Cómo el aislamiento extremo distorsiona la mente

La mente de Sarah Shourd comenzó a desvariar después de dos meses de encarcelamiento. Escuchaba pisadas, veía luces y pasaba gran parte del día en cuatro patas, escuchando a través de un hueco en la puerta.

Un verano, esta mujer de 32 años estaba de excursión con dos amigas por las montañas iraquíes de Kurdistán cuando fueron arrestadas por las tropas iraníes después de que cruzaran la frontera con Irán. Las acusaron de espionaje y las mantuvieron en confinamiento en solitario –cada una en una pequeña celda-, en la prisión Evin de Teherán.

Sobrevivió a casi 10.000 horas de aislamiento, con mínimo contacto humano, antes de ser liberada. Uno de los efectos más alarmantes fueron las alucinaciones.

“En mi visión periférica empecé a ver una luces que desaparecían cuando giraba la cabeza”, escribió en 2011 para New York Times. “En un momento escuché a alguien gritar, y sólo me di cuenta que se trataba de mis propios gritos cuando sentí que los guardias más amigables me tocaban la cara para reanimarme”.

Todos queremos estar solos de vez en cuando para escapar de los colegas o de las multitudes, pero no solos solos. Para la mayoría, el aislamiento social prolongado es malo, especialmente para la mente.

¿Por qué la mente se derrumba espectacularmente cuando estamos realmente solos? ¿Existe una manera de evitarlo?

Cinco minutos para 120 segundos

La soledad interfiere en una gran cantidad de funciones diarias del cuerpo, como los patrones del sueño, la atención y el razonamiento lógico y verbal. El funcionamiento de estos efectos aún no es claro, pero se sabe que el aislamiento social genera una respuesta inmune extrema -una catarata de hormonas del estrés e inflamación.

Sin embargo, algunos de los efectos más severos de la soledad son mentales.

Para empezar, el aislamiento confunde nuestro sentido del tiempo. En 1961, el geólogo francés Michel Siffre condujo una expedición de dos semanas para estudiar un glacial subterráneo bajo los Alpes franceses y terminó quedándose dos meses, fascinado por los efectos de la oscuridad en la biología humana. Al realizar pruebas con sus colaboradores en la superficie, ellos descubrieron que le tomó cinco minutos contar 120 segundos. En 1993, Maurizio Montalbini, un sociólogo y entusiasta de la espeleología, pasó 366 días en una gruta subterránea cerca de Pesaro (Italia) que había sido diseñada por la NASA para simular misiones espaciales. Al salir de ella, estaba convencido que sólo habían pasado 219 días.

Los investigadores hallaron que, en la oscuridad, la mayoría de la gente se adapta a un ciclo de 48 horas: 36 horas de actividad y 12 horas de sueño. Las razones aún no están claras.

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Junto con los cambios de tiempo, Siffre y Montalbini también mostraron períodos de inestabilidad mental. Sin embargo, estas experiencias no son nada comparadas con las reacciones extremas mostradas en los experimentos de privación sensorial de mediados del siglo XX.

Experimentos de guerra en el laboratorio

En los años 50 y 60 se rumoreaba que China utilizaba el aislamiento para “lavar los cerebros” de los prisioneros estadounidenses capturados durante la Guerra de Corea, y los gobiernos de Estados Unidos y Canadá estaban más que dispuestos a probarlo.

Entonces, sus departamentos de defensa financiaron una serie investigaciones que hoy en día serían cuestionados.

El más grande se hizo en el centro médico de la universidad McGill en Montreal, liderado por el psicólogo Donald Hebb. Los investigadores pagaron a voluntarios –principalmente estudiantes– para que pasaran días o incluso semanas aislados en cubículos a prueba de ruidos y privados de cualquier contacto humano significativo. Su objetivo era reducir la estimulación sensorial al mínimo y ver el comportamiento de los individuos cuando no sucedía absolutamente nada. Se redujo al mínimo lo que ellos podían sentir, ver, oír y tocar.

Apenas pasadas unas horas, los estudiantes se volvieron increíblemente impacientes. Necesitaban estimulación. Comenzaron a hablar, cantar o recitar poesía para romper con la monotonía. Muchos se volvieron ansiosos o altamente sensibles. Su desempeño mental también se vio afectado a la hora de realizar pruebas de aritmética o de asociación de palabras.

Los efectos más alarmantes fueron las alucinaciones. Comenzaban con puntos de luz, líneas o formas y eventualmente se convertían en extrañas escenas, como ardillas marchando con sacos sobre sus hombros. Ellos no tenían control sobre sus visiones: uno de los hombres sólo veía perros; otro, bebés.

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Algunos también experimentaron alucinaciones sonoras, por ejemplo, una caja musical o un coro. Otros imaginaban que los tocaban y uno de los hombres sintió que una bala le impactó en el brazo.

Cuando salieron del experimento, les resultó difícil librarse de este sentido alterado de la realidad, estaban convencidos de que el cuarto se movía o de que los objetos cambiaban constantemente de forma y tamaño.

Los investigadores esperaban poder observar a los sujetos durante varias semanas, pero la prueba fue acortada porque se los veía muy angustiados como para continuar. Muy pocos duraron más de dos días y ninguno llegó a la semana. Hebb escribió luego en la revista American Psychologist que los resultados eran “muy perturbadores”.

“Una cosa es oír que los chinos lavan el cerebro a sus prisioneros y la otra es descubrir que, en tu propio laboratorio, con sólo retirar por unos días estímulos visuales, auditivos y táctiles a un universitario sano puedes alterarlo hasta lo más profundo de su ser”, agregó.

¿Por qué el cerebro se comporta así al estar privado de los sentidos? Los psicólogos cognitivos creen que la parte del cerebro encargada de las tareas continuas, como la percepción sensorial, está acostumbrada a tratar con una gran cantidad de información, visual, auditiva y demás datos del entorno.

Cuando esta información escasea, el psicólogo clínico Ian Robbins dice que “los diferentes sistemas nerviosos que alimentan al procesador central del cerebro siguen disparándose, pero lo hacen sin sentido. Entonces, luego de un tiempo, el cerebro empieza a darles sentido, a buscarles un patrón”. Así es como crea imágenes enteras a partir de imágenes parciales.

Función social

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Los biólogos creen que las emociones humanas evolucionaron porque ayudaron a la cooperación entre nuestros primeros ancestros, los cuales se beneficiaban de vivir en grupos.

Su función principal es social. Si no hay un intermediario que nos ayude a saber si nuestros sentimientos de miedo, ira, ansiedad y tristeza son apropiados, en poco tiempo las emociones distorsionan la identidad, alteran la percepción o nos vuelven profundamente irracionales.

Pareciera que si estamos mucho tiempo con nosotros mismos, el sistema que regula nuestra vida en sociedad puede saturarnos.

Sin embargo, no siempre el aislamiento social es debilitante.

¿Pueden algunas personas lidiar con el aislamiento mejor que otras? Los científicos tienen pocas respuestas concretas; pero al menos contamos con la experiencia de los individuos que superaron -o sucumbieron- al aislamiento.

Cuando Shourd fue encarcelada en Irán, se podría decir que era la menos preparada para superarlo. El mundo se pone de cabeza para quienes no consiguen encontrar una razón -ya sea por un bien superior o como un sacrificio personal- que les ayude a darles significado a estas circunstancias.

Cuando les toca vivir esa experiencia, deben darle sentido de alguna forma a su predicamento o separarse mentalmente de la realidad, lo cual es una tarea monumental cuando se está solo.

Hussain al Shahristani lo logró. Él era el consejero nuclear de Saddam Hussein antes de ser torturado y encerrado en la prisión de Abu Ghraib, en las cercanías de Bagdad, después de negarse a ayudar a desarrollar un arma nuclear por motivos morales. Se mantuvo cuerdo durante los 10 años que estuvo encarcelado, refugiándose en un mundo de abstracciones y creando problemas matemáticos que luego trataba de resolver. Hoy en día es el viceministro de energía de Irak.

Dichas experiencias pueden ser más fáciles de soportar si se pertenece a una organización militar. Keron Fletcher, un asesor de psiquiatría que ayudó a evaluar y tratar rehenes, dice que los arrestos e interrogatorios falsos que vivió mientras pertenecía a la Royal Air Force son buenos para preparar para el shock de ser capturado. “Te enseñan lo básico de cómo soportar”, comenta.

John McCain, senador de Estados Unidos, es un buen ejemplo de cómo una mente militar tiene ventajas psicológicas. Sus cinco años y medio de prisionero de guerra en Vietnam parecieron haberlo fortalecido. Sin embargo, tras los dos años de aislamiento dijo: “La soledad es algo terrible. Destroza tu espíritu y debilita tu resistencia más efectivamente que cualquier otra forma de maltrato… La desesperación es inmediata y una excelente rival”.

Los psicólogos que estudian cómo superar el aislamiento aprendieron mucho de exploradores y montañistas solitarios. Para muchos aventureros que se privaron voluntariamente de compañía, el paisaje puede ser un sustituto efectivo que los envuelve en la grandeza o belleza de sus alrededores.

Inspiración en los excursionistas solitarios

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El psicólogo noruego Gro Sandal, de la Universidad de Bergen, en Noruega, entrevistó a muchos aventureros sobre cómo soportar situaciones extremas y dice que trascender la realidad de una situación es un mecanismo común para hacerlo. “Los hace sentir más seguros, menos solos”.

No existe un ejemplo más pertinente sobre el poder de la soledad de hundir a una persona o sacar a flote a otra que las historias de Bernard Moitessier y Donald Crowhurst, dos de los competidores de la carrera de yates “Golden Globe Sunday Times” de 1968.

El trofeo de la vuelta al mundo en solitario y sin paradas fue para Robin Knox-Johnston, que lo logró en 313 días. De los nueve competidores, fue el único en terminarla.

Parecía deleitarse con la soledad de su bote, pero no tanto como Moitessier, un asceta francés que practicaba yoga en la cubierta y alimentaba con queso a las pardelas que lo seguían.

Moitessier halló la experiencia tan satisfactoria -y la idea de volver a la civilización tan desagradable- que abandonó la carrera, a pesar de sus altas probabilidades de ganarla, para seguir navegando. Terminó en Tahití luego de recorrer la otra mitad del mundo. “Seguí sin detenerme porque soy feliz en el océano”, declaró, “y tal vez porque quiero salvar mi alma”.

Mientras tanto, Crowhurst tuvo problemas desde el principio. Partió de Inglaterra mal preparado y envió informes falsos sobre sus progresos en los mares del sur. Y la verdad es que nunca dejó el Atlántico.

Luego de navegar a la deriva por meses, a través de la costa de Sudamérica, se volvió cada vez más depresivo y solitario. Finalmente se encerró en su camarote y plasmó sus fantasías en un disperso tratado filosófico de 25.000 palabras antes de saltar por la borda. Su cuerpo nunca fue encontrado.

¿Qué podemos aprender de estas historias de resistencia y desesperación? Lo obvio es que, como regla general, somos considerablemente inferiores cuando nos separan de los demás.

Como dice el escritor Thomas Carlyle, el aislamiento suele ser “la desdicha total”. Sin embargo, también puede valorarse de forma positiva: es posible conectarse y encontrar consuelo más allá de nosotros mismos, incluso cuando estamos solos.

Ser mentalmente fuertes y estar preparados ayuda, pero no debemos subestimar el poder de la imaginación para derrumbar muros de prisión, penetrar cuevas heladas o crear compañeros de viaje que nos acompañen.

Fuente: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/06/140516_vert_fut_salud_aislamiento_efecto_mente_gtg

“Aloïse Corbaz: La Esquizofrenia en la Pintura”

Dra. Yolanda Pica
28 de Junio 1894, Lausana, Suiza, Aloïs cumple 8 años, es festejada por sus hermanas, su madre murió hace poco y el padre las ha abandonado.

La pequeña es una soñadora y quiere ser cantante de ópera pero debe desempeñar varios oficios para subsistir: costurera, niñera e institutriz; encontró trabajo en Postdam en la corte de Guillermo II, la joven desarrolló un enamoramiento obsesivo por el káiser y a los 27 años debe regresar a Suiza, sus hermanas notan su comportamiento extraño: agresiva, fuera de control, pronuncia frases inconexas, por lo que la internan en un hospital psiquiátrico donde le diagnostican Esquizofrenia.

Esta enfermedad que se presenta en el 1 % de la población general, se considera grave ya que quien la padece tiene ideas delirantes, alucinaciones, desorganización del pensamiento y conductas anormales relacionadas con las ideas falsas que lo pueden llevar a a ser agresivo con sus personas cercanas.

Aloïs se enfermó con dos ideas delirantes, una en la que pensaba que el rey estaba enamorado de ella y la otra sentir que su mente se había despegado de su cuerpo.

La enfermedad se debe a un desbalance bioquímico cerebral en varias substancias especialmente Dopamina, Glutamato y Ácido Gama-amino-butírico (GABA) y el tratamiento es con medicamentos llamados antipsicóticos que actúan llevando a un equilibrio estos neurotransmisores y permiten que los pacientes tengan una vida prácticamente normal. Sin embargo dichos fármacos se descubrieron en 1950 por lo que Aloïs no tuvo la oportunidad de recibir este tratamiento.

Ya en el hospital empezó a pintar, su médico la Dra. Jacqueline Porret-Forel hizo que la conocieran en el mundo y a mediados de 1940 el experto en arte Jean Dubuffet la definió como la máxima representante del “Art Brut”: arte creado por personas que son ajenas a las formas de expresión artística y a los valores culturales tradicionales y que pintan espontáneamente para satisfacer una necesidad interior.

Aloïs explicaba que su mayor deseo era sentirse encarnada en sus dibujos, como una manera de existir. Era una mujer tímida, reprimida sexualmente y su comunicación la logró gracias a su obra erótica con hermosas mujeres con curvas voluptuosas a las que les prestan atención amantes en uniforme militar, usaba colores vivos, pinturas y zumos de flores para llenar las hojas enteras de papel. Presenta “Horror vacui” que es la compulsión a hacer marcas en cada pulgada de papel y en lugar de ojos pinta descarnadas órbitas azules.

Un estudio de 2011 en el Instituto sueco Karolinska (Kyaga, S.) reveló que hay una relación entre la acción de la dopamina (neurotransmisor cerebral ) en personas con pensamiento divergente y por ende muy creativas e individuos con esquizofrenia: tienen menos receptores tipo D2, esta ausencia contribuye a estimular la corteza cerebral y establecer nuevas conexiones por lo que algunos de estos pacientes como Aloïs tienen facilidad para expresarse en las artes visuales.

En 1963 fue invitada de honor en la muestra de Escultoras y pintoras suizas. Murió al año siguiente en el hospital psiquiátrico donde pasó 55 años.

En sus palabras: “Mi talento es un milagro y la única fuente de éxtasis perpetuo”.

Médico Psiquiatra y Psicoterapeuta

Email: ypr2004_5@hotmail.com

Twitter: @YolandaPica

 

Fuente: http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=339362

El Psicoanalista ¿es humano?

Andrea V. Cecchi – Lic. y Prof. en Psicología – Lic.andrea.cecchi@gmail.com

Un médico ¿no se enferma?, un abogado ¿no va preso?, una maestra ¿puede no tener respuestas? Y un psicoanalista ¿no tiene problemas?. He aquí le cuestión. La vida sin idealización parece no tener sentido. Buscamos la perfección como si ella existiera y nos excusamos de no hacer las cosas porque igual no nos van a salir bien.

No es cierto que los psicoanalistas lo saben todo, y que sus vidas son fáciles y felices, lo que si es cierto es que manejan una Técnica (la técnica psicoanalitica) que solo puede usarse objetivamente con otros pero no con uno mismo, así como el cirujano no puede auto operarse. ¿Por qué?, porque también los psicoanalistas están atravesados por la subjetividad, por las emociones, por los impulsos, las pulsiones y todo lo que compete a un ser humano inmerso en la cultura.

Todos somos sujetos castrados. ¿Qué significa esto?, que somos sujetos que nacemos dependiendo de la mirada de los otros, somos porque hubo otros que quisieron traernos, aunque no sepan bien por qué o para qué, y somos lo que somos porque alguien o “alguienes” nos han mirado y nos han dicho que es lo que somos!, el único pequeño y elemental detalle es que…..no somos eso que nos dijeron que somos. Entonces…¿quiénes somos?: sujetos que no tienen la respuesta y que nos pasamos la vida averiguándolo. Para averiguarlo vamos probando cosas y probando personas. ¿Será esto lo que me falta?, ¿será esto lo que necesito?, ¿es esta persona la que me completa?, ¿por qué me siento triste si no me falta nada?, ¿tendré algo raro que nunca estoy satisfecho?. La verdad es que estas preguntas no tienen respuestas, lo alentador es que lo único que sabemos es que no somos lo que dijeron que somos. Y lo abismalmente desesperante es que tenemos que construir nuestra propia realidad deconstruyendo la realidad que nos inventaron y eso – se los aseguro – duele, y duele desgarradoramente. Caemos en la cuenta de que ¿todo era una mentira?, me atrevería a decir que no, porque nuestros padres tuvieron que atravesar la realidad de sus padres y así sucesiva y generacionalmente.

La idea de esta columna es compartir, desmitificar, ampliar, abrir, ramificar, y nunca pero nunca cerrar y concluir. Los que se jactan de saberlo todo son los que probablemente no comprendieron de qué se trata todo esto que le llaman vivir.

Esta semana un paciente muy inteligente e instruido, que le encanta traer desafíos al consultorio, donde a través de ellos queda esperanzado en “ganar”, (aún no sabemos que hay que ganar), me dijo “si yo saco lo que me duele me va a doler mucho, ¿y qué gano?”….y yo me pregunto lo mismo, ¿hay que ganar?, o ¿hay que sacar y limpiar?, digo -no sé- ¿para que barro el piso si total se va a volver a ensuciar?

De esto se trata, de que a través de esta columna construyamos nuevas realidades, que podamos encontrarnos diferentes, que no nos reconozcamos cuando cambiamos, que nos animemos a des-andar los lugares seguros, porque es la única manera de crecer. Crecer es el sentido de la vida, las penas entre muchos hace que podamos digerir lo triste más rápido para poder potenciar lo lindo de ella.

 

Fuente: https://puntonoticias.com/18-02-2017-el-psicoanalista-es-humano/

Los solteros no bailan

Por Luciano Lutereau

Recientemente vi en la televisión un documental sobre fertilización, en el que una mujer comentaba la decisión de tener un hijo “sola”. No le faltaba una pareja. No le faltaba nada. Pero era algo que no quería compartir. Literalmente, dijo que le “daba paja” la vida familiar con un hombre. En última instancia, así se reservaba la última palabra. Nadie le puede decir nada sobre su hijo. Su autoridad es absoluta…

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¿Quién podría juzgarla? No está ni bien ni mal. Es una elección. Hacia el final ofrecía un detalle cuyo valor clínico es precioso (y preciso): antes del embarazo, se compró un perro para practicar. Un hijo puede sustituir al falo, también a una mascota. El niño como “Tamagotchi” es parte de lo que hace tiempo vengo llamando “clínica del soltero”, es decir, una descripción de las posiciones de aquellos que bien pueden no rechazar la pareja, pero sí la realización subjetiva a través del encuentro con el otro sexo (en Otro).

Veámoslo con otro caso. Esta vez más general. Todo varón conoce la dificultad de sacar a bailar a una chica. El corto de Martín Piroyansky “Un juego absurdo” (2009) lo demuestra: por un lado están los muchachos, por el otro las mujeres y, en el medio, el deseo. La iniciación sexual está mediada por esa tensión que hace del encuentro algo contingente, que requiere la puesta a prueba de la potencia y, eventualmente, la precipitación de un síntoma (como la vergüenza).

Ahora bien, en “El baile de los solteros” (2004), Pierre Bourdieu se ocupa de la posición de aquellos hombres que no bailan, y se quedan al margen, que miran. Son “incasables”, dice. Están excluidos del “mercado matrimonial”, agrega. Es atractiva la idea del matrimonio como un “mercado”. El sociólogo advierte que en Bearne son los primogénitos los que ocupan ese lugar. En otro tiempo, hubieran sido candidatos inmejorables. No obstante, los tiempos cambiaron con el desarrollo de las ciudades y las industrias, y a los hombres “arraigados” les bajaron el precio, porque el matrimonio ya no vale como alianza en el contexto de la modernidad desarrollada.

Es valiosa la ecuación que se produce: el que queda nombrado por una herencia, en tiempos de la decadencia del patriarcado, sintomatiza el matrimonio. Los solteros no bailan porque, como dice una canción de Café Tacuba: “El amor es bailar”.

Consideremos un último punto. Según un estudio de la Universidad de Michigan, tener un marido genera una carga extra de 7 horas semanales de trabajo. La Organización Mundial del Trabajo, en el 2016, afirmó que un marido genera 10 veces más stress que un hijo. Estamos hablando siempre de un marido “normal”, porque si a esto le agregamos que podría tratarse de un vicioso (alcohólico, fanático de Racing, lacaniano) las cifras se disparan. Sin duda, esto hace del matrimonio (única manera de consagrar la unión con un marido) una elección poco conveniente. Podríamos bromear y decir que es preferible el giro neoliberal y tercerizar el servicio, flexibilizar el modo de contratación, anular el convenio colectivo del amor conyugal.

De acuerdo con cierta orientación contemporánea, es importante avanzar en el cuestionamiento del patriarcado, pero no de manera ingenua, dado que en nombre del deseo podemos realizar el sueño del individualismo burgués y capitalista. Si el deseo no destituye al sujeto, es mero cálculo, la más básica de las formas masculinas de sexualidad: la “paja colectiva” del adolescente varón. Desde mi punto de vista, no se trata de liberarse sino de buscar otras formas de compromiso con el otro.

Para concluir, si la Organización Mundial del Trabajo sostiene que un marido causa 10 veces más stress que un hijo, es porque se supone que un marido es comparable con un hijo. En efecto, sólo para una madre vale esta suposición, lo que demuestra el carácter machista del informe (a pesar de su intención progresista), que sólo piensa a la mujer a partir de la demanda. Pero no sólo es machista, sino también normativo, ya que reprime el deseo que podría llevar a una mujer a “adoptar” a un hombre. ¿Qué prejuicio menosprecia que un hombre pueda reencontrar en una mujer algunas huellas maternas? Eso es la histeria y su queja: “Soy tu mujer, no tu mamá”, que absolutiza lo femenino como algo opuesto a la maternidad. Esta cuestión nos devuelve al caso del principio.

(*) Doctor en Filosofía y magíster en Psicoanálisis (UBA). Docente e investigador de la misma Universidad. Autor de los libros: “Celos y envidia. Dos pasiones del ser hablante” y “Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina”.

Fuente:http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/143940-los-solteros-no-bailan-espacio-para-el-psicoanalisis.html

Metáfora y revelación

Por Margarita Carrera

Que el lenguaje poético revela de manera profunda la verdad, es algo que sostienen psicoanalistas freudianos —entre otros— y adversan filósofos tradicionales.

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Para estos últimos habrá diferencia entre el lenguaje poético y el lenguaje filosófico, separan, en forma tajante, la poesía de la filosofía. Y no hay caso de poderlos convencer de que el poema revela, intuitivamente, verdades que luego, después de largos años, la ciencia llega a descubrir mediante sus diversos métodos rigurosos.

Heidegger le da especialísima importancia al lenguaje en el campo de la filosofía. Para ello, se remonta a Parménides y a Heráclito, quienes establecen que “logos” (en el sentido primitivo de “poner”) y “phásis” (en el sentido de “luz”), esto es, “traer a luz”, es la esencia del lenguaje. Lo cual lleva a estos filósofos a la futura confirmación heideggeriana de considerar “la esencia del lenguaje desde la esencia del ser”. De aquí la expresión “el lenguaje es la casa del ser”, sobre la que Heidegger levanta su filosofía, solo había un paso; pero este paso fue —aunque él se niegue a reconocerlo— metafórico, poético. Pues, por prejuicios antiquísimos de la filosofía tradicional —de la que no escapa Heidegger—, este niega que su bella y verídica frase sea “mera imagen” y mucho menos de una manera “metafórica” de pensar, ya que ello sería impropio de lo que se debe considerar como filosofía.

Para mí que es imposible desconocer esta magnífica metáfora con la que Heidegger —poéticamente, que no filosóficamente— devela una verdad difícilmente discutible. De ella se podría deducir que todo lenguaje —que es “semeion”, seña— tiende a lo metafórico, y que, así, es la metáfora la esencia del lenguaje, que, a su vez, es la esencia del ser.

Ahora bien, en mi obra Antropos establezco que el ser radica en el hombre y su inconsciente. Esto nos lleva a la tarea de describir, descubrir, develizar el mundo inconsciente que yace oculto en la psiquis humana. Llegamos al inconsciente, de acuerdo con Freud, por medio de la interpretación de los sueños. En ella, el creador del psicoanálisis descubre que la elaboración onírica está regida por ciertos mecanismos que operan de manera inexorable. Los más destacados: la censura, la condensación y el desplazamiento.

J. Lacan, que continúa en Francia el psicoanálisis freudiano pero unido al estructuralismo de Saussure, creando así una nueva escuela psicoanalítica-lingüística, nos remite, al hablar de la condensación, a la metáfora; y al hablar del desplazamiento, a la metonimia. Así, la verdad es revelada en forma velada en los sueños, por medio de metáforas y metonimias que, con sutileza, maneja la censura. El lenguaje metafórico deja de ser interesante únicamente para los estudiosos de la literatura, y se convierte en el lenguaje por excelencia que, mediante los sueños y la poesía, nos conduce a las más ocultas verdades que esconde el hombre.

El inconsciente, o el ser del hombre, se manifiesta, sobre todo, en el sueño y en la poesía, por medio de metáforas y metonimias. Pero, ante todo, es la metáfora la que traduce las grandes verdades del hombre y su universo, que no nacen de la arbitrariedad, sino de una fuerza creativa impulsada por el inconsciente individual o colectivo.

Dentro de esta nueva postura para la búsqueda de la verdad, los filósofos han de recurrir al lenguaje, poético, manifestado, simbólicamente, en el sueño y en la poesía.

La metafórica expresión heideggeriana, “el lenguaje es la casa del ser”, alcanza significados no previstos por el mismo Heidegger: el lenguaje es la morada, el recóndito albergue de ser del hombre y del ser de todas las demás cosas, gobernada de manera inexorable por una poderosa fuerza, equivalente a la fuerza del inconsciente del humano.

Fuente: http://www.prensalibre.com/opinion/opinion/metafora-y-revelacion

 

Las mascotas como coterapeutas

El contacto con una persona deprimida no es fácil, incluso para los psicoterapeutas. Imagínese una sesión terapéutica en la que un perro retoza alegremente alrededor del paciente y con la mirada le expresa que quiere ser acariciado. Esto puede aliviar la situación considerablemente y es por eso que a menudo se utilizan mascotas como coterapeutas.

“Especialmente en el tratamiento de trastornos de ansiedad y depresión se pueden lograr grandes resultados con terapia asistida con animales”, señala Arno Deister, médico jefe del Centro de Medicina Psicosocial del hospital de Itzehoe, en Alemania.

“Por ejemplo, personas que sufren depresiones tienen dificultades de establecer contacto con otras personas y generar confianza”, explica Deister.

Un perro es entonces una buena manera de romper la barrera, siempre y cuando tanto el paciente como el terapeuta hayan tenido en el pasado experiencias positivas con este tipo de mascotas. El animal actúa como un “abridor de puertas” entre ambos.

Que los animales pueden influenciar en el estado de ánimo de las personas está confirmado empíricamente, señala Deister en referencia al estudio estadounidense sobre depresión y zooterapia de 2007.

“Las personas depresivas, pero también los ancianos y enfermos mejoran su estado de ánimo cuando tienen contacto con los animales”, indica sostiene Deister, presidente de la Sociedad Alemana de Psiquiatría Psicosomática y Neurología (DGPPN).

Los animales también ayudan a personas con trastornos de ansiedad. “El que tiene miedo está tenso y un animal ayuda a la relajación”, señala el especialista.

Un estudio realizado en 2009 con niños autistas reveló que estos estaban más dispuestos a comunicarse después de una clase de equitación. Y en otra serie de estudios del año 2006 se demostró que la terapia asistida con animales también puede resultar positiva en pacientes con demencia. Asímismo, hay evidencias de que los animales reducen el estrés en las personas.

“El paciente ni siquiera tiene que tener algún tipo de vínculo con la mascota”, asegura la bióloga Cornelia Drees, que emplea animales en su trabajo.

Uno de los secretos del efecto que provocan los animales sobre los seres humanos podría ser que los animales no emiten juicios de valor. “Aceptan a las personas con todas sus fortalezas y debilidades”, sostiene Deister, presidente de la Sociedad Alemana de Psiquiatría Psicosomática y Neurología (DGPPN).

Además de las terapias, también existen las denominadas intervenciones asistidas por animales, es decir, actividades que se realizan con animales.

Drees es especialista en este tipo de intervenciones asistidas. Ella visita residencias para personas mayores o con discapacidad, jardines de infantes o escuelas.

La especialista invita a los participantes a que se unan en un círculo. Los animales -cobayos, perros, conejos o gallinas- están en el centro. Mientras Drees les cuenta de dónde viene cada mascota, lo que le gusta y no le gusta, va observando el comportamiento de los pacientes y por cuál de los animales se sienten más atraídos. Luego les da tareas específicas, que pueden ser por ejemplo “acariciar a un conejillo de Indias para hacerlo feliz”.

El paciente fortalece su autoestima cuando nota que con sus caricias el animal se siente cómodo. Sin embargo, también es importante que se preste atención al bienestar del animal.

“Solo animales relajados y contentos pueden tener un efecto positivo en las personas”, asegura Drees.

Tomado de http://www.debate.com.mx/salud/Ansiedad-o-depresion-Aliviate-con-terapias-con-animales-20170222-0185.html

Los casos de depresión aumentan un 18 % en el mundo en la última década

Cuando un joven presenta síntomas de depresión, hay que buscar ayuda de inmediato.