¿Por qué el cuerpo a veces obedece y otras desobedece?

  • Determinadas personas muestran síntomas sin causa orgánica, como parálisis, cegueras, dificultades relativas a la sexualidad o esterilidades
ARACELI FUENTES

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Los cuerpos de hombres y mujeres son cuerpos que desean y gozan. Eso hace imposible pensarlos de un modo maquínico, como si pudieran programarse con exactitud y predecir sus respuestas.

Hay cuerpos como el de los sujetos histéricos que tienen, además, la posibilidad de ser, a la vez, cuerpos obedientes y desobedientes. Freud descubrió el psicoanálisis gracias a los síntomas que presentaban las primeras histéricas que fueron a consultarle. Parálisis, cegueras, dificultades relativas a la sexualidad, esterilidades, etc., demostraron ser síntomas que no tenían ninguna causa orgánica que pudiera explicarlos. A esta facilidad del cuerpo histérico para producir síntomas que carecen de causa orgánica, Freud la llamó: complacencia somática.

Freud descubrió el psicoanálisis gracias a los síntomas que presentaban las primeras histéricas que fueron a consultarle

Años más tarde otro psicoanalista, Jacques Lacan, se refirió al mismo fenómeno hablando de rechazo. Freud y Lacan no se contradicen en este punto, pues el mismo fenómeno tiene dos caras: Hay complacencia del cuerpo histérico en lo tocante al deseo y hay rechazo del cuerpo en la histeria cuando se trata de someterse a “la norma” o al imperativo de lo que se supone que debe ser, venga de donde venga este deber, del discurso médico o de la familia.

Una viñeta clínica nos muestra muy bien esta doble aptitud de un cuerpo que obedece y desobedece al mismo tiempo. Una joven es presionada por su entorno para que se quede embarazada. En lugar de un embarazo de verdad tiene un embarazo falso, un pseudo embarazo, antes de quedarse embarazada de verdad.

Una joven es presionada por su entorno para que se quede embarazad y en lugar de un embarazo de verdad tiene un embarazo falso

¿Qué es este falso embarazo? Es, sin duda, su rechazo a la demanda de los otros que la presionan, pero no sólo, es también el “test” con el que pone a prueba el deseo del marido, ¿seguirá el deseándola cuando esté embarazada? Después del falso embarazo la joven pudo quedarse efectivamente embarazada.

Evidentemente, para poder descubrir de qué deseo es producto el síntoma, es necesario escuchar al sujeto en análisis. Descubrir a qué hace objeción es mucho más fácil.

Para poder descubrir de qué deseo es producto el síntoma, es necesario escuchar al sujeto en análisis.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20170316/42899713349/el-divan-cuerpo-obedece-desobedece.html

“El psicoanálisis en la época actual bajó a tierra”

Carlos Reyes

 

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—¿Este libro sigue los pasos de tu trabajo anterior, Las películas que Lacan vio y aplicó al psicoanálisis?

—Sí, sigue esa línea, y hay un viraje de Lacan a Freud, y me pareció que lo mejor era no seguir con la imagen, sino con la letra. El libro se centra en las influencias que Freud tuvo de sus lecturas, incluso desde niño, cuando en su casa la mejor habitación era para que él pudiera estudiar. El padre mismo le decía que él era un gusano de biblioteca, en lugar de ratón de biblioteca.

—Freud tuvo fuerte influencia de los clásicos…

—Sí, había en él una admiración a los clásicos. Freud toma, por ejemplo, la tragedia de Shakespeare, pero me parece que la revierte. De esa tragedia hace una épica con el psicoanálisis, con conceptos como el complejo paterno, el Edipo. También Freud se fascina por El Quijote, un personaje que te puede hacer pensar si está loco, o si todos estamos locos.

—En las librerías cada vez hay más libros escritor por psicoanalistas, para el público en general. ¿Por qué?

—Nos tocó una época de mucha conmoción: basta ver lo que acaba de pasar en este ataque ahora en Barcelona. Eso provoca una esfera de que no existe el otro. Esa conmoción mundial, ese desamparo individual, todas las precariedades (económicas y simbólicas), el psicoanálisis, sin ser una panacea universal, puede dar respuestas individuales, caso por caso.

—También los psicoanalistas se han puesto más a mano del gran público.

—Sí, el psicoanálisis en esta época bajó a tierra. En un momento había como una repetición, solo de citas. Y hoy hay afloran una cantidad de diversidades, en todo sentido. Fijate que el Facebook tenés 53 clases de sexualidades distintas, para que vos puedas elegir. Entonces si el psicoanálisis no se pone a tono con esta situación, estaríamos en el Edad Media.

—También en el cine y la televisión que psicoanalista es cada vez más un personaje de ficción.

—El que puso el psicoanálisis en el cine a nivel popular fue Hitchcock. También Buñuel y Bergman. Y ahora, desde In Treatment, la exitosa serie israelí, hasta actualmente Benjamín Vicuña actuando como psicoanalista en Los padecientes, de Gabriel Rolón. Siempre es atractiva la figura del psicoanalista: tiene algo del detective que trata de develar algo. Aunque en realidad la situación sería otra. Porque a veces queda en algo muy superficial: como que una vez develado lo traumático, la persona se cura. Eso es muy básico: porque podés saber tus cosas, y el conflicto sigue. El psicoanálisis en más complejo, pero en ficción siempre es atractivo ese psicoanalista que acepta un desafió.

—Es frecuente, y tentador, ensayar conceptos psicoanalíticos con la literatura, o el cine.

—Bueno, en Uruguay, o en Argentina, estamos advertidos de lo inconsciente. Cuando uno lee, o ve una película, tiene la tendencia a tratar de interpretar desde el psicoanálisis. Y me parece que no se debería interpretar. Se debería aceptar la indeterminación, y habría que bancársela.

Fuente: http://www.elpais.com.uy/divertite/arte-y-exposiciones/psicoanalisis-epoca-actual-tierra.html

“Vemos más crueldad contra los chicos”

Por Natalia Muñiz

Lo advierte Sonia Almada, la directora del Centro de Asistencia, Investigación y Formación en Psicoanálisis con Perspectiva de Derechos Humanos “Aralma”

La directora del Centro de Asistencia, Investigación y Formación en Psicoanálisis con Perspectiva de Derechos Humanos “Aralma”, Sonia Almada, advierte que “hay muchos tipos de violencia contra las chicas, chicos y adolescentes” que hay que visibilizar y trabajar en todos los ámbitos para erradicarlas. Y señala que una de ellas es la intrafamiliar, “es de la que más se habla pero se sigue haciendo poco” para eliminarla.

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“Hoy hay más crueldad, lo vemos clínicamente, y en esto acordamos muchos colegas”, remarca.

Asimismo destaca que “la violencia intrafamiliar es un mal silencioso”, y si bien “se habla que está mal pegar, que eso no enseña, no educa, se siguen viendo casos en los consultorios, hogares, hospitales, de niños que son golpeados y humillados”. Y remarca: “se habla mucho pero se hace poco” para erradicar este flagelo.

La profesional también subraya que “hoy hay más crueldad” y explica que se trata de “un acto destinado para lastimar a alguien.

‘Yo gozo lastimando al otro, viéndolo humillado’. Para decir ‘yo tengo el poder sobre vos’. Siempre es una posición de poder sobre el otro que es más vulnerable y es lo que estamos viendo hace un tiempo como más fuerte” a nivel clínico.

“Muchísimas violencias”

Almada remarca que “saliendo del ámbito de lo doméstico, de la violencia intrafamiliar”, la infancia y adolescencia “está expuesta a muchísimas violencias: la estatal, la institucional, los conflictos armados, los niños soldados, los niños refugiados, la violencia de género, la discriminación por orientación sexual, el abuso sexual, la trata de personas, el bullying, el grooming, los chicos en conflicto social y jurídico”, entre otras.

“La infancia siempre la pasó mal”, señala y agrega: “Todas estas situaciones se pueden evitar desde cada uno de nosotros, ayudando, apoyando acciones, y sobre todo desde el Estado”.

“La violencia sufrida en la infancia es un grave problema de salud pública que debe atenderse de manera urgente a nivel mundial”, afirma.

En este sentido destaca la importancia de “la creación de políticas públicas de protección, prevención, sostén y espacio de contención” para las niñas, niños y adolescentes.

Respecto a la violencia estatal, Almada destaca que “es la ejercida por el Estado sobre un individuo, por ejemplo, cuando no se procuran políticas públicas de protección a la infancia y adolescencia, cuando no se da reparo, cuando decimos que no hay lugares de atención ni tampoco estadística acerca de las violencias que padecen”.

En tanto, señala que “la violencia institucional es aquella que se ejerce desde -por ejemplo- las instituciones de menores, los establecimientos carcelarios, también desde los juzgados con el síndrome de alineación parental, o cuando un colegio no quiere recibir a un chico con discapacidad y le dicen que no hay lugar”, entre otros.

Por otra parte, la profesional remarca los casos de abuso sexual, la trata y explotación de niñas, niños y adolescentes.

También destaca el grooming: “muchos pedófilos aparecen desde las redes, Internet. Hay muchos chicos en situaciones de vulnerabilidad social, emocional, que son captados con mayor facilidad por estos depravados que hacen el mismo camino de seducción con un niño en la vida real, pero por Internet”.

Otra de las tantas violencias es el bullying e indica que “hay que trabajarlo de manera integral, desde las autoridades de las instituciones y las familias hacia abajo porque sino queda en lo que se hacen los niños entre sí y, como siempre, hay que empezar desde uno mismo, desde los adultos, ver qué violencias circulan y qué comportamientos copian los chicos”.

Congreso

El Centro “Aralma” junto a la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) organizaron el “Primer Congreso Mundial Violencias Hacia la Infancia y Adolescencia” en el que confluirán líderes sociales, académicos, organizaciones internacionales. Se realizará hoy y mañana en la Biblioteca del Congreso de la Nación.

El Congreso, declarado de Interés por el Ministerio de Cultura de la Nación y de Interés Legislativo y Provincial por el Senado bonaerense, es libre y no arancelado. Si bien la inscripción para participar en forma presencial ya está colmada, se puede seguir en vivo, on line. Más información en http://www.congresoviolencias.com.ar

Entre los ejes temáticos se encuentran la violencia perpetrada por el Estado, las instituciones y las vividas dentro del seno familiar. De ellas se desprenden las relacionadas con cuestiones sociales, de género y sexual.

Se considerará además a niñas, niños y adolescentes en conflicto con la ley penal, los obligados a huir de sus países a causa de las guerras, los reclutados para conflictos armados, las víctimas de redes de trata de personas, quienes sufren carencia de posibilidades esenciales para su desarrollo o quedan inmersos en un círculo de pobreza estructural.

 

Fuente: https://www.diariopopular.com.ar/general/vemos-mas-crueldad-contra-los-chicos-n318071

El falo y la castración en debate

El psicoanalista Leonardo Gorostiza estará en Rosario para un coloquio
El integrante de la Escuela de Orientación Lacaniana llegará al ECU para proponer el estudio “minucioso y exhaustivo” a partir del trabajo sobre un texto de Lacan para ahondar sobre el complejo que es un “nudo” de la sexualidad humana.

 

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Por José Manuel Ramírez*

Leonardo Gorostiza, psicoanalista de la EOL, estará en Rosario este sábado, desde las 9, en el Espacio Cultural Universitario (ECU), San Martín 750, en el Coloquio sobre “La significación del falo”, a partir de3 un texto de Lacan, invitado por la Sección Rosario de la EOL. “Se trata de un escrito central en la enseñanza de Lacan, que demuestra precisamente cómo el complejo de castración constituye un ‘nudo’ donde la sexualidad humana”, dijo Gorostiza a Rosario/12.

–¿Qué importancia le asigna al formato coloquio para la formación y transmisión del psicoanálisis?

Mutaciones del sujeto

–La forma Coloquio‑Seminario tiene la virtud de proponer, en la medida de lo posible, un estudio minucioso y exhaustivo de un concepto, de un Seminario, o bien ‑como será en esta oportunidad‑ de un escrito de Jacques Lacan. La transmisión del psicoanálisis, que encuentra su fundamento esencial en el análisis del analista y en la práctica del control de casos, puede también proseguirse bajo otras formas de enseñanza como la del Coloquio‑Seminario. Se trata de una experiencia colectiva donde, además del argumento del texto que sirve de referencia y que tendré a mi cargo, indagará a partir de fragmentos clínicos, de las perspectivas que abre el concepto y, en particular, del comentario detallado de fragmentos del texto, los alcances de un concepto nodal del psicoanálisis como lo es el complejo de castración. Varios colegas de la Sección Rosario de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) participarán así en los distintos módulos de trabajo.

‑-¿El escrito de Lacan La significación del falo guiará los distintos momentos del Coloquio?

–Efectivamente. Se trata de un escrito central en la enseñanza de Lacan que demuestra precisamente cómo el complejo de castración constituye un “nudo” donde la sexualidad humana encuentra un punto arquimédico para orientarse. Y esto, en la medida en que los seres hablantes carecemos de una forma instintiva prefijada que permitiría una forma de relación automática entre los sexos. El falo, que no se confunde con el pene, ocupa allí un papel esencial. Pero además, y si bien este escrito de Lacan es en este sentido crucial, intentaremos dejar al menos indicadas algunas líneas de fuerza que hicieron que Lacan fuera transformando dicho concepto aunque lo mantuviera hasta el final de su enseñanza.

–¿Cuál es la vigencia de ese escrito en el contexto de los avances actuales del psicoanálisis de orientación lacaniana?

–La vigencia es la que corresponde a cualquier escrito de Lacan o de Freud. En psicoanálisis los conceptos son siempre inestables porque intentan dar cuenta de un real que siempre escapa al domino del concepto. Por lo tanto no conviene hablar en psicoanálisis de “superación” de un concepto sobre otro o de que el “ultimísimo Lacan” volvería obsoletas sus elaboraciones anteriores. Los conceptos en psicoanálisis se yuxtaponen, lo cual no implica que debamos por ello borrar sus diferencias. Más bien se trata de intentar elucidar de qué manera tanto Freud como Lacan se vieron obligados a modificar sus conceptos en la medida en que el psicoanálisis no es una ciencia sino una práctica que se dirige al corazón de los seres hablantes y, por ello, debe vérselas con lo que no tiene nombre. En este sentido, el problema de Lacan ha sido intentar, una y otra vez, entender cómo es que con una práctica de palabra, como lo es el psicoanálisis, es posible intervenir sobre aquello que está en el interior de los síntomas: la pulsión, el goce, el cuerpo, lo real.

–¿Qué expectativas tiene con respecto a este Coloquio?

–Que podamos trabajar mucho y bien, tal como dije antes, de manera colectiva. Que podamos al menos recrear, leyendo e interpretando sus textos, algo de lo que ha sido lo que recién llamé -según una fórmula de Jacques‑Alain Miller‑ “el problema de Lacan”. Y en eso, el ejercicio en un saber textual, y no solo referencial, es formativo para el psicoanalista. Porque el inconsciente es eso: un saber textual que se trama, se articula o bien se liga de diversas maneras, con aquello que, en última instancia, escapa al sentido, es decir, el goce singular de cada quien.

*A cargo Psicología en Rosario12.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/58425-el-falo-y-la-castracion-en-debate

Estamos sujetados a una deuda eterna

Por Alberto Isaac Mendoza Torres

Hace unas semanas, una buena amiga publicó en Facebook, ahí donde la vida real ocurre, un poema que tituló: “Permiso para estar”. En él habla sobre esta (im)posibilidad de estar en el mundo, sin tener que cumplir las exigencias de la sociedad.

En uno de los versos lanza un: “estoy cansada”.

“Estoy cansada.

De producir, como si solo eso fuera lo importante,

De servir, ¡ja, “servir” como si fuera una cosa!

De dar un servicio, como si YO pudiera

dar al otro eso que nos falta.”

De trabajar a cambio de dinero,

a cambio de mi salud,

mi piel, mis entrañas y mi tiempo,

como si valiera lo mismo que lo primero”

El poema, todo, vale la pena leerlo, pero me quedo con este fragmento del cansancio para lo que hoy quiero platicarles. Ya les había hablado con anterioridad sobre lo que Byun Chul-Han dice de esta sociedad del rendimiento. Que estamos rendidos, de tener que – como dice el poema – trabajar a cambio de dinero, hipotecando la salud, las entrañas y el tiempo.

Estamos rendidos, vale. Pero ¿por qué entonces seguimos enganchados a esos trabajos en donde dejamos la salud, la piel y las entrañas, y en donde somos ninguneados? Rebajados a esa cosa, que sirve, y que en tanto cosa, puede servir más. Puede dar ese plus, que siempre es ganancia para el dueño del capital. Y trabajamos hasta estar quemados por el sol.

Desde luego que en esto, como en todo lo humano, la singularidad es lo que cuenta. Sin embargo, quizá se podría compartir una raíz común: la condición del hombre endeudado. Estamos endeudados todos. Tenemos todo, pero no todo está pagado. Le debemos a la de la comida, a la de los cosméticos, a la de los zapatos por catálogo, debemos la tarjeta de crédito, la hipoteca de la casa, la letra del auto, el seguro médico. Y cada día de paga, además de ser el tiempo de la purificación con los acreedores, también es el de la renovación de la promesa de que podremos seguir endeudándonos.

Vaya manera de vivir.

El filósofo italiano Maurizio Lazzarato tiene un libro interesante, “La Fábrica del hombre endeudado”. En él hace una revisión importante, desde Nietzsche y Foucault, sin olvidar desde luego a Marx, sobre la deuda. Y aunque pudiera parecer que estos tiempos tardíos de la modernidad están produciendo al hombre endeudado, como una manera de hacer sujeto, de hacer subjetividad. Quizá es desde la propia génesis de esta civilización occidental, que están puestas las condiciones para que esto sea así. Y el neoliberalismo solamente ha potenciado lo que ahí ya estaba.

En la tradición cristiana, desde que nacemos, tenemos esta condición de deudores. El pecado original, le llaman. No hay una criatura pura. Ya tiene mácula, aunque no haya disfrutado, de eso que lo creó, pero ya le debe a su creador. Y hay que trabajar toda una vida, para regresar al paraíso, del que dicen fue expulsado, por lo que otros se comieron.

Esta deuda eterna del cristianismo permitió sistemas económicos como el feudalismo, en donde el trabajador era agradecido por tener un trabajo para poder pagarle a quien le empleaba. Y no hay que irse a esa edad tan obscura. Hace poco más de un siglo, las tiendas de raya en México, reproducían con eficacia este esquema. Hoy, hay que ser agradecidos al nivel de la genuflexión, si pagan puntual, un trabajo que ya hicimos con anterioridad.

Gilles Deleuze y Félix Guattari en “El Anti-edipo” sostienen que “el deudor, (en virtud de un contrato), le da como prenda al acreedor (para la eventualidad de que no pague) un bien que él “posee”, del cual todavía dispone; por ejemplo, su cuerpo, su mujer, su libertad y hasta su vida (o en ciertas condiciones de índole religiosa, su felicidad, la salvación de su alma, e incluso su reposo en la tumba)”. La salud, las entrañas y el tiempo, dice mi amiga.

El registro civil, que hoy produce subjetividad, es el buró de crédito. Existimos, en tanto estamos en esta lista. No hay más ciudadanía, lo que persiste son las categorías de consumidores y de deudores.

Pero, contrario a lo que podríamos aventurar, no somos buenos sujetos, sujetos de crédito, en tanto pagamos puntual. Por el contrario, eres buen sujeto, en la medida en que mantienes la promesa de seguir endeudado. De hecho, para que te puedas hacer de una hipoteca, debe alguien antes haberte dado un crédito. La idea sería entonces mantenernos en deuda permanente, en deuda eterna.

Tomado de: http://diariotiempo.mx/opinion/opinion-hombre-endeudado-alberto-isaac-mendoza-torres/

No hay felicidad sin magia

Por Alberto Isaac Mendoza Torres

A los adultos con facilidad se nos llega a olvidar lo complicado que puede resultar la vida infantil. Es más fácil asociar a esta etapa de la vida con cosas que ubicamos como lindas, fáciles, divertidas, lúdicas, en suma con la felicidad.

Por eso cuando vemos a un niño padecer, es tan sencillo soltar sin pensar: ¿pero por qué sufre, si es un niño?, ¿qué preocupaciones podría tener? Y si nos atrevemos a escuchar lo que tiene que decir, es muy sencillo minimizarlo. Para la mayoría es muy difícil aceptar que en la niñez haya tristeza, incluso que haya tristeza por amor.

Entonces, ¿qué pone triste a un niño? Hay un excelente libro de Giorgio Agamben, en lo personal a mí me encanta, que se llama “Profanaciones”. En él hay un capítulo dedicado a la “Magia y Felicidad”. En él retoma una afirmación del filósofo alemán Walter Benjamin, del que ya les he hablado alguna vez, por medio de la cual trata de explicar por qué sufre el niño, y se entristece no porque haya descubierto que los adultos son más fuertes, sino por su propia incapacidad de hacer magia.

O quizá sí la pueden hacer. Pero no todo el tiempo. Uno de los juegos que más llama la atención de los niños, incluso desde una edad temprana, es el de esconderse tras una mantita o de sus propias manos, como señal de que han desaparecido del mundo; y luego levantar ese velo, para hacerles ver a los demás, que han vuelto. Y qué habría ahí, sino magia. Repiten este esconderse-mostrarse, una y otra vez, quizá hasta que el adulto se canse.

Agamben dice: “los niños, como las criaturas de las fábulas, saben perfectamente que para ser felices es preciso tener de su lado al genio de la botella…si la felicidad depende, no de lo que esa persona es, sino de una nuez encantada, o de un ábrete-sésamo, entonces y sólo entonces puede decirse verdaderamente feliz”.

Recuerdo cómo un niño al que quiero mucho, hacía que los adultos nos congeláramos, con tan sólo decir “varita dú”. Esa era su palabra mágica, para que en medio del bullicio que los adultos le poníamos a su tranquila vida, nos calláramos. Apenas intentábamos “descongelarnos”, de nueva cuenta aparecía este hechizo.

Ser mago implica conocer y llamar ese nombre secreto de las cosas. La cábala y la nigromancia, apelan a este conocimiento. Al llamado de ese “archinombre”, por medio del cual toda la Babel, es decir toda la confusión, de los nombres “cae hecha pedazos”.

Conocemos como “nombre propio” a este sustantivo por el cual creemos distinguirnos de los demás. Y digo creemos porque cada época tiene sus racimos de nombres dominantes. Ahora parece que estamos, medio broma, medio enserio, en los tiempos de los Kevin, los Bryan, las Britanys. Nos ilusiona tener un nombre propio, aunque no nos pertenezca. Es un nombre que lo decidieron los padres, incluso antes de que ellos mismos se conocieran. Cuando tenga una hija, le voy a llamar…en honor de una actriz, de una cantante, de una filósofa. No nos queda más que aceptar este nombre, con toda la carga que esto implica. Pero el nombre nos introduce en el lenguaje.

En la niñez se conoce muy bien de esta tristeza. Por eso los niños juegan a cambiarse el nombre. No me llamo más Fernando, ahora soy Rubén, dicen enojados. Y de verdad no responden cuando les llamas por ese nombre, decimos, de pila.  Tener un nombre es la culpa, dice Agamben. Por eso el niño nunca está tan contento como cuando inventa una lengua secreta.

¿Pero es sólo la apuesta por la magia, la felicidad en el niño?, ¿no se repite este mismo sentimiento en el adulto? Es más feliz el hallazgo de unas cuantas monedas en el bolsillo de un viejo pantalón, si lo explicamos desde la magia, que desde un “simple” olvido. Queremos desaparecer cuando los problemas nos agobian, para volver a aparecer cuando estos se han resuelto por arte de magia. Vamos con el psicoanalista para descubrir esa palabra que nos tiene atrapados en nuestras dolencias anímicas. O a la religión porque “una palabra (mágica) tuya bastará para sanar mi alma”. Nos pesa el nombre, y nos inventamos nicknames en nuestras redes sociales. Los amantes jugamos a crear un lenguaje secreto, tan nuestro, que nadie más puede descifrar. Y somos más felices cuando una mujer nos ama, sin siquiera merecerlo. Hay magia en el amor.

No hay felicidad sin magia. Esto hace la distinción entre vivir bien y ser felices. Mozart lo sabía muy bien. Él que usaba con magistral destreza la escatología en su música, escribe una carta a su amigo Joseph Bullinger, en la que le dice: “vivir bien y vivir felices son dos cosas distintas; y la segunda (vivir felices) sin alguna magia, no me ocurrirá por cierto. Para que esto suceda, debería ocurrir alguna cosa verdaderamente fuera de lo natural”.

La felicidad nos espera en el punto en que no era para nosotros, cuando logramos arrebatársela a la suerte, nos sabemos capaces de hacer magia y alejar la tristeza infantil. El problema será que no la podemos siempre.

 

Tomado de: http://diariotiempo.mx/opinion/opinion-pensamiento-magico-sufrimiento-infantil-alberto-isaac-mendoza-torres/

Los niños no son crueles

Tomado del sitio: ellitoral.com

Por Luciano Lutereau (*)

La torpeza de los niños podría ser reconducida a la frecuencia con que suelen accidentarse. Moretones en las piernas, golpes en la cabeza, chichones, etc., demuestran que el cuerpo propio en la infancia es sede de diversos incidentes. No se trata de que el niño sea un ser aún inmaduro, que todavía no gobierna la motricidad, ya que incluso después de cierta edad más avanzada puede notarse que esta aptitud para lastimarse se conserva. En última instancia, es mejor reconocer que el niño hace frente a ciertas desventuras con su cuerpo. Esto es algo que Freud advirtió en su artículo “Pulsiones y destinos de pulsión” cuando ubicó como una de las formas más primarias de tratamiento de la energía del aparato psíquico la “vuelta sobre la propia persona”.

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Este destino pulsional precede a la capacidad de reprimir las pulsiones, y en casos graves puede permanecer como una forma espontánea de resolver el sufrimiento, lo cual explica el hábito frecuente de enfermarse. No hay modo más eficaz de poner en suspenso ciertos deberes y padecimientos cotidianos que agarrarse una buena gripe que nos deje en cama por unos días. Por eso es algo que los psicoanalistas confirmamos de manera regular, el hecho de que conforme avanza el análisis muchos pacientes que padecían síntomas “crónicos” empiezan a enfermarse menos, o incluso tienen menos accidentes en la vida cotidiana. He aquí un gran descubrimiento del psicoanálisis: la torpeza no es una circunstancia azarosa, sino que es una forma de satisfacción. En efecto, “soy torpe” suele ser una excusa vulgar con que algunas personas evaden sus compromisos con otros.

Torpeza o brutalidad

Pero de regreso a los niños, otra participación para dar cuenta de la torpeza infantil es ubicar lo que Freud llamaba “pulsión de apoderamiento”. El ejercicio de la musculatura también es una fuente de satisfacción en la infancia, por eso muchos niños disfrutan de los juegos de contacto físico, la pelea, caer uno sobre otro, etc. En este punto, la torpeza cobra un nuevo sentido, e incluso suele afirmarse a veces como algo privativo de un género esta condición: “Los varones son brutos”.

Esta brutalidad se confunde a veces con la crueldad, pero es algo muy distinto. Porque de acuerdo con estas formas de satisfacción es corriente que los niños jueguen sin considerar las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, un niño puede empujar a otro sin tener presente que, al caerse, este último puede romperse un diente. Sin embargo, esto no quiere decir que lo haga de manera deliberada o “a propósito”. He aquí un aspecto que los padres y educadores siempre tienen que tener presente cuando reprenden a un niño. Inducir culpa donde hubo torpeza puede producir un efecto muy contraproducente, como una inhibición del crecimiento o de la capacidad de jugar. En todo caso, esa culpa inducida (una falsa responsabilización) es una respuesta proyectiva en la que el adulto se desentiende de que debería haber estado más atento en el cuidado de los niños.

Ahora sí, de regreso a la crueldad, algunas palabras: es posible que algunos niños desarrollen esta forma particular de satisfacción en el daño del otro, pero no es lo más común ni un efecto espontáneo. Es cierto que podría hablarse de cierto “sadismo” infantil, pero en estos casos se trata de la actividad propia de la vida pulsional en el niño, su carácter activo, no reprimido aún, lo cual es distinto a pensar al niño como un psicópata en miniatura. También se debería a que la culpa es un afecto que sólo secundariamente adviene en la conciencia, pero ¡esto no quiere decir que los niños sean unos pervertidos! A este respecto Freud fue categórico: la “perversión polimorfa” del niño no quiere decir que este sea capaz de hacer cualquier cosa, sino que es una disposición; una suerte de potencia que bien puede actualizarse y fijar rasgos desaprensivos en situaciones puntuales (como seducción temprana, falta de cuidados, etc.), pero no es algo evidente o regular. Este aspecto nos conduce, para concluir, una vez más a la necesidad de que los adultos asumamos una posición responsable en la crianza de la infancia.

No es parte del descubrimiento del psicoanálisis develar que los niños ya no son ángeles (asexuados y tiernos); tampoco que sean seres deficitarios a los que les faltaría algo (la adultez); sino poner de manifiesto que las operaciones psíquicas que implican el crecimiento son diferentes y específicas, incluso muy complejas, y que “los niños no se crían solos”, sino que requieren de vínculos que atiendan a su singularidad. Por esto es fundamental que los psicoanalistas recuperemos la noción de crianza y ofrezcamos elementos que amplíen la comprensión del niño en un mundo que cada vez más los desconoce y los piensa como seres incompletos o, peor, futuros consumidores.

(*) Doctor en Filosofía (UBA) y Doctor en Psicología (UBA). Coordina la Licenciatura en Filosofía de UCES. Autor de los libros: “Celos y envidia. Dos pasiones del ser hablante”, “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina” y “Edipo y violencia. Por qué los hombres odian a las mujeres”.