdón y se instala en su verdadera dimensión lo que significa lastimar a otro, el pedido de disculpas deja de ser una gimnasia liviana y a repetición y se abre un espacio que invita a reflexionar sobre el alcance de los propios actos antes de ejecutarlos y de las propias palabras antes de emitirlas. Es decir, recuperar el respeto como una herramienta esencial en la convivencia humana, más allá de diferencias e intereses. O eso, o la banalidad.

*Periodista y escritor.

 

Fuente: http://www.perfil.com/noticias/columnistas/la-banalidad-del-perdon.phtml

El sufrimiento actual: manifestaciones del inconsciente

El sufrimiento actual: manifestaciones del inconsciente

 

Christian Gómez, analista y director de enseñanzas de la Asociación de Psicoanálisis de Misiones, coordinador del instituto Oscar Masotta, delegación Posadas visitó Misiones Online, y reflexionó la realidad actual y las manifestaciones del inconsciente.

 

¿Qué es el inconsciente?

Oscar Masotta decía que es un saber no sabido. Es decir un saber que me habita pero del cual pareciera ser que no dispongo. En términos de Jacques Lacan, el dice que es el capitulo censurado de mi historia, o sea que ya involucra un mecanismo que es la censura que Freud llamaba represión. O se aquello que falta para que yo pueda completar el hilo de mi discurso consciente, que es el cual habito todos los días. Sin embargo ese saber censurado está escrito en otro lado. No está olvidado, no está perdido, sino que existe y retorna en los síntomas.

 

¿Cómo se manifiestan esos síntomas?

 

Los síntomas se pueden manifestar por ejemplo en el cuerpo, es decir que de un modo, podemos decir que el inconsciente está escrito en el cuerpo. Por ejemplo en la histeria. Donde el cuerpo histérico puede ser tomado como un mensaje del inconsciente que se puede descifrar.

 

¿Hay una insatisfacción ahí? ¿Cómo se comprende esto?

 

Al revés. Los síntomas son la satisfacción inconsciente de esos deseos que están reprimidos, censurados. Por eso los síntomas pueden ser a veces difíciles de quitar, pero nosotros creemos, constatamos día a día que los síntomas se desvanecen a partir de su desciframiento simbólico.  Es decir que, ese cuerpo histérico es un cuerpo que hay que interpretar, está hecho de palabras y esas palabras que se descifran a partir del dispositivo analítico, el síntoma, se desarma. Pierde eficacia, digamos así. La pregunta sería ¿qué hay a cambio?  O sea, ahí donde estaba el síntoma, que puede ser un malestar, puede ser un displacer como decíamos la vez pasada pero que es también desde el otro punto de vista del inconsciente, una satisfacción, la satisfacción de un deseo como ocurre también con los sueños, que son un deseo cumplido, dice Freud.

 

¿Un mensaje?

 

Un mensaje, pero ese mensaje es un deseo que se cumple cuando alguien sueña.

 

¿Esa sería una manifestación del inconsciente?

 

Esa sería una manifestación del inconsciente: el sueño. El sueño es un mensaje que el inconsciente le envía al sujeto y en ese mensaje hay un deseo que se cumple. Se cumple. No es que se realizaría. En ese mensaje está el deseo realizándose, en el sueño. El psicoanálisis dice que ¿Los deseos se satisfacen?  Si. ¿De qué manera? De manera indirecta. En el sueño, en los síntomas, en los documentos de archivo histórico de los cuales dispongo, cuando por ejemplo recurro a mi infancia o en los modos también que tengo de hablar y con los cuales hago un estilo de vida.

 

¿Hay como una referencia que uno usa en el recuerdo…quizás en algo que se puede transformar como una fantasía?

 

En la fantasía, que es un modo de hacer con el deseo y la satisfacción, hay también una articulación directa con los síntomas. Es decir que si yo empiezo la experiencia analítica con aquello que no marcha, que decíamos la vez pasada, lo que no marcha en la vida de las personas, que aparece como un displacer que no me puedo explicar, que no sé porqué me habita pero me habita, es lo que ahora dije como el capitulo censurado. En ese lugar donde falta algo, ese lugar está ocupado por estos síntomas que es lo que no marcha, el displacer…

 

¿Y qué hace al psicoanálisis ahí?

 

Bueno, si yo empiezo a interpretar, es decir, por la experiencia analítica, interpreto los síntomas, voy a encontrar que están conectados con modos muy privados de satisfacción que son las fantasías. Las fantasías ya no las dice alguien con tanta soltura como los síntomas, porque los síntomas al producir displacer, son aquello que alguien quiere que deje de habitarlo. Mientras que las fantasías son un placer.

 

¿Sensaciones? ¿Algún tipo de angustia o inconformidad?

 

La angustia está conectada con el fracaso de todo esto. Si todo esto está montado de un modo eficaz para el sujeto, vela la angustia. Por lo tanto, el momento indicado en donde alguien puede acudir a un psicoanalista, nosotros constatamos que es cuando generalmente todo este montaje del que estamos hablando fracasa. Y entonces la angustia aparece de un modo real. Habitando la vida de alguien y produciendo un efecto de desconcierto, de sinsentido, de desorientación, que es un poco lo que tal vez ocurre hoy en día. Que ese otro costado- porque la angustia la satisfacción, el displacer del que vos preguntabas recién- son otro costado del inconsciente. Es decir que el inconsciente es como una moneda que tiene dos caras. Una cara habla al modo de la retórica, como decíamos la vez pasada, habla en los síntomas, habla en los sueños, se puede descifrar como un jeroglífico, es decir que es un mensaje que puede estar encriptado o cualquier metáfora que sirva para pensar en algo que se descifra. Una cifra que hay que descifrar. Viene bien para entender ese inconsciente que habla… que habla en uno. Pero tiene otra cara el inconsciente que es silenciosa y que es esa satisfacción que pude ser un displacer que alguien constata, que por más esfuerzo que haga, lo sigue habitando, insiste. Y nosotros con este dispositivo que poner a hablar al síntoma, creemos que de a poco podemos conectar ese inconsciente, con algo de ese costado mudo de insatisfacción donde decimos, habita algo que Freud llamaba pulsión.

 

Fuente: http://misionesonline.net/2018/04/16/sufrimiento-actual-manifestaciones-del-inconsciente/

No soy feliz, doctor

Las visitas al psiquiatra por problemas cotidianos se han disparado. Los españoles piden ayuda farmacológica para afrontar divorcios, muertes familiares y malestar laboral. «La vida sin dolor ni enfermedad es imposible», advierten los especialistas
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Si no es lo mismo estar triste que deprimido, ¿por qué el abatimiento se combate con la administración de antidepresivos? Si uno está de duelo por la muerte de un ser querido, ¿es lo mejor tomarse un ansiolítico? Está claro que a los españoles ya no les intimida ir a la consulta del psiquiatra. Antes era un estigma acudir a un especialista de salud mental; ahora, en cambio, es lo más normal del mundo. Lo malo es que esas visitas están desvirtuando el trabajo de los psiquiatras, que han dado la voz de alarma. Cada vez más tienen que afrontar trastornos adaptativos, problemas de la vida cotidiana que generan sufrimiento, como divorcios, disputas conyugales o conflictos laborales, en detrimento de pacientes con esquizofrenia y otras enfermedades graves.

La medicalización de la conducta no conlleva consecuencias inocuas. El consumo de ansiolíticos en España se ha disparado, hasta el punto de que más de un 11% de la población los toma. Por añadidura, un 7,5% de los ciudadanos consume una dosis diaria de medicamentos específicos para atajar la depresión. Es algo preocupante, pues el uso de benzodiacepinas durante sólo dos semanas ya provoca dependencia. Los españoles toleran mal la frustración y recurren sin pensarlo demasiado a la ayuda de los psicofármacos como si fueran píldoras de la felicidad. «Los pacientes deben aceptar que la infelicidad y el sufrimiento forman parte de la vida», asegura Hilario Blasco-Fontecilla, psiquiatra del Hospital Puerta de Hierro de Madrid y autor del libro ‘Hacia un mundo feliz’, en que analiza esta y otras cuestiones.

Para el experto, desde que la OMS definió en 1946 la salud como el «estado de completo bienestar físico, mental, y social» se ha producido un terrible malentendido. Así, cada vez es más fácil confundir salud con felicidad. No en balde uno de los antidepresivos más celebres, el Prozac, se vendió como la ‘pastilla de la felicidad’.

La rabieta infantil ahora se trata como «desregulación disruptiva del estado de ánimo» «Vienen buscando la felicidad, que es un propósito de vida, no un motivo de consulta psiquiátrica» De 106 trastornos descritos en 1952 se ha pasado a 357

De pecados a trastornos

En una sociedad donde la psiquiatría cobra tanta influencia, todo malestar psíquico, desde el estrés a la nostalgia, es susceptible de engrosar la lista de enfermedades mentales. Se llega a un punto en que es difícil distinguir lo sano de lo patológico. «Los vicios y pecados capitales que habían conformado la visión del ser humano están siendo sustituidos por trastornos mentales. Así, el orgulloso pasa a sufrir una personalidad narcisista, quien es sociable y comunicativo se convierte en alguien con un trastorno de la personalidad desinhibida; el jugador es un ludópata y el tímido un ser con fobia social. La gula es hoy el trastorno por hiperfagia; y la bulimia, el trastorno de atracones», alega Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor de las universidades de Barcelona y Berkeley (California).

Para Achotegui, parte de la culpa por este fenómeno lo tiene un modelo social hedonista y de consumo. «La gente cree que cada problema debe tener una solución inmediata. Cualquier emoción negativa se puede arreglar con un producto. Se debe abrir un debate, pues en psiquiatría no disponemos de una escala que deslinde qué es trastorno y qué enfermedad mental».

Es una paradoja, pero según aumenta la supervivencia humana y los avances tecnológicos, disminuye la fortaleza de la persona y lo que los psiquiatras llaman resiliencia, la capacidad para adaptarse a un entorno adverso. La sociedad moderna odia algo inherente a la naturaleza humana como es la incertidumbre, de modo que el malestar y la insatisfacción se psiquiatrizan. Lo comprueba a diario Beatriz Rodríguez Vega, jefa de Psiquiatría de Hospital La Paz. «La medicina genética y otros avances terapéuticos anuncian un mundo sin dolor ni enfermedad, lo cual es imposible. En el servicio de Urgencias nos encontramos con intentos de suicidio por pequeñas decepciones sentimentales o complicaciones en el trabajo. Vienen buscando la felicidad, que es un propósito en la vida, no un motivo de consulta psiquiátrica».

La industria farmacéutica, los medios de comunicación y una sociedad que gusta de los remedios fáciles conspiran para que acudamos a la consulta del psiquiatra. Prueba de ello es que las dolencias de la psique se multiplican. En 1952, el Manual Estadístico de Enfermedades Mentales de Estados Unidos, conocido como DSM, contenía 106 manifestaciones patológicas. En la quinta versión (DSM-5), recientemente publicada, ya se citan 357 trastornos de la misma índole. Este libro, que también se usa en España, tipificaba la rabieta como un trastorno mental más, según Blasco-Fontecilla. En concreto, el simple berrinche aparece catalogado como «desregulación disruptiva del estado de ánimo».

Con estas premisas no es extraño que todo se trate como enfermedad mental, desde la rebeldía de los adolescentes al regreso al trabajo tras unas prolongadas vacaciones. No es casualidad que en 2013 el primer motivo de consulta en los centros de salud mental de Madrid fueran los trastornos adaptativos.

Con todo, al paciente infeliz no se le echa con cajas destempladas de la consulta. «Si se aprecia un caso que no merece tratarse en el circuito público de salud, se intenta reconducir al paciente para que visite centros cívicos y desarrolle actividades comunitarias. Por lo demás, no soy partidaria de que las patologías graves las trate el psiquiatra y las leves el psicólogo», argumenta Rodríguez.

La tendencia a medicalizar todo conduce a enfoques erróneos. Fenómenos como el acoso escolar, el ‘mobbing’ o persecución laboral y el ‘burn-out’ o desgaste profesional son ejemplos de cómo ciertos fenómenos sociales son tratados por facultativos. En sí no es malo que el psiquiatra aborde las secuelas psíquicas de un problema, pero las soluciones a los conflictos sociales no se hallan en una píldora.

Diagnósticos sesgados

En su afán por incrementar las ventas, las compañías farmacéuticas presionan para que el viento les sople de cara. El psicoanalista británico Darian Leader es autor de un polémico ensayo en el que denuncia el crecimiento espectacular del trastorno bipolar por razones espurias. En su libro ‘Estrictamente bipolar’ explica las razones por las que esta enfermedad se ha convertido en la dolencia psiquiátrica de moda. Como las patentes de muchos medicamentos contra la depresión caducaban, las compañías del sector buscaron nuevos nichos de mercado. ¿Qué hacer? Alentaron investigaciones en las que se proponían modalidades leves de trastorno bipolar, con lo que la frecuencia de su diagnóstico aumentó un 2.000%. Por añadidura, ahora no está mal visto ser un ‘poco bipolar’, que confiere un estatus de persona creativa y apasionada, como en su día estar algo ‘depre’ era de buen tono.

Es llamativo. Al mismo tiempo que crece la demanda de atención psiquiátrica por motivos un tanto banales, se produce el hecho contrario: hay enfermedades mentales graves que no se tratan. «La mitad de los pacientes con depresión endógena no reciben atención farmacológica. Lo mismo sucede con pacientes no diagnosticados de trastorno bipolar, psicosis y otras patologías graves», lamenta el jefe de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Sáiz.

http://www.hoy.es/sociedad/feliz-doctor-20170905001432-ntvo.html

La psicoanalista que ha estado frente a violadores y asesinos

El Comercio conversó sobre violencia, criminalidad y perversiones con la psicoanalista argentina Estela V. Welldon, que fundó la Asociación Internacional de Psicoterapia Forense

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La psicoanalista Estela V. Welldon ha visto de frente los rostros de la violencia, la criminalidad y la perversión. Su práctica privada y sus más de 40 años en la clínica Portman, en el servicio social de salud de Londres, le han dado una mirada científica y humana de quienes han sido capaces de cometer los crímenes más atroces.

Welldon llegó al Perú para participar en el seminario El Ciclo de la Violencia, que se realizó hasta el martes bajo la dirección del instituto Oye Papá, Oye Mamá en el salon de actos de la Municipalidad de Miraflores.

—Para muchos es imposible tener una visión más humana de los criminales. ¿Es eso un error?
Creo que es un error muy profundo. El castigo es totalmente fútil, no lleva a nada. El psicoanálisis ve el crimen como una manifestación de un síntoma. Es importante estudiar las razones por las cuales la persona ha cometido esas actividades antisociales. No quiero decir que se debe estar en contra del castigo, creo que el castigo debe de ser apropiado al hecho que ha ocurrido, pero es importante entender por qué estas personas actúan así.

—¿Qué pasa con los delincuentes que buscan librarse de mayores condenas apelando a problemas psicológicos?
Ahí entramos ya al mundo de los prejuicios porque se toma por descontado que esa persona está tratando de librarse de una pena más importante.

—Pero es un pensamiento que existe…
Exacto. Estamos trabajando para que las personas puedan ver más allá de eso. Hay que saber que los problemas de violencia siempre comienzan por un sentido de humillación. Hablar de actos irracionales de violencia no tiene sentido, siempre hay una razón. Pero en lugar de entender eso es más fácil decir que lo castiguen, aunque eso lo ponga peor. O sea que como sociedad estamos haciendo algo que va a producir más odio en esta persona, más deseo de revancha.

—¿Por qué lo hacemos?
Porque nosotros también nos sentimos castigados por la violencia. Pero entonces nos ponemos a la par de la otra persona. Hay que ver más allá. En la prisión terapéutica, un hospital-prisión para los peores criminales, conocí a un hombre que había matado a su mujer de 36 puñaladas en el vientre cuando se enteró de que estaba embarazada de otro hombre. Fui a verlo para saber si podía ir a terapia o no. En su caso se puede ver cómo funciona la humillación, pero no solo la de ese momento sino la de su historia previa…

—¿Qué le pasó?
Cuando era niño en su casa había una violencia doméstica increíble. Él era el séptimo hijo, el menor y siempre quiso defender a su mamá. Los niños que son testigos de violencia se sienten totalmente impotentes. Después de varios años la madre volvió con su marido y tuvo seis hijos más. Inconscientemente, ese hombre tiene que haber sentido una humillación tremenda. En el instante del crimen reaccionó así por la humillación del momento, pero la historia previa también le daba más fuerza internamente para que cometiera ese crimen.

—¿Cuándo se gesta el germen de la violencia?
Generalmente en la niñez y además cuando hay un sentido de desesperación de no poder comunicarse con nadie. Por ejemplo, quienes han cometido crímenes recuerdan mucho que fueron criados por madres o padres abusivos. Ahí hay una semilla de violencia tremenda.

—¿Cómo es para usted acercarse a esas personas? ¿Alguna vez tuvo miedo?
A mí siempre me han preguntado que cómo es que soy tan chiquita y he estado con gente tan peligrosa. Pero te diré un secreto: yo también tengo violencia, pero sé cómo manejarla. La gente que es violenta se da cuenta de los que también lo son. Nos miramos y nos sabemos.

—¿Cuál es el caso que más la ha sorprendido?
Hay cosas increíbles que son lo contrario de lo que parecen. Tomé como paciente a una mujer a la que le gustaba descubrir sus genitales ante la gente y en el consultorio hacía lo mismo frente a otros pacientes. La puse en un grupo en el que estaban un hombre que había cometido todo tipo de violencia sexual contra mujeres y un asesino. Pero el grupo tenía más miedo de ella que de cualquier otro. Se convirtió en la paciente más peligrosa de todos.

— ¿Se diferencia la violencia del hombre y de la mujer?
El hombre ataca afuera y crea un sentido de peligrosidad, de temor en sus víctimas, para sentirse él peligroso. La mujer se ataca a sí misma o a los objetos que cree que son de su propia creación, es decir sus hijos.

—¿Se puede curar una perversión?
No hablemos de curar, sino de tratar. Es muy importante el tema del acceso. Hay personas que se pueden tratar y otras que no. En la perversión se da una deshumanización de la otra persona, no se la ve como una persona, se la ve como un objeto al que le puede hacer lo que se le da la gana en un momento porque eso es lo que sintieron ellos cuando fueron niños. Todo es inconsciente.

—¿Cuál cree que es el camino para empezar a combatir la violencia?
El doctor Darian Leader dijo hace unos días que puede haber una humillación social y que eso puede ser una motivación para la violencia. El problema es que tendemos a reaccionar de la misma forma. Nos castigan, entonces los castigamos. Es una respuesta automática que damos sin pensar. Además, existe esa curiosidad malsana, una fascinación de la gente por la violencia. Tenemos que vernos a nosotros mismos, ver qué es lo que nos interesa y por qué. Y tenemos que poder hablar de eso.

PERFIL

Nací en 1939 en Argentina, donde estudié Medicina para ser psiquiatra. Sin embargo, los últimos 54 años he vivido en Inglaterra. Allí fundé la Asociación Internacional de Psicoterapia Forense, de la cual soy presidenta honoraria vitalicia.

Fuente: https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/estela-v-welldon-psicoanalista-frente-violadores-asesinos-noticia-509426

“La pregunta ¿por qué me querés? sólo puede responderse mintiendo”

Mariano López, las neurosis en el amor

Docente e investigador, se dedicó a estudiar con una mirada psicoanalítica el fenómeno del amor, que siempre es sintomático, explica. “Lo que el otro encuentra en mí no es exactamente yo”, señala. El amor y la angustia, el amor ideal, el deseo y su falta, el amor en el análisis.

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Por Oscar Ranzani

Uno de los temas esenciales en la vida de cualquier ser humano es el amor que, según cómo cada sujeto lo experimente, puede ser el motor de empuje para lograr plenitud personal o bien transformarse en el mascarón de proa de un penoso naufragio sentimental. Motivo de charlas interminables entre amigos para entender la opinión de quienes se conocen de años, el amor siempre da lugar a un debate fecundo para desentrañar el actuar de la pareja de alguno/a de ellos/as. Es también el amor una de las palabras que más resuenan en el diván desde que el psicoanálisis se propuso indagar en el universo inconsciente de las personas. Pero, ¿por qué el amor es siempre sintomático para el psicoanálisis? El analista Mariano López señala a PáginaI12 que “eso es un descubrimiento freudiano que, hoy en día, tiene incluso toda su importancia política porque el descubrimiento de Freud consiste en que no hay una norma en cuanto al encuentro de dos cuerpos”, según explica este docente e investigador en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires de las materias Psicopatología, Clínica de adultos y Usos del síntoma. Miembro del Foro Analítico del Río de la Plata y de la Internacional de los Foros-Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano (IF-EPFCL), López se dedicó a estudiar con rigurosidad analítica el fenómeno del amor, un tema convocante para cualquier individuo con sólo nombrar esa palabra de tan solo cuatro letras que puede dar lugar a una vida dichosa como también a dolorosos desequilibrios emocionales.

Parte de su investigación sobre “el” tema del ser humano –tal vez el más importante antes que la muerte– la plasmó en el libro que coescribió con la psicoanalista Cecilia Tercic en El deseo como destino. Acerca del amor y la sublimación (Ed. Letra Viva). Pero López también suele establecer su mirada psicoanalítica sobre el amor en las conferencias “El amor en las neurosis” de la materia Psicopatología de la Facultad de Psicología, que suelen ser muy concurridas todos los años y que son motivo de un aplauso colectivo al finalizar cada una de ellas. López retoma la idea de que el amor es siempre sintomático para el psicoanálisis: “Es un descubrimiento que Freud realizó justamente a partir de haberse encontrado con la variabilidad en los seres humanos de la elección, en principio, de su objeto amoroso. Los planteó en textos como, por ejemplo, Tres ensayos sobre teoría sexual. “Ahí Freud lo planteó como perversiones y se encontró con que no hay norma. Tampoco hay un objeto natural. Tal vez hoy en día decir: ‘No hay un objeto natural’ es algo que tiene su aceptación, pero en los tiempos de Freud claramente fue algo disruptivo. Que el amor sea sintomático, en principio, parte de que no hay un objeto adecuado para todos como especie. No hay eso. Sin embargo, hay algo que suple lo que no hay: lo podríamos llamar síntoma.”

–¿La elección de un objeto de amor es inconsciente o qué otros factores intervienen?

–Es siempre inconsciente. La pregunta por la determinación del objeto de amor es un clásico: “¿Por qué me querés?” Es una pregunta que sólo puede responderse mintiendo. Desconocemos cuáles son los motivos, las causas que hacen que cada uno elija un objeto distinto, aunque en algunos casos algo de eso puede situarse. Hay casos famosos, donde Freud pudo situar una condición erótica. Eso puede decir algo en cuanto a la elección del objeto, a que un cuerpo sea atraído por otro cuerpo. Después hay que distinguir al amor de eso. Una cosa es la atracción de un cuerpo por otro cuerpo y otra cosa es el fenómeno amoroso, en términos de decidir permanecer cierto tiempo con ese alguien al que nuestro cuerpo nos atrajo.

–¿O sea que no se puede responder la pregunta acerca de qué es lo que hace que un sujeto se   enamore?

–Se pueden decir algunas cosas. En principio, hay determinaciones; es decir, que existe lo que Freud llamó “las condiciones de amor” y que son condiciones que se producen a partir de la fijación de la pulsión a algún objeto. Freud estableció condiciones de amor en términos reales, donde ubicamos particularmente la fijación de la pulsión. En términos imaginarios, también: Freud habló de las imago, por ejemplo, maternas y paternas. Y también en ciertos rasgos significantes. Es decir que sabemos que hay determinaciones del objeto de amor. La elección no es azarosa, pero el azar tiene un lugar en la construcción de esas condiciones de amor. Una vez que eso se establece, en la elección del objeto hay determinación, pero en la constitución de las condiciones de amor interviene el azar. Podemos decir algunas cosas respecto a las elecciones amorosas, pero el amor siempre es algo del cual no se puede decir del todo. No se pueden construir determinaciones absolutas. A eso me refería con que siempre hay algo del misterio del amor que se mantiene, incluso aun en el amor de transferencia.

–¿Qué diferencia hay entre amar y estar enamorado, según el psicoanálisis?

–No sé si en el psicoanálisis tenemos una diferenciación formal teórica entre el fenómeno del amor y el estar enamorado. En general, se suele llamar enamoramiento a cierto primer momento en el encuentro amoroso. Y se suele usar la expresión del amor para algo que puede trascender ese momento donde se produce, tal vez, el efecto ilusorio de que hay complementariedad, que la elegida es la persona perfecta para uno, que no hay desencuentro. Evidentemente, para que el amor pueda trascender ese primer momento más ligado a la idealización se requiere que algo del síntoma del otro pueda soportarse e incluso, en cierta manera, ponerse en relación con el propio inconsciente.

–Usted menciona el tema de la complementariedad y, en ese sentido, el mito de la media naranja no existe porque para el psicoanálisis no hay complementariedad en una relación, ¿no?

–Para el psicoanálisis no hay complementariedad en ninguna relación. Eso tiene que ver con lo que me preguntaba anteriormente: ¿Por qué para el psicoanálisis el amor es siempre sintomático? Decía antes que es algo también político del psicoanálisis. Y me parece que hoy en día el psicoanálisis tiene una posición política en cuanto a sostener que el amor es siempre sintomático porque hay ciertas teorías y corrientes que, de alguna manera, plantean que el amor podría ser algo armonioso, en donde se pueda dialogar (algo que hoy está muy en boga) tranquilamente, sin pasiones, sin enojos. El amor no tiene mucho que ver con eso. En el amor, el desencuentro está presente todo el tiempo. El amor es el encuentro de dos seres irremediablemente distintos. Entonces, que no haya complementariedad es para el psicoanálisis una posición política que es enseñada por los analizantes a los analistas. Nosotros, los psicoanalistas aprendemos del amor fundamentalmente por nuestro análisis, pero también por lo que nos encontramos de nuestros analizantes. Entonces, que el amor sea siempre sintomático también implica esta idea de la no complementariedad. Ahí hay dos. Y algo fundamental para el psicoanálisis es que dos no hacen uno. Y el desencuentro es fundamentalmente el signo de que ahí hay dos. El desencuentro es siempre angustiante. Por eso, la angustia no es un fenómeno que hay que separar del fenómeno amoroso. Incluso, no es algo que el psicoanálisis combata ni elimine. La angustia tiene para los seres hablantes una función de orientación que nos sirve justamente para orientar nuestro deseo. El deseo no es algo que podamos decir: “Quiero tal o cual cosa”. El deseo no es articulable del todo en la palabra. Y la angustia puede servir para que alguien haga otra cosa que la que hace el neurótico porque éste frente a lo angustiante, a la angustia de castración, de lo que podría perderse, retrocede. Sin embargo, se podría hacer otra cosa distinta: como plantea Lacan, frente a la angustia se le pueda arrancar su certeza. Para los psicoanalistas, la angustia porta una certeza. Y es la certeza de que ahí hay algo que vale la pena. Lacan nos enseña que no engaña. En tanto afecto que no engaña, el ser hablante podría hacer otro uso de la angustia que no sea retroceder sino darle su valor, su sentido de orientación, más para avanzar que para retroceder. Y digo lo de la angustia porque el uso que hacen otras disciplinas de la angustia o lo que hacen con la angustia es intentar que desaparezca: medicar o sugestionar para que no haya angustia. Es lo que impera hoy en día: cuando hay angustia hay desencuentro y “Eso no va más”, “Hay que cambiar por otro objeto”. Es la lógica del mercado: cambiemos por otro objeto, fantaseemos con que hay otro que funciona mejor, nuevo modelo más afín con nosotros.

–¿Cómo puede incidir un análisis para romper con la fijación del objeto amoroso que no satisface?

–Un análisis incide sobre las elecciones amorosas. El deseo no siempre se dirige a lugares interesantes para los sujetos. Lacan hablaba de deseos locos, de deseos que se sostienen solamente en una prohibición; es decir, que alguien podría desear algo sólo porque otro se lo prohíbe. Eso, tal vez, no es muy interesante para alguien. Entonces, un análisis incide sobre el deseo. Y eso tiene consecuencias a nivel de los objetos de amor.

–¿Cómo el análisis incide sobre eso? 

–Bueno, todo el dispositivo analítico está construido sobre la base de repartir dos lugares: el del analizante y el del analista. En esa repartición, el único sujeto es el analizante. Y para el lugar del analista queda el lugar de objeto. Esto quiere decir que es colocado ahí, solito, por el analizante. Es lo que Freud llamó la dinámica de la transferencia. El analista queda en el lugar de objeto, como en cualquier otra relación, sólo que el analista soporta ese lugar. Encarnar ese lugar de objeto permite que el analizante, en ese contexto de la transferencia, pueda desplegar todas sus fantasías y todas sus repeticiones. Y no es a partir solamente del relato. Freud descubrió que ese otro registro en donde transcurre un análisis no es el del relato sino del plano que se actúa con el analista, de lo que se actúa sin saber con el analista. Entonces, Freud dijo que el analista puede maniobrar con la transferencia, incidir en eso que se repite. Es incidir por el acto mismo del analista en algo que está ocurriendo en ese momento con él. Ningún objeto va a satisfacer del todo, pero eso no quiere decir que alguien no pueda elegir un objeto mucho más satisfactorio que otro. ¿Cómo el análisis puede incidir sobre eso? Porque esas insatisfacciones se reiteran con el analista, porque al ser esas condiciones de amor repetitivas el analista entra dentro de la serie y se convierte en un objeto más con el cual el analizante repite. Entonces, el espacio fundamental para poder intervenir y cambiar algo de esas elecciones, en las cuales el sujeto padece, se produce a partir del fenómeno transferencial, que es esa repetición en acto que ocurre con el analista y que Freud llamó neurosis de transferencia. El dispositivo analítico monta un artificio que luego es fundamental que se desarme. Por eso Freud decía que el analizante se va a enfermar también del analista. El analista va a ser un elemento más de esos síntomas. Lacan luego dijo que eso es la otra mitad del síntoma. Y eso es lo que hace que pueda tener alguna incidencia.

–¿Qué lectura puede hacer sobre el amor ideal que sienten algunas personas o sobre la idealización del amor?

–Lo que pasa es que la idealización del amor varía con el tiempo. ¿Cuál es el amor ideal? ¿Es estar toda la vida juntos y llegar a viejitos juntos? No sé si hoy es esa la versión imperante del amor ideal. Primero habría que ver si hoy en día el amor está tan idealizado. Sin duda, tiene un lugar fundamental, pero esa versión del amor para toda la vida no sé si hoy está tan idealizada. Me parece que hoy hay algo más de los encuentros, el “hasta que dure”, “hasta que funcione”. Hay algo de la temporalidad en relación a los lazos amorosos que ya es distinta, incluso jurídicamente: la gente puede separarse, volver a juntarse… Por eso, hay algo del amor ideal o del ideal del amor que va cambiando de acuerdo a los tiempos aun cuando uno no se lo proponga sino que estamos siempre bajo ciertos discursos que nos determinan y hacen que nuestras elecciones respondan a algo como los ideales de una época, de un momento. Tal vez hoy en día estamos en crisis con los ideales.

–¿Siempre hay un amante y un amado o se puede revertir esa polaridad?

–No siempre. Lacan habló de la metáfora del amor, en donde lo que el amante demanda es hacer de sí el amado. Entonces, la metáfora del amor para Lacan es que esos lugares se inviertan. No necesariamente en las relaciones uno es el amado y otro es el amante sino que esos lugares cambian, rotan.

–¿Por qué cree que es posible que haya parejas que duren muchos años a pesar de la falta de deseo?

–Tal vez no es porque hay falta de deseo, porque ¿qué quiere decir que hay falta de deseo? ¿Qué hay falta de deseo sexual entre ellos?

–Por ejemplo.

–Lo que pasa es que el deseo es algo que el neurótico sostiene fundamentalmente en la fantasía. Entonces, una pareja podría no tener encuentros sexuales y eso no quiere decir que el deseo no esté presente. Justamente, hay que distinguir el deseo del acto. Puede haber muchísimo deseo sexual, pero un deseo sexual que pase por la mente, por la fantasía, incluso por los síntomas mismos. Para el psicoanálisis, el síntoma es algo que encarna el deseo, donde el deseo se encuentra presente. El neurótico es un ser altamente deseante, pero justamente la dificultad que tiene es la de poner ese deseo en acto, en eso que le interesa. Entonces, una pareja podría permanecer muchísimo tiempo junta por muchas razones, pero no quiere decir que el deseo no esté presente. Este puede estar en otros lugares, en otras cosas, con otros, pero fundamentalmente en el campo de la fantasía. La particularidad del neurótico es que su posición en el deseo es la fantasía y su dificultad es poner en acto algo de eso.

–¿Cualquier sujeto puede amar a una persona y desear a otra?

–Eso lo ubicaría en la estructura psíquica del obsesivo. En el texto Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa Freud planteó fundamentalmente eso en el hombre. Entonces, está la división entre la mujer amada y la puta. Amar a una y desear a otra es una problemática que yo pondría del lado del obsesivo.

–¿Cuál es la diferencia entre el objeto de amor y el objeto de deseo?

–La diferencia fundamental es que el objeto de amor es un objeto total. En cambio, el objeto de deseo para Lacan es lo que llamó objeto a, que ya no es un objeto total, sino parcial. Esto trae múltiples consecuencias. En principio, la diferencia entre el objeto de amor y el objeto de deseo hace que ya, en términos de deseo, uno ame en el otro algo más que el otro, algo que no es exactamente así como “mi mujer, sus características, sus particularidades”, sino algo más cercano a un rasgo. Además, ese objeto de deseo, a diferencia del objeto de amor hace que el otro se vuelva un poquito menos especial porque “como amo en el otro algo más que el otro” no es exactamente que “lo amo a él y no podría amar a ningún otro en el mundo” sino que “yo podría amar a otros”, en tanto otros podrían encarnar ese objeto que es una condición más propia que una particularidad del otro. Lacan decía que el objeto a es generalizable. El generalizable es opuesto a la característica de uno, solo, único, singular, especial. Que además es lo que Lacan llamó “El callejón sin salida del amor”. Y es que para ser amado hay que ser deseado. Pero cuando uno es deseado queda reducido a ese objeto. Eso puede hacer que alguien que es amado también se angustie. Por eso, tal vez hay algo del amor que desafía un poco el narcisismo. Es la paradoja del amor: uno va en la búsqueda del encuentro amoroso para encontrar cierta consistencia para el propio ser, ser algo para el otro, ser reconocido por el otro, y eso, en general, falla. Justamente, no falla porque algo esté mal, porque algo en la pareja no funcione sino que falla porque hay algo estructuralmente fallado. Y tiene que ver con algo que empezamos hablando: el amor es siempre sintomático. Y como es siempre sintomático, lo que el otro encuentra en mí no es exactamente yo. Entonces, yo no encuentro demasiada consistencia en eso sino lo contrario: más bien me desarma. Y por eso puede angustiarme. Decía que es paradójico porque uno cree que va a “ser para el otro”, “que el otro me reconozca”, y cuando pasa el tiempo del enamoramiento se van cayendo las máscaras del amor. Y uno se va encontrando que uno no es único, especial, que hay desencuentros, que el otro no completa.

–¿Qué diferencias podría señalar finalmente entre el amor de un neurótico y el de un sujeto que pasó por la experiencia del análisis?

–Un análisis abre la posibilidad de curarse de la enfermedad neurótica, esto es de devolverle a quien lo emprende la chance de tomar otra posición frente a las elecciones que más le conciernen. Allí donde Freud descubrió que en la causa del síntoma está el elegir no elegir, su invención reabre la oportunidad de elegir con la consecuente pérdida que implica ese término. Pero no sólo de pérdida se trata la elección sino también de la ganancia de una satisfacción más directa, menos costosa que las vueltas metonímicas por los equívocos significantes que ocurre cuando el hombre traiciona su deseo. Saberse objeto, con todo lo que esto implica, saca al neurótico de su indeterminación y produce, entre otras cosas, que deje de esperar recibir su ser del Otro. La pregunta que se impone es: si el amor es justamente el intento de dar consistencia al ser por la vía de ser para el Otro, ¿cómo pensar el amor de un sujeto tratado? ¿Es que el sujeto que ha concluido su análisis ya no ama? No parece ser la liquidación del amor la perspectiva que Lacan tiene del fin de análisis. Un análisis debiera servir para dar un asomo de vida al amor, amor que en el Seminario 21 es caracterizado como un medio-decir, o más bien como dos medio-decires que no se recubren, como la conexidad entre dos saberes en tanto que ellos son irremediablemente distintos. ¡Irremediablemente distintos!

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/101606-la-pregunta-por-que-me-queres-solo-puede-responderse-mintien

La maternidad, un ejercicio errante

El trabajo Lo femenino y lo maternal en nuestra época indaga sobre los discursos actuales, la forma en que son implementados por quienes se encargan de la crianza y el lugar del psicoanálisis ante los mandatos inalcanzables que circulan.

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Por Victoria Arrabal

Un proyecto de la Universidad Nacional de Rosario exploró los discursos con mayor impronta en relación a la maternidad. Por un lado, los de base “innatista”, de amplia referencia a la experiencia maternal más instintiva, a los sentimientos de la madre como guía hacia la verdad. Por otro lado, están los de “expertos” con un saber fundamentado en supuestas bases científicas que posibilitarían una “buena forma” centrada en un disciplinamiento de las conductas de los padres en la relación con los niños.

Pero en el consultorio surgen vacilaciones, ambivalencias, respecto a ocupar el lugar de la maternidad y un sufrimiento que se vive como debilidad personal, por el “nunca estar a la altura de la función”, en tensión con la época que pide puros actos eficaces, homogéneos, orientados, sobre‑significados, según afirman los investigadores Carlos Barbato, Adelmo Manasseri y Luisina Bourband.

En este sentido, consideran que el psicoanálisis cobra más vigencia dado que, frente a las distintas versiones de la experticia, es uno de los pocos testimonios que puede trabajar en función de recordar que las experiencias exigen siempre una referencia al límite.

El instinto materno

En medio de una crisis en la transmisión del “saber hacer” a través de las generaciones y de una psicologización de la crianza que comenzó en los años 60 con la Escuela para Padres de Eva Giberti y Florencio Escardó, las madres buscan lecturas sobre cómo deben actuar que les otorguen alguna seguridad en cuanto a la eficacia de lo que están haciendo.

Entre los discursos con mayor llegada está el de la experiencia maternal más instintiva que sigue la línea de crianza “con apego”. Por ejemplo, la obra Bésame mucho del pediatra español Carlos González y en nuestro país, los libros de Laura Gutman.

Las premisas fundamentales son las que sostienen que la madre debe responder lo más rápidamente posible a las demandas de su hijo; que debe tener en brazos al niño todo lo que sea necesario o todo lo que demande; que debería dormir en la cama de los padres hasta que él mismo decida irse. Por supuesto, realzan los beneficios de la lactancia materna exclusiva y extendida: no sólo debe ser a demanda, sino extenderse en el tiempo más allá de los dos años de ser posible. Ante todo, postula que jamás debe dejarse llorar a un bebé y que ambos padres, pero especialmente la madre, deben responder rápidamente a sus demandas: de cariño, de alimento, de contención.

Con o sin fundamento científico, este discurso hace énfasis en cómo debe ser una buena madre: dejar de lado sus cosas al menos en los primeros años de crianza del niño, ya que ello es lo más importante. Dado que necesita de atención y contacto permanentes, estar pendientes de sus demandas se transforma en una de las premisas a seguir. Se asegura a estas madres que, en contrapartida, criarán hijos más seguros de sí mismos, independientes y autónomos.

“Todas esas noches sin dormir, esos años relegados de vida profesional, serán recompensados al lograr criar un niño sin grandes conflictos o problemas que podrá enfrentar las vicisitudes de la vida con confianza en sus herramientas y con valor suficiente”, expresa la doctora en Psicología Luisina Bourband.

Por otro lado, aparecen los discursos de “expertos” fundamentados en supuestas bases científicas. El exponente más difundido de esta corriente es el pediatra español Eduardo Estivill, que en su famoso libro Duérmete niño da consejos a los padres acerca de cómo lograr conciliar el sueño de un niño pequeño. Lo califica como un fenómeno natural que el niño puede hacer sólo desde los tres meses. Para que los padres aprendan a condicionar esta conducta, plantea una serie de pautas que han sido probadas científicamente y que deben seguirse disciplinadamente. “La idea es que la ciencia tiene la respuesta, y si concedemos someternos a ella, nos enseñará cómo hacerlo y mejorará nuestra vida”, sostiene la profesora.

Aparentemente, estos discursos se presentan como contrapuestos: el primero basado en la teoría del apego; el otro es el postulado desde la perspectiva conductista. “Consideramos que las dos teorizaciones son ‘naturalistas’, más allá de que apunten a lo innato o lo adquirido respectivamente, ya que plantean una relación instintiva, natural, animal, entre los seres humanos e ignoran que la maternidad no tiene nada de natural, sino que más bien, requiere de un complejo entramado psíquico”, explica Bourband y agrega que estos discursos tienen cabida ante el vacío de transmisión de experiencias singulares, convirtiéndolos en mandatos inalcanzables, que cobran mayor ferocidad a partir de las características que presenta la época.

“Hazlo así” en la publicidad

Las propagandas de productos de limpieza muestran a mujeres‑madres en estado de realización personal por haber limpiado o encontrado el producto perfecto para la protección de su familia. Los slogans dejan entredicho que las mamás tienen que estar las 24 horas saludables, al servicio de los hijos, al cuidado de la familia, e incluso de ellas mismas.

“Ante ese panorama tenemos como saldo permanente un sentimiento de culpa por la ineficiencia estructural para lograrlo, que se presenta como un ‘problema personal’, un ‘no dar en la talla’, o ‘estar en falta’, frente a todas las demás que ‘sí pueden'”, afirma la psicóloga. Sin embargo, reconoce que existen excepciones en las publicidades que incluyen un rasgo de ambivalencia, como una de La Paulina (2016), que muestra una madre en una cocina semioscura, cuya imagen se superpone con un bosque nocturno. Cocinar y atravesar ese bosque, lleno de peligros, sola, es el mismo acto. En esa faena, sufre, se corta, transpira, se quema.

Lo que analiza la investigación es que este orden hegemónico no permite pensar a la maternidad como síntoma. Y es allí donde la literatura tiene mejores chances. Por ejemplo, los libros de la escritora argentina Ariana Harwicz, refieren a la maternidad desde distintos ángulos. “Nos transporta durante toda la obra a su estado de desesperación, que de tan desopilante resulta por momentos cómica, atravesada por la interrogación: ¿Cómo se dice, cómo se experimenta, cómo se llega a ‘ser madre’?”, comenta.

La maternidad es para la narradora un ejercicio errante, que lejos de inhibirla, la enfrenta al vértigo de la aceleración, a la precipitación de acciones inconexas, fallidas, rechazadas. La escritura en primera persona funciona como el reverso del discurso de la experticia, aquel lugar de la subjetividad donde éste no llega.

Hay otras narrativas que se centran en las fisuras, como por ejemplo Guía (inútil) para madres primerizas, de Ingrid Beck y Paula Rodríguez o la serie de TV Según Roxi con discursos que, desde la humorada, apuntan a lo fallido.

“En este contexto, entendemos que el psicoanálisis cobra más vigencia dado que se orienta a que la madre pueda preguntarse qué es lo que quiere o puede sostener de esos discursos innatitas y culturalistas y a su vez, posibilita pensar la maternidad como un nudo, un síntoma, que condensa ambivalencias y que cada una debe habitar como pueda”, concluyen los profesionales de la UNR.

El equipo de investigación está formado por los psicólogos Carlos Barbato, Adelmo Manasseri, Luisina Bourband, Lucía Brienza, Maria Laura Beccani, Hernán Cornejo, Florencia Harraca, Luciana Wulfsohn, Gabriela Gastaldi, Laura Capella, Silvina Garo, Pablo Zenón, Alvaro Pérez, Carolina Rovere, María Soledad Ríos, Mariana Pachioni; la doctora en Letras Roxana Guardalá y la estudiante de Comunicación Social Florencia Manasseri.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/102033-la-maternidad-un-ejercicio-errante

«Si nunca se dice que un diabético ha asesinado, ¿por qué se matiza si lo hace un esquizofrénico?»

Según los expertos solo el 3% de los enfermos mentales son agresivos si no están adecuadamente medicados, por eso los afectados solicitan una mejor imagen en los medios de comunicación para acabar con los estigmas sociales

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Durante la I Jornada «Imagen de la salud mental en los medios de comunicación», evento organizado por La Barandilla y ASISPA, quedó patente que en la sociedad reina una imagen «paleolítica» de los enfermos mentales.

Toni Ocaña, un joven diagnosticado hace cinco años por padecer Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y socio de la entidad Tú Decides, apuntó durante su intervención que en lo que respecta al trato hacia los enfermos mentales no se ha avanzado en nuestra sociedad, «sigue siendo un asunto tabú». «Los afectados somos un colectivo muy numeroso, y bajo el paraguas de salud mental, hay muchas enfermedades y transtornos, por lo que se nos debería tener en mayor consideración».

Lamentó que se ofrezca una imagen «criminalizada» de los afectados cuando solo un 3% de ellos pueden resultar violentos si no toman la medicación adecuada. «He visto muchos titulares en los que se dice que un esquizofrénico —un perturbado, un desequilibrado…, términos, además, inadecuados— ha matado a una persona, pero nunca he leído un titular semejante diciendo que un diabético, un hipertenso o una persona con cáncer ha matado. ¿Por qué? ¿Por qué se hace con los enfermos mentales, cuando hay una parte mucho mayor de la población que comete estas atrocidades y no son enfermos mentales? ¿Por qué esta tendencia a relacionarlo?», se preguntaba.

«Hay que salir del armario»

Sugirió que, al igual que hay periodistas especializados en economía, las agencias de comunicación «deberían contar con profesionales especializados en salud mental para dar una información más cuidada y respetuosa, para cuidar los términos que se utilizan, que no sean despectivos, y que ayuden a dar visibilidad a un asunto de gran importancia para los afectados y para sus familias que tanto sufren esta situación y que, dadas las circunstancias, muchas de ellas también se sienten presionadas a no dar visibilidad a la enfermedad por estar tan estigmatizada».

Durante la jornada, Ángel Antonio, ingeniero, socio de Tú Decides, locutor del programa radiofónico «Conecta con nosotros», explicó de manera muy emotiva cómo ha sido su vida desde que le disgnosticaron esquizofrenia de joven. «Cuando la enfermedad empezó a hacerse dueño de mí, pensé que no merecía la pena vivir», aseguró. Sin embargo, su capacidad de lucha y tesón le han permitido echar un pulso a la esquizofrenia y, hoy por hoy, lleva una vida «normalizada», asegurando que «me siento más feliz ahora que antes de ser diagnosticado porque ahora me conozco mejor y por todo lo que he logrado hacer».

También resaltó que la imagen que se proyecta de las enfermedades mentales, si es positiva, «ayuda en gran medida a la rehabilitación de los afectados, por eso es tan importante que sea una información cuidada y rigurosa».

En su turno de palabra, Ricardo Guinea, presidente de la Asociación Mundial de Rehabilitación Psicosocial, apuntó que desde el cine —películas como Psicosis—, o series de ficción pasadas y actuales, se ha fomentado una imagen de la enfermedad mental asociada con la peligrosidad y violencia. «Aunque, es verdad, que poco a poco va cambiando y algunas series y películas introducen personajes con alguna patología alejada de esta violencia. Pero aún queda mucho por hacer».

Entre sus propuestas destacó la de realizar más jornadas en las que se hable del asunto, fomentar la visibilidad de la enfermedad en el día a día de los afectados para mostrar que pueden llevar una vida más o menos normalizada, hablar con los profesionales expertos para acabar con mitos y creencias falsos, mostrar ejemplos de pacientes que son una verdadera lección de vida… «Es importante mostrar la realidad de los afectados y familias y, sobre todo, lograr de una vez por todas que los enfermos mentales “salgan del armario”», puntualizó.

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-si-nunca-dice-diabetico-asesinado-matiza-si-hace-esquizofrenico-201803210159_noticia.html