Camille Claudel, arte y paranoia

Camille Claudel es una escultora realista principalmente conocida por haber sido amante del famoso Auguste Rodin (‘El Pensador’); sin embargo, este amor que destruyó su vida no debería eclipsar la valía de su obra, ello pese a que la influencia de su maestro marcó el dinamismo de sus formas e inspiró algunas de sus temáticas.
  

Musa y amante de Rodin (quien nunca estuvo del todo con ella porque ya estaba comprometido con una mujer llamada Rose Beuret, la madre de su único hijo), Camille Claudel realizó esculturas que se sostienen por su belleza y fuerza creativa, la cual huía del academicismo.

De 1888 es la pieza ‘Sakountala’, hecha en mármol blanco y que retoma la escena de un drama indio en donde se representa al rey ‘Dusyanta’, quien le pide perdón de rodillas a su amante por no haberla reconocido ni a ella ni a su hijo.

De 1888 es la pieza ‘Sakountala’, hecha en mármol blanco y que retoma la escena de un drama indio en donde se representa al rey ‘Dusyanta’, quien le pide perdón de rodillas a su amante por no haberla reconocido ni a ella ni a su hijo.

  
 

‘Sakountala’ era una historia que le llegaba personalmente a Claudel

 Claudel también trabajó con yeso como demuestra en ‘Clotho’, una escultura que funciona como alegoría de la vejez y del ‘Destino’, hacia donde toda vida se dirige. Dos años más tarde hizo ‘El Vals’ en bronce, en la cual de una base rocosa se deprende una pareja de danzantes que, por la composición de la obra, reflejan a la perfección la idea de movimiento.

  
Uno de los trabajos más ambiciosos de Camille Claudel llegó en 1898. Recibe el nombre de ‘La Edad Madura’ y lo hizo una vez que su relación con Auguste Rodin había terminado. Es una pieza de tres figuras en donde una mujer suplicante y de rodillas le ruega a un hombre que se quede a su lado, mientras un ente femenino (que representaba a Rose Beuret) lo aleja desde las alturas.
  
Se dice que ‘La Edad Madura’ es el perfecto reflejo del estado de ánimo de la escultora que eventualmente la confinó a un manicomio por el rechazo familiar.

Finalmente, antes de ser ingresada a un manicomio a causa de su paranoia, pues creía que la querían envenenar, Camille realizó su último gran legado al mundo del arte: ‘El Abandono’. Esculpido en bronce, retoma la temática de ‘Sakountala’, sólo que en esta obra hay mayor cohesión.

  
Fuente: http://entretenimiento.terra.com.co/cultura/camille-claudel-talento-eclipsado-injustamente-por-rodin,63ca9f17f9cfb410VgnVCM3000009af154d0RCRD.html

El imposible duelo

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Hace un siglo, en 1915, Freud escribió Duelo y melancolía, y lo publicó dos años después.

Ahí definió la melancolía como la obstinada y patológica estrategia de un sujeto que se resiste al necesario e inevitable trabajo del duelo, con el cual podría resignar el dolor de su pérdida y abrir su libido a una nueva búsqueda.

En un conmovedor texto titulado El imposible duelo, María Inés García Canal hace una cuidadosa crítica al pensamiento de Freud y, abrevando en Derrida, Allouch y Kristeva, replantea el tema empezando por argumentar que duelo y melancolía se desarrollan en la historia, y adquieren connotaciones diferentes en distintos momentos.

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García Canal se pregunta: “¿Es posible hacer un duelo ‘verdadero’ cuando la violencia atraviesa y subyuga a las sociedades, cuando arrebata indiscriminadamente nuestros ‘objetos’ de amor, cuando clausura los horizontes de espera? ¿Estamos enfermos de melancolía cuando social y masivamente los deseos se sofocan y las creencias se derrumban?”. La estrategia de esta profesora e investigadora de la UAM es pensar el duelo y la melancolía en nuestra actualidad y en “los espacios que habitamos signados por coordenadas geopolíticas: por el poder, la violencia, la usura y la guerra”, lo que la lleva a exponer y analizar emociones y situaciones sumamente parecidas a las que enfrentamos hoy en México.

Renuncio a resumir su largo y complejo texto (publicado en la revista debate feminista número 50), y sólo tomaré algunas frases y párrafos que expresan lo que estamos pasando.

–¿Es posible la resignación ante la violencia instaurada en lo social que provocó pérdidas que podrían haberse evitado y que nos conminan a no olvidar?

–Con la desaparición del otro no sólo se pierde a alguien, sino que “es perder a alguien perdiendo un trozo de sí” –tal como lo afirma Allouch.

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–Ese deber imperativo de recordar a quienes se les negó la palabra, de darles voz, rostro y cuerpo, no hacía más que traslucir el malestar (entre horror y culpabilidad) provocado por lo que fue interpretado como un olvido propositivo que cubrió, sin distinción, a todas las víctimas de la historia sepultadas en el silencio.

–Crímenes de la humanidad, imprescriptibles –no hay que olvidarlo– desde el punto de vista jurídico y del derecho internacional. El tiempo no podrá borrarlos…“Sin olvido ni perdón” fue el lema que se implantó aquí y allá en este ritual de escarbar y desenterrar cadáveres… lema que resiste todo y cualquier duelo, para transformarlo en un imposible. Se instaura una memoria “acongojada”, y el deseo toma la forma de exigencia vehemente de reivindicación por los dolores y sufrimientos infligidos: esos crímenes no han de quedar sin castigo.

–Pareciera que el “deber de memoria”, ese trabajo propositivo de recordar, hace que los sujetos no olviden, ni por un instante, lo que han perdido y sostengan y mantengan vivo su recuerdo como hacer social y actitud política.

–Una a una las pérdidas, al ser masivas, se inscriben en lo social, marcan de manera indeleble a comunidades enteras; prefiguran, sin la menor duda, un “nosotros” precario que adquiere cada vez más fuerza, que se distingue por la rabia, el rencor, la indignación, y el deseo de un mañana sin prefiguración ni utopías busca que el pasado no vuelva a repetirse; para ello lo recuerda iterativamente para encontrar su expresión sintetizada en la consigna “Nunca Más”.

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–Si bien la vulnerabilidad es compartida por todos, ya que todos somos vulnerables en tanto requerimos de los otros para ser, es necesario remarcar que la vulnerabilidad de los cuerpos no se halla “democráticamente” distribuida. Su distribución es desigual e inequitativa; asuela y azota a ciertos grupos más que a otros; en ciertas zonas geográficas se minimiza, en otras se hace máxima e insoportable. Distribución geopolítica desigual de la vulnerabilidad, cartografía precisa de esa inequitativa distribución: zonas marcadas por la violencia y la guerra; sujetos, grupos y comunidades que llevan inscritos en sus mismos cuerpos el signo de la alteridad que los ubica en el límite de lo humano: sea por género, edad, raza o color de piel. Para ellos, la vulnerabilidad se multiplica exponencialmente, exacerbada bajo ciertas condiciones económicas, sociales y políticas, y muy especialmente cuando la violencia atraviesa lo social y las formas de defensa que pueden esgrimir esos grupos o comunidades son limitadas o inexistentes.

–Desaparecidos sin nombre, sin rostro, aun sin silueta, no se hacen acreedores del trabajo de duelo. Son vidas que no importan… Vidas no lloradas…

–Memoria acongojada no de un sujeto sino de muchos, de colectividades enteras, que abre la posibilidad de construir nuevos lazos, prefigurar un “nosotros”.

El duelo, si posible, adquiere una nueva dimensión social, se constituye en acto político de resistencia para no repetir: uso del recuerdo para combatir el olvido sostenido en la exigencia de que los crímenes no queden sin castigo; todos los crímenes, aun y especialmente los que se ensañan en esos cuerpos vulnerables en extremo. Que el trabajo de duelo cobije a esas vidas no lloradas todavía. Única posibilidad hoy, pareciera, de vencer la melancolía y la depresión.

Heidegger, el filósofo desilusionado

Los cuatro tomos pertenecientes a la serie de los Cuadernos negrosde Martin Heidegger (1889-1976), publicados entre 2013 y 2015 en Alemania, causaron revuelo a escala mundial porque reafirma la idea de que el célebre filósofo alemán se entusiasmó con el nazismo y manifestó ciertos rasgos antisemitas. En España aparece ahora el primero de estos volúmenes, un dietario filosófico que contiene cientos de pensamientos de diversa extensión escritos entre 1931 y 1938. Aunque buena parte de ellos son de materia filosófica, otros muchos aluden a la circunstancia política alemana: el triunfo del nacionalsocialismo, que Heidegger aclamó; él mismo, en 1933, fue rector de la Universidad de Friburgo luciendo bigote hitleriano y esvástica en la solapa; pocos parecían entonces tan nazis.

A tenor del revuelo mediático de estos Cuadernos negros, cabría pensarse que en sus páginas se vierten loas a Hitler e insultos a los judíos; en absoluto, las notas del pensador no son tan explícitas, sino más sutiles. En este primer tomo sólo muestra una adhesión inicial a los nazis; después, bastante desprecio por la situación “espiritual” de Alemania. Y no dice una palabra sobre los judíos.

En general, Heidegger aparece en sus notas como un entusiasta de la “Filosofía”, que él veía opuesta a la ciencia (“la ciencia no piensa”, escribió); alguien que entendió el filosofar como un saber de preguntas radicales y osadas más que de respuestas: “Todo preguntar un goce, toda respuesta una merma”, sentenció. Era el gran profesor que deslumbraba a sus alumnos (y alumnas, recordemos a su joven amante Hannah Arendt) con su pregunta esencial: “¿Qué es ser?” o “¿Por qué hay ente y no más bien nada?”; en definitiva, el “mago” que desmontaba palabras cotidianas para decir lo indecible. En efecto, vemos aquí al pensador sui generis, el mismo que, como ser humano, cometió un grave error de bulto con los nazis, puesto que con su llegada creyó ventear un cambio para mejor en Alemania, una verdadera “revolución” del espíritu que jamás acaeció como él esperaba. Creyó que el tirón unificador de Hitler inspiraría a los alemanes para buscar la verdad y el ser, como un “gran principio” saludó la llegada de los nazis; esperaba que la filosofía saldría beneficiada, volvería a dominar sobre la vida comunitaria germana tal como lo hizo en la (idealizada) antigua Grecia; y los filósofos, que suelen ser hombres solitarios (y Hei­degger lo era en extremo), saldrían de su aislamiento y, dejando aparte a su “pequeño yo”, marcharían juntos con los demás hombres.

Poco antes de 1933, exultante de esperanza, anotó en estos cuadernos pensamientos tales como “Todo lo grande se tambalea y vacila, está en la tormenta, lo bello es arduo” —apuntando a la revolución nacionalsocialista—; o también: “Creciente endurecimiento en el ataque. Ninguna evasión, ningún agotamiento, siempre ataque. ¡No tener poderes plenos sino ser el poder!”.

Su grado de fanatismo nacionalsocialista fue grande. Karl Jaspers, que caló el peligro que se avecinaba, le preguntó si creía que Alemania podría ser gobernada por un hombre de tan escasa formación como Hitler; su respuesta: “¡La formación es indiferente, fíjense sólo en sus hermosas manos!”. Tamaño afán filonazi de Heidegger se esfumó en cuanto vio que eran otros “filósofos” los que tomaban las riendas de la universidad: Rosenberg, Bäumler o Krieck, ideólogos de la peor calaña, nada ingenuos.

Un año difícil de rectorado, los cambios del nuevo régimen político y la propaganda (“El reverso de una difamación que no está segura de sí misma”, anota) bastaron para que sus esperanzas se truncaran. Poco a poco comprendió que las proclamas populistas de los nuevos amos nada tenían que ver con el gran pensamiento y tanto menos con la “cultura” que decían fomentar en “el pueblo”. Heideg­ger, como Platón con el tirano de Siracusa, creía en un Gobierno ideal de los mejores en el cual él pudiera intervenir de algún modo con sus ideas, y estos apuntes proclaman la desilusión que se llevó cuando no pudo hacerlo. Por eso terminó por despreciar la “vulgaridad” de aquel movimiento hitleriano, de tendencias hasta “bolcheviques”, según sus palabras.

De ahí su notorio enfado con el mundo universitario; denunciaba que en él se había impuesto la “mediocridad”, el “olvido del verdadero saber”; la universidad “nacional-socializada” era una mera “escuela técnica” donde se predicaba “el más craso materialismo en forma de biologicismo”. La filosofía —“la sabiduría inútil, pero la más noble”, según Heidegger— yacía muerta, sustituida por la “ciencia política” para las masas ruidosas y sus jefezuelos petulantes.

La desilusión de Heidegger se observa asimismo en las entradas filosóficas. La fabulosa traducción de este primer tomo hace lo que puede por desentrañar el esoterismo de algunas de ellas, duras de entender porque el filósofo ensayaba entonces nuevas formas de preguntar por el ser. Invocaba además la venida de “nuevos dioses” que salvasen al mundo del nihilismo y la “técnica”, unos dioses que no trajeron los nazis y que requerían de un nuevo lenguaje.

Cuadernos negros I (1931-1938) Reflexiones II-IV. Martin Heidegger. Edición de Peter Trawny. Traducción de Alberto Ciria. Trotta. Madrid, 2015. 420 páginas. 25 euros

“La ‘política cultural’ es el último tapujo de la barbarie”

Martin Heidegger.

Algunas anotaciones de Martin Heidegger extraídas del primer volumen deCuadernos negros:

-“La gran experiencia y el gran motivo de dicha es que el Führer ha despertado una nueva realidad que da a nuestro pensamiento el cauce y la fuerza de choque correctos”.

-“El final del rectorado. 28 de abril de 1934. He puesto mi cargo a disposición, porque ya no me era posible asumir la responsabilidad. ¡Viva la mediocridad y el ruido!

-“En una época en la que al boxeador se le considera el gran hombre, honrándosele con los honores habituales, en la que la hombría puramente corporal en toda su brutalidad se considera heroísmo, en la que el paroxismo de las masas se lo hace pasar por comunidad, y a esta por el fundamento de todo… ¿qué espacio queda entonces para la ‘metafísica’?”

-“Maestros de escuela embrutecidos, técnicos sin puesto y pequeños burgueses trasladados como los custodios del ‘pueblo’, como aquellos que ha de asentar los criterios”.

-“El ‘mundo’ está desquiciado. Ha dejado de ser un mundo, o diciéndolo más verazmente: jamás fue un mundo. Todavía estamos en su preparación”.

-“Todo gran pensador piensa un solo pensamiento. Este pensamiento siempre es único: el pensamiento del ser”.

-“Nuestro orgullo y nuestra nobleza: llevar el preguntar a lo más íntimo y extremo”.

-“Empezar con lo pequeño dándole vueltas a lo grande”.

-“¿Por qué tengo dos ‘g’ en mi apellido? ¿Para qué, si no es para darme cuenta de lo que constantemente importa? ‘Bondad’ [Güte] (no compasión) y ‘Paciencia’ [Geduld] (es decir, voluntad suprema)”.

-“La filosofía es el saber sin provecho, pero señorial”.

-“La ‘política cultural’ es el último tapujo de la barbarie”.

-“¿Por qué falta ahora por todas partes sobre la tierra la disposición para saber que no tenemos la verdad y que tenemos que volver a preguntar por ella?”

-“Ahora se ‘hace’ como si ya no hubiera nada más que hacer por ‘la verdad’”.

-“Permaneceremos en el frente invisible de la Alemania espiritual secreta”.

-“Orgullo: es la resolución madura de mantenerse en ese rango esencial propio que surge de la tarea de garantizar la seguridad de no volver a confundirse a sí mismo con otro”.

Tomado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/21/babelia/1445426416_328001.html

“Idilio”: cuando las revistas del “corazón”, ofrecían consulta psicoanalítica

El 26 de septiembre de 1948 veía la luz la revista Idilio, publicación pionera en la Argentina de lo que serían posteriormente las revistas del corazón. Además de fotonovelas, consejos para el hogar y artículos sobre moda, Idilio incluía una novedad que, a diferencia de las anteriores secciones, no ha vuelto a formar parte del contenido habitual de las revistas para el público femenino: un consultorio de psicoanálisis.

César Civita, uno de los responsables de la Editorial Abril, pensó que sería buena idea incluir una sección dedicada al psicoanálisis en un momento en el que la disciplina aún era algo enormemente novedoso. Para ello recurrió a Gino Germani, fundador de la Sociología moderna en la Argentina, y a Enrique Butelman, editor de la prestigiosa editorial Paidós y que había sido alumno de Carl Gustav Jung en Suiza.

Tal y como declaró Eduardo Prieto a Ana Germani para su libro Gino Germani. Del antifascismo a la sociología, «la idea era difundir de alguna manera nociones de psicoanálisis a nivel muy elemental. Pero, sobre todo, la iniciativa obedecía a la lógica de mercado, a la certeza de que ofreciendo ese tipo de cosas aumentaban las ventas». Efectivamente, la estrategia funcionó e Idilio se convirtió en una de las revistas más populares de la Argentina, llegando a vender más de trescientos mil ejemplares a la semana.

La sección de la dupla formada por Germani y Butelman levaba por título El psicoanálisis le ayudará (posteriormente se cambió el usted por el tuteo) y era firmada por un tal Doctor Richard Rest, que no era más que la variación del nombre de Ricardo Resta, un amigo italiano de ambos que se había marchado a vivir a Panamá.

El mensaje por el cual se invitaba a las lectoras a participar en la sección era el siguiente:

«Queremos ayudarla a conocerse a sí misma, a fortalecer su alma, a resolver sus problemas, a responder sus dudas, a vencer sus complejos y a superarse. Escriba a Sección Psicoanálisis, redacción de Idilio, Piedras 113, Buenos Aires.
En esta sección queremos poner a su alcance, en la medida en que lo permita el medio empleado, la ayuda que el psicoanálisis puede proporcionarle para resolver sus problemas. en este y en los números sucesivos publicaremos las contestaciones al cuestionario que aquí se publica, y en algunos casos contestaremos directamente. Invitamos pues a todos los lectores y lectoras a escribirnos sin miedo, sin vacilaciones, pues solo encontrarán humana comprensión y leal ayuda. – Prof. Richard Rest».

La mención expresa a los lectores en ese texto abre un interesante tema de reflexión que invita a no descartar que alguno de los sueños escritos bajo nombre de mujer pudiera responder, en realidad, a una identidad masculina. En todo caso, y para intentar minimizar estos posibles engaños y conocer mejor la personalidad de la persona que escribía al consultorio, se le instaba a responder un breve cuestionario en el que se preguntaban detalles como «cuéntenos sus más antiguos recuerdos infantiles. ¿Tuvo usted una infancia feliz? ¿Cómo eran sus padres para con usted y usted para con ellos? ¿Y con sus hermanos? ¿Cuáles eran sus más ardientes deseos cuando niña? ¿Qué aspiraba a ser cuando grande? ¿De qué se ocupa actualmente? ¿Está satisfecha de su trabajo? ¿Cuáles son sus diversiones? ¿Tiene muchas amistades?».

Además, con objeto de explorar el problema con las menos interferencias e inhibiciones posibles, se aconsejaba escribir con total espontaneidad, de manera sencilla y sincera, sin preocuparse de aspectos como la calidad literaria o el léxico empleado.

El público de Idilio estaba formado principalmente por amas de casas, empleadas domésticas, adolescentes argentinas de diferentes lugares del país y de diversa posición social. Desde personas de clase baja a aquellas de clase media y media alta. Lectoras que recuerdan a los personajes deBoquitas pintadas o Sangre de amor correspondido de Manuel Puig y que firmaban sus cartas con nombre como «mendocina narigona», «negra fea», «la desesperada» que, como señala el psicoanalista Jorge Alemán, merecerían un análisis aparte.

A pesar de este heterogéneo público, los mensajes y la estética iban destinados a una clase media emergente que disfrutaba de los logros desarrollistas del primer gobierno peronista. Un hecho que se percibía no solo en los sueños elegidos para ser contestados en la sección, sino en las imágenes destinadas a ilustrarlos y que llevaban la firma de, ni más ni menos, que Grete Stern.

Entre los sueños, abundaban los que Germani y Butelman denominaron «sueños de ambición» y «sueños de opresión», en los que la protagonista mostraba problemas originados por las neurosis de la vida moderna como tener un living pequeño, lograr casarse con una persona de prestigio o sentirse apresada en una realidad que no creía merecer. Entre las imágenes, la mujer representada por Stern pertenecía a la clase media y mostraba aspiraciones de mejorar socialmente, bien en su papel de ama de casa, bien en el de mujer independiente y trabajadora.

Sin lugar a dudas, las imágenes de El psicoanálisis le puede ayudar fueron uno de los aciertos de la sección no solo por constituir un trabajo artístico de primera línea sino por la capacidad del fotomontaje para representar imágenes oníricas.

De hecho, la calidad gráfica de Idilio fue una de sus características principales, probablemente mucho más que la literaria. Además de Grete Stern, los responsables de la publicación contrataron a George Friedman, emigrante de origen húngaro que había trabajado en Francia como iluminador y director de fotografía de diferentes filmes, para encargarse del departamento de fotonovelas, las cuales estaban dirigidas y protagonizadas por realizadores y actores que triunfarían posteriormente en el cine argentino.

El proceso de creación de los fotomontajes (que no collages, ojo) para El psicoanálisis le puede ayudar empezaba con la recepción del sueño enviado por los lectores. A continuación, Germani y Butelman se lo entregaban a Grete Stern con ciertas indicaciones sobre la interpretación, la necesidad de incorporar algunos elementos en la foto, crear un escenario opresivo o amable, e incluso sobre la conveniencia de utilizar un formato horizontal o vertical.

Para la creación de las imágenes, Stern empleaba diferentes técnicas. Desde la creación de dioramas, en los que las imágenes aparecían en diferentes planos para conseguir una sensación de profundidad y que eran fotografiados nuevamente para obtener la toma definitiva, a la creación en el laboratorio de los diferentes sueños incorporando capas, sombreando otras y echando mano de trucos que, en la época actual en la que reina elPhotoshop, parecen cosa de alquimia y otros saberes herméticos.

A pesar de la calidad artística de los fotomontajes de Stern, ni ella, ni los responsables de la sección, ni siquiera los dueños de Idilio los valoraron en un primer momento. Los originales quedaron en poder de la Editora Abril y, con el tiempo, acabaron siendo destruidos. De las 140 piezas realizadas, a un ritmo de una por semana, en el archivo de Grete Stern solo quedaron 46 negativos. El resto de fotomontajes rescatados de las hemerotecas que conservaban colecciones de Idilio, a excepción de cinco que, a día de hoy, continúan perdidos porque tampoco se conservan las revistas en las que se publicaron.

Las revistas del corazón y sus lectoras no muestran actualmente excesivo interés por el psicoanálisis, sin embargo, a cambio el paso del tiempo ha devuelto al trabajo de Stern la dimensión e importancia que realmente tiene. Muestra de ello es la exposición que, hasta el próximo enero, acoge en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en el que se muestran más de treinta deLos sueños positivados por Horacio Coppola, uno de los fotógrafos más importantes de la Argentina y pareja de Stern.

Tomado de http://www.yorokobu.es/amas-de-casa-el-psicoanalisis-os-hara-libres/

“Preferiría no hacerlo.” Notas alrededor de la locura

Por Daniel Kordon

“La locura viene de repente como la lluvia.” “Ahí es; ahí puede pasar cualquier cosa.” Frases de María Rosa, paciente de un hospital del conurbano, dan idea de lo que irrumpe, fuera de control, desmedido, sorprendente, pero no carente de lógica.

Ubicar esa lógica, singular en cada uno.

Tarea imposible/imprescindible donde no se quiera ahogar física o psicofarmacológicamente el decir de aquel que viene a consulta –viene o es traído en muchos casos– y que a cada instante amenaza con quedar fuera de estructura.

Precisemos: si la estructura es la del lenguaje, amenaza con caer fuera de lenguaje, que allí se desanude el nudo. En ese punto ¿cómo intentar siquiera situar sujeto?

En ese punto ¿cómo intervenir?

Sucede en la locura que lo imaginario, en ocasiones, sostiene el nudo. La pregunta por el lenguaje en tanto estructura sería entonces ¿cómo se anuda el nudo? Si se puede tender a hacer de lo imaginario, real, sentido solidificado, allí donde las intervenciones de corte suelen no ser eficaces, ¿cuál es la modalidad de intervención para los analistas que acuden pertrechados con la consigna lacaniana de no retroceder ante la psicosis? Dicho sea de paso, consigna peligrosa como cualquier otra consigna, que escuchada como mandato no cesa de producir estragos.

Lógica del fantasma decía Lacan.

Lógicas de la locura. A pensar. A descifrar. Condición de cualquier operación posible.

La clínica nos muestra, sin embargo, que esa lógica se va construyendo en el a posteriori. Convocados por la locura, muchas veces operamos a ciegas, intuición o savoir faire, tiempos lógicos en el analista que concluye y opera antes de lograr comprender.

Si en Bartleby, el personaje de Melville, es notoria la angustia creciente de su empleador, no lo es menos el padecimiento del personaje. Si bien no es clara la posibilidad de pensar la angustia en la psicosis, es notorio el padecimiento, su ser tomado por el horror. “¡Ah, el horror, el horror!”, dice el Capitán Kurtz creado por Joseph Conrad y retomado, en ese punto, a la letra por Francis Ford Coppola en Apocalypse now.

La psiquiatrización de la locura agrega límites a los planteados por la clínica. Ubicar la imposibilidad o deslizarse hacia la impotencia. He allí los bordes.

Locura y ciencia. También cuestión de bordes.

Georg Cantor, inventor de los transfinitos, sucumbe en su locura a lo que fuera maldición de los pitagóricos: “En primer lugar, es mejor ocultar (o velar) todo número no cuadrático, o irracional, o inconcebible en el universo; y, en segundo lugar, que el alma que, por error o distracción, descubre o revela algo de esta naturaleza que hay en este mundo, emigra (después) de acá para allá en el mar de la no identidad (careciendo toda similitud de cualidad o accidente), inmersa en la corriente de la generación y la destrucción, donde no hay patrón de medida” (Los filósofos presocráticos, ed. Gredos. Madrid, 1978).

Einstein, con sus posiciones humanistas, intenta tramitar, hacer algo, con lo que Lacan en su Seminario XI nombraba como “el deseo que yace en el fondo de la física moderna”. Deseo mortífero, al parecer.

Al respecto resulta interesante evocar el texto de F. Davoine en que comenta el llamado que Scheedinger –físico ligado a los orígenes de la cuántica– realiza a los psicoanalistas en 1958 en Cambridge para que se ocupen de esta problemática. Davoine comenta también la locura de Cantor, la psiquiatrización de un hijo de Einstein, añadiríamos a la lista la esquizofrenia en la hija de Joyce.

Locura en tanto el superyó opera como mandato no equivocable.

Se lo ve, diría Masotta, el tema es la pulsión de muerte.

“Pregúntele a mi psicólogo. El sabe todo de mí”, dice María Rosa cuando por la calle la interrogan para un programa de TV. Todo de saber que sitúa la dimensión imaginaria de la transferencia en términos absolutos.

Alguna vez trajo como regalo una lámpara de Aladino, aludiendo a la condición de “brujo” de su analista (“brujo” sería para María Rosa aquel que sabe más allá de la palabra, o cuyo saber resulta del conjuro o utilización mágica de la palabra).

Se lo ve: no se trata de la palabra en su ditmension significante, trabajo de letra. Más bien, de cierta fijeza donde lo imaginario da consistencia a lo que si no allí naufragaría.

Locura social. Segregación.

Prevalencia enloquecida de la imagen, degradación de lo simbólico, real de la muerte, renegada o ensalzada. Chauvinismo de los éxitos deportivos. Belleza ya no poética, sino obscenamente imaginaria.

Las llamadas enfermedades del siglo –anorexia, bulimia, adicciones, violencias varias y variadas– vienen a decir lo silenciado en las demandas que fundan, aniquilándolo, al sujeto de la época. Epoca que al decir de Lacan no es sino la del campo de concentración.

En El antiedipo, Deleuze y Guattari hablan de un sueño que persigue la psicosis: “Una función de fraternidad universal que ya no pase por el padre”. Presentan al esquizofrénico como máquina deseante, sin metáfora, objetos que se conectan con otros objetos que emiten flujos conectados a otros objetos que emiten nuevos flujos: el seno y la boca; los rayos en el ano de Schreber; Artaud.

La interrupción de este proceso deseante produce el esquizo autístico que puebla los hospitales. Puro desecho.

Oponen así el paseo por la naturaleza del Lenz de Büchner a la miseria del neurótico recostado en el diván.

Entre otros neologismos Lacan hablaba de la Samcda, Sociedad de ayuda mutua –de los analistas– contra los efectos del discurso analítico. Está claro que el DSM IV, manual de diagnóstico que permite y autoriza la manipulación –vía diagnóstico, medicación, internación– de los llamados locos, resulta de una eficacia incuestionable. Sólo que se trata de la eficacia de las políticas de silenciamiento.

Ahora bien, ¿qué hacen los analistas con la locura y con los así llamados locos? Suelen hacer congresos, jornadas, trabajos clínicos que leen entre ellos. Se defienden. El problema es que los locos no hablan en marciano. Se visten con jean y campera como nosotros y nos hablan de aquellas cosas que también a nosotros nos preocupan: la muerte, la palabra, la escritura, Dios, la sexualidad. Ya Freud debió aclarar que sus teorías, que coincidían con la elaboradas por Schreber en sus Memorias…, eran previas a su encuentro con el texto del psicótico. Demencia paranoide, diagnostica Freud.

Si el trabajo del analista es trabajo de letra, poética en última instancia, los analistas vienen entonces a tomar el relevo de otros discursos –poéticos, científicos, filosóficos, religiosos– al verse confrontados con la locura. Allí donde otros discursos reprimen, cercenan, encierran, los analistas, conmocionados en el corazón de su ser –“Kern unseres Wesen”, escribe Freud y cita Lacan– deberán no retroceder, soportar: hacer de soporte transferencial a la interrogación que lo real les ofrece desde el padecimiento del loco. Locura no es igual a psicosis. Se trata allí de lecturas. De poder leer, en una lectura que escribe, cómo se anuda el nudo, cómo se produce, o no, sujeto.

Si el nudo no es modelo –como afirmaba Lacan– sino la estructura misma, ¿es el analista un artesano de la palabra, de la poética, del nudo, borromeo o no? ¿En qué consiste la clínica de los analistas ante la locura?

Debilidad mental. Locura que atraviesa los momentos cruciales de cualquier análisis.

Preliminares.

* Psicoanalista. Miembro de Testimonios. Docente en Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-106676-2008-06-26.html

Cuando los pacientes de un psiquiátrico tomaron la radio

   

La demencia, como la muerte, es algo feo que preferimos arrinconar para no verlo y no ser del todo conscientes de que existe o, al menos, no pensar en ello y que no nos moleste demasiado ni nos incomode en nuestra vida cotidiana. Rara vez reflexionamos sobre este asunto para darnos cuenta de que “los locos” no son una molestia ni un peligro que atajar, sino personas que sufren, que necesitan ayuda y a otras personas que se preocupen por su bienestar.
Algunos recordamos el premio que le otorgó la Asociación Psiquiátrica Americana a los realizadores de la oscarizada película A Beautiful Mind (Ron Howard, 2001), que narraba parte de la vida del matemático John Nash, ganador del premio Nobel de Economía en 1994, y su lucha contra la esquizofrenia, por acercar al gran público el sufrimiento de enfermos como él e invitarles a comprenderlo. Y, cuando nos encontramos con iniciativas tan brillantes de terapia e integración social de personas con demencia como Radio La Colifata, no podemos menos que dedicarles un texto como este.
Un canal radiofónico llevado por colifatos

En lunfardo, la jerga popular de Buenos Aires, un ‘colifato’ es un loco querible, es decir, alguien muy excéntrico o que padece demencia y al que la gente le tiene cariño por su propia simpatía o carisma. A ello se debe el nombre de la Radio La Colifata, que fue el primer canal radiofónico del mundo conducido por los internos de un hospital neuropsiquiátrico, el José Tiburcio Borda de la capital argentina. Se trata de un proyecto ideado por el psicólogo Alfredo Olivera cuando aún era estudiante. En 1990, comenzó un servicio voluntario en el mismo hospital Borda después de ver un vídeo sobre este que le impactó, y se le ocurrió que se podría crear un canal de Al psicólogo Alfredo Olivera se le ocurrió crear una radio para sus pacientes porque estaban desconectados del mundo exteriorradio para sus pacientes porque estaban desconectados del mundo exterior, que les sirviese como terapia, para recomponer su uso del lenguaje, cuya pérdida se asocia a la psicosis y, también muy importante, para corregir la impresión de que los internos de los psiquiátricos son amenazadores y promover el entendimiento del problema de la demencia, usándolo “como un instrumento que permita llevar la voz de la gente del psiquiátrico al resto de la comunidad”, en su propias palabras.

Un amigo le concedió un espacio en la radio comunitaria SOS de San Andrés, La columna de los internos del Borda, y en principio, un día a la semana abordaba cuestiones de salud mental, pero luego emitieron grabaciones de los pacientes expresando sus opiniones sobre diversos asuntos, lo que generó interés suficiente en la audiencia como para recibir llamadas con preguntas para ellos, que eran respondidas en el programa siguiente.

Pero el verdadero despegue de esta gran idea se produjo cuando el programa matinal del veterano periodista Lalo Mir en Radio Rock and Pop, que en aquel momento era el que contaba con mayor audiencia, empezó a emitir sus grabaciones, ya como La Colifata. Y más tarde, el también médico Nelson Castro hizo lo propio en su programa de la mañana en Radio El Mundo. Y gracias a esta enorme difusión, consiguieron que otra emisora comunitaria les donara una sencillísima antena, y por fin, comenzaron a hablarle a Buenos Aires desde su propia radio, en la frecuencia Los internos expresan sus opiniones y sentimientos, reflexionan acerca del mundo, leen sus poemas, cantan, brindan los consejos que mejores les parecen, todo ello en una dinámica fascinantede 100.3 MHz, y ahora, igualmente por internet. De hecho, el nombre de La Colifata surgió porque uno de los internos había recorrido el hospital preguntando a sus compañeros “qué nombre le pondrían a su propia emisora de radio”, uno lo había sugerido y fueron los oyentes de la SOS quienes votaron por ese nombre pero, entonces, sólo era para su sección.
En los distintos programas de La Colifata, los internos expresan sus opiniones y sentimientos, reflexionan acerca del mundo, leen sus poemas, cantan, brindan los consejos que mejores les parecen, todo ello en una dinámica fascinante. Muchos de ellos fueron abandonados por sus familias, y han sido dados de alta pero no tienen a dónde ir, así que continúan en el Borda. Cada año, más de 600 pacientes toman la palabra en la emisora. Miqui, Eber Beltrán, Silvina de la Moneda, Eduardo Codina o el doctor Valle es como se les conoce a algunos de ellos. Pero es Hugo López la cara y la voz más reconocible del grupo, y seguro que muchos de vosotros le recordaréis por el anuncio de la bebida isotónia Aquarius que se emitía por televisión en 2008, que contaba la propia historia de La Colifata, cuyo significado es, según López, “loco que quiere que quiere que todos sean felices”. Y a fe que, desde agosto de 1991, le ponen verdadero empeño.

La influencia de Radio La Colifata

No sólo el anuncio de Aquarius, perteneciente a Coca-Cola Company, sirve de muestra de hasta dónde ha llegado este canal de radio. El cantautor Manu Chao, francés de ascendencia española, grabó un disco con ellos y se los llevó a varios de sus conciertos después de participar en la banda sonora del documental LT22 Radio La Colifata, que Carlos Larrondo rodó en 2007 y que se nutre básicamente de los testimonios de los internos del Borda. Pero no es el único: el propio Alfredo Olivera y su hermano Juan realizaron en 2011 un mediometraje documental titulado Manu Chao: Un día en La Colifata. Además, el reputado cineasta Francis Ford Coppola les visitó en el Borda y acabaron actuando como extras en su película Tetro, de 2009; año en que también participaron en un disco recopilatorio,En varios países del mundo han surgido emisoras de radio terapéuticas hermanas de La Colifata Radio La Colifata presenta a El Canto del Loco; como al siguiente en un videoclip de su compatriota Javier Calamaro, del tema El Cacike Marihuano.
En 2007, como en su momento Les Luthiers, recibieron una Mención Especial en los Premios Konex, que reconocen el desempeño ejemplar de personalidades o instituciones argentinas. Y en cuanto a la terapia, Olivera explicó en una entrevista que “a través de la palabra, en el encuentro con un otro, se reconstituye el sentido de la propia existencia. La Colifata provee recursos simbólicos, ayuda a reconstruir el lazo social y acompaña procesos de construcción de redes de contención social. Desde un primer momento, en el encuentro de los internos con los oyentes, se generó, no sólo la disminución de los prejuicios, la problemática del estigma que produce la locura, sino que también, gracias a la respuesta social, muchos de ellos empezaron a mejorar”.
Pero lo mejor es que en varios países del mundo han surgido emisoras de radio terapéuticas hermanas de La Colifata: que yo sepa, hay tres en Francia, dos en España y una en Brasil, Argentina, Chile, Costa Rica, Uruguay, Venezuela, Italia y Suecia. Y, desde todas ellas, personas con distintos tipos y grados de demencia siguen la terapia de tratar de comunicarse con nosotros, “los cuerdos de remate”. Así que estaría la mar de bien que, al menos, les diésemos acuse de recibo.

Fuente: http://hipertextual.com/2015/09/radio-la-colifata