Una apuesta a la verdad del sujeto

Con el título “Locuras y ficciones de cada uno. Qué dice el psicoanálisis”, en octubre se realizarán las Jornadas anuales de EOL Rosario. Su director, Daniel Perretta adelanta que “no hay manera de domesticar los modos de goce”.

 

Para Perretta, se trata de deconstruir y construir las ficciones de cada analizante.

 

”Locuras y ficciones de cada uno, qué dice el psicoanálisis”, es el título de la XX Jornada Anual de la EOL sección Rosario que se realizará el sábado 13 de octubre. No es una Jornada más porque se festejarán también los 20 años de creación de la Escuela en la ciudad, como Sección de la EOL. Su director, Daniel Perretta, adelanta los conceptos que se proponen para trabajar.

–¿Por qué la elección de este tema: Locuras y ficciones?

–Hemos elegido hablar de locuras y ficciones, ya que por un lado estamos en la época de homogeneizar los modos de goce, lo que implica la pérdida de las singularidades. Por esto mismo, asistimos a una proliferación de los diagnósticos, donde todos deben estar encuadrados y regulados.

Lo que el psicoanálisis ha encontrado es que aún cuando se quiera estandarizar a través de clasificaciones, no hay manera de domesticar los modos de goce, y en todo caso, es posible tratarlos. ¿De qué manera? Se trata de la deconstrucción y la construcción de las ficciones. La ficción viene a ser el recurso que se coloca en el lugar de lo imposible, y que quizás encontraremos algunas veces como estas locuras de cada uno.

–¿Cuál es la relación y la diferencia entre locura y ficción?

–Sabemos que hay locuras que no son las psicosis, que son la locura de cada uno, que podríamos llamar el pequeño delirio de cada uno. Queremos investigar en esta jornada si estos pequeños delirios pueden ubicarse como una ficción. Es decir, algo que se presenta bajo la modalidad de la verdad, y sabemos, como nos enseñara Lacan, que la verdad tiene estructura de ficción.

Es decir, que las ficciones no se presentan como una simulación ni una representación, sino más bien con esta relación íntima a la verdad.

Hay un efecto de la práctica analítica que toca a la verdad y la reubica, a nivel de lo que se ha llamado “doxa”. La doxa es una opinión, que a partir de la praxis analítica toma el estatuto de verdadera. Es decir, que pondremos en cuestión algunos de los fundamentos de nuestra práctica.

–La ficción tanto como la locura han ocupado un lugar en la producción humana desde el principio de los tiempos. ¿Qué nos dice el psicoanálisis?

–El lugar de la locura no es aquí, como se ve, el tradicional, el del loco de la antigüedad, el de las naves de los locos. Uno tendría que decir que esos locos cuestionaban un orden establecido, cuestionaban lo dado de una realidad. El psicoanálisis de la orientación lacaniana ha encontrado que también tiene sus locos. Es decir, aquellos que cuestionan algunos saberes instituidos. Si se avanza en el curso de un análisis se aprende a hacer con las ficciones, a construirlas y usarlas, especialmente para tratar aquello que hace obstáculo a la vida. ¿Acaso hay una locura más grande que la de saber hacer con lo que hace obstáculo?

Esto hemos aprendido de los finales de análisis, y en nuestra Jornada también lo investigaremos, a partir de la presentación de un testimonio, de alguien que avanzó en su análisis y lo terminó. Veremos si podemos aprender como supo arreglarse con sus obstáculos.

–Freud hablaba de fantasías, de ensoñaciones, de sueños diurnos y de la novela familiar del neurótico. ¿Cuál es la vigencia de dichos términos en la elaboración actual?

–La primera versión freudiana de la ficción que podemos localizar es la llamada “novela familiar”. Ya en 1908 Freud nombra a la actividad imaginativa del niño como “obra de ficción”. Luego Lacan en 1953 la retoma bajo la forma de “El mito individual del neurótico”, donde nos da una definición precisa: “El mito es lo que da una forma discursiva a algo que no puede ser transmitido en la definición de la verdad, porque la definición de la verdad solo puede apoyarse sobre ella misma…”

En el momento actual, y tantos años después, el planteo freudiano no ha perdido ni un poco de su vigencia. Fantasías, ensoñaciones, nos siguen hablando de verdades de los sujetos. Con una diferencia, a veces… la realidad actual nos ofrece las fantasías ya preparadas, y las encontramos por ejemplo en las pantallas.

–Al final de su enseñanza Lacan modifica la grafía del término ficción y lo escribe “fixion” con x. ¿Qué significa ese cambio?

–Efectivamente, Lacan deja el término ficción por el de fixión. Y este es un punto a trabajar especialmente. Por un lado, está referido al tratamiento de la verdad como doxa. La fixión como tratamiento de la inexistencia de la relación sexual implica un trabajo para el que se ensayan remiendos, parches, suplementos, porque lo que está en juego es lo imposible.

Por otro lado, lo imposible de lo que se trata puede referirlo a la vigencia de un término freudiano. La fixierung. Es decir, se trata de un punto de fijación, de detenimiento de la pulsión y nos da el indicio del real a tratar, ese, que tal como decíamos necesita de un saber hacer, porque si no, vuelve siempre del mismo modo.

-¿Cuál es la importancia en el campo del psicoanálisis y en nuestra ciudad de esta Jornada Anual de la Escuela de la Orientación Lacaniana Sección Rosario?.

–Para los psicoanalistas de la orientación lacaniana que trabajamos en esta ciudad y en la EOL, estas Jornadas Anuales revisten muchísima importancia tanto como acontecimiento epistémico y de relevamiento de lo trabajado en el transcurso de un año y de todos estos años, sino también en esta ocasión especialísima porque nuestra Sección de la EOL, que integra como tal la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), cumple 20 años, que festejaremos con la presencia de analistas de nuestra ciudad y otras Instituciones locales, como de otras ciudades, Santa Fe, Córdoba, Pergamino, Venado Tuerto, y otras. De Buenos Aires vendrán integrantes del Consejo Estatutario de la EOL: Leonardo Gorostiza (Presidente) y Aníbal Lesserre. También la Presidente de la FAPOL, Federación Americana de Psicoanalistas de Orientación Lacaniana, Flory Kruger. Y Fernando Vitale, recientemente nominado AE, quien vendrá a dar testimonio de su Pase en nuestra Jornada Anual. Quienes conformamos el Directorio de la Sección, yo personalmente, Carolina Rovere y Graciela Rodriguez los esperamos y recibiremos a todos los que quieran asistir para compartir un saber, y una experiencia.

*Coordinación Psicología Rosario12. Participante EOL Sección Rosario.

 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/143256-una-apuesta-a-la-verdad-del-sujeto

Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca

Hitchcock, más allá del suspenso llega a La Galería de la Cineteca
Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca en la que conocerás detalles sobre la vida y obra del cineasta ¡los martes será entrada libre!

Finalmente llegó a México la exposición “Hitchcock, más allá del suspenso“, una muestra que busca acercar al público con el trabajo de uno de los cineastas más destacados del siglo pasado, cuyo obra nunca perderá relevancia. Ya la vimos y te contamos todo lo que debes saber de ella, no te la puedes perder. Además, ¡los martes la entrada es gratis!

Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca

¿Sabías que Alfred Hitchcock creó un grupo que estuviera dedicado exclusivamente a la difusión de noticias sobre él? Éste es sólo un ejemplo más de las medidas de control que ejercía sobre su trabajo el también llamado “Maestro del suspenso“. Esto y más descubrirás en la nueva exposición que alberga La Galería de la Cineteca Nacional, “Hitchcock, más allá del suspenso”.

  • ¿Dónde? La Galería de la Cineteca Nacional: Av. México Coyoacán 389, Xoco.
  • ¿Cuándo? Del jue. 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019. Mar. a dom. 11:00 a 21:00 (aunque el último acceso es a las 20:00).
  • ¿Cuánto? General, $65 y descuento para menores de 25, INAPAM, meastros y estudiantes, $45. Los martes es entrada libre.

Compra tus boletos en taquilla o en línea.

Hitchcock, más allá del suspenso: exhibición de besos en el cine de Hitchcock

La exposición fue curada por Pablo Llorca, profesor de Historia del cine e Historia de la fotografía en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, quien se enfocó en mostrar el mundo de Hitchcock desde una perspectiva global y reconocer el aporte que su obra hizo a la industria. La muestra está segmentada en cinco bloques: “Introducción”, “El toque Hitchcock”, “Mujeres y hombres”, “Hitchcock y su tiempo, el arte y la arquitectura” y “El revés de la trama: Hitchcock, las apariencias y los trucos”.

Entre las más de 200 piezas que componen la exhibición encontrarás desde fotogramasrevistaslibrosoriginales, cartelesstoryboardsbocetos y hasta archivos audiovisuales; a través de los cuales identificarás las claves de sus películas, como el papel de los personajes femeninos; conocerás detalles de su vida y su personalidad, entre ellos las controversias que lo rodearon; descubrirás curiosidades sobre su proceso de creación y algunos de sus trucos; asimismo, verás cómo fue que se rodeó de grandes colaboradores y trabajó con los actores más reconocidos de su época, llevando su cine a un plano mucho más comercial.

Hitchcock, más allá del suspenso: detalle de su colaboración con diseñadores y actores

Actividades paralelas a Hitchcock, más allá del suspenso

A propósito de la exhibición, la Cineteca presentará un ciclo con 35 de las películas sonoras de Hitchcock, todas restauradas en 2k y 4k. Además, como parte del ciclo permanente “Clásicos en pantalla grande“, del 15 al 30 de septiembre se enfocará en la proyección de cintas del realizador, los sábados a las 20:00 y los domingos a las 18:00. Así podrás revivir películas como PsicosisLos pájarosVértigoLa ventana indiscreta, Intriga internacional, Pacto siniestro, En manos del destino y más.

Tampoco te puedes perder las charlas complementarias en las que se analizarán sus películas desde diferentes puntos de vista, éstas se llevarán a cabo en la Cineteca, el Centro Cultural de España en Méxicoy la Universidad Iberoamericana de CDMX, consulta la cartelera AQUÍ.

Hitchcock, más allá del suspenso: exhibición de Psicosis

ANA Y BRUNO Y CÓMO LA ANIMACIÓN MEXICANA ROMPE CON MITOS

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La película Ana y Bruno aborda temas como las enfermedades mentales o la pérdida de un ser querido, con un lenguaje sencillo para que los niños puedan entender experiencias de la vida.

Más de una década tardó que la película animada más cara en la historia de México llegara a las salas. Ana y Bruno, en su primer fin de semana, se colocó en el sexto lugar de la taquilla, pero logró generar polémica alrededor de los temas que trata, entre los que están la esquizofrenia y el duelo.

Algunos usuarios en redes sociales comentaron que el filme no es apto para niños, aunque su clasificación es A. También hubo quienes defendieron a la producción, dirigida por Carlos Carrera, al asegurar que no se debe subestimar la inteligencia de los niños frente a estas temáticas.

“Es un tema difícil, sobre todo en México, no existe la costumbre en algunas familias de hablar de estos temas con sus hijos y creo que es lo que estamos viendo en las redes, esta polémica que se da entre los papás que van con sus hijos pequeños, que la disfrutan mucho y la agradecen y los papás que no se la pasan bien, que les incomoda y que prefieren salirse. Hemos visto las dos cosas, considero que los papás están en su derecho de educar a sus hijos como quieran”, opina Pablo Baksht, productor del filme.

La premisa del largometraje es que Ana y su madre toman unas supuestas vacaciones en un lugar alejado de la ciudad, ahí, la infante se encuentra con Bruno, el amigo imaginario de otro huésped y pronto descubrirá que no todo es como ella esperaba

“Desde el inicio consultamos a una psicóloga infantil, porque dijimos ‘está buenísima esta historia, pero tampoco queremos traumar niños’, para ver a que target la encausábamos, hacia qué público dirigíamos el guión y la película, la psicóloga nos dijo que lo veía padrísimo para los niños, que era una gran oportunidad para que los papás hablaran con sus hijos de estos temas que son tabú en las películas infantiles”, argumenta Baksht.

Ana y Bruno tendrá un lanzamiento paulatino en Latinoamérica el resto del año y llegará a España el 21 de septiembre. Se prevé que pueda llegar también a China y Rusia, donde es posible que tenga la oportunidad de recuperar su inversión.

“QUE CUESTE LO QUE TENGA QUE COSTAR”

Baksht no rehuye al tema de cómo es que Ana y Bruno es el largometraje animado más costoso de México, justifica que el proyecto fue ambicioso para poder competir con el nivel de calidad de producciones que se realizan actualmente en otras partes del mundo, aunque al inicio sí tenían contemplado un costo mucho más bajo.

“La animación es mucho del tiempo que le dedicas a los personajes, escenarios y demás, es igual a calidad y el tiempo pues es dinero. Entonces, mientras más calidad busques, necesitas mayor presupuesto. Después, cuando ya me dijeron que no iba a ser eso (el costo), dijimos ‘bueno que cueste lo que tenga que costar’, no nos importaba ser la más cara, sino hacer una película que llenara los cines”, precisa.

Fueron 104 millones de pesos la inversión que se tuvo para hacer Ana y Bruno, de la cual, un 80 por ciento proviene de fondos privados. Baksht admite que es una labor titánica el poder juntar esa suma, además de tener una ganancia, que hasta ahora no ha sucedido y se sincera sobre que la campaña publicitaria no fue la indicada para atraer al público

“Sí, arrancamos muy bajo, creo que el trailer y el poster gustan mucho menos que la película, el filme está gustando mucho más que la campaña, entonces los resultados bajitos que tuvimos este fin de semana se deben a que la campaña no gustó”, dice.

MÁS QUE UN MENSAJE, UNA EXPERIENCIA

El productor Baksht vivió en carne propia la pérdida de un ser querido cuando era un infante, aunado a eso, recuerda que ver Bambi en el cine fue un punto catártico, pero al interior de su casa esquivaban hablar de ello.

“Me he dado cuenta de que hubiera sido mejor hablar las cosas directo, como son. Los niños entienden todo, se dan a veces más cuenta de las cosas que los adultos quieren como esconder”, refiere.

Por eso es que con Ana y Bruno se procuró transmitir una visión distinta de este y otros temas, más allá de dar por sentado una idea o explicar cómo es que puede ser un duelo o el vivir un problema mental.

“No es tanto dar un mensaje, sino como contar una experiencia, que le sirva a los niños para aprender de la vida, los cuentos infantiles de la antigüedad tenían esa su función en la sociedad, que los niños se prepararan para lo que iban a vivir en el futuro y que pudieran conocer la experiencia de otros”, finaliza

MEJOR CGI QUE 2D

De por qué se realizó Ana y Bruno en animación computarizada, Baksht explica que eligieron esa técnica porque se podía avanzar más rápido en la producción, ya que de hacerlo cuadro por cuadro, en técnica de dibujo, los cambios hubieran sido más laboriosos.

“Con el CGI, con el 3D, la ventaja que tiene uno, es que una vez que ya están dibujados los personajes y los escenarios, ya nada más es cosa de irlos posando, acomodando para cada cuadro en lugar de dibujarlos, esa fue la razón”, afirma el productor de la cinta.

LA NOVELA GRÁFICA

El autor original de la historia en la que se basa la película, Daniel Emil, ha mantenido inédita a Ana, la novela gráfica en la que se inspiró la cinta, esto por petición de los productores que tardaron 13 años en estrenar Ana y Bruno. La novela se publicó por Trilce Ediciones y las ilustraciones son de Héctor Falcón.

No queríamos que se conociera las sorpresas de la historia, creemos que son maravillosas y si fue un acuerdo que tuvimos con el escritor, de que íbamos a hacer esta película y que la novela saliera publicada cuando se estrenara la cinta”, asegura Pablo Baksht.

Fuente: https://www.reporteindigo.com/piensa/ana-y-bruno-y-como-la-animacion-mexicana-rompe-con-mitos/

Una ficción sobre las desdichas más contemporáneas

Una adolescente enfrentada al bullying, la depresión y el suicidio, el tema de Querido Segis

 

Una ficción sobre las desdichas más contemporáneas

Después de concentrar su trabajo en la literatura infantil, Moisés Sheinberg (Ciudad de México, 1966) comenzó una exploración creativa con Querido Segis, una novela juvenil que relata las desventuras de Tétric, una adolescente capitalina agobiada por las adversidades, la gran mayoría autoimpuestas, que le impiden enrolarse exitosamente en los círculos sociales, pero que, de las maneras menos ortodoxas se va abriendo camino por los recovecos de la vida contemporánea, con una percepción de abandono paternal a cuestas, una tendencia parasuicida, que a veces resulta cómica y otras más bien angustiante, y la siempre presente sombra desmoralizante del bullying.

En esta novela ganadora de la mención honorífica del Certamen Internacional Sor Juana Inés de la Cruz en el 2014 y publicada finalmente en el 2018 por la editorial De otro tipo, Sheinberg ha encarnado la mente de una joven incomprendida y le ha dotado de una vida de exploración y autoconocimiento con la que cualquier joven puede reconocerse fácilmente a través de los primeros enamoramientos y vínculos de amistad, pero también con tópicos como la sexualidad y sus abismos, el alcoholismo, las drogas, la depresión y el latente pensamiento del daño autoinfligido, el suicidio.

El culpable de que esta joven retraída se abra ínfimamente al mundo es el tal Segis, un psicoanalista cuyo nombre es una morfología de Sigmund (Freud), que no es más que un personaje inventado que usa como pretexto para escribir un diario en su computadora al que le confía los detalles más íntimos de ese desvirtuado periodo de su vida.

—¿Qué te motivó para escribir Querido Segis?

Antes había escrito solamente novelas infantiles y tenía ganas de salirme del género. Alguna vez, tallereando, se me ocurrió hacer el cuento de una joven que le escribe a un psicoanalista imaginario. Escribí un capítulo y luego la idea me fue germinando. Primero fue un método muy exploratorio, pero después comencé a interesarme en describir cómo era la vida de esta niña.

—¿Qué tanto de exploración tienes que hacer para poder contextualizar el entorno de un personaje como éste? ¿Hay algo de evocaciones propias?

Es una combinación. Pensé en cuando yo era joven: aunque eran otras épocas, no había tecnología pero sí bullying. Por otro lado veo a mis hijos, el lenguaje que hablan y la forma en la que se comunican; veo a sus amigos, las redes sociales y cómo también buscan encajar; el tipo de fiestas y de drogas que hacen hoy porque no son las mismas que se usaban hace 30 años. De manera que toda la investigación fue vivencial, a través de mis hijos.

—¿Cuáles han sido las primeras impresiones que has recibido sobre el libro?

El libro ha tenido mucho eco con jóvenes que se identifican con Tétric. Pensé que iba a tener más eco con los papás, pero los jóvenes se han identificado mucho, les ha gustado esta búsqueda; han puesto énfasis en el bullying, en cómo la gente no se siente aceptada y no se puede integrar a la sociedad.

—Se intuye que también tiene un discurso para los padres. ¿Qué tratas de transmitir para ellos?

Veo mucho hoy en día que los padres cada vez nos tardamos más en crecer y queremos mantenernos jóvenes más tiempo; lo cual no está mal, pero, de alguna manera, el papel de padres se ha perdido porque estamos más preocupados por ser amigos de los hijos, queremos que siempre piensen bien de nosotros; no nos preocupamos por ponerles límites y por guiarlos. Muchas veces lo que los hijos están pidiendo son límites, necesitan alguien que les diga hasta dónde.

—¿Este libro ha motivado alguna catarsis en ti?

Usar un personaje mujer me permitió sacar muchas cosas que tal vez en mis épocas eran mal vistas en los hombres, como ser más sensible al arte. Había que ser muy machos y muy duros. Me permitió conectarme con cosas con las que tal vez nunca me había conectado o yo nunca me había permitido expresar.

—¿Qué pretendes comunicar principalmente a los lectores?

Me gustaría inspirar en quienes lo lean que se atrevan a ser más genuinos, que no se dejen llevar tanto por qué van a decir los otros: que si los van a bullear, que si no van a ser populares o si no van a ganar dinero; todas estas cosas que nos impone la sociedad, sobre todo a los 17 o 18 años que somos muy vulnerables.

¿Es bueno inventarse a un psicoanalista o escribir un diario como método catártico o para definir a la personalidad que trascienda la necesidad de encajar?

Cien por ciento. Creo que el diálogo interno es importantísimo para conocernos, para entendernos, ya sea con una terapia real o con un diario, pero sí creo que el platicar de lo nuestro (incluso con nosotros mismos) nos ayuda a conocernos y a darnos cuenta que muchas veces estamos haciendo las cosas por las razones incorrectas.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx

 

Fuente: https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/Una-ficcion-sobre-las-desdichas-mas-contemporaneas-20180910-0099.html

LACAN Y EL MAYO DEL 68: ¿QUIÉNES ESTABAN BUSCANDO UN NUEVO QUÉ?

 

Por Jordi Marine

 

 

“Si tuvieran un poco de paciencia y si quisieran que nuestros impromptus continúen, les diría que la aspiración revolucionaria no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. A lo que ustedes aspiran como revolucionarios, es a un amo. Lo tendrán.

 

Jacques Lacan frente a una protesta estudiantil

en Vincennes, el 3 de diciembre de 1969

 

En los comentarios escépticos de las revueltas del mayo de 1968 suele sobrevolar, desde todos los frentes, las palabras de alguien llamado “Jacques Lacan” que se dice que retrataba los movimientos de 1968 como la búsqueda de “un nuevo amo” por parte de unos estudiantes ingenuos, acomodados y exaltados. De esto suele seguir una crítica a las diversas ramificaciones de la lucha insurreccional no exclusivamente económicas que tomaron fuerzas después de éste período, a veces para llegar a lúcidas advertencias frente los problemas de lo llamado como identity politics, a veces para revolverse en algún tipo de pureza existencial de toda clase obrera. En cualquier caso, la frase es un puente para criticar algún tipo de ingenuidad o vacuidad con la que se elucubraba la palabra de “libertad” en los hechos de 1968, para hacer ver cómo frente a la tensión entre la capacidad de transformar la sociedad y la de ser transformado (existente en todo movimiento del mismo tipo), claramente lo que comportó o inició el mayo del 68 cayó frente a lo segundo. Negar completamente tal cosa sería de una necedad absurda, casi del mismo grado que lo sería dejar tales hechos guardados en un cajón como mera anécdota curiosa. No hay que ser ningún fino analista para ver que los acontecimientos del 68 aportaron algo, un cierto punto de inflexión, un momento de dinamismo insalvable, que nos sirve para poder entender el hoy mismo en términos de poder, política o estructura social. La cosa, con lo planteado, está clara: no sirve el legado confesional para responder a los acontecimientos del 68, no hay un “sí” o un “no” frente a lo ocurrido, lo interesante se encuentra en lo ambiguo, en una zona más “gris”. Lacan, sin duda, era consciente de tal cosa.

Es hacer poca justicia de un autor de gran envergadura cómo Jacques Lacan el atribuirle a través de la interpretación reduccionista de parte de una frase una posición confrontada respecto lo que pasó en el mayo del 68. Es fácil ver, para cualquiera que haya siquiera intentado entrar en el cuerpo teórico lacaniano (o para cualquier persona medianamente rigurosa en general), los errores que puede causar el atribuir una interpretación desde una, cómo denominaba algo parecido Jorge Moruno recientemente, frase de galletita del autor. No sólo eso: salir además de estas reconfortantes pero inútiles interpretaciones nos lleva a vislumbrar un planteamiento mucho más interesante respecto a la cuestión, ya que no se puede, para nada, decir que Lacan lo único que aporta son, por decirlo así, malas noticias.

Lacan no tomó ni una posición apolítica ni meramente contemplativa en el mayo del 68: en la mañana previa a la denominada la noche de las barricadas del 10 de mayo (1968) se publicaba una carta en el periódico Le Monde firmada por varios intelectuales y pensadores combativos del momento apoyando los signos de la contestación, entre los cuales firmó Lacan junto a pensadores como Jean Paul-Sartre o Maurice Blanchot. No fue, además, su único acto a favor de las movilizaciones: aquel mismo año Lacan suspendió su seminario a título de “El Acto Analítico” con el fin de mostrar simpatía por lo que se movía en ese momento (Dosse 1998).

Las intervenciones públicas posteriores, pero, junto con un carácter duro y enervante del psicoanalista, harían olvidar fácilmente éste apoyo por los hechos del 68 en favor de varias confrontaciones con los llamados “revolucionarios”: en la mañana del 22 de febrero de 1969, en una conferencia de Foucault, Lucien Goldman – connotado marxista – intentó burlarse de Lacan (apuntando también a un enemigo conceptual común desde ciertos movimientos sociales y epistémicos en esos tiempos: el estructuralismo): “¿Miró usted, en 68, sus estructuras? ¡Eran las gentes las que estaban en la calle!” le interpeló, a lo que Lacan respondió: “¡Si los eventos de Mayo demostraron alguna cosa, mostraron que fueron precisamente las estructuras las que fueron llevadas a las calles!” (Dosse 1998). La sesión que terminó con la cita inicial y la frase que nos incumbe fue dada unos meses más tarde (3 de diciembre de 1969) en Vincennes, centro experimental universitario, en una sesión anunciada a título de “Analiticón, cuatro impromptus”, dónde se organizó una protesta alrededor de la charla, con la que Lacan mantuvo un breve diálogo, situación que posteriormente comentaría brevemente en una sesión de su “Seminario 17” (Lacan [1969] 1992). Algo similar también ocurrirá 3 años más tarde (1972), cuando Lacan sufrirá una irrupción seguida de un ataque por parte de un estudiante situacionista que intentaría transmitir su mensaje. El episodio, filmado por Françoise Wolff, concluyó con este comentario de Lacan: “Tal como decía él, deberíamos participar… Deberíamos cerrar filas para lograr… bueno, ¿qué, exactamente? ¿Qué significa la organización sino un nuevo orden? Un nuevo orden es el retorno de algo que, si recuerdan la premisa de la que partí, es el orden del discurso del amo […]. Es la única palabra que no se ha mencionado, pero es precisamente el término implícito en la organización” [1] (Stavrakakis 2007).

En éste resorte de episodios biográficos se muestra algo que parece crucial para entender la lectura de Lacan de los acontecimientos: el discurso del amo. En el ya mencionado “Seminario 17” que Lacan dio entre 1969 y 1970, un año después de los eventos del 68, Lacan se interesaría por la discursividad, y desarrollaría desde ahí la idea de discurso como forma que tenemos los seres humanos de hacer lazos sociales.

Lacan se plantea el discurso como algo estructural, fundado en la estructura del lenguaje, no en o desde el propio sujeto. Esto es relevante: lo que intenta articular con esto Lacan es una serie de dispositivos, de estructuras, aunque – como menciona severas veces – de estructuras “débiles”, es decir, dinámicas, no totalizantes. Lo que Lacan articula aquí no es nada parecido a una teoría como la de Freud en “El Malestar en la Cultura”, no pretende tanto: para Lacan ([1969] 1992, 13) el discurso es “un aparato que no tiene nada de impuesto, como se diría desde cierta perspectiva, nada de abstracto respecto a ninguna realidad. Por el contrario, está ya inscrito en lo que funciona como esa realidad [….], la del discurso que está ya en el mundo y los sostiene, al menos el mundo que conocemos“. Cuándo Lacan habla del discurso del amo no se refiere a un discurso abstracto o ahistórico siempre existente, se refiere a una forma concreta de organización de los lazos sociales que puede, a su vez, mutar o variar.

Desde aquí, pues, ¿qué sería el discurso del amo? Tal discurso forma parte de los 4 discursos (junto con el universitario, el de la histeria y el del analista), podríamos decir, fundamentalespara Lacan, que constituyen las relaciones sociales básicas que organizan cualquier tejido social, pero que también pueden convivir con otras formas. El discurso del amo, en ese sentido, organiza el vínculo entre el dominante y el dominado, entre el amo y el esclavo. Tal discurso parte y empieza a trabajar desde la sociedad griega y representa para Lacan el discurso en el que se manifiesta la filosofía, nombrado por Hegel, pero existente antes de éste. Sin necesidad de esbozar el dispositivo algebraico lacaniano, Lacan ([1969] 1992, 21) afirma en ése sentido que “La filosofía, en su función histórica, es esta extracción, casi diría que esta traición, del saber del esclavo para conseguir convertirlo en saber de amo“, es decir, que la filosofía ha funcionado como la extracción del saber hacer del esclavo (saber que Lacan usa en un sentido concreto también, como conjunto de los otros significantes de los cuales el amo se encuentra desconectado) en el sentido en que se establecía en los diálogos de Platón de tomar la esencia, el saber transmisible de las técnicas artesanales. De esta operación distinguida de la filosofía antigua hay, cómo no, un retorno, un excedente, un límite: “Y luego esto se redobla, naturalmente, con un pequeño golpe, un retroceso, que no es ni más ni menos que lo que se llama un lapsus, un retorno de lo reprimido” (Lacan [1969] 1992, 20). Esto es algo característico de los discursos [2]: la operatividad de estos se estructura a partir de una falla, como bien lo plantea Morales (2016, 10) “las estructuras no se entienden por sus mecánicas sino por su caos“, el discurso del amo se entiende y opera a través de la producción del objeto causa de deseo que el amo no puede captar en tanto que sujeto, que ocasiona un giro, una pregunta por el ¿quién soy yo? (ilustrado por el movimiento introspectivo de Descartes), como lo plantea el propio Lacan ([1969] 1992, 22): “Es conveniente distinguir el momento en que surge este viraje de la tentativa de traspaso del saber del esclavo al amo y el de su reinicio, motivado sólo por cierto modo de plantear en la estructura toda función posible del enunciado en tanto se sostiene únicamente en la articulación del significante“. Ahí hay una operación bisagra en el discurso del amo, dónde pasamos de la pregunta hacia al otro (en minúscula, el esclavo) hacia la pregunta al Otro (en mayúscula), como bien concluye Dasuky (2010).

Lo verdaderamente relevante de tal exposición es entender que el amo – que dirige todo este dispositivo -, no posee lo llamado como el saber sino que se dirige a tal, el saber se encuentra en ambas situaciones en la posición del esclavo en tanto que saber hacer o en el Otro, pero no en el amo, que simplemente se dirige a él. Esto – tomándome algunas libertades en favor de ser más claro – es lo que nos permite visualizar más cómo se entiende esta inicial relación de dominación: el amo no domina el esclavo en razón de su saber, simplemente le manda, sin necesidad de justificarse. Lacan ([1969] 1992, 32) es ahí claro: “He aquí lo que constituye la verdadera estructura del discurso del amo. El esclavo sabe muchas cosas, pero lo que sabe más todavía es qué quiere el amo, aunque éste no lo sepa, lo que suele suceder, porque de otro modo no sería un amo“.

Ahora: no es complicado determinar que tal forma de dominación dejó de operar hace ya un tiempo pero que, de algún modo, el discurso del amo se mantiene. Esto es clave en la interpretación de los hechos del 68 en Lacan, y – salvando las diferencias – lo esboza bien Zizek (2008): “Los sucesos más visibles y explosivos [del mayo del 68] fueron la consecuencia de un desequilibro estructural, el paso de una forma de una forma de dominación a otra, […]del discurso del amo al discurso de la universidad“.

Hay pues, en el transcurso del tiempo, una modificación del discurso del amo hacia el discurso universitario: el discurso del amo deja de operar bajo su estructura antigua para situar el saber en la posición dominante. “No crean que el amo está todavía ahí. Lo que permanece es la orden, el imperativo categórico” dirá Lacan ([1969] 1992, 111). Esa orden, esa ley, será la del saber, la nueva constitución de lo que se denominará como “saber del amo”, extraído, cómo dicho, del esclavo. Lacan afirmará que la ciencia asume la transmutación de la función del amo, para llevar a otro tipo de dominación que también estará (cómo lo estaba el discurso del amo en su forma antigua), sin duda, alejada de la verdad y sometida a la yocracia, es decir, al mito de un Yo ideal, del Yo como un significante en el sentido absoluto. Así, lo que hay fundamentalmente en el paso del discurso del amo antiguo hasta el del amo moderno, para Lacan, es una modificación del lugar del saber, donde juega un importante papel el llamado saber científico.

Aún con tal transmutación del lugar del saber hacia la posición dominante, aún con ése nuevo movimiento de la dominación, no está nada cerrado: “la idea de que alguna forma o en algún momento, aunque sea como una esperanza en el futuro, el saber pueda constituir una totalidad cerrada, es algo que no había esperado al psicoanálisis para que pudiera parecer dudoso” (Lacan [1969] 1992, 31). Así pues ¿dónde está el nuevo amo que les recrimina Lacan a los estudiantes? Realmente Lacan no cierra la conversación con el famoso “A lo que ustedes aspiran como revolucionarios es a un amo. Lo tendrán”, a esto, un estudiante exaltado le contestó que ya tenían un amo, al presidente Georges Pompidou, de lo que Lacan se burla: “Ustedes se imaginan que Pompidou es un amo para ustedes. ¿Qué es toda esta historia?”. El nuevo amo para Lacan constituía – en su momento – algo contra lo que realmente también se alzaron los propios estudiantes tanto en el 68 como en las protestas posteriores (de ahí su apoyo a estas): era una nueva dominación de un saber totalizante y jerárquico, de un saber que producía y reproducía tanto la castración como una plusvalía a través de la cual los estudiantes se reducían y igualaban a más o menos unidades de valor. Lacan ya vería algo de bueno en el levantamiento del 68 frente a éste saber cómo dominación estructurado en el discurso universitario, que pocos años más tarde desarrollaría más extensamente en otra forma de dominación, otra modificación al discurso del amo a la que llamaría el discurso capitalista, presentado, como plantea Jorge Alemán (2009, 54), como “un Saber absoluto, un fin de la historia consumado. Como si el carácter inevitablemente contingente del capitalismo en su realidad histórica hubiese podido ser naturalizado y “esencializado” de tal modo que ya no fuese posible concebir su exterior“.

Lo que Lacan, por otro lado, no podía aceptar, era una idea ingenua de liberación, el pensar en algún modo de salir de cualquier relación de poder, el pensar en un consenso liberador y completamente satisfactorio: esa era su principal advertencia. Lacan veía claramente un problema en el movimiento liberador clásico consistente en despojarse de toda dominación para dejar paso a algo cómo un individuo previamente constituido: siempre existirán determinadas formas de dominación, relaciones de poder, nuevas organizaciones, por lo que la clave no está en su impugnación, la clave está en su dinamismo que, al final, se define en su orden, estructurado por sus límites. Éste es el doble filo de la posición antiutopista alumbrada por el psicoanálisis, que no deja de advertir sobre el fantasma del consenso desde todos los frentes: no existe ni la solitud absoluta ni la humanidad como algo total y completo, no existe nada cerrado en sí mismo más que como algo fantasmático. La advertencia frente a un nuevo amo no es un grito al inmovilismo, no es una rendición frente todo aparato social, ya que esto implicaría que tal está completamente cerrado. Precisamente esta misma advertencia, pues, tiene una buena noticia: debajo de diversas etapas de dominación siempre existe algo, existe un límite, un cierto caos que permite que las estructuras de discurso, aunque se presenten como estáticas o totalizantes, guarden una contingencia histórica, un punto de fuga para la deconstrucción que nos da la posibilidad de pensar en nuevas formas de colectividad, en nada más y nada menos que un nuevo orden: encontrarlo y repensarlas es la tarea revolucionaria.

El episodio se puede ver en: https://www.youtube.com/watch?v=giDhL1LOEu4

 

 

FUENTE: https://latrivial.org/lacan-y-el-mayo-del-68-quienes-estaban-buscando-un-nuevo-que/

LAS TENEBROSAS HORAS FINALES DE ADOLF EICHMANN, EL “ARQUITECTO” DEL HOLOCAUSTO

Enlace Judío México.- La historia del juicio y la ejecución del criminal nazi que vivió como un “buen vecino alemán” en la Argentina durante 10 años y fue capturado por un comando israelí en 1960. Con el estreno mundial de “Operación final” su oscura vida llega este mes a los cines.

MATÍAS BAUSO

El juicio a Adolf Eichmann comenzó el 11 de abril de 1961 en Jerusalén. Fue un acontecimiento mundial. Por primera vez en la historia se utilizó el sistema de traducción simultánea. Por primera vez, también, uno de los responsables de la Shoá sería juzgado en Israel.

En uno de los vértices de la sala de audiencias se erigía una jaula de cristal. Desde allí Eichmann asistió a su juicio, protegido por las cuatro paredes de vidrio blindado.

Indiferente, escuchó las acusaciones, los quince cargos que le imputaban, y cada una de las declaraciones de los testigos, sin mirarlos siquiera una vez, absorto en sus pensamientos o rebuscando entre sus papeles alguna respuesta fatua y poco convincente.

Siempre con los auriculares puestos, escuchó cada uno de los cargos, cada uno de los relatos de los sobrevivientes, sin expresar emoción alguna. Como si el cubo de cristal lo separara, ya no de posibles agresiones, de algún impulsivo adepto a la ley del talión, sino de la realidad. Y esto quedó en evidencia, en el momento en que el interrogado fue él.

La fiera apresada, el genocida feroz, resultó ser débil, sin ningún brillo intelectual, de una lógica gris y confusa. Un ser mediocre. Un hombre que podría estar sentado en la mesa de al lado en un bar o que no llamaría la atención si se lo cruzara por la calle. Un hombre que estuvo sentado en muchos bares argentinos, tomando muchos cafés, durante demasiados años.

Eichmann no era un ser feroz, brutal, inhumano. Sin embargo, cometió crímenes feroces, brutales, inhumanos. Millones de crímenes. De asesinatos.

Cientos de enviados de los medios más importantes del mundo acudieron al proceso. Entre ellos sobresalía una mujer. La había enviado el New Yorker pero no era periodista. Era Hannah Arendt, filósofa judío alemana.

Arendt, como resultado de su asistencia al juicio, escribió un libro maravilloso y profundo, imprescindible: Eichmann en Jerusalén.
Sin concesiones, con ironía, lucidez y absoluta honestidad, Hannah Arendt diseccionó a Eichmann y a sus juzgadores como nadie.

Quizás ella haya sido la única que vislumbró la real naturaleza de Eichmann. Ella, como nadie, sin temores, con inclemente franqueza, no se arrastró por los lugares comunes. Llamó las cosas por su nombre. Con su pertinaz lucidez.

Arendt, en obras anteriores, había hablado del Mal Radical. A partir de su contacto con el caso Eichmann cambió de opinión. Tanto es así, que el subtítulo de su obra fue Un estudio sobre la banalidad del mal.

El mal para Arendt no puede ser radical, sólo extremo. Puede crecer desmesuradamente y extenderse a todo el mundo. Pero siempre carece de profundidad.

“Se extiende como un hongo en la superficie. Es un desafío al pensamiento – sostiene Arendt- porque el pensamiento trata de alcanzar cierta profundidad, ir a las raíces y, en el momento mismo que se ocupa del mal, se siente decepcionado porque no encuentra nada. Eso es la banalidad. Sólo el bien tiene profundidad y puede ser radical”.

Desde antes de su inicio se sabía que no solo se juzgaría a Eichmann. El gobierno israelí utilizaría cada una de las audiencias para exponer al mundo una versión definitiva del exterminio perpetrado por los nazis contra el pueblo judío.

Las palabras de apertura de las sesiones, pronunciadas por el fiscal Hausner, lo establecían de modo contundente: “En el sitio en que me encuentro hoy ante ustedes, jueces de Israel, para demandar contra Adolf Eichmann, no me encuentro solo; conmigo se levantan, aquí, en este momento, seis millones de demandantes. Pero ellos no tienen la posibilidad de comparecer en persona, de apuntar hacia la cabina de vidrio un índice vengador y gritar, dirigiéndose a aquel que está sentado en su interior: Yo acuso. (…) Por eso seré yo su portavoz, y en su nombre levantaré este acta de acusación terrible”.

El Fiscal y sus colaboradores, si bien con sólidos argumentos jurídicos, expresaban la opinión política del gobierno israelí, en especial de Ben Gurión, el primer ministro: se centraron en el sufrimiento del pueblo judío más que en los actos y responsabilidades de Eichmann.

Sin embargo, los jueces no se sometieron a las presiones políticas y nunca perdieron de vista el objetivo principal del proceso: establecer la posible culpabilidad del acusado y la medida de esa culpabilidad.

Eichmann, gracias a la intervención de sus juzgadores, pudo ejercer plenamente su legítimo derecho de defensa. Tanto él como su defensor, el Dr. Servatius, se expresaron con absoluta libertad en la Corte.

Frecuentemente, el presidente del jurado puso freno a los excesos del fiscal o corrigió defectos de traducción de los dichos de los testigos.

La gran dificultad que enfrentaron los jueces fue desentrañar la naturaleza de estos delitos. ¿Cómo actuar con imparcialidad ante la abyección, ante lo atroz, ante los crímenes inimaginables? ¿Quién es el asesino? ¿El que empuña el arma? ¿El que da las órdenes? ¿El que obedece? ¿Dónde están los límites de la obediencia? ¿Quién es responsable?

De una sentencia admirable, se destaca una frase admirable. “El grado de responsabilidad –dijeron los jueces- aumenta a medida que nos alejamos del hombre que sostiene en sus manos el instrumento fatal”.

Juzgar el genocidio, más allá de la obvia condena moral, no era sencillo desde el punto de vista jurídico. Determinar la naturaleza y autoría de esos crímenes, no contemplados previamente en las leyes, no imaginados por ningún legislador -aunque hoy parezca increíble- planteaba un desafío jurídico antes de Núremberg. Las categorías jurídicas conocidas resultaban insuficientes.

Eichmann esgrimió, hasta el hartazgo, sus ejes defensivos básicos. Él obedecía órdenes. Nada más. Por otro lado, sostenía, sus actos no podían ser juzgados por otro país, por ningún país: sus actos habían sido actos de Estado. Sólo se encargo de llevar a cabo, y con una extremada eficacia, aquello que era ley en su país, en la Alemania de la que Eichmann era funcionario. Allí, la palabra del Führer era ley, no sólo para Eichmann.

Desde su lugar en la estructura burocrática nazi, Adolf Eichmann organizó, sucesivamente, la expulsión de los judíos de Alemania, su deportación de los territorios ocupados por las nazis y el traslado de millones de judíos a los campos de exterminio.

Además fue el anfitrión de quince altos funcionarios nazis en la llamada Conferencia de Wansee. Allí, con Eichmann, como secretario, labrando las actas de la reunión, dejando constancia para la posteridad, se decidió establecer “La Solución Final”.

Fueron asesinatos de masas: por las víctimas. Por el gran número de asesinos, también. Y Eichmann, entre los asesinos, ocupaba un lugar de importancia. Era él quien los enviaba a la muerte.

Diariamente partían trenes a los campos de exterminio con 2.500 o 3.000 judíos hacinados en los vagones de carga. No solo se ocupaba de los trenes. En el juicio se aportaron como pruebas circulares y órdenes emitidas por Eichmann y su oficina obligando a las autoridades locales de cada territorio para que los judíos de diferentes nacionalidades fueran objeto inmediato de las “medidas necesarias”.

Eichmann conocía el destino que les esperaba a los pasajeros de sus trenes. Hay registros de sus múltiples visitas a Auschwitz y otros campos. El 31 de julio de 1941, Heydrich lo convocó a su oficina y le dijo: “El Führer ha ordenado el exterminio físico de los judíos”.

Durante el juicio Eichmann pretendió evitar su responsabilidad escudándose en una especie de obediencia debida. Sostuvo que sólo fue un pequeño engranaje de una gran máquina.

También afirmó que si él hubiera abandonado su puesto, otro lo hubiera ocupado. Esto podría ser cierto, pero de ningún modo lo exculpa por sus actos. Además de haberse demostrado que él era un dador de órdenes, no sólo un receptor, lo que oculta ese argumento es que lo que Eichmann intentaba decir era que siendo todos los culpables, nadie es culpable. O acaso, nada más que los máximos jerarcas nazis (que para esa época ya estaban muertos). Así desdeña la responsabilidad personal, la posibilidad de elegir libremente que Eichmann ejerció.

Como escribió Hanna Arendt: “(…) Sostuvo y ejecutó una política que consistía en negarse a compartir la tierra con el pueblo judío y los pueblos de cierta cantidad de otras naciones”.

En la sentencia los jueces estimaron que “estaba probado fuera de toda duda que el reo había actuado sobre la base de una identificación total con las órdenes y una voluntad encarnizada de realizar los objetivos criminales”.

Fue condenado a morir en la horca.

Madrugada del 31 de mayo de 1962. El gobierno Israelí anuncia que rechaza todos los pedidos de clemencia recibidos por el reo.

En la celda, él y una botella de vino, su última voluntad.

Llega un ministro protestante. Le propone leer la Biblia juntos. Eichmann se niega. Prefiere estar solo los pocos minutos de vida que le quedan.

No llora. Bebe cortos sorbos y mantiene la mirada fija sobre una de las paredes.

Lo vienen a buscar. Mantiene la cabeza erguida en su camino al patíbulo. Piensa que todavía no estaba preparado. Dos días antes, el Tribunal Supremo había denegado su apelación. En el pasillo solo se escuchan sus pasos y los de los guardias que lo escoltan. Se cruza con varias personas en el camino, pero él no las mira.

Al llegar a la horca, le ofrecen una capucha. ¨No la necesito¨, responde. Le atan las piernas a la altura de los tobillos y las rodillas. Pide que le aflojen las ataduras. Quiere mantenerse erguido. Quiere morir con dignidad. Lo que no sabe, de lo que no se da cuenta es que algunas muertes violentas cubren de gloria a la víctima. Otras de infamia. Como la de Eichmann.

Su vida y, por qué no su muerte, están cubiertas de infamia.

Nada, ninguna vana actitud teatral, podrá dignificar ninguno de sus actos. Menos aún sus patéticas palabras finales: “Dentro de muy poco, caballeros, volveremos a encontrarnos. Tal es el destino de todos los hombres. ¡Viva Alemania! ¡Viva Argentina! ¡Viva Austria! ¡Nunca las olvidaré!”.

 

Fuente: https://www.enlacejudio.com/2018/08/21/las-tenebrosas-horas-finales-de-adolf-eichmann-el-arquitecto-del-holocausto/

Educación socioemocional: la nueva ruta para la explotación laboral

Por: Lev Moujahid Velázquez Barriga
Doctor en pedagogía crítica
El siglo XXI fue el escenario de una nueva oleada de reformas curriculares neoliberales que secundaron a las de los años 90, cuyo eje articulador continuó siendo el modelo estandarizado basado en competencias; no obstante, éstas hicieron un primer intento de quitarse el estigma empresarial. Fue así que las competencias holísticas y para atender la complejidad entraron en escena con un discurso renovador, para sustentar la invasión mercantilista de la pedagogía; sin embargo, uno a uno de los planteamientos (propiciar el diálogo entre materias, aprendizajes que permitirían seguir obteniendo otros aprendizajes, aprender por proyectos y la movilización amplia de saberes, emociones, valores, aptitudes y no sólo capacidades para el trabajo) fueron sepultados con la perversa reducción del currículo a los contenidos de las pruebas estandarizadas.

Un segundo intento viene con el nuevo modelo educativo del actual sexenio, cuyos planes y programas de estudio tienen ligeros cambios, pero sin modificar la orientación empresarial. De la misma forma engañosa que el proceso anterior, aparenta tener una concepción integradora del alumno, que consiste en incorporar el desarrollo de su dimensión socioemocional; en realidad, mantiene la misma matriz economicista que se propone formar capital humano o, en otras palabras, que la escuela pública siga siendo el espacio gratuito de la iniciativa privada para la capacitación de fuerza física, intelectual y emocional para el trabajo.

El nuevo modelo educativo es el producto de un set renovado de competencias laborales que demandan los procesos reorganizativos de las empresas del capitalismo del siglo XXI, las nuevas formas de consumo personal y online, pero también de control y dominación que han adquirido otras dimensiones relacionadas con los avances científicos y tecnológicos. Por ejemplo, las neurociencias han abierto un nuevo campo de colonización que hasta hoy había sido impenetrable para el sistema de dominación: el cerebro humano, pues han descubierto que es posible la manipulación de sus funciones para hacer más eficientes las dinámicas de producción y consumo de mercancías.

Hace varios años, antes incluso que en el ámbito educativo, el mundo empresarial experimenta la estrecha relación que existe entre el desarrollo emocional de sus empleados y el crecimiento de las ganancias, entre la invención de identidades familiares de los trabajadores con la empresa y el cumplimiento de altas metas de productividad que arrastran hasta niveles inusitados de superexplotación. Un manejo adecuado del estrés en circunstancias de excesiva flexibilidad laboral ha sido esencial para contener disfuncionalidades en estos procesos de precarización del trabajo y esclavización emocional.

Lo que hay detrás de la reforma y su propuesta educativa es el modelo coaching, desarrollado para la esfera de la empresa, pero trasladado al ámbito escolar; en él juega un papel muy importante la ilusión de ser un emprendedor, que tiene como base la programación neurolingüística con el sí se puede. El reforzamiento de la autoestima cotidiana y la actitud de liderazgo autorregulan la condición opresiva en el trabajador explotado, le crean la falsa expectativa de ser ejecutivo o de llegar a serlo; las capacitaciones mediadas por la emocionalidad le impiden reconocer con claridad la sutileza de estos mecanismos de sometimiento, en los que las relaciones de seguridad social y laboral son obviadas tras estas interconexiones emocionales que le hacen sentirse un socio libre y no trabajador explotado.

La inteligencia emocional, como la denomina Daniel Goleman en su best seller del mismo nombre, ha sido también adoptada con éxito por la mercadotecnia. Los estudios de las neurociencias aplicadas a los patrones de consumo estiman que 70 por ciento de las razones que motivan una compra están asociadas a cuestiones emocionales y en menor porcentaje porque la gente realmente necesita lo que adquiere, de suerte que la contaminación propagandística empieza a utilizar de manera excesiva la posibilidad de recrear la vivencia socioemocional mediante consumo. El eslogan Destapa la felicidadejemplifica muy bien cómo una marca de bebidas azucaradas utiliza recursos emotivos para incitar a consumir sin culpa ni raciocinio sobre las implicaciones para la salud que tienen sus productos.

En nuestra sociedad, los patrones de consumo en lugares masivos se han ido individualizando paulatinamente; entonces, cada sujeto es visto como portador personal de mercancías que siguen siendo de producción masiva, pero ofertadas de forma directa, por catálogo, desde sus redes sociales y en sus dispositivos personales, por teléfono o sin salir de casa. Por eso el nuevo modelo educativo se propone formar vendedores de mercadurías capaces de conectarse emocionalmente con los deseos, intimidades, empatías, vacíos, estímulos, miedos y necesidades comunicativas y existenciales de los consumidores.

Siguen viendo a los alumnos como potenciales portadores de habilidades para producir, vender y consumir. Educar para el desarrollo socioemocional resulta significativo para su propuesta en la medida en que es parte de las nuevas competencias que las empresas ya han incorporado a sus lógicas de producción y consumo, de superexplotación y precarización laboral, de biopoder y colonización sobre la mente humana. El humanismo que profesan es sólo una máscara y detrás de ella se esconde el rostro demacrado del mercado, la ganancia para los de arriba como fin superior de la educación neoliberal.

 

 

FUENTE: https://www.jornada.com.mx/2017/08/05/politica/014a1pol