Líos heideggerianos

Heidegger

Los artistas famosos suelen tener hermanos sin renombre y con los que se relacionan a veces con intensidad, fue el caso de Van Gogh con Théo, de Unamuno con Fernando, de Heidegger con Fritz; el apellido queda en propiedad de los nombres célebres. Veamos el caso de este último. ‘Herder’ acaba de publicar un breve libro con la Correspondencia (1930-1949) entre Martin y Fritz Heidegger. Cinco años menor que el filósofo y “la única persona con la que en verdad puede contar es su hermano”, según escribió Hannah Arendt en 1952. Era culto y tenía un defecto en el habla. En 1931 le confesó a Martin que le repugnaba “el politizar vulgar”, que se había despedido de la política del partido y que tomaba nota sólo de los propios sucesos y que se formaba un juicio de ellos sin guiarse por los periódicos. En 1933 se refería las marchas de antorchas y calificaba a Göbbels de ‘dictador de la vida espiritual de Alemania’, que tendía ‘a un colectivismo espiritual, a un pastor y un corral de ovejas’. Asimismo, le decía a Martin: “no sé si es puro engaño o no, pero una determinada actitud y la mirada de Hitler en las imágenes actuales me recuerdan con frecuencia a ti. Ya solo esta comparación me ha conducido en ocasiones a la conclusión de que Hitler es un tipo extraordinario. Pero no acabo de fiarme de dos cosas”. Por su parte, Martin, recién elegido rector de Friburgo, le dijo que ingresaba en el partido nazi por la conciencia de que solo así era posible purificar y esclarecer todo el movimiento: “Aunque tú de momento no te decidas a hacer lo mismo, te aconsejaría que te prepares interiormente para una adhesión, y que de ninguna manera hagas caso a las cosas bajas y poco loables que se producen en tu entorno”.

Ya en 1937, daba prioridad a meditar y a reconocer que aunque no tengamos la verdad, hemos de estar dispuestos a preguntar por ella.

El filósofo no conoce el ‘pesimismo’ (que unía a la representación de un mosto agrio en vasos de un color muy dudoso). En 1939, deploraba que en todas partes se quisiera evitar la guerra, y que se pretendiese resolverla agotando los nervios. Dos años después, señalaba que el aroma de nuestra prensa no le gustaba nada. Y reivindicaba la serenidad interior y la alegría por lo esencial e indestructible. Y ya en 1947, ‘desnazificado’ a la fuerza, mencionaba la objetividad vacía de contenido y declaraba que la esencia de la verdad es la libertad: O renueva el mundo o llega el final.

 

Fuente: https://www.catalunyapress.es/texto-diario/mostrar/1088530/lios-heideggerianos

“El problema del amor es que hay demasiado narcisismo”

"El problema del amor es  que hay demasiado narcisismo"

Es la analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL)  y la Asociación Mundial de Psicoanálisis, directora del Instituto Oscar Masotta (IOM). Dictó  en Jujuy el Seminario clínico2018 “La transferencia, el amor en la vida de los sexos y en la experiencia analítica”. Habló de la violencia que ejerce el hombre a la mujer y viceversa, y la transferencia.

 

¿En qué consistió la presentación del seminario y la conferencia “La guerra entre los sexos”?

-Hablé de la guerra entre los sexos porque lo que asistimos no es solamente al tema de la violencia del hombre en relación a las mujeres sino la violencia de las mujeres en relación a los hombres. Justamente esta dimensión de la violencia se pone en juego cuando el amor decae. Es decir que el amor es lo que permite aminorar toda esta cuestión de violencia y agresividad que aparece entre los sexos, y que también da lugar a un auge cada vez más creciente de la homosexualidad femenina y masculina, es decir qué pasa en la relación entre un hombre y una mujer. Por un lado el tema de la violencia del hombre en relación a la mujer que lo podemos pensar no como la mayoría que lo ubica en un tipo de régimen patriarcal. Es que tiene que ver con un tipo de decadencia del padre y donde el hombre violento quiere expresar su virilidad a partir de la agresividad porque ya no tiene autoridad; es decir que el hombre machista es el hombre impotente. Un hombre que se ubica como quien tiene autoridad no expresa de ninguna manera esa autoridad bajo la forma de la violencia. Esto lo plantea muy bien (Cohier) cuando dice “cuando hay violencia es porque ya no hay autoridad”.

¿Es decir que no se habla de igualdad sino de autoridad en la relación?

-Claro, el amor siempre es una vacuna, hace que los componentes agresivos no tengan el lugar que tienen ahora. También podemos ver la violencia de las mujeres a los hombres cuando niegan la sexualidad masculina, y cuando no aceptan por ejemplo que un hombre diga un piropo. Se llega a ese extremo donde confunden la conquista amorosa con el abuso. Es decir una cosa es el abuso y otra es la que son realmente víctimas, y otra son esas actrices que se sienten acosadas por cualquier tipo de insinuación y creo que esto desmerece lo que es realmente una víctima de una violación, de un abuso, una injusticia y todas aparecen como víctima.

¿Usted considera que hay una exacerbación en todo esto?

-Exactamente, y donde se minimiza y se tapa lo que son los excluidos, las víctimas, los niños abusados, los excluidos del sistema capitalista y demás. Entonces también creo que también esa es una forma de violencia frente a la sexualidad masculina donde al hombre le gusta aun poco importunar, conquistar, sin que eso sea un abuso. Y la violencia del hombre en relación a la mujer tiene que ver con el machismo y aparece cuando un hombre no tiene autoridad. Eso tratamos en la conferencia y luego estamos tratando la transferencia que tiene que ver con el amor, es decir no hay análisis sin transferencia y no hay transferencia sin amor.

¿En qué consiste este concepto de transferencia?¿Se transfieren sentimientos?

-La transferencia analítica tiene que ver con creer que el otro puede ayudarme a develar una verdad. Siempre amamos aquél que creemos que tiene una verdad sobre nosotros, donde hay un aspecto nuestro que está en él. En realidad amamos no solamente en relación al analista sino el amor que se da, es decir que el amor supone un cierto quiebre del narcisismo. Y creo que el problema del amor en la actualidad es justamente que hay demasiado narcisismo en cierto sentido, o un tipo de narcisismo contrario al amor. Mientras que la creencia de que el otro pueda revelar algo sobre nosotros es un poco la base del amor, tiene que ver con lo que Lacan dice “amamos a quien suponemos saber”. Este es un momento en donde las personas son muy increyentes y desengañadas.

¿Por eso tal vez la fragilidad de las relaciones, el narcisismo, esta falta de compromiso…?

-Tal cual  y ponen en jaque al p sicoanálisis, el amor cada vez dura menos, o son efímeros. Y las personas, las parejas heterosexuales, las personas solas, gays, todos quieren tener un hijo porque parece que asegura como una persistencia frente a esta época de amores frágiles e inconsistentes. Recomiendo mi nuevo libro de Paidos, se llama “El cuerpo pornográfico, adicciones y marcas” donde trabajo los temas de los tatuajes y también a la pornografía, que e s contraria al amor.

¿Cómo aborda eso de la pornografía?

-Hemos notado que los pacientes jóvenes adictos a la pornografía luego tienen dificultades en las relaciones amorosas, entonces lo trato acá como un tema puntual.

¿Esto es porque no tiene que ver con un vínculo sino sólo es espectador?

-Exactamente y porque en la pornografía ofrece una visión codificada del acto sexual que no tiene que ver con la realidad. Son todas potentes mujeres que  tienen una cantidad de orgasmos, hombres que tienen penes increíbles, hay toda una mecánica que no tiene que ver con la realidad, por eso decía Flaubert que los libros obscenos  son malos porque no son reales.

 

Fuente: https://www.eltribuno.com/jujuy/nota/2018-5-12-0-0-0–el-problema-del-amor-es-que-hay-demasiado-narcisismo

Los grafitis de Mayo del 68

¿De qué hablaban las paredes durante las protestas que tuvieron lugar en París en mayo del 68?

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

00:27 / 15 de mayo de 2018

Eran otros tiempos. No había las sonadas redes sociales contemporáneas; la comunicación estaba atrapada en un oligopolio mediático; las paredes eran (casi) los únicos espacios alternativos, pero altamente expresivos. Fue así como los muros del Barrio Latino, cerca de la Universidad de Sorbona en París, se erigieron en sitios comunicativos donde los jóvenes destilaron su rebeldía durante la protesta de Mayo del 68, hace 50 años. Los jóvenes rebeldes se armaron de pinturas y aerosoles para poner su impronta discursiva en las paredes parisinas. Aquellas movilizaciones estudiantiles se convirtieron paulatinamente en una bola de nieve que puso en jaque al gobierno de Charles de Gaulle.

 

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¿De qué hablaban las paredes? Hablaban contra la “sociedad opulenta” diagnosticada por Herbert Marcuse. Una sociedad inclemente que estaba haciendo estragos con los lazos sociales. Una sociedad industrial atrapada en la racionalidad productiva y tecnológica. Una sociedad modelada para el consumo desmedido. O sea, una sociedad encaminada a la deshumanización. En efecto, los grafitis eran punzantes con esa sociedad devenida en una maquinaria alienadora. Por caso, en un muro de la Facultad de Derecho fue estampado el mensaje: “La sociedad es una flor carnívora”. Otro ejemplo en la Facultad de Derecho en Assas: “La burguesía no tiene más placer que el de degradarlos todos”.

Una de las críticas estaba dirigida a la autoridad y a la jerarquía, las cuales tenían múltiples rostros: Dios, profesor, gobernante, padre… Quizás por estos rasgos muchos estudiosos de esta revuelta la han denominado como un movimiento libertario casi anarquista. De allí la propuesta emancipadora de una mayor libertad: “La emancipación del hombre será total o no será”, se leía en otro grafiti en un rincón parisino de Censier. O aquel famoso “La imaginación toma el poder”.

 

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Uno de los ejes discursivos de esta revuelta juvenil está asociado, de manera difusa y contradictoria, con la cuestión revolucionaria. Sí, por un lado, estos jóvenes franceses intentaban diferenciarse de los “socialistas” para que su movilización no sea catalogada como revolucionaria, sino como una revuelta. Esta intención se condensó en mensajes como por ejemplo “No es una revolución, majestad, es una mutación” o “Abajo el realismo socialista. Viva el surrealismo”. Aquí se percibe la influencia del teórico del surrealismo, el francés André Bretón, que fue ilustrado en un grafiti en la Facultad de Derecho en Assas que decía: “La revuelta y solamente la revuelta es creadora de la luz; no puede tomar sino tres caminos: la poesía, la libertad y el amor”. También hubo otras alusiones respecto a esa idea socialista convencional. Por ejemplo un mensaje pintado en un muro de la Universidad de Sorbona que decía: “Heráclito retorna. Abajo Parménides. Socialismo y libertad”.

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Estas contradicciones discursivas reflejadas en los mensajes de los grafitis despertó la susceptibilidad de Jacques Lacan. Meses después de la revuelta del 68, apelando a uno de esos mensajes (“¡Las estructuras no andan por la calle!”) Lacan les dijo a sus estudiantes: “A lo que ustedes aspiran como revolucionarios es a un amo. Lo tendrán…”. O sea, mutaba de una forma de dominación a otra, del discurso del amo al discurso de la universidad. Quizás aquí esté la imposibilidad de la utopía de Mayo del 68 que se reflejó en la consigna del grafiti “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

 

Fuente: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/grafitis-Mayo_0_2928907084.html

¿Por qué es tan importante el testimonio en las vivencias traumáticas?

La palabra testimonio viene de otra: testigo (Joan Corominas), con lo que quiero subrayar que lo verdaderamente importante del testimonio, de testimoniar, es que el testigo diga “esto pasó” y ser escuchado. Sin más. Porque si se entra en el silencio, la verdad de cada uno lo hace también. Pero no se trata de un “ser escuchado, sin más” que podría confundirse con la indiferencia. Si no, sería como el sueño repetitivo de Primo Levi (“Si esto es un hombre”) sobre hablar y no ser escuchado, ser ignorado.

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Recuerdo brevemente, su sueño: está en su casa, entre sus amigos, con muchas cosas por contar pero se da cuenta de que sus oyentes no le siguen, que se muestran indiferentes, que hablan entre ellos de otra cosa, como si él no estuviese ahí. Primo Levi se da cuenta de que es un sueño que también tienen sus compañeros en el campo y dice “¿Por qué el dolor de cada día se traduce en nuestros sueños tan constantemente en la escena repetida de la narración que se hace y nadie escucha?”

 

 

Que un testimonio sea escuchado, recogido sin comentarios ni interpretaciones de parte de quien escucha y que sea transmitido así, a mi parecer, le da aun más vigor. ¿Qué quiero decir con esto? ¿Por qué le daría más fuerza el hecho de que no haya interpretación alguna a lo que se dice en el testimonio? Porque no solo es un marco de silencio sino de dignificación de quien toma la palabra, haciendo de esta palabra algo precioso.

El psicoanalista Jacques Lacan da toda su importancia al testimonio, no solo cuando habla de los analistas que se hacen analistas porque llegan al final de su análisis, sino también cuando dice que toda comunicación va más allá de un simple intercambio, marcando el valor del testimonio. Precisa que “La comunicación desinteresada, en última instancia, no es sino un testimonio fallido, o sea, algo sobre lo cual todo el mundo está de acuerdo.” Esto, para Lacan, es lo que hace la ciencia: todos de acuerdo. Pero la transmisión de una experiencia es otra cosa. Ella introduce “la función del testimonio.” Que no pasa por el “todos”.

La palabra, el bien decir, vehicula la posibilidad de la vida

El testimonio no apunta a poner de acuerdo a nadie sino a transmitir lo particular de cada experiencia. Podríamos decir que no hay testimonio colectivo sino solo uno por uno, pero es imprescindible un marco proveniente de lo colectivo para acoger cada uno. El testimonio es singular y él transporta, en muchos casos, no solo sufrimiento sino también ganas de vivir.

La palabra, el bien decir, vehicula la posibilidad de la vida. Testimoniar pone, de alguna manera, por la palabra misma, un límite entre aquello que puede ser dicho y lo que no, sabiendo que esto último ya está ahí en lo que se dijo. Por otro lado, la recogida de testimonios uno por uno en un dispositivo colectivo, social tiene sus repercusiones en la sociedad, la modifica, la toca y si… tiene consecuencias políticas. Como se puede ver, por ejemplo en Chile y más incipientemente en Guatemala.

 

 

El interés que tiene para los psicoanalistas el testimonio es la transmisión de algo de lo imposible de transmitir en relación a lo traumático en juego para cada sujeto, tomando esto como lo que no deja de insistir en la vida de cada uno o, para decirlo de otra manera, que no deja de hacerse presente como fuera de sentido. Es decir, el corazón mismo de lo traumático. Lo imposible de representar, de decir, se muestra (no se demuestra) en el decir mismo del testimonio. Esto, solo puede elaborarse individualmente, uno a uno, disponiendo de ese marco colectivo.

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20180427/443022000098/por-que-es-tan-importante-el-testimonio-en-las-vivencias-traumaticas.html

NO SOIS MANADA, ES VIOLACIÓN

2 DE MAYO DE 2018. POR JOSE ELIZONDO

Tras el juicio al coronel de las SS nazis Otto Adolf Eichmann celebrado en Jerusalén en diciembre de 1961, la filósofa judío alemana Hannah Arendt acuño el término de la banalidad del mal. Uno de los objetivos de Arendt era profundizar en los motivos que llevaron a Eichmann a hacer lo que hizo. Creía Arendt que al hacerlo podría analizar las atrocidades del Holocausto. Porque la muerte de millones de personas tenía para la pensadora un sustrato social de normalización, un marco de aceptación de la violencia, de deshumanización: En el caso del teniente alemán, una persona que cumplía las normas, que obedecía las órdenes, que no se cuestionaba la naturaleza de sus actos aprehendidos. En el caso de la sociedad alemana, hasta qué punto desde la cotidianidad se construyó un maco de distancia, aceptación y  normalización hasta tal punto que la atrocidad encontraba un espacio de refuerzo,  justificación o disculpa de conductas que después se juzgaron como incomprensibles, como inaceptables para el género humano.

¿Era Eichmann un monstruo, un psicópata, como aseguraba la mayor parte de la prensa? ¿O era una persona aparentemente normal, una pieza más en un sistema basado en el exterminio? ¿Hasta dónde esa normalidad se convertía en la coartada de una crueldad intolerable, de una deshumanización, de una cosificación del otro para, de esta manera, no sentir nada, o aún peor, no sentir lo que ese “otro” sentía? En el caso de Eichmann, formar parte de un tipo de “manada” parecía despojarle de todo tipo de responsabilidad. ¿Hasta qué punto la reflexión de Arendt puso frente al espejo a quienes durante años normalizaron esa barbarie? Una barbarie construida desde la cotidianidad, desde los pequeños gestos, detalles, palabras, hechos tan repetidos que la víctima perdía la noción de serlo y el verdugo aceptaba la suya sin cuestionársela en absoluto.

 

Si Adolf Eichmann era una psicópata, una anomalía social, su caso no podría explicar nada más que su propia conducta, pero si aceptamos, aunque sea parcialmente, la hipótesis de Arendt ¿Podría un hombre “normal” cometer esas atrocidades? Un buen hijo, compañero de trabajo, de filas, de “manada”. Alguien con quien un día cualquiera podríamos coincidir sin sentirnos amenazados, cruzar unas palabras, sin más. Alguien tan integrado en la sociedad como lo puedes estar tú, como lo puedo estar yo. Alguien que vaya de fiesta a San Fermines con su grupo de amigos, que tenga un grupo de wasap, que hagan bromas y se rían de esto y de aquello. Alguien que, volviendo de fiesta, de “gaupasa” (sin dormir) se tropiece contigo, te sonría, te hable de esto y aquello y te diga que te acompaña  a casa. Y con esa “normalidad”, con esa confianza, te lleve a un portal. Para a continuación acabar violándote junto con sus cinco amigos, grabarlo por su teléfono móvil, como si fuera algo tan “normal” como una escena de un video “porno”.

Y así cinco jóvenes creen “normal” someter, ridiculizar, humillar, y violar a una joven de 18 años sin pararse, quizás, a cuestionar la naturaleza de sus actos o a justificarlos porque forma parte del sistema en el que la banalización del mal viene en forma de cosificación, de deshumanización, de entender la relación con la mujer como un ejercicio de poder, de dominación, que puede ir desde creer que es normal tocarle el culo, así sin más, a violarla en un portal convencido de que nada de lo que estás haciendo está mal. Y,  en el caso de que lo seas, haya un espacio de impunidad lo suficientemente amplio para que te sientas seguro, a salvo dentro de una “manada” que no es manada, es jauría. Porque una manada, cuida, protege, coopera, integra,  ayuda, y no se deja  a nadie fuera, no ultraja a nadie a su paso. Además si hay un juez que en su voto particular considera que lo que has hecho no es violación, sino que todo fue producto de una situación consensuada en un contexto de fiesta y jolgorio, no hay más preguntas señoría.

Es lo que se conoce como cultura de la violación, un sistema de valores organizados para una sociedad que ve en la mujer un objeto al servicio de la satisfacción, del consumo, que, como norma, la despoja de sus sentimientos, de sus deseos, de sus derechos, como menciona la abogada y especialista en violencia de género Amparo Díaz Ramos. Una cultura de la violación que capilariza de todos los estamentos de la sociedad y que tiene su última y desgarradora expresión en una sentencia judicial. En la que el peso de la justicia cae sobre la víctima ¿Desde cuándo?

¿Desde cuándo la guillotina decide cual es la medida del cuello? / ¿Desde cuando es el nazi quien dice quién es el judío bueno, el que merece ser gaseado, sonriendo…? / ¿Desde cuándo el asesino es quien pone la bala en el corazón del muerto?/ ¿Desde cuándo el verdugo es quien escoge? ¿Desde cuándo eso es ser un hombre?/ ¿desde cuando dejamos de serlo?…y ¿Por qué?….

Nota: Este  Viernes 4 de mayo, a partir de las 20.30 hrs de la tarde y tras la manifestación convocada bajo el lema “No es abuso, es VIOLACIÓN, que dará comienzo en la plaza Numancia a las 19.30, finalizando ante la Delegación del Gobierno,  te invitamos  a sumarte a ese grito unánime que se rebela contra la normalización de la barbarie, contra esa banalización del mal en forma de sentencia judicial de la mal llamada “manada”. Contra esa normalidad que mata, que cosifica, que deshumaniza, que acosa, que viola, en un evento multidisciplinar (teatro, poesía, música) bajo el lema  “No sois manada, es VIOLACIÓN” , que tendrá lugar en el Centro Cultural Eureka (c/ San Simon 8, Santander) a partir de las 21 hrs.

Mas info acerca del evento: https://www.facebook.com/events/153815078793136/?notif_t=plan_user_joined&notif_id=1525126995576760

Fuente: http://www.elfaradio.com/2018/05/02/no-sois-manada-es-violacion/