¿Hacia dónde va el psicoanálisis?

Tomado de: https://redpsicoanalitica.com

Por Jacques Alain Miller

Dije sutileza, que es la palabra con la que Pascal construye el antónimo de geometría. Pascal era geómetra, incluso un genio precoz de la geometría, pero sabía al mismo tiempo que no todo es geometría, que no todo se deja tratar como matema. De este modo se aclara lo que Lacan intentó en su última enseñanza, su ultimísima enseñanza, que es un intento de flexibilizar el matema para volverlo capaz de capturar sutilezas analíticas. Se trata sin embardo de un intento desesperado porque las sutilezas, en definitiva, no se dejan matemizar.

No hay salud mental

Si hablé de sutileza no fue solo a causa de Pascal, sino debido al texto de Freud de 1933 que se titula “Die Feinheit einer Fehlhandlung” (“La sutileza de un acto fallido”).  Freud no se sentía disminuido por presentar tan tardíamente en su elaboración un acto fallido de su inconsciente, por presentarlo a la comunidad de los psicoanalistas. En efecto, él quería recordarles -muy tardíamente- que un analista sigue aprendiendo de su inconsciente y que ser analistas no los exonera de este testimonio. 

Ser analista no es analizar a los demás, sino en primer lugar seguir analizándose, seguir siendo analizante. Como ven, es una lección de humildad. La otra vía sería la infatuación, es decir, si el analista creyera estar en regla con su inconsciente. Nunca lo estamos.

He aquí lo que en acto de escritura Freud comunicaba a sus alumnos. Habrá que ver si estaremos en condiciones de entenderlo. La sutileza de este acto fallido, según lo califica Freud, es un lapsus calami, una divagación de la pluma, no en un mensaje dirigido a los analistas, sino en unas palabras enviadas a un joyero donde debería haber figurado dos veces la preposición para y donde, en lugar de la segunda ocurrencia, escribió el término bis, que debió tachar. Y esta tachadura fue, justamente, lo que lo motivó a escribir su texto.

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Entonces, en lugar de escribir dos veces la preposición para, escribió, luego de la primera aparición, la palabra bis, y su lapsus se deja interpretar la primera vez de este modo: “Al releer esta breve inscripción advierto que contiene dos veces la palabra für [‘para’] en rápida sucesión […] Esto no queda bien y debía ser corregido. Luego se me ocurrió que al insertar el bis en lugar del für trataba de evitar esa torpeza estilística”. Esta es la primera interpretación de esta formación del inconsciente que testimonia -una nadería que vale sin embargo para ser comunicada-. Pero el lapsus se presta a una segunda interpretación, que según subraya, proviene de su hija (Freud acepta eso, que de su familia le venga una interpretación), quien le dice: “Pero si tú ya le regalaste antes a esa persona una gema semejante para un anillo. Probablemente sea ésa la repetición que quieres evitar”.
Freud admite esta interpretación familiar, pero entonces surge una tercera interpretación, que él agrega: “Busco un motivo para no regalar esa piedra, y el motivo se me presenta en la reflexión de que ya he regalado una vez lo mismo, o algo muy parecido. ¿Por qué debe ocultarse o disfrazarse esta objeción? No tardo en advertir el motivo: es que ni siquiera quiero regalar esa piedra; a mí mismo me gusta demasiado”.
Esta es la verdad del regalo: no se ofrece sino la falta que uno sabe que padecerá, no se da, de manera auténtica, más que lo que profundizará en ustedes la falta de eso de lo que se separaron. Freud lo expresa con una exquisita discreción: “¿Qué regalo sería aquel que no nos diese o procurase un poco de pena dar?”. Doy lo que no quiero dar, doy con el trasfondo de que no quiero dar, y es esta represión de un yo no quiero lo que le otorga su valor. La sutileza (die Feinheit) obedece a que la represión se  insinúa en lo que el yo emprende, obedece a esta represión misma. Y esto precisamente, lo que debe recordarse, el yo no quiero, es olvidado y constituye en última instancia la razón de ser de lo que aparece en la escena del mundo. La generosidad encuentra su fundamento en la retención, en el egoísmo, en un es para mí, que constituye propiamente lo que se deja de interpretar. Esta es la sutileza, que pasa por cosas ínfimas, en las que el análisis halló el resorte de un deseo que desmiente lo que se propone de manera abierta.
Les recomiendo la lectura de este texto breve que ocupa tres páginas en la edición francesa. Yo lo tomo como guía, como paradigma de lo que quiero desarrollar este año ante ustedes.
Ahora bien, este modesto soporte vale más que lo que triunfa en la escena del mundo y que es la terapéutica. Justamente, a ella se pretende reducir el psicoanálisis, a una terapéutica de lo psíquico, y se incita a los psicoanalistas a encontrar así la justificación de su ejercicio.
En primer lugar, se opone a esta idea un cliché filosófico que afirma que el hombre como tal es un animal enfermo, que la enfermedad no es para él un accidente, sino que le es intrínseca, que forma parte de su ser, de lo que podemos definir como su esencia. Pertenece a la esencia del hombre ser enfermo, hay una falla esencial que le impide estar completamente sano. Nunca lo está. Y no lo decimos solo porque tenemos la experiencia de los que vienen a nosotros… De esta experiencia inferimos que nadie puede estar en armonía con su naturaleza, sino que en cada uno se profundiza esta falla -no importa cómo se la designe- por ser pensante.
Luego, nada de lo que haga es natural porque reflexiona, es reflexivo. Este es un modo de decir que está alejado de sí mismo, que le resulta problemático coincidir consigo mismo, que su esencia es no coincidir con su ser, que su para sí se aleja de su en sí. Y el psicoanálisis dice algo de este sí, dice que este sí es su gozar, su plus de gozar, y que alcanzarlo sólo puede ser el resultado de una severa ascesis. Así pensaba Lacan la experiencia analítica, como el acercamiento, por parte del sujeto, a este en sí. Y su esperanza era que dicha experiencia le permitiera alcanzarlo, que pudiera elucidar el plus de gozar en que reside su sustancia. Lacan creía que la falla que vuelve para siempre al hombre enfermo era la ausencia de relación sexual, que esa enfermedad era irremediable, que nada podría colmar ni curar la distancia entre un sexo y otro, que cada uno, como sexuado, está aislado de lo que siempre quiso considerar como su complemento. La ausencia de relación sexual invalida toda noción de salud mental y de terapéutica como retorno a la salud mental.
Vemos entonces que, contrariamente a lo que el optimismo gubernamental profesa, no hay salud mental. Se opone a la salud mental -y a la terapéutica, que se supone que conduce a ella- la erótica. En otras palabras, el aparato del deseo, que es singular para cada uno, objeta la salud mental.
El deseo está en el  polo opuesto de cualquier norma, es como tal extranormativo. Y si el psicoanálisis es la experiencia que permitiría al sujeto explicitar su deseo en su singularidad, este no puede desarrollarse más que rechazando toda intención terapéutica. Así, la terapia de lo psíquico es el intento profundamente vano de estandarizar el deseo para encarrilar al sujeto en el sendero de los ideales comunes, de un como todo el mundo. Sin embargo, el deseo implica esencialmente en el ser que habla y que es hablado, en el parlêtre,¹ un no como todo el mundo, un aparte, una desviación fundamental y no adventicia. El discurso del amo siempre quiere lo mismo, el discurso del amo quiere el como todo el mundo. Y el psicoanálisis representa justamente la reivindicación, la rebelión del no como todo el mundo, el derecho a una desviación experimentada como tal, que no se mide con ninguna norma. Esta desviación afirma su singularidad y es incompatible con un totalitarismo, con un para todo x.

El psicoanálisis promueve el derecho de uno solo, a diferencia del discurso del amo, que hace valer el derecho de todos. ¡Qué frágil es el psicoanálisis! ¡Qué delicado! ¡Y qué amenazado está siempre! Solo se sostiene por el deseo del analista de dar lugar a lo singular del Uno…

Respecto del todos, que sin dudas tiene sus derechos -y los agentes del discurso del amo se pavonean hablando en nombre de estos-, el deseo del analista se pone del lado del Uno. Con una voz temblorosa y bajita, el psicoanalista hace valer el derecho a la singularidad.

¹Parlêtre: neologismo que condensa los términos parler (hablar) y être(ser). [N. de la T.]


Jacques-Alain Miller: Sutilezas analíticas, Paidós, Buenos Aires, 2011, página 33

El autista y su voz

El autista y su voz

Tomado de: https://redpsicoanalitica.com

Jean-Claude Maleval

 

Al tratar de reducir el sujeto a su cuerpo, la psiquiatría, hoy día, le confisca su competencia en lo referente al conocimiento de sus propios trastornos. El psicoanálisis parte de la hipótesis inversa. Nadie puede enseñar a los clínicos tanto como el mismo sujeto acerca de su funcionamiento. Ahora bien, el autista «tiene su propio mundo», constataba Lacan en la década de 1950 a propósito de Dick, que había estado con Melanie Klein. Pero, concluía, «como él no nos dice nada al respecto, no tenemos ningún medio para penetrar allí». En consecuencia, el psicoanálisis parece tropezar con un obstáculo en lo concerniente al estudio del sujeto autista, agravado por el hecho de que, durante mucho tiempo, ha habido especialistas que se habían limitado al estudio del autismo infantil precoz partiendo de la hipótesis de que se trata de una patología gravísima, que no deja ninguna esperanza de cura, de tal manera que difícilmente se puede esperar una vida autónoma ulterior.

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Medio siglo después de su descubrimiento por Kanner, el autista sigue siendo todavía para muchos clínicos un niño que presenta trastornos graves, que efectúa movimientos estereotipados, se golpea la cabeza contra las paredes, profiere aullidos y sólo dispone de un lenguaje rudimentario.

De hecho, constataba Sacks en 1995, resulta extraño que los especialistas del autismo

«Se conforman con hablar de niños autistas y permanezcan mudos en lo que se refiere a los adultos por este mismo trastorno, un poco como si los niños en cuestión desaparecieran bajo tierra a partir de cierta edad».

Y añade: «Pero, por devastador que sea el cuadro clínico que se constata a la edad de tres años, algunos jóvenes autistas, contra todo pronóstico, acaban adquiriendo competencias verbales y sociales lo bastante satisfactorias como para que de ello resulten a veces sorprendentes logros intelectuales —algunos consiguen llegar a ser seres humanos autónomos, capaces de llevar una vida que tiene al menos la apariencia de la normalidad y la plenitud, aunque persista en ellos subterráneamente una profunda singularidad».

El término «autismo» sigue marcado por su origen, que se encuentra en la clínica de la esquizofrenia: como se sabe, fue forjado por Bleuler a principios del siglo XX para describir el repliegue del sujeto en un mundo interior auterótico. Todavía hoy resulta difícil aprehender el autismo sin pasar por el prisma de la psicosis.

Hasta ahora, los psicoanalistas no han tenido muchas oportunidades para escuchar a autistas capaces de expresarse con precisión acerca de su estado. Esto por una razón fundamental: todos testimonian que en el origen de sus trastornos se encuentra una dificultad para tomar la palabra de un modo auténtico, de forma que la propuesta planteada por el psicoanalista resulta ser para ellos inquietante, pues no se adapta a su funcionamiento. Por otro lado, los autistas coinciden en la constatación de que le es mucho más fácil dar cuenta mediante la escritura de aquello de lo que sufren. Tratan de que se les escuche por este medio. Esta es una de las razones por las que Birgen Sellin, autista mudo, teclea con gran dificultad, en 1993, las siguientes palabras en su ordenador:

quiero que tomemos la palabra yo mismo
como podemos
nuestro mundo interior debe ser revelado

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Es conveniente que hoy día estos sujetos sean escuchados, de modo que el método de investigación del autismo no se limite a lo que se deposita en las curas, en la práctica entre varios y otras formas diversas de tratamientos. Es un deber para los psicoanalistas prestar atención a las autobiografías de autistas de alto nivel, así como a los textos redactados por sujetos que presentan trastornos mucho más severos, mediante los cuales tratan de dar a conocer la lógica de su singular funcionamiento. Recordemos, por otra parte, que ni Freud, ni Lacan desdeñaron apoyarse en un texto para fundar en él sus respectivas teorías de la psicosis.

Jean-Claude Maleval: El autista y su voz, Gredos, Madrid, 2011, página 11.


Entrevista a Jacqueline Léger, quien habla sobre su experiencia como autista.

“Nunca se escribió tanto sobre la imposibilidad de escribir”

El novelista vuelve a deslumbrar con la segunda parte de la trilogía que inició con La parte inventada y que cerrará con La parte recordada. Libros que, según él, tratan sobre el tema “más transgresor y perturbador” que hay en este momento, que es leer y escribir.

Por Silvina Friera

“Y hacer memoria es un poco soñar con los ojos abiertos, ¿no? Por eso, cuando uno se va quedando sin sueños lo primero que pierde es la memoria (…) Si no sueñas con cosas fuera de este mundo acabas olvidando todas las cosas de este mundo. Del mismo modo en que si no sueñas con los muertos, esos muertos no pueden ascender a la categoría de fantasmas, no pueden retornar ya nunca como sueños despiertos”. Rodrigo Fresán, ese narrador desmesurado, tóxico y genial, lo hizo una vez más: vuelve a deslumbrar con La parte soñada (Literatura Random House), una novela en tres movimientos –sueño, ensueño, sinsueño–, “un libro con todos los tiempos al mismo tiempo que, al ser vistos simultáneamente, producen una imagen de la vida que es hermosa y sorprendente y profunda”. El texto de 587 páginas destila una inquietante tristeza frente al horizonte de la muerte. Antes de despedirse, se anuncia que habrá un tercer libro más –La parte recordada, que se integrará a la corriente torrencial que inició con La parte inventada– porque inventar, soñar y recordar son como “las tres cara de la memoria”.

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Literatura y memoria

Fresán, que vive en Barcelona desde 1999, cuenta a PáginaI12 que cuando le preguntan de qué tratan esos libros suele contestar que del tema “más transgresor y perturbador” que hay en este momento, que es leer y escribir. “Los referentes y los héroes célebres que tiene el libro, que pueden ser (Vladimir) Nabokov, Emily Brontë y Bob Dylan en este, o (Francis Scott) Fitzgerald en el anterior, son escritores que trabajaron muy bien la reescritura de sí mismos para convertirse en personajes de sí mismos; algo muy tentador y riesgoso que a veces no sale mal literariamente, pero sale muy mal existencialmente, como en el caso de (Jack) Kerouac, (Ernest) Hemingway o Fitzgerald, que terminaron casi aniquilados por sus propios mitos. Nabokov y Brontë son dos extremos absolutos de una misma conducta: una es completamente salvaje, intuitiva y loca, y el otro es como una especie de científico total, muy cerebral. Eran dos genios, cada uno a su manera”.

–En La parte soñada se plantea que el exescritor de algún modo no lo fue nunca, porque cuando se deja de escribir se pierde condición y raza. ¿Por qué es un tema que lo obsesiona tanto el hecho de dejar de escribir?

–Supongo que tiene que ver con el caso de Salinger, que pasó mucho más años de exescritor, aunque él decía que estaba escribiendo, pero todavía no ha aparecido ninguna evidencia y yo empiezo a dudar de que vaya a aparecer. Siempre es una fantasía dejar de escribir. Cuando uno decide ser escritor –y yo lo decidí muy joven, lo decidí incluso antes de saber leer y escribir–, que es una decisión bastante demencial, se pregunta qué pasa si dejo de ser escritor o me retiro, como dijo Philip Roth, acompañado de la idea de la edad y del cansancio. Es una curiosidad muy grande que tengo cómo será no ser escritor, porque nunca no lo fui. No soy consciente de un pasado anterior en el que haya querido ser Batman, el crack de la selección o quizá presidente. En mi infancia todavía había una fantasía presidencial en algunos niños raros o muy buenos alumnos. Es una duda, una curiosidad, un día poder levantarme y salir a la calle, y ya no ser escritor.

–¿La idea del exescritor podría estar vinculada con lo que Enrique Vila-Matas planteó como el síndrome de Bartleby?

–No exactamente. Me parece que todos los escritores de Bartleby están potenciados por su celebridad y por su fama, aunque sea oscura. El exescritor de mi libro no está contento con lo que le sucede, no es feliz. Sólo quisiera volver a escribir. Hay una paradoja tanto en La parte inventada, La parte soñada como en La parte recordada, que es la que estoy escribiendo ahora –el ciclo completo tendrá unas 2000 páginas–, y es que nunca se escribió tanto sobre no escribir o la imposibilidad de escribir. En muchas disciplinas artísticas y científicas primero se formula la teoría y luego se la lleva a la práctica. Creo que la literatura pasa primero por la práctica y la práctica genera teoría. Me parece una paradoja interesante que se escriba tanto sobre la imposibilidad de escribir.

–En un momento en que se escribe más que nunca…

–Y se lee más que nunca. Mi infancia estuvo marcada por la advertencia de que la televisión hacía mal a la lectura. Ahora la lectura le hace mal a la lectura, porque se lee todo el tiempo, pero se está malgastando la lectura viendo fotos de gatitos o de lo que comió al mediodía la mejor amiga. Me da tristeza que la gente lea muchísimo y llegue cansadísima a la noche y diga: “Ufff cómo leí hoy”, pero no porque estuvo intentando leer Moby Dick o el Ulises de Joyce o En busca del tiempo perdido, sino porque va perdiendo el tiempo, que no es lo mismo que en busca del tiempo perdido.

–¿Por qué la realidad está sobrevalorada?

–La realidad está sobrevalorada en tanto material literario. Para mí, está sobrevalorada en tanto escritor, no como lector. Como lector, puedo disfrutar de muchas novelas realistas, pero a la hora de sentarme a escribir no me interesa mucho. En los grandes hitos o monumentos de la novela realista, como Madame Bovary o Ana Karenina, la realidad no se organiza tan prolijamente y tan dramáticamente bien. Un escritor mucho más realista es William Burroughs en cuanto a saltos, elipsis y libres asociaciones que todo Tolstói. Me gusta mucho eso que decía Nabokov, que todos hemos pactado una realidad común para no volvernos locos.

–¿Qué es una novela realista hoy?

–Es muy difícil saberlo, porque buena parte de nuestras vidas suceden en un dominio virtual online, que no deja de ser la realidad, pero no es la realidad tal como la entendíamos hasta ahora. Curiosamente, la vida online ahora está más cerca del sueño que de estar despierto, porque la gente inventa, miente, cambia; es como la socialización absoluta de fantasías muy privadas que antes las compartías con tu psicoanalista o con la persona que dormía al lado tuyo.

–Hay una pregunta que se formula en La parte soñada: ¿en qué tiempos viven los sueños? Recogiendo este interrogante, ¿en qué tiempo vive la novela?

–Creo que en todos los tiempos al mismo tiempo. Cuando escribí La parte inventada, no pensé que iba a ser una trilogía, no estaba en mis planes. Después me di cuenta de que no podía alejarme de la voz narradora, que me gustaba mucho ese efecto que conseguí de que una novela escrita en tercera persona parezca que está escrita en primera persona todo el tiempo. Y me dije que iba a escribir un segundo libro, que generó inmediatamente la idea de un tercero. Me gustaba la idea de una trilogía no al uso con un principio, un transcurso y un final, que siguiera un recorrido tipo El señor de los anillos. Digo que no son precuelas ni secuelas, sino que son “durantecuelas” que transcurren en un mismo plano.

–Las historias que se cuentan en la primera y la segunda novela, ¿van a tener un cierre en La parte recordada?

–Sí, me he impuesto que se sepa qué pasó con el hijo de Penélope, que se sepa de una buena vez quién es la chica que se cae en la piscina, que la vengo arrastrando desde La velocidad de las cosas. Es el momento de contármelo a mí, yo quiero saberlo. En octubre se va a reeditar Historia argentina y había pensado escribir un texto nuevo que enlazara ese libro con estos. Lo hice, pero me di cuenta de que desequilibraba por completo Historia argentina, y ese texto va a pasar a La parte recordada. Pero en La parte soñada está Historia argentina en el libro Industria Nacional y hay como una especie de jueguito nabokoviano ahí. Hay un libro de Nabokov, que todo el mundo coincide que es el peor, que es el último, ¡Mira los arlequines!, donde reescribe toda su vida y cambia todos los títulos de sus libros, y yo hago un poco ese juego. Pero vuelvo aclarar, una vez más, que el exescritor no soy yo.

–¿Por qué se confunde al narrador de una novela con el escritor?

–No tengo padres desaparecidos ni una hermana loca que es una mega estrella universal de la literatura; son más las diferencias que las similitudes. Pero las taras, las fobias y las simpatías están bastante. Una vez alguien me dijo una cosa que me dejó temblando: “Casi nunca leo libros”. Le pregunté por qué no leía y le dije que se estaba perdiendo algo muy interesante. Y me contestó: “No leo porque no me gusta que me mientan”. Me quedé como helado. Primero pensé que era un pensamiento estúpido, pero después me di cuenta de que a los lectores nos gusta que nos mientan, ¿no? Tal vez es la forma más noble e inofensiva de la mentira, aunque también mucha gente se ha vuelto loca por los libros. La gente piensa que leer tiene que dejarle algo, que tiene que aprender algo de la realidad y que una historia puramente imaginada es como una pérdida de tiempo. Pero para mí es todo lo contrario: es una puerta de escape.

–En un momento de la novela se dice que se lee “para saberse vivo, para vivir”. ¿Por qué se lee?

–En términos prácticos, creo que se lee porque es muy divertido, es una de las actividades más económicas, al alcance de todos. Si tuviste un poquito de suerte en la vida y empezás a leer desde los 5 años, podés ir volviéndote más sofisticado como lector, pero podés continuar leyendo asilvestradamente hasta que te mueras y está todo bien. Uno lee para poder vivir otras cosas, esa es la función social de la lectura. Ya tengo 53 años y no creo que me vaya a enrolar en un buque ballenero con un capitán loco para perseguir una ballena, pero sin embargo puedo hacerlo, si tengo ganas. Ya lo hice varias veces y puedo volver a hacerlo otra vez más. Uno lee para perderse y para encontrarse.

–”Una vez Penélope había leído que la diferencia entre ficción y realidad era que una novela explicaba que ‘ella hizo esto porque’ mientras que la vida se limitaba a decir que ‘ella lo hizo’; que los libros son el sitio donde todo queda claro mientras que en la vida poco y nada acaba resultando comprensible”, se lee en La parte soñada. Quizá el problema de esta frase es creer que el libro es algo cerrado y comprensible, cuando en verdad se parece más a la vida, ¿no?

–Sí, estoy de acuerdo, pero entiendo cómo Penélope llegó a convertirse en eso. No todo lo que piensa Penélope lo pienso yo, porque tendría problemas muy graves (risas). Me gustaría ser multimillonario como Penélope con mis libros, todo lo demás es bastante complicadito, porque hay un hecho monstruoso que no quiero revelar; pero lo que hacen ellos dos de chicos es una cosa bastante bestial. Ese tipo de pensamientos puede ayudar a mucha gente en problemas, que se convence de que las respuestas que no te da la vida tal vez están en un libro. En el caso de Penélope, encontró ese libro, que es como el Corán o la guía telefónica. Puedo entender que Cumbres borrascosas sea un libro así para alguien; es un libro muy extraño y muy curioso.

–De hecho, se lo define en la novela como un libro anticuado y vanguardista al mismo tiempo.

–Sí, las obras maestras son anticuadas y vanguardistas. El otro día estaba leyendo lo que dijo Jean Cocteau sobre En busca del tiempo perdido: “No se parece a nada que haya leído y me recuerda a todo lo que más me gusta que leí”. Si uno consigue ese efecto, no necesita nada más; es el efecto de todos los grandes clásicos.

–”Ahora el libro es casi lo que menos importa… Ahora escribir parece ser apenas el prólogo y quieren que seas como un político o un predicador y que opines sobre todo”, se afirma en la novela. ¿Por qué se le demanda al escritor una función que no le corresponde, la de opinar de todo? 

–Hay que opinar de todo, y viajar y exponerse. En términos ideales, sería genial que hubiera ferias y festivales de lectores, donde se juntaran los lectores y se vendieran libros. Hago una humilde proposición para que se funde el primer festival de lectores y que los lectores viajen por el mundo y se conozcan con otros. Me gusta pensar que la mejor versión de mí mismo es mi obra, mi libro. Que viaje el libro. No me gusta salir de casa, no me gusta viajar. Siempre digo la misma frase: cada vez me gusta más escribir y cada vez menos ser escritor. Cuando sale un libro, tengo que viajar y apoyarlo un poco. Hay muchos que se aprovechan de esa idea de que el escritor solo quiere salir de su casa y que está con la valija hecha para conocer gente y bailar. He visto cosas en festivales, como dice el replicante de Blade Runner, que tú no podrías imaginar (risas). Si te gusta leer y escribir, tiene que gustarte estar solo y en silencio. Curiosamente, los ambientes dedicados a la literatura suelen ser bastante ruidosos. No quiero quedar como un misántropo loco…

–¿Por qué está el fantasma de la muerte acechando en La parte soñada?

–Yo nací clínicamente muerto, por eso muchos de mis libros empiezan por el final. La muerte se convierte en otra cosa a partir del momento en que tenés un hijo, porque tu ausencia lo puede llegar a marcar de una manera muy bestial. Juan Ignacio Boido me decía que le parece que son libros que están impregnados de una gran tristeza. Lo curioso es que los escribí muy feliz. No puedo contar el final de La parte recordada, pero la idea de la muerte va a estar mucho más presente. No hay maniobra de final más eficaz que la muerte.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/33255-nunca-se-escribio-tanto-sobre-la-imposibilidad-de-escribir

David Lynch en el diván

CRÍTICA DE CINE

Eludiendo toda su carrera cinematográfica (apenas llegamos a la preparación de Cabeza borradora) para centrarse en la infancia, juventud y primeros pasos como aspirante a artista de quien sin duda es uno de los cineastas más importantes de nuestro tiempo, este documental se configura como una suerte de proceso psicoanalítico que revela, a través de la voz del propio Lynch, algunas de las claves de una obra que se fraguaba ya de manera rotunda, retorcida y poderosa en sus primeros trabajos pictóricos y que se ha seguido fraguando en una dedicación que el director de Missoula, Montana, no sólo no ha abandonado sino que ocupa buena parte de su tiempo lejos de los platós.

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LA PELÍCULA NOS PERMITE VERLO TRABAJAR CON UNA DEDICACIÓN PLENA A SU PROPIO UNIVERSO MENTAL

Pintor bricoleur, creador de pesadillas y universos surreales, Lynch toca y moldea la pintura y la materia mientras su relato y sus anécdotas ponen orden en un material de archivo autobiográfico que nos habla de inseguridades, miedos, inadaptaciones y, sobre todo, de la búsqueda determinada de un lugar en esa vida del arte que sin duda parece el verdadero y único refugio posible para el responsable de obras maestras como Terciopelo azul, Twin Peaks, Carretera perdida, Mulholland Drive o Inland Empire.

David Lynch: The Art Life adopta a veces las formas de lo lynchiano, enturbiando esa mirada a la realidad bajo la que se esconde siempre un mundo extraño y fascinante, y busca establecer un correlato entre la poderosa imaginería de su pintura y ese autorretrato oral que tiene algo de fabulación libre de artista autoconsciente. Pero sobre todo nos ofrece la posibilidad de verlo trabajar en soledad, concentración y dedicación plena a su propio universo mental, un espacio al que hasta ahora sólo tenía acceso su pequeña hija Lula, compañera de mesa y experimentos con la materia moldeable de los juegos, los sueños y las pesadillas.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/ocio/David-Lynch-divan_0_1123088232.html

El interior de una esquizofrenia ilustrada: Kate dibuja la realidad de sus sombras

La joven Kate tiene sólo 18 años de edad y hace un año recibió el diagnóstico de esquizofrenia que, admitámoslo, es algo capaz de librarse de cualquier persona. Con Kate no fue diferente – el que cambia mismo es la manera como se maneja la condición.

Como siempre ha querido ser una artista, Kate acaba encontrando en su enfermedad una forma de manifestar sus expresiones artísticas, y decidió ilustrar algunas de las alucinaciones que ahora forman parte de su rutina. En una publicación en Bored Panda, ella habló sobre el tema.

“Yo siempre quise ser un artista, sólo que no se había dado cuenta de lo que eso significaba hasta que mi enfermedad mental apareció. Yo desprecio el término ‘enfermo mental’; esto implica que quien soy como persona es fundamentalte dañado y roto. Por desgracia, así que os cuento a las personas, siento que es todo lo que ellos vienen a mí. Vienen con el estigma perpetuado por los medios de comunicación, y los estereotipos incorrectos retratados en Hollywood. Es precisamente por eso que estoy tan abierta acerca de aquello con lo que yo vivo”, dijo ella.

El diagnóstico de Kate fue posible porque sus padres se dieron cuenta de que la joven estaba presentando diferencias de comportamiento y fueron a buscar ayuda médica. Para mostrar cómo sus alucinaciones se materializan para ella, Kate decidió traer para el papel. Cada alucinación tiene un contexto diferente y, según la joven, ella escucha voces, efectos sonoros, ruidos aleatorios y a menudo son conscientes de insectos, rostros y ojos separados.

1 – El mesías

2 – “la Alucinación: una experiencia que envuelve la aparente percepción de algo que no está presente”

3 – Para Kate, los insectos representan la forma como ella se siente, por causa de la depresión

4 – Esta criatura afirma ver saliendo del techo y muchas veces arrastrándose debajo de los muebles, haciendo ruidos

5 – Un autorretrato

6 – Las voces suelen pedir para que se encienda en varias cosas

7 – Ella suele ver muchos ojos separados en los ambientes de su casa

8 – Un pajarito que canta para ella

9 – “Tal vez si yo robar la belleza de ellos, yo voy a tener mi propia”

10 – A veces es así que ella ve a los ojos de las personas

11 – Es difícil administrar todos estos sentimientos

12 – Esta es Kate

“El que yo vivo no es fácil y puede ser debilitante, pero yo no vivo en las calles gritando sobre abducción extraterrestre. Esto no quiere decir que no hay personas que están en ese nivel severo – existen. Sin embargo, hay personas también que, así como yo, sólo se quedan en casa la mayor parte del tiempo encerrados en su habitación. Es un espectro de síntomas y con diferentes niveles de gravedad. Cada experiencia de cada persona es única”, concluyó.

Fuente: http://pysnnoticias.com/enfermedad-ilustrada-joven-con-esquizofrenia-dibuja-la-realidad-de-las-sombras/

Corrupción: una perspectiva desde el psicoanálisis

Por Pablo Santander

Todos hemos sido testigos de cómo han aparecido en forma constante noticias de corrupción política y social. Las distintas instituciones del Estado se han visto involucradas en esto de una forma importante, generando un descrédito en la población, que ha producido una crisis institucional. Es así como se han visto involucradas instituciones como carabineros, las fuerzas armadas, personeros del senado y diputados, como también los financiamientos de campañas presidenciales. Esta situación es un mal que asola no solo a Chile, sino que en general Latinoamérica se ha visto involucrada. Los vínculos empresariales y la política se han visto en Brasil, Perú, México, Argentina, Chile, etc.

En las siguientes líneas quisiera aportar desde la perspectiva del psicoanálisis, considerando que en nuestro mundo contemporáneo, la realidad es compleja y requiere aunar distintas miradas para su enfrentamiento.

Freud en su texto Tótem y Tabú propone que el inicio de las leyes, surge desde el grupo primitivo de hombres descrito por Darwin (La horda primitiva). En esta, surge un ataque de los hermanos a la autoridad paterna. Posterior a esto, sacada la autoridad, los hermanos se reúnen y producto de la culpa y de la necesidad de evitar nuevas violencias, se impone la prohibición de matar y del incesto. Sería un acuerdo necesario entre los hermanos de convivencia al que se someten.

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Ya sea que se considere el evento recién relatado como una situación real de nuestra historia o como un evento simbólico, este nos sirve para pensar sobre la corrupción. Lo descrito sería una evolución regular sobre cómo el hombre asumió reglas y prohibiciones para la convivencia, sin embargo en la corrupción la ley aparentemente se acata, pero en verdad se trasgrede. La corrupción implica un doble discurso. En este sentido, el modelo planteado por Freud se modifica en la corrupción. En ella, existe una evitación de contactarse con la culpa, esta se escinde, se niega o proyecta, pero secretamente. Acá aparece lo deshonesto, se aparenta el respeto a una ley (padre introyectado), pero en realidad el funcionamiento es narcisista, en una mantención de un funcionamiento sin prohibiciones (ni del incesto ni de no mataras). Tiene que ver con una supuesta aceptación de la ley, pero por otro lado, y en realidad, se rechaza, manteniendo el deseo de beneficio propio por sobre los hermanos. Si nos remitimos al modelo de la horda primitiva sería un hermano que aparenta aceptar la ley paterna de prohibición del incesto, pero secretamente busca transgredirlo y situarse en un lugar sin limitaciones a sus deseos. La pregunta que surge es el por qué ocurre esto, y más específicamente por qué en Latinoamérica.  Lo que planteamos es que la corrupción surge por evitar contactarse con la culpa de lo dañado, porque se siente que existen fragilidades y vulnerabilidades a la base, evitar tomar contacto por que a la base existen ansiedades sociales sentidas amenazantes a la estructura misma.

La corrupción, al incluir instituciones de poder, tiende a fomentar la organización de un modo de funcionamiento que ampara, cuida y recluta a otros en este funcionamiento, a la vez que acontece con una mirada pasiva de otro sector de la población que no siente posibilidad de cambiar este sistema y se somete.

Un problema de la corrupción es que este funcionamiento va reclutando a otros, generando un sistema que funciona así. Con una apariencia de respeto de la ley (padre), y aceptando las condiciones entre todos los hermanos, pero en verdad,  engañosamente buscando un beneficio personal. Se  agrega a lo anterior que esta venga desde un lugar de poder. Esto es lo que produce un reclutamiento de otros en función de este sistema, produciendo elementos destructivos, al irse ampliando a nivel social, siendo finalmente el modo  general de operar. La corrupción, al incluir instituciones de poder, tiende a fomentar la organización de un modo de funcionamiento que ampara, cuida y recluta a otros en este funcionamiento, a la vez que acontece con una mirada pasiva de otro sector de la población que no siente posibilidad de cambiar este sistema y se somete.

Resulta necesario el mirar la corrupción como un síntoma de elementos que deben ser considerados, como son sensaciones de inestabilidad que lentamente fueron generando organizaciones, inicialmente como intentos de sobrevivencia o excepciones momentáneas, sentidas como necesarias para aliviar deficiencias, que se fueron solidificando paulatinamente. Para enfrentar este funcionamiento de tipo narcisistico perverso, resulta importante que la ley sea firme, clara e inequívoca (padre), con condiciones de contención a las intensas angustias que se provocan y que describimos como originantes. Esto último ya que la evitación de la culpa ha sido generada por el temor al surgimiento de ansiedades desestructurantes.

Fuente: http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/04/18/corrupcion-una-perspectiva-desde-el-psicoanalisis/

El pintor que combate la esquizofrenia con colores y formas

Tiene 42 años y vive desde 2009 en el Centro de Asistencia de Cuemanco, donde es tratado por esquizofrenia, donde se reencontró con la pintura y poesía; “Héctor Sosa es el nombre con el quiero que me vuelvan a conocer”
El pintor que combate la esquizofrenia con colores y formas
El pintor que combate la esquizofrenia con colores y formas
SHARENII GUZMÁN |

Héctor Sosa dice haber estado en el infierno. La esquizofrenia que padece lo llevó a conocer lo peor del ser humano. Vivió un tiempo en la calle y ahí destruyó una parte de él que nunca volverá. Ahora es otro. Desde la cordura se mantiene en la luz y con la pintura intenta reinsertarse en la sociedad.

 

El hombre de 42 años vive desde el 2009 en el Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) de Cuemanco, donde es tratado por esquizofrenia. Ahí se reencontró con la pintura y poesía.

 

“Héctor Sosa es el nombre con el quiero que me vuelvan a conocer, pero ahora como pintor y poeta”. Antes de que se le desarrollara la enfermedad era músico, tocaba la guitarra y hacía canciones, pero eso quedó en el pasado.

 

“Ahora me es imposible tocar, se me adelgazaron las muñecas y no tengo buen pulso. No estoy bloqueado. Me provoca pavor intentar recordar una letra. Jamás volveré a ser músico”.

 

(Sharenii guzmán/ La silla rota)

 

Explica que su pintura no es discursiva, no piensa lo que va a crear. Comienza con formas y después decide lo que será. Usa tinta sobre fabriano y cartulina, pastel, acrílico y barniz.

 

“Yo nombré a mi arte como brut, es una forma de pintar de manera impulsiva, automática, a veces sin aprendizaje y muy elemental. Soy otra persona mientras pinto. Mi proyecto ahora es vivir de la pintura y un poco de la poesía. Sé que está muy competido, que es dificilísimo darse a conocer”.

 

Pese a ello, ya ha vendido 100 pinturas y ha expuesto en universidades como la Unitec y UAM.

 

De adolescente dibujaba y pintaba. Lo hacía por diversión. Terminó la secundaria e ingresó a la Preparatoria Popular, sin embargo no terminó. Claudicó y se dedicó a la música, tocaba en camiones, restaurantes y bares… También recuerda que su madre tenía un amigo que llevó a casa arte, libros y discos.

 

Vivió un tiempo en Tlatelolco, la colonia Juárez y San ángel Inn. Después se fue a Oaxaca y ahí conoció a una mujer con la que se juntó unos años y se separó.

 

(Sharenii guzmán/ La silla rota)

 

La esquizofrenia le cambió la vida

“En 2004 comienzo con dolores de cabeza muy fuertes. Y antes de eso escuchaba voces, pero me gustaba lo que me decían, me traían muy activo. Y un día en 2006 algo me levantó de la cama y comenzó a torturarme frente al espejo, me sentenció a muerte: ‘no sé qué soy, sólo sé que existo para destruirte, te voy a matar de hambre’, me decía.

 

Todo se volvió violentismo y traté de controlarlo con alcohol, pronto estaba en la calle perseguido por esa violencia (en la mente) y por la violencia hacia personas en situación de calle. Me escupían, golpeaban y trataban mal. Lo único que me mantenía era la necesidad de alcohol y de declamar poesía en los micros”.

 

Señala que debido al infierno que sentía, Héctor intentó quitarse la vida con raticida. Fue trasladado al hospital Rubén Leñero y San Bernardino.

 

“Ahí trabajadores sociales me buscaron y me trajeron aquí (CAIS), pero convencí a los directores de ese momento de que no tenía que estar aquí.

Me dejaron salir y estuve otro rato en situación de calle. En ese tiempo me quedaba en (el albergue de) Coruña”.

 

(Sharenii guzmán/ La silla rota)

 

Cuando regresó al CAIS en 2009, ya le fue imposible salir a la calle. Tardó tres años en cruzar la puerta y fue gracias a la ayuda de un colectivo de estudiantes de la UAM-Xochimilco que lo sacaron a caminar. Aunado a ello, como parte de su recuperación, las autoridades del Centro lo invitaron a tomar un taller y ahí se reencontró con la pintura y poesía.

 

Por la esquizofrenia, Héctor padece de fobia hacia la gente. “No puedo salir a la calle solo. Siento que no soporto las radiaciones humanas y necesito de una compañía que esté centrada en sí misma”.

 

Comenta que ha perdido la memoria. No recuerda a muchas personas que conoció antes de la enfermedad ni libros que leyó. Todo eso se borró.

 

“Si siento que voy a salir de control tengo de 15 a 20 minutos para aislarme, no me gustan que me vea en un episodio psicótico. Con mis compañeros de cuarto tengo confianza, porque puedo estar hablando con la pared, agitando las manos y gritando, y ellos no se inmutan”.

 

(Sharenii guzmán/ La silla rota)

 

También es poeta

Detalla que con la esquizofrenia perdió parte de la capacidad cognitiva, incluso reconoce que se le olvidó mucho del lenguaje que manejaba antes. Tiene dificultad para leer, es más fácil escribir, para ello, no tiene ningún impedimento.

 

“Me viene una frase o una imagen y de ahí vienen las palabras. No lo planeo. Escribo como dibujo, comienzo con formas y ya después le voy dando significado”.

 

Héctor dice que todavía no está listo para vivir solo y reincorporarse a la sociedad. Por lo menos, quiere estar en el CAIS tres años para seguir recuperándose. Admite que además de la pintura y poesía, le han ayudado los medicamentos que le proporcionan en el Centro.

 

¿Qué es el CAIS?

Jorge Moreno Romero, responsable del CAIS- Cuemanco informa que en este Centro se atiende desde 1988 a hombres mayores de 18 años con enfermedades mentales graves en situación de calle. En este momento hay 283 usuarios en su mayoría con esquizofrenia o retraso mental.

 

“Contamos con una oficina que se dedica a hacer recorridos por toda la ciudad, reciben reportes de la ciudadanía o locatel. De ahí a la gente que llega le hacen un estudio psiquiátrico o un estudio médico. Y luego se decide cuál es el perfil. Hay otros centros que atienden enfermedades mentales pero no graves”.

 

Las personas que son ingresadas el CAIS-Cuemanco  son atendidas por doctores, psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales.

 

“Trabajamos en la reinserción, es mínima, pero se sigue trabajando. Es difícil reintegrar a una persona en estas condiciones a una vida normal. Ellos se encuentran con una serie de dificultades . Para empezar padecen de una enfermedad que tiene que ser atendida constantemente con medicamento controlado y luego el estigma allá afuera es muy fuerte”.

 

Dice que el cinco por ciento de los usuarios del CAIS tienen una actividad afuera. El resto vive ahí de manera permanente.

 

“Buscan en el mercado de las flores ayudar, otros van a la Iglesia. Son personas que están autorizadas por el cuerpo técnico del CAIS”.

 

Reconoce que el tema de la reinserción es complicado, sin embargo sí han logrado casos exitosos. “Tenemos una casa de medio camino, que es donde atienden a prospectos para una vida independiente, estamos en proceso en este momento de reinsertar a cuatro”.

 

cms

Fuente: http://lasillarota.com/el-pintor-que-combate-la-esquizofrenia-con-colores-y-formas