¿Por qué la angustia no tiene sentido pero sí causa?

ARACELI FUENTES, Barcelona

26/01/2017 00:05 | Actualizado a 27/01/2017 01:36

La angustia es el más penoso e insoportable de todos los afectos y cuando la encontramos en las consultas clínicas está ya en un estado desarrollado. Constatamos también las diferencias entre las personas a la hora de poder soportar un mayor o menor grado de angustia. A veces puede petrificarnos y otras empujarnos a un pasaje al acto, incluso al pasaje al acto suicida.

Para los psicoanalistas la angustia es esencial en la experiencia clínicaporque es la vía por la que un sujeto puede aprehender algo sobre su ser de goce, es decir sobre su manera de gozar en la vida. Tanto de aquello que le hace sufrir, y de lo que él goza sin saberlo, como sobre su deseo inconsciente. Sin la angustia, no sabríamos nada sobre el deseo ni sobre el goce.

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Para abordarla, el psicoanálisis no propone ningún tipo de heroísmo, se trata más bien de ‘desangustiar’ al angustiado, que no hay que confundir con desculpabilizarlo porque la culpa tiene un motivo inconsciente que hay que averiguar y sirve de poco persuadir a alguien, que se siente culpable, de su inocencia.

Una certeza paradójicaLa angustia no se deja dominar ni por el Ideal ni por el pensamiento, tampoco por la orden, ya que algo de la angustia no puede ser absorbida por el discurso

Tampoco apelamos al Ideal, diciéndole al sujeto que debe superar ese estado y hacerse fuerte porque eso es totalmente ineficaz. La angustia no se deja dominar ni por el Ideal ni por el pensamiento, tampoco por la orden, ya que algo de la angustia no puede ser absorbida por el discurso.

Es como si la angustia se basase en una certeza paradójica ya que cuando le preguntamos al sujeto por sus causas no puede referirla a ningún hecho concreto ni a ninguna significación. No obstante, él sufre y algo de esa certeza se le presenta como un valor absoluto. Hay personas que, por ejemplo, tienen la certeza de ser excluidos por el otro, no tienen dudas al respecto, sólo que esta certeza es diferente de la de la angustia porque la certeza de la angustia no está relacionada con ninguna significación sino con algo que está por fuera de cualquier discurso y por ello la angustia se les impone como un afecto en el cuerpo.

Para el psicoanálisis,no se trata entonces de buscar el sentido de la angustia, que no lo tiene, sino de buscar su causa. La angustia en tanto que señal está dirigida al sujeto, señal de lo real que le advierte de algo que puede ser un peligro. La certeza y la espera de un peligro son en la angustia una y la misma cosa.

El tratamientoPara el psicoanálisis, en cambio, la angustia es siempre la de un sujeto que habla y es a través de sus palabras como podremos cernir su causa

Nuestro abordaje de la angustia es así distinto del de la psicología o de la medicina. Para estas disciplinas es sólo un afecto negativo a eliminar. Para el psicoanálisis, en cambio, la angustia es siempre la de un sujeto que habla y es a través de sus palabras como podremos cernir su causa. La tratamos a través del síntoma al que la angustia da paso. El síntoma sí le permite al sujeto extraer de esa certeza dolorosa un saber sobre lo que le concierne, pues en este asunto el peso recae sobre el sujeto, no sobre el Otro.

Hacer un buen uso de la angustia implica tomarla como la vía que permitirá al sujeto lograr una certeza sobre su manera de gozar y estar en la vida. Dicha certeza no podrá encontrarla solamente por medio de las palabras, será necesario también pagar una cuota de angustia. Sólo en la medida en que ese modo de gozar ha podido ser cernido, la angustia podrá ser levantada.

Ayudar a un sujeto a separarse de su angustia no lo libra de encontrarse con su síntoma, sino al contrario, es abordando y explorando ese síntoma como podrá conseguir separarse de su angustia. Es por ello que no hay soluciones milagrosas y rápidas –que sólo desplazan la angustia a otro síntoma- sino la oportunidad de una experiencia que permita al sujeto saber algo más de su funcionamiento y elegir si quiere o no ese modo de satisfacción.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/vida/20170126/413686201444/angustia-el-divan-afliccion-psciologia-psicoanalisis.html

El goce femenino no es exclusivo de las mujeres

CRISTINA FANJUL | LEÓN

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Luis Salvador López Herrero dirige desde hoy y hasta el próximo mes de diciembre el seminario Goce femenino y creatividad, un proyecto con el que intenta bucear en el inconsciente de la mujer, en cómo éste ha ido cincelando la creación femenina a lo largo de la historia. El Aeroclub acoge hoy desde las 10.30 horas la primera de las conferencias.

—¿Qué entiende este seminario por goce femenino?

—Si bien el goce, en psicoanálisis, no debe ser confundido con el placer, puesto que el goce es, siguiendo a Lacan, ese empuje que va más allá del principio del placer que Freud teoriza, sin embargo, es precisamente esta vertiente la que permite teorizar de manera radical la posición del sujeto en su relación con el inconsciente, de un modo masculino o femenino. En este sentido, el goce femenino estaría en relación con un tipo de goce inefable que no entra en la dialéctica del órgano, sea éste masculino o femenino. Sería así un tipo goce que no se deja circunscribir por el cuerpo y del que, como apunta Lacan, se puede sentir pero difícilmente ubicar con palabras. En otros términos, es el goce al que muchos poetas aspiran a poder nombrar en esa búsqueda de lo imposible de decir.

—¿Es la creatividad de la mujer divergente de la masculina?

—No, la mujer está sometida a las mismas tensiones que los hombres en el encuentro con el proceso creativo. Ahora bien, tengo la impresión, y es el cometido de todo este seminario, que tanto los hombres como las mujeres, para poder cernir algo nuevo que introduzca cierta constancia, necesitan de una articulación con un tipo de goce que no entra en la dialéctica de la ley, del orden y de la regularidad, que es más bien predominio de la lógica masculina, y ese goce sería propiamente femenino.

—¿Hasta qué punto la sociedad ha tratado de impedir la creación de la mujer? ¿Con qué fin?

—Por cuestiones históricas ya conocemos la narración de la segregación de las mujeres a través de multitud de episodios, y de libros que analizan fehacientemente esta vertiente de exclusión en todos los ámbitos sociales y culturales, y el campo artístico o científico no iba a ser algo diferente. De ese modo, a las mujeres no les quedaba otro ámbito de creatividad, que el de la experiencia de la maternidad, esto es, el misterio de cómo se gesta un ser nuevo. De ahí la importancia que siempre se ha otorgado en todas las culturas a la maternidad. Lo cual no deja de ser también un modo de control de las mujeres, que encubre, en cierto modo, toda esa angustia que genera lo femenino en los hombres.

—¿Tiene la mujer una manera diferente de utilizar las palabras?

—Sí, por supuesto. La mujer en su relación con lo femenino tiene una mayor fluidez y sintonía con el lenguaje verbal y corporal. Pero lo más importante, quizá, no es el abordaje de las palabras sino el manejo del silencio, esto es, la premisa con la que se acerca para abordar la lógica del no-todo, que es una lógica específicamente femenina.

—¿Qué quiere decir exactamente con el manejo del silencio?

—Aunque las mujeres hablan y hablan para hacer despertar una palabra en ese otro masculino que permanece tan mudo, sin embargo, su manejo del silencio es estructural a un goce femenino del que nada sabe salvo que lo experimenta. De ahí el misterio que nos produce, por ejemplo, la sonrisa de la Gioconda.

—¿De qué manera su evolución biológica ha permitido un desarrollo diferente del lenguaje?

—No creo que sea un tipo de evolución biológica sino más bien de relación con ese lenguaje que nos atrapa y nos obliga a hablar para intentar comunicarnos, y que es la causa del inconsciente humano. Las mujeres hablan con mayor fluidez, gesticulan de un modo más abierto y manejan los sentimientos con el cuerpo, de una manera completamente diferente a los hombres, y esto se debe en rigor a su relación con lo inconsciente.

—¿Cuándo las mujeres quieren decir algo logran decirlo? ¿Y los hombres?

—Lamento desilusionar en este sentido. El lenguaje es un instrumento de goce y de malentendidos, que afecta por igual a ambos sexos. «No hay relación sexual» es un aforismo lacaniano que anuncia que no hay armonía ni equilibrio posible entre los sexos, que hay una barrera que nos separa de modo inexorable, y esa barrera viene mediatizada por la incompletud del lenguaje y el cuerpo.

—¿Hay más femeninos inefables que masculinos?

—Si la vida es un misterio al que ninguna palabra puede poner un broche final, y por eso hablamos y hablamos continuamente, lo femenino, por antonomasia, es lo que más se nos aproxima a todo ese esfuerzo por capturar la última palabra más allá de lo que ya está escrito. Ahora bien, aún cuando no hay palabra posible, y este es el esfuerzo titánico del poeta, sí hay un goce inefable que rompe con la noción de completud al que sólo, desde esa posición femenina, pueden acceder tanto los hombres como las mujeres.

—¿Es la mujer diferente al hombre desde el punto de vista del subconsciente?

—Por todo lo señalado es evidente que sí, que en las mujeres no todo goce se articula en la vertiente masculina o fálica. Dicho de otro modo: hay un goce específico femenino que no se deja capturar en las riendas de lo masculino, de lo fálico. Y tal vez por eso los hombres, los machos, siempre han querido segregar o mutilar, en función de las culturas, esa presencia enigmática y maldita.

—Pitonisas, brujas, escritoras… ¿quiénes las representan en la actualidad?

—Me consta quiénes no la representan. Desde luego, y es una hipótesis de trabajo, la globalización y el empuje igualitario entre los sexos, tan necesario en lo social, ha configurado un tipo de mujer que parece estar más cerca de los ideales de lo masculino, de lo fálico, que de ese goce femenino al que antes aludimos. Mi impresión es que hay que alejarse del mundo fálico y adentrarse en esta incógnita de la feminidad para bordear toda esta dimensión a lo que apunta lo creativo. Para ello hay que elegir un tipo de camino en donde se precie la soledad y la ruptura con las amarras de lo convencional como instrumentos de orientación.

—¿Cómo articular entonces las mujeres con la creatividad?

—La vida puede entenderse como una regularidad que se ve asaltada por imprevistos, que generan a su vez nuevas regularidades. Los hombres están del lado de las reglas y de las leyes; las mujeres de los imprevistos que cuestionan el saber, y esto tiene que ver con lo creativo.

—Cuénteme alguno de los casos clínicos que vaya a utilizar en el seminario.

—No, no es un caso clínico sino una premisa novelada. Un psicoanalista que lo abandona todo y se lanza en soledad a investigar un empuje desconocido que le permita abrir una puerta nueva e insospechada ¿Le recuerda algo?

—Al protagonista de ‘El infierno de los malditos’…

Se pregunta Luis Salvador si en una época aún sin nombre que tiende a borrar la frontera entre los sexos es posible seguir hablando de lo genuinamente femenino. El psicoanalista mantiene que sí, pero advierte de que la cultura masculina ha ‘intoxicado’ la imagen que las mujeres tienen de sí mismas.

Fuente: http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/el-goce-femenino-no-es-exclusivo-mujeres_1133159.html

Una cita con el goce femenino

 

Por Natalia Neo Poblet*

“Ya estoy advertida. Sé algo. Sé que no son los vestidos lo que hacen a las mujeres más o menos hermosas, ni los tratamientos de belleza, ni el precio de los potingues, ni la rareza, el precio de los atavíos. Sé que el problema está en otra parte. No sé dónde. Sólo sé que no está donde las mujeres creen.”

Marguerite Duras

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Para aquellos que no la conocen, Duras, hija de padres franceses, nació en Saigón-Indochina 1914. En 1932 se trasladó a París donde estudió derecho, matemáticas y ciencias políticas. Publicó su primera novela en 1943 a la que le siguieron más de veinte. De su extensa  producción narrativa cabe destacar El arrebato de Lol V. Stein, Un dique contra el pacífico, Escribir. En 1984 publicó El amante, novela con la que ganó el Premio Goncourt y que la consagró como una de las grandes escritoras del siglo XX. Ha escrito también teatro y guiones cinematográficos. Murió en París en 1996.

Leer a Duras es una cita con el goce femenino, es decir, con lo extranjero y esto hace que no sea cualquier encuentro.

Para el psicoanálisis, la mujer entra al igual que el hombre en el goce fálico. Esta entrada tiene como condición el acceso a la palabra. Los seres hablantes estamos inscriptos en la significación fálica, pero algunos acceden a un otro goce: el goce femenino.

Mientras que el goce fálico se experimenta de manera puntual y está localizado en zonas específicas del cuerpo, tiene un límite y está articulado a lo simbólico, el goce femenino presenta la desmedida, lo abierto, es un goce sin ley, goce singular, no transmisible ni compartido.

Lacan refiere en uno de sus seminarios lo siguiente: “Hay un goce de ella, de esa ella que no existe y nada significa. Hay un goce suyo del cual quizá nada sabe ella misma, a no ser que lo siente: eso sí lo sabe. Lo sabe, desde luego, cuando ocurre. No les ocurre a todas”1.

Caracteriza a este goce femenino lo innombrable, lo indecible, debido a que se resiste a una de las funciones de la palabra: la representación. Es por eso que este goce femenino es imposible de nombrar.

“Los dos saben que la distancia ya no es mensurable en adelante entre aquella que grita a la noche, fundida en la generalidad del deseo, desfigurada por el abismo…” (M. D.)

Ahora bien, ¿cuál es la extranjeridad de Duras?, ¿extranjera o inmigrante de la lengua?

Duras escribe desde el exilio porque escribe desde ese saber no sabido. Sabe más de lo que cree y dice más de lo que quiere.

“Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir, eso es lo que se consigue. Eso o nada”. (M. D.)

Muestra ese punto enigmático. Su escritura presenta ese goce femenino debido a que nos confronta como lectores con lo abierto, con eso que no cierra, con eso no sabido. Es un encuentro con el vacío, no con la falta. Haciendo de la mujer una extranjera de sí misma. Deja a la mujer ausente de sí y en una imposibilidad de acceder al saber de ese goce.  Nadie sabe sobre ese goce. Lo femenino carece de referente. La mujer es un enigma.

“Ella entonces ya lo vio. Durante unos segundos. Pero la imagen está allí para siempre. No hablo de tu rostro, sino de tu cuerpo”. (M. D.)

Esto inefable, inubicable, indecible y hasta excesivo queda por fuera de la palabra y Duras nos lo hace sentir en su escritura. Nos muestra cómo ella está no toda en el goce fálico.

Este por fuera de la palabra, es decir, lo que no entra en lo simbólico, lo excluido, ese goce ilimitado, entra en su escritura logrando así un tratamiento de la misma. Eso extranjero se le vuelve íntimo. Y es en ese punto donde gesta una nueva lengua. Esta invención la convierte en extranjera de su propia lengua.

“El único poema verdadero es necesariamente el que ha desaparecido. Para mí, este libro no existe”. (M. D.)

¿Acaso la escritura de Duras no es el pasaporte a encontrarse con lo extranjero de la lengua, es decir, con lo excluido de lo simbólico? Duras escribe en y sobre la orilla de la lengua, transcurre su escritura en ese litoral, y se convierte así en inmigrante de la misma.

“Debiera existir una escritura de lo no escrito. Un día existirá. Una escritura breve, sin gramática, una escritura de palabras solas. Palabras sin el sostén de la gramática. Extraviadas. Ahí, escritas. Y abandonadas de inmediato”. (M. D.)

* Licenciada  en Psicología  (UBA). Clínica Psicoanalista. Compiladora y autora de La máquina des-escribir. El sujeto entre líneas (Letra Viva, 2014) y El arte de lo real. La máquina des-escribir II (Letra Viva, 2016).   Coordinadora del Equipo de Familia (Hospital Álvarez, GCBA).

1 Lacan, Jacques, Seminario XX, Editorial Paidós, p. 90.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/16226-una-cita-con-el-goce-femenino

Niños ultrajados, niños indignados

La autora analiza la posición del psicoanalista ante la consulta por abuso, pone el foco en la solicitud de revinculación del niño o joven con el familiar sospechado de ser el maltratador o abusador y destaca la necesidad de mantener la heterogeneidad entre el acto jurídico y el acto del terapeuta.

 

Por Liliana Donzis*

Según informes de Unicef, cada hora, es decir cada 60 minutos, 228 niños de América Latina son abusados sexualmente. La mayor parte de los abusos y actos violentos provienen de instancias intrafamiliares.

Ningún niño está en condiciones de dar consentimiento a estas prácticas, pero no siempre conoce o sabe qué hacer ante  esas demandas de sometimiento.

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¿Cuál es la posición del psicoanalista ante la consulta por abusos, violaciones y aquellas circunstancias en las que un progenitor presiona sobre su hijo para desacreditar la denuncia e incluso el inicio de un  tratamiento analítico? ¿Cuál es la incidencia del acto analítico cuando en  casos extremos los niños están al servicio del hostigamiento de un familiar?

Por otra parte, ¿cómo respondemos ante la solicitud de revinculación solicitadas al psicoanalista de un niño con el familiar del que se sospecha, y muchas veces es una suposición cierta, que hubo maltrato, violencia y abuso de cualquier índole incluido el sexual? Demandas de revinculación que surgen luego de las medidas de abrigo sugeridas –abstención de contacto– entre el niño y el acosador.

La clínica psicoanalítica ofrece un espacio para los padecimientos del niño y el púber que están sometidos a situaciones que degradan su subjetividad, niños que entre cuero y carne están atrapados en diferentes formas de maltrato y abusos –pornografía infantil, obligación de consumir drogas para delinquir– que  atentan contra su dignidad cada día. Muchas de estas situaciones, casi siempre silenciadas, corresponden a delitos de diverso grado y se dan a conocer a través  de denuncias en la justicia, en la vida escolar, en las consultas pediátricas, en la urgencia médica y es por medio de estas vías que pueden llegar al psicoanálisis, momento clave en el cual la práctica clínica nos interpela a tomar alguna posición, ya que  desde  lo real del  padecimiento interrogan  nuestro quehacer. Otros discursos y disciplinas operan en el campo en el que están involucradas estas situaciones así como también están presentes los padres, la familia, los abusadores, apropiadores, pedófilos y aun quienes comercian con los cuerpos infantiles. En muchas ocasiones nos encontramos que el incesto y el abuso sexual intrafamiliar está sofocado  y acallado. Nos inquieta y sorprende, estamos advertidos de que es el niño quien denuncia de diferentes formas su situación  para intentar salir de esos circuitos.

Cuando un niño deja de callar, cuando dice algo, este algo hace escritura, y por consiguiente también es una forma de corte. El decir es un acto que da lugar a una nueva escritura y a una nueva posición del sujeto. Cuando sale del silencio, al que casi siempre está obligado, el niño transforma el sometimiento en enojo e indignación, y este es un paso para recobrar su dignidad.

El psicoanalista escucha al niño tanto en lo que dice con palabras como en lo que  expresa con  juegos y dibujos, y enmarcado  por su  ética propicia la emergencia del sujeto y la reconstrucción de la subjetividad. El niño ultrajado deletrea su historia y frecuentemente se indigna ante su dramática para acceder lenta pero convincentemente a tomar distancia de la alienación en la que estuvo sometido. Son tiempos de análisis muy dolorosos para el niño, pueden implicar pérdidas, y por ende la tramitación de un duelo de lo que significaron y fueron hasta poco tiempo antes familiares o personas de su cotidianeidad. Dicho de otro modo, no es sencillo que un niño o un joven asuman  que el padre, la madre, algunos familiares o amigos constituyen inquietantes abusadores o espectadores indiferentes de su drama.

Es importante aclarar que es la familia o alguno de los padres quienes pueden poner al descubierto, en la intimidad del consultorio, la herida que dejó abierta el ultraje de la dignidad del niño.  No es fácil pero es ineludible y asimismo puede conllevar un tiempo de trabajo situar y resituar el saber en el lugar de la verdad.

Estos son algunos de los motivos por los cuales la intervención del analista no es homóloga a la de los otros profesionales intervinientes, como por ejemplo los peritos psicólogos forenses, los letrados jurídicos, y aun los equipos que trabajan en los juzgados que se encargan de  dilucidar la problemática. Es menester recordar que el maltrato a los menores, el abuso en sus diferentes formas, el proxenetismo y la pornografía infantil constituyen delitos en los diversos sistemas jurídicos de nuestra cultura.

¿La labor del psicoanalista puede tejerse en la intersección entre lo privado y lo público,  entre lo jurídico y la subjetividad?

El psicoanalista no aplica protocolos estandarizados sino que se instituye en la emergencia de la palabra en el reabrir y elaborar  las escenas oscuras de la violencia  intrafamiliar en las que el niño estuvo cautivo. La escena analítica es el soporte del  niño quien al jugar, dibujar y escribir teje y reteje lo traumático, cuestión crucial, porque permite situar lo íntimo de cada niño y de cada historia así como también las enhebra en el encaje instituido entre el  lenguaje y las pulsiones.

Hemos comprobado que cuando estamos convocados a intercambiar la experiencia a través de informes o reuniones con el estamento judicial, las defensorías de menores y otras instancias tanto educativas como sociales nuestro enfoque es muy bien recibido y me ha sorprendido favorablemente la buena expectativa con la que son trabajados  operando como documentos útiles para evaluar y tomar decisiones judiciales. La experiencia me ha demostrado la enorme utilidad del trabajo psicoanalítico ya que, gracias a él,  en caso de tener que acudir al estrado muchos niños se ubican en mejores condiciones para exponer su decir. Así como también he advertido que el niño es escuchado cuando sus  expresiones están  asentadas en su singularidad  y su mundo.

Desde la práctica clínica

Entre el campo jurídico y el trabajo psicoanalítico hay diferencias de fundamento, el acto jurídico y el acto analítico difieren por estructura pero básicamente porque el sujeto al que apunta el derecho no es el sujeto del inconsciente puesto a punto por Freud. Las interacciones,  no siempre exitosas,  conllevan  distancias discursivas  notables.

En nuestro nuevo Código Civil existe la disposición de escuchar al niño y sus reclamos. Ahora bien, es menester señalar que, en este punto, hay una proximidad entre lo jurídico y la posición analítica al situar al niño como sujeto, aunque esta cercanía no suponga una equivalencia entre el acto jurídico y el acto del psicoanalista. Entiendo que es importante mantener esta heterogeneidad para no confundir cada campo y las demandas que podemos formular en cada uno de ellos. Esta cuestión merece un estudio minucioso pero al menos vale mencionar que las normas que el discurso jurídico auspicia considerando al niño como sujeto de derecho no son de la misma estofa que la letra que surge del sujeto en su decir pues en este talla el inconsciente así como las marcas del deseo y del goce.

Si las normas positivas aspiran a sentar  una base para todos y cada uno, el psicoanálisis se asienta en el no todo, gracias a lo cual lo singular no es generalizable. Estas distinciones no impiden eventuales interacciones y obviamente no se trata de ninguna prioridad discursiva.

Pero, malgre tout, algo del funcionamiento permite que el sujeto, aunque apuntemos a emergencias diferentes, se ponga en juego. Persona jurídica y sujeto del inconsciente  operan entre saber y verdad aun cuando existan  divergencias. Se trata de un saber y una verdad cuestionada y subvertida. El psicoanálisis, su práctica, se asienta en el acto analítico, el acto del analista que deja de lado el poder, el único poder con el que cuenta es la palabra que se enlaza en la transferencia. El sujeto no es una ficción concerniente a la persona sino que es producto de la operación metafórica, es una emergencia del discurso, surge entre significantes y la represión es una operación que permite situar el inconsciente en su retorno mismo. No obstante, desde el campo jurídico reclaman nuestra intervención e interpretación. Cada vez y con cada niño nuestra posición es escuchar su historia, su singularidad, su deseo y su entramado familiar. Nuestra ética, lejos de dar respuestas generalizadoras, escucha al niño y al joven para que de sus palabras y su padecimiento surjan las hebras de su verdad y por ende es desde allí que surge la orientación de la cura.

El malestar de la cultura actual sitúa al niño ante la ley y nos invita a reflexionar sobre diferentes  las problemáticas que conllevan algún cruce entre la ley jurídica y la ley que Freud tematizó como correlato de  la prohibición del incesto.

Algunas experiencias pueden ilustrar la posición del analista ante situaciones de difícil resolución, por ejemplo si lo que el derecho denomina “revinculación” es posible e incluso si es terapéutico. Cuando es pertinente estimular y elaborar la conflictiva presentada en vistas a generar encuentros y cuando los encuentros conciernen a revictimizar o reforzar lo traumático en el niño en situaciones en las que se sospecha de abuso u otras acciones que vulneran la subjetividad del niño. En  estas situaciones ¿son aconsejables los reencuentros?

El ex juez Dr. Carlos Rozanski ha manifestado más de una vez, en escritos memorables y claros que “… una vez establecida la sospecha lógicamente la justicia aparta al sospechoso con el fin de proteger integralmente a las criaturas víctimas. En la mayoría de los casos, se presenta entonces como estrategia solicitar una revinculación con el presunto abusador. Es evidente que dicha medida busca como meta influenciar a la víctima, ya que su vulnerabilidad se multiplica ante esa revinculación forzada que logran algunos acusados”.1

En una ocasión recibí una consulta en la que solicitaban ayuda psicológica en pos del restablecimiento del vínculo materno filial pues  los hijos  fueron alejados de la madre. En otro análisis que llevé adelante con una niña que fue abusada por su padre me consultan en cierto momento de su tratamiento por la revinculación con este. El primero  concernía  a la apropiación de tres hijos por parte de uno de los  padres,  quien en clara oposición, hostilidad y agresión contra su ex pareja tomó a sus hijos pequeños induciéndoles a mantener una marcada aversión contra la madre, desestimando su figura con falsedades y hostigamiento. Los niños culminan conviviendo con el padre,  manteniendo un alejamiento real con la madre. Sin visitas ni acercamiento alguno. La madre inicia acciones legales para la restitución de los hijos a su hogar luego de efectuar  reclamos personales al padre y en diferentes mediaciones. Dada la corta edad de los niños, ellos no pudieron decidir qué hacer. El padre apropiador impidió todo contacto, incumplió con lo propuesto por los juzgados de familia intervinientes así como con las  recomendaciones  terapéuticas. El impedimento de contacto con el padre no conviviente  se extendió  durante varios años.

Esta es una situación en la que la revinculación fue pertinente y necesaria, permitiendo  reanudar la estructura familiar y por ende el porvenir de los hijos. Hubo que trabajar especialmente la disposición de los niños deslindando y diferenciando su problemática  de las dificultades que oportunamente atravesaron  los padres, dicho de otro modo, evitar que se convirtieran nuevamente en el espacio y el objeto de la disputa o controversia.

La fantasmática de la pareja parental excede pero también incide en los síntomas que presenta cada hijo. Como nos planteó Lacan, el síntoma del niño es efecto de  la verdad de la pareja parental. En muchas ocasiones, alguno de los padres desacredita la tarea llevada a cabo o trata de imponer sus  directivas. Inclusive llegan a no aceptar que sus hijos tengan madre y padre. La oposición y el deseo de dialogar entran en conflicto produciendo manifestaciones de angustia, así como un abanico de síntomas.

Ahora bien, ¿por qué un niño que tiene recursos simbólicos y habilidades se esfuerza por ocultar situaciones de este tipo?

Uno de los niños con quien mantuve entrevistas falseaba la situación para evitar que se cumplan las amenazas parentales. Atrapado en circunstancias que bordeaban lo criminal, fue muy difícil que el niño se expresara, invadido por el terror de una amenaza mortal si simplemente veía a la madre. Freud planteó que el trauma no es necesariamente un episodio realmente acontecido sino que lo traumático se construye sobre el eventual episodio. La herida es lenguaje.

Una niña abusada por su padre a los dos años de edad pudo mostrar a su madre que tenía la cola mojada, situación que sucedía en los momentos en que la madre salía a trabajar. La niña se mostraba muy inquieta cada vez que la mamá no estaba o cuando se quedaba con su padre, pero no podía explicar que sucedía, sin embargo se hacía escuchar mostrando la cola. Es importante destacar que la angustia de la niña tenía un motor y pudo explicitarlo a su modo. Fue evidente que era manoseada, vulnerada, abusada. Realizada la denuncia, se impuso legalmente la abstención de contacto con el padre. La madre se separó de este. No escatimó su esfuerzo en poner esa distancia. El padre de la niña adujo que la acusación era infundada y que la ex esposa estaba confundida. Es muy frecuente que ante una denuncia el abusador alegue locura o enfermedad en el denunciante.

Pudo constatarse que los hechos eran reales. El abuso era innegable. Fue una niña de dos años quien puso a cielo abierto la situación aberrante.

¿Podrá volver a encontrarse con su padre alguna vez?

Este caso es a todas luces un abuso agravado por el vínculo, dicho en otros términos, el padre tuvo un intento de  incesto. Un tiempo después  el padre solicita  revincularse con su hija. Dice extrañarla y que la ama. Según mi criterio, es preferible que la niña no sume nuevos efectos traumáticos. No es aconsejable el contacto con el padre aunque este siga negando todo abuso y argumente que fue acusado sin causa. Esta negación del padre, mas allá de la estrategia de defensa esgrimida por sus abogados,  implica de su parte  una operación de renegación, Freud lo denominó perversión.

Sin desmedro de las modalidades propuestas por diferentes especialistas en el tema para este tipo de contacto parental, estimo que el mismo no es posible y que requiere de mucho cuidado y tino para no revictimizar a la niña, quien ya fue expuesta a situaciones muy delicadas. El padre solicita levantamiento de su pena judicial. Pero esto implica una pena para la hija.

Ahora bien, la niña perdió a su padre, quien abusó de ella, y aunque lo vuelva a ver nunca podrá  mirarlo sin pudor, ni sin agravio. Los daños fueron y son múltiples, su dignidad se vio afectada y su necesidad de contar con un padre y su función también. Motivo por el cual podemos decir que es un daño en la subjetividad y sin duda afecta la decisión que pueda tomarse.

Preservar a los niños en relación a un padre implica que la función paterna se pueda simbolizar y no alcanza con paliativos. La figura del familiar abusador y apropiador queda marcada y es inolvidable. Las consecuencias de las heridas no prescriben. Pero los niños pueden tomar la palabra y manifestar de distintos modos su indignación.

¿Es posible reinventar un padre sin negar la existencia del abuso? El trabajo sobre el duelo y  la pérdida es, en estos casos,  un paso necesario e imprescindible.

* Psicoanalista. Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. Integrante de Reuniones de Psicoanálisis Zona Sur. Este texto es una ampliación de una clase del seminario Niños en Riesgo-  Elsigma.com

1 Citado por Luciana Peker.  La revancha. Diario Página/12, Las 12. 4 de julio de 2014.

Fuente: https://pagina12.com.ar/16225-ninos-ultrajados-ninos-indignados

Famosos que terminaron en el psiquátrico

 

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Friedrich Nietzche

En 1889 sufre un colapso en Turín, es internado en una clínica psiquiátrica, y se le diagnostica una parálisis progresiva.

Comienzan unos años de locura, de decadencia física y mental, pasando a depender cada vez más de su familia, hasta su muerte en el año 1900.

En este último período, su hermana se encargará de editar las últimas obras escritas antes de enloquecer, tomando un control absoluto (no exento en algunos casos de manipulación) sobre los escritos del filósofo alemán.

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Yayoi Kusama

La artista viva más prestigiosa de Japón. Aún hoy sigue trabajando en su estudio cercano al psiquiátrico de Tokio donde está internada, por voluntad propia, desde 1977.

Desde pequeña ha tenido problemas mentales, episodios alucinatorios que le han servido como fuente de inspiración en toda su producción.

A Kusama siempre le ha traumatizado el sexo, sentía horror por la penetración.

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Catherine Zeta Jones

 Ingresó a un centro similar para una estancia breve a fin de recibir tratamiento para su condición, conocida como Bipolar. El desorden es caracterizado por cambios bruscos de estados de ánimo y episodios depresivos. Es tratado comúnmente con medicamentos y psicoterapia.

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La Chilindrina

En 2012 María Antonieta de las Nieves decidió hacer tratamiento psiquiátrico debido a una enfermedad causada por “una tensión nerviosa muy fuerte”. Durante ese año, pasó por varias situaciones difíciles ante la falta de trabajo y los problemas de salud de su marido. “Mi esposo es mi vida completa”, explicó. Y confesó: “No puedo dormir”. Meses atrás, había anunciado su retiro de la televisión: “Me bloquearon el paso en las ciudades más importantes y he tenido que ir a trabajar a pueblitos”, denunció.

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Leonora Carrington

Fue una de las artistas surrealistas más importantes de nuestros tiempos.  Se enamoró del artista Max Ernst, con quien huyó a París, donde se vio inmersa en el movimiento surrealista. Al comenzar la segunda guerra mundial, Ernst es tomado como prisionero y

Leonora tuvo un colapso nervioso y fue llevada a Madrid donde eventualmente terminó en un hospital psiquiátrico.

Más tarde, Carrington logró escapar y encontró refugio en la embajada mexicana, donde conoce a Renato Leduc, quien le ofrece un matrimonio por conveniencia para poder traerla a México.

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Antonin Artaud

Fue un poeta, dramaturgo, ensayista, novelista, director y actor francés. Es más conocido como el creador del teatro de la crueldad.

A los cuatro años de edad sufre un grave ataque de meningitis, cuya consecuencia es un temperamento nervioso e irritable, interpretado también como síntoma de una neurosífilis adquirida de uno de sus padres. El dolor físico y cierta sensación de paranoia no lo dejarán nunca y lo obligarán a pasar largas estancias periódicas en sanatorios mentales (cuyo ejemplo más prolongado y trágico son los nueve años que pasa encerrado en el Havre, Villejuif y Rodez de 1937 a 1946).

Pasa nueve años en manicomios con el tratamiento de terapia electroconvulsiva acabando por hundirle físicamente.

Sus amigos logran sacarlo y vuelve a Paría, donde vivirá durante tres años. Publica en 1947 el ensayo Van Gogh le suicidé de la société (“Van Gogh el suicidado de la sociedad”), galardonado al año siguiente con el Prix Saint-Beuve de ensayo. En 1948 este periodo produjo el programa de radio Para acabar con el Juicio de Dios, el cual es censurado y sólo será transmitido en los años 1970. Sus cartas de la década de los 40, muestran su desilusión frente a tal decisión.

Antonin Artaud muere de un cáncer el 4 de marzo de 1948 en el asilo de Ivry sur Seine.

 

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John Forbes Nash

Este premio Nobel de Economía fue conocido popularmente gracias a la película “Una mente maravillosa”, del director Ron Howard.

Tras un año de matrimonio se le diagnosticó esquizofrenia y todo cambió. Tras estar internado durante cincuenta días en el hospital McLean, viajó a Europa, donde intentó conseguir el estatus de refugiado político.

Creía que era perseguido por criptocomunistas (agentes comunistas infiltrados).

Estuvo hospitalizado en varias ocasiones por períodos de cinco a ocho meses en varios centros psiquiátricos de Nueva Jersey  y salió creyendo que se había curado, hasta que decidió suspender su tratamiento con fármacos, lo que causó la reaparición de las alucinaciones.

A punto de ser internado nuevamente, se dio cuenta de que las alucinaciones no eran reales por lo que, usando la teoría de que todo problema tiene una solución, decidió resolver por su cuenta su problema psiquiátrico y así, con el paso del tiempo, aprendió a vivir con sus alucinaciones ignorándolas por completo.

Sus investigaciones supusieron aportes fundamentales en las áreas de la economía, la biología y las relaciones internacionales.

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Séraphine Louis

Fue huérfana desde los 7 años. Dedicó su vida al trabajo, primero como pastora, después a servir, tanto en casas de la burguesía como en un convento de monjas.

Esta francesa comenzó a pintar a los 42 años, aunque nadie sabe ni cómo ni por qué; ya que no tenía ninguna formación académica. Su obra se compara con la de Vicent Van Gogh, pero no parece que haya recibido ninguna influencia de ningún pintor, por lo que se muestra única en su género. En 1912, el coleccionista alemán Wilhelm Uhde descubridor de Picasso, Braque y Rosseau se fijó en Séraphine durante su estancia en Senlis. Durante unos años, Séraphine se convirtió en la artista naïf del momento, sus obras se dieron a conocer en la capital francesa y en los círculos vanguardistas. Pero Uhde fue perseguido por la Gestapo y, debido a la Gran Depresión, dejó de comprar sus pinturas.

Séraphine cayó en en la miseria y en el olvido. En 1932 la invadió la locura, y pasó los últimos diez años de su vida en un hospital psiquiátrico de Francia por psicosis.

Desde entonces, su obra se sumió en la oscuridad, dejó de pintar. En 1942 muere de hambre en el psiquiátrico de Clermont, en la zona ocupada por los alemanes durante la II Guerra Mundial. Fue enterrada entre los anónimos, en una fosa común.

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Adolf Wölfli

Este pintor, escritor, poeta y compositor suizo está considerado como uno de los máximos exponentes del arte marginal o art brut, corriente artística en la que las obras están realizadas por enfermos mentales ingresados en hospitales psiquiátricos que nunca han recibido ninguna noción artística.

Wölfli tuvo una infancia traumática, fue víctima de abusos sexuales, y a los diez años se quedó huérfano. Pasó un año en la cárcel por estar acusado de abusar de menores.

Y tras su liberación, por su psicosis y sus alucinaciones fue internado en un psiquiátrico hasta su muerte. Desde ese momento comenzó a pintar. Sus obras son geométricas, cercanas al arte tribal y recargadas de detalles hasta un horror vacui (miedo al vacío).

Nijinsky

Vaslav Nijinsky

Bailarín ruso, considerado una de las figuras más revolucionarias en el mundo de la danza y, quizá, el mejor bailarín del siglo XX.

Nijinsky vivió internado en hospitales psiquiátricos, a veces sometido a tratamientos muy crueles, o atendido por su esposa y por enfermeros. Oscilaba entre la pasividad más absoluta y una violencia incontrolable.

Mantuvo sin embargo dos grandes habilidades: nadaba maravillosamente bien y era un eximio jugador de ping pong. Bailó una única vez : un solo extraño y dramático que petrificó a los espectadores en un hotel suizo en 1919.

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Louis Althusser

Fue un filósofo marxista. En 1947 sufre su primera crisis, una psicosis maniacodepresiva.
No solo tiene una personalidad compleja, también una desgarrada posición vital. Durante el resto de su vida será internado en psiquiátricos más de 20 veces. Freudiano convencido, el profesor Diatkine le psicoanaliza, pero nadie puede eliminar sus hondas depresiones y sus neuras feroces. En 1948 se diploma en la École Normale, convirtiéndose en profesor agregado de Filosofía. Dedica su tesis al Idealismo alemán del siglo XIX, conducido por Maurice de Gandillac. Será siempre un profesor muy apreciado, y durante los tiempos negros, sus alumnos recordarán el empeño que puso en su formación y su disponibilidad total.

En noviembre de 1980, tras un largo período lejos del primer plano político y social, su nombre estalla en los periódicos:

Louis Althusser, el eminente pensador, ha matado a su esposa Hélène, con la que llevaba conviviendo más de 30 años. Al parecer, ha sido durante un brote psicótico, en el dormitorio conyugal de su casa de funcionario de La Ècole. Espantan los detalles de los forenses: el filósofo, protegiendo sus manos con una sábana, ha fracturado los huesos tiroideos y la laringe de esa mujer de 70 años. Un caso claro de estrangulamiento.

Las sales de litio con que el profesor Diatkine le trata desde hace años no han podido detenerle.

Tres expertos afirman que el filósofo ha actuado en pleno delirio, y el juez hace que lo internen en el Hospital Sainte Anne de París. Si Althusser no fuera quien es, la prensa no habría armado tanto ruido, pero su nombre es un imán. Francia contempla atónita a uno de los creadores del posmarxismo convertido en homicida enajenado

Pasará sus últimos años en un clamoroso silencio intelectual, visitado por pocos amigos como Foucault y Derrida.

 

Fuente:

http://www.abc.es/20120716/cultura-arte/abci-enfermedad-mental-arte-201207131759.html

http://www.clarin.com/espectaculos/Escandalo-leyenda_0_1073292881.html

http://filosofiahoy.es/index.php/mod.pags/mem.detalle/relcategoria.4209/idpag.5778/v_mem.listado/chk.56729970de2626420e5dd26697ece2ee.html

Personajes enmarañados en el pasado

PABLO MELICCHIO HABLA DE SU NOVELA LA MUJER PÁJARO Y UNA MODESTA ETERNIDAD
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El escritor y psicoanalista se mete con “cierta locura en torno al amor”, mediante un profesor universitario de novio con una de sus alumnas, que es internada con delirios y alucinaciones.

Por Silvina Friera

“Lo pendiente y el aburrimiento son más dañino que cualquier peste”. La frase, dicha por una viejita en una institución psiquiátrica donde su marido está internado, podría ser una suerte de cameo literario de un personaje sin importancia que mete el dedo en la llaga de La mujer pájaro y una modesta eternidad (Letra Viva), del escritor y psicoanalista Pablo Melicchio. Rafael, un profesor de literatura de novio con una de sus alumnas en la universidad, recibe un mensaje en el teléfono celular de María Marta, una artista plástica mayor que él con la que se inició sexualmente hace más de veinte años, que tomó el cuerpo de Rafael como modelo para pintar una versión del cuadro conocido como “El Cristo de Dalí”. Los personajes parecen atrapados en el pasado, enmarañados con los asuntos sin resolver, los desencuentros y el cúmulo de insatisfacciones y desdichas. Especialmente Carolina, la novia del profesor, internada con delirios y alucinaciones que remiten a una historia de violencia y abuso.

Desde el título, la novela despliega una trama surreal a través de “la mujer pájaro”, “una especie de poeta, filósofa y psicoanalista que se le aparece sólo a Rafael”, la define Melicchio, autor de las novelas Letra en la sombra (2008), Las voces de abajo (2013) y QuiniFreud (2016).

–¿“La mujer pájaro” es similar a la figura del psicoanalista para Rafael?

–Es la pregunta que me suelen hacer algunos lectores, pero la verdad es que prefiero que sea parte del misterio, aunque tiene muchas lecturas posibles. En un mundo de mujeres reales, donde Rafael queda atormentado entre una mujer joven y el regreso de la mujer con la que debutó sexualmente, “la mujer pájaro” puede ser la experiencia, la conciencia. Puede ser que Rafael también esté loco; de hecho, sólo él tiene encuentros con “la mujer pájaro”. Ella me parece una gran orientadora, como un personaje muy profundo. Cuando aparece “la mujer pájaro”, la novela sale un poco de lo terrestre y se vuelve más espiritual, ¿no?

–¿Es la primera vez que trabaja el tema de la locura desde la ficción?

–No. Por el hecho de ser psicoanalista y haber transitado por el hospital Borda, creo que en las cuatro novelas que escribí siempre aparece un elemento de la locura. Letra en la sombra tiene que ver con un chico preso, pero el hermano del chico preso es un loco que termina suicidándose. En Las voces de abajo, Chiche es un chico con capacidades diferentes que se conecta con los desaparecidos, y el personaje desfila por una institución en donde hay mucho de perturbación mental y de locura también. En esta novela me meto más con cierta locura en torno al amor; Carolina enloquece y queda atrapada en lo que llamo “la habitación de los ultrajes”. Aquello que no está elaborado retorna incesantemente. Carolina necesitó de un elemento perturbador para volver al pasado e intentar elaborarlo. Todo lo que le pasa a Carolina dentro de esa habitación del pasado, que son los recuerdos, es la forma de volver a transitar esas dolencias, que tiene que ver con el abuso y la violencia de género.

–“Yo siempre concebí el arte como una copia imperfecta de una imagen perfecta”, dice María Marta. ¿Está de acuerdo con esta definición que plantea el personaje?

–Sí, quizá también se apoya en una cita de (Fernando) Pessoa que puse en mi primera novela: “Todo cuanto hacemos, en el arte o en la vida, es la copia imperfecta de lo que hemos pensado hacer”. Lo que llevamos a la vida real son intentos de llegar a un absoluto y una belleza imposibles de alcanzar. No creo que en el arte se alcance lo perfecto; si no, dejaríamos de escribir. Sigo intentando escribir una novela perfecta que seguramente nunca voy a escribir. (Sigmund) Freud decía que sólo los artistas y los niños podían cambiar el mundo; que los neuróticos vivimos en castillos en el aire.

–¿Por qué es tan central en la novela El Cristo de Dalí?

–Me interesa mucho el surrealismo y estudié mucho a (Salvador) Dalí, a (Luis) Buñuel… El Cristo de San Juan de la Cruz es la representación del dualismo: un Cristo suspendido en las alturas, perfecto, bello, sin dolor; pero a la vez abajo queda el mundo terrestre. Si uno se pone a observar esa obra, es interesantísima porque tiene mucha luz y mucha sombra, tiene espacios donde uno tiene que completar con la mirada. María Marta pinta esa obra y toma a Rafael de adolescente como modelo para que veinte años después tenga sentido esa obra.

–¿Qué le interesa del surrealismo?

–Necesito que la vida tenga un poco de magia y el surrealismo te permite ver los relojes de otra manera, el tiempo de otra manera. El psicoanálisis se nutrió mucho del surrealismo porque en definitiva el inconsciente es surreal, ¿no? Lo que soñamos, ¿es real o no es real? No por ser neuróticos no alucinamos. El surrealismo es un discurso diferente que rompe con la linealidad.

–¿Hasta qué punto utiliza las experiencias que le cuentan sus pacientes en las ficciones que escribe?

–En general, nunca tomé a un paciente como personaje, pero la maravilla del psicoanálisis es que trabajamos con los significantes, con las palabras y con el inconsciente por sobre todas las cosas. En cada uno de los libros que escribí hasta ahora aparecen frases o palabras que han dicho algunos pacientes; con eso sí trabajo, porque muchas veces me quedo pensando en un paciente o escribiendo acerca de ese paciente para armar su historia clínica y repensar su problemática. Y escribiendo ya me apropio de alguna palabra o de alguna frase que es levadura para una novela. En QuiniFreud sí tomé muchas cosas de un paciente que tuve, que vino tres veces. El decía que el mundo estaba tomado por la oscuridad, que quería reclutar gente para luchar contra la oscuridad que gobernaba el mundo. Su locura era por momentos creíble (risas). En la novela, el paciente se le instala al psicólogo y no lo deja salir del consultorio para convertirlo en agente de la luz.

–¿Por qué cree que hay una gran empatía entre literatura y psicoanálisis? ¿Por qué se llevan tan bien?

–Freud era un gran escritor. (Jacques) Lacan decía que se pensaba escribiendo. Viktor Frankl se salvó en medio del Holocausto por pensar y escribir. Literatura y psicoanálisis trabajan con las palabras. Y con los silencios también.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/15333-personajes-enmaranados-en-el-pasado

Don Quijote, ¿una de las fuentes del psicoanálisis que inventó Freud?

Hay muchos conceptos de esta teoría en la obra de Cervantes, asegura Carlos Chávez

El autor expone esta aseveración en un libro que publicó tras casi tres décadas de investigación

El genio austriaco aprendió español para leer la novela en su idioma original

Por

Mónica Mateos-Vega

¿Quién fue el primer psicoanalizado de la historia? Don Quijote de la Mancha, responde el escritor Carlos Chávez Macías (1947, Morelia) en su reciente libro, en el que profundiza en la idea de que la lectura de la obra maestra de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) fue una de las fuentes principales de Sigmund Freud (1856-1939) para la invención del sicoanálisis.

Chávez Macías, sicoanalista lacaniano, se enganchó con el tema en 1990, cuando leyó en los diarios una reseña de la conferencia impartida por el doctor Antonio Santamaría Fernández.

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Escribió varios artículos, publicados primero en la revista Intensa, que él mismo editaba, y después presentó una ponencia en el Coloquio Cervantino Internacional, en Guanajuato, a invitación de Eulalio Ferrer, principal impulsor de ese encuentro.

Casi tres décadas de investigación están plasmadas ahora en el libro Don Quijote, primer sicoanalizado de la historia: la probable influencia de Miguel de Cervantes en Sigmund Freud (editado en Porrúa Print), en el que Chávez Macías juega con la propuesta literaria de la novela para exponer también temas de sicoanálisis.

Desvirtuado

En entrevista con La Jornada, el autor considera que “Freud ha sido muy desvirtuado tanto por quienes no lo han leído como por quienes no lo han entendido, o cuando lo han traducido mal. Entre otros aspectos, en este libro esbozo que Freud afirmaba que no es casual que las tres grandes obras de la literatura: Edipo rey y Hamlet, ambas de William Shakespeare, y Los hermanos Karamazov, la última novela del escritor ruso Fiódor Dostoyevski, tratan el tema del parricidio. También El Quijote lo hace cuando el ingenioso hidalgo fantasea con matar gigantes, que es la figura del padre a nivel inconsciente.

“Hay muchos conceptos sicoanalíticos en la novela de Cervantes, a veces un poquito lacanianos, como cuando Sancho Panza a cada rato señala: ‘donde no se piensa, salta la liebre’; nosotros decimos: ‘donde no se piensa, brinca el inconsciente’.

“El Quijote se enferma al leer, según Cervantes, y sana al final de la vida, ¿por qué? Porque se lo ha contado todo a Sancho, quien funciona de sicoanalista. Las palabras leídas enfermaron, las palabras habladas sanaron. ¿Qué fue lo importante? La escucha, como es para los sicoanalistas. Las personas que van a consulta para que el sicoanalista les diga qué hacer no entienden que eso va en contra del sicoanálisis; lo importante es que uno hable y el otro sepa escuchar.

“Resulta también interesante tratar de averiguar por qué Freud no reconoció en ninguna de sus obras la influencia de Cervantes en su teoría sicoanalítica, cuando fue una obra importante para él, a grado tal que aprendió español para leerla en su idioma original. Investigué en los propios documentos en los que Freud analiza sus sueños, olvidos y pérdidas y tomé tres aspectos: el olvido en una lista de libros, el olvido de una conversación y el de un nombre; en todo ello encuentro que a Freud no le gustaba no ser original. Posiblemente ese fue el mecanismo que lo hizo posteriormente olvidar a Cervantes, aun cuando lo cita en Tótem y tabú, por ejemplo, de tal manera que debió tener a un lado la novela. “Por supuesto, todo ello no quita mérito a Freud y nos lleva a la preciosa aventura del inconsciente que es el sicoanálisis, que a su vez me llevó a la literatura, pues, por supuesto, también cuando uno lee El Quijote, éste no te suelta”.

Chávez Macías reitera que su investigación literaria fue un magnífico pretexto para exponer temas sicoanalíticos, pues “los lacanianos a veces son muy oscuros en sus discursos, no se entiende nada. Por eso también en mi revista procuré ser muy claro en los conceptos, pues un sicoanalista debe servir, no tener un poder. El éxito o fracaso de cada sesión es de la persona que está en el diván, no al contrario.

El Quijote me sirvió para poder hablar de estos asuntos, sobre todo, de los peligros del sicoanálisis por las consecuencias que pueden darse. Por eso pienso que este ensayo puede ser una buena introducción al sicoanálisis, para que los lectores conozcan qué ocurre durante el proceso sicoanalítico, lo cual explico aquí con claridad”, concluyó el autor.

El libro Don Quijote, primer sicoanalizado de la historia: la probable influencia de Miguel de Cervantes en Sigmund Freud, de Carlos Chávez Macías, se puede adquirir en la librería de La Jornada (avenida Cuauhtémoc 1236, entre Municipio Libre y Miguel Laurent, en la colonia Santa Cruz Atoyac).

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2017/01/18/cultura/a03n1cul

Periódico La Jornada
Miércoles 18 de enero de 2017, p. 3