¿Cuándo ir al psicoanalista?

 

Por Alberto Isaac Mendoza Torres 150619142549_freud_couch_624x351_freudmuseumlondon

Recién veía una nota publicada en una revista que informaba sobre la recomendación de llevar a los niños con un especialista de lo que llaman “salud mental”, si es que aún seguían teniendo problemas para dormir o socializar, derivados de la experiencia traumática del sismo del 19 de septiembre.

Y la traigo a colación, como una muestra de la pregunta que me hacen muchas personas, quizá no tan directamente planteada, pero sí en esencia a eso se refieren: ¿cuándo debo ir al psicólogo?

En qué momento una persona cualquiera, debería buscar ayuda profesional, es sin duda algo difícil de resolver, por ser tan sencillo. De entrada, se juegan múltiples factores para que una persona decida ir, pero podríamos ubicarlo en dos sentidos esenciales sobre la manifestación de que algo no anda como debería ir en la vida del sujeto. Habrá quien lo ponga en el cuerpo. Quien manifieste dolencias, como lo veíamos la semana pasada, en órganos que están más que saludables, o que le duelen partes del cuerpo que ni deberían dolerle. Y otras tantas que sienten que hay una molestia con la vida, con su manera de vivir la vida. Que lo que antes hacían y les causa placer, hoy lo hacen y les causa displacer. Dicen que no se aguantan ni ellos mismos. Ya sea por tristeza, enojo, miedo frustración, soledad, y una larga lista de emociones y sentimientos.

Los primeros buscarán en la medicina algo que les cure de manera inmediata. Los segundos también.

Pero ya también lo habíamos advertido la medicina es analgésica, y sólo calla el grito de dolor. No resuelve el problema de fondo, cuando se trata de las dolencias anímicas, que el sujeto, desde luego sabe que está experimentando.

Entonces si la medicina falla, no queda de otra que buscar en otros discursos algo que alivie. Ya dijimos, la religión puede hacerlo, el deporte, la diversión, las drogas legales e ilegales, incluso hasta el trabajo. Siempre que tenga una dimensión simbólica, podrá cumplir con eficacia este amarre, de un síntoma que le permita al sujeto seguir por la vida, rindiendo en la familia, en el trabajo y en el amor. Hasta que esto ya no funciona más. O cuando se necesiten más dosis. Más horas en el grupo de autoayuda, más horas en el gimnasio, más horas en el trabajo, más cervezas.

Pensar que necesitamos ir al psicólogo o mejor aún, al psicoanalista, representa una herida narcisista muy grande. Cómo podemos aceptar que necesitamos ayuda de alguien más, sobre asuntos de nuestra propia vida. Reconocer que no podemos manejarnos, que no podemos darnos autoayuda, es algo muy fuerte, muy grande por aceptar. Porque estamos viviendo la era en la que nos piden auto reafirmarnos, en donde nos dicen que lo más importante es el yo. No importa que el otro me ame, conque yo me ame es suficiente. No importa que el otro no reconozca que soy una persona valiosa y con talento, conque yo lo haga es más que suficiente. De esos mensajes están inundadas las redes sociales. Y en consecuencia es el discurso que se escucha en la vida cotidiana. Échale ganas. Hay mucha vida por vivir. Hay muchas cosas por hacer. La vida es bella, incluso aunque estés en un campo de concentración como lo inventó la oscarizada película que justamente fue bautizada con ese nombre: “La vida es bella”.

Pero resulta que para el doliente esto no es así. Ni es capaz de amarse a sí mismo, ni de reconocerse como alguien valioso. Ni echándole ganas puede salir de esta. Ni la vida es bella. Y justamente porque la vida le demanda muchas cosas que no puede hacer es que enferma más. Y tiene que cargar con todo eso, aparentemente solo.

Entonces volvemos a la pregunta inicial: ¿Cuándo ir al psicólogo? Cuando sintamos que la vida que antes iba bien ahora no anda, no camina. Ese es el mejor momento. ¿Cuándo ir al psicoanalista? Cuando aquellas cosas que tenían una eficacia simbólica han dejado de tenerla y nos preguntamos si podría ser diferente, no sólo en el sentido de mejorar la estancia en esta vida, sino simplemente diferente. Si esto que me aqueja pod
ría manifestarse de otra forma, si esto que me duele sería porque tiene una razón de ser, un sentido, que no es el que me dicen que tiene, sino el que tal vez yo creo que tiene, pero aun así me hace dudar. Entonces podríamos ir al psicoanalista cuando podamos dudar que las cosas tienen que ser forzosamente de esa manera.

Tomado de http://diariotiempo.mx/opinion/opinion-cuando-buen-momento-ir-al-psicologo/

Presentan los resultados de la mayor encuesta europea realizada a personas con esquizofrenia y psicosis

Silvia Estebarán

Los datos analizados demuestran que, por orden de importancia, lo que más preocupa a las personas con esquizofrenia y sus familiares son las necesidades afectivas, sentirse bien físicamente, saber que va ser de ellos el día de mañana, potenciar su autonomía, dedicar tiempo a actividades placenteras, trabajar y/ o estudiar.
El estudio Proyecto VOZ, impulsado por la Confederación Salud Mental España; la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de Personas con Esquizofrenia (AMAFE); el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM); y ha contado con la colaboración de Otsuka – Lundbeck, nace con el objetivo de analizar las necesidades y dificultades reales de las personas con esquizofrenia/ psicosis y sus familiares.
El informe, que abarca la totalidad del territorio nacional, parte de una encuesta a gran escala en la que han participado 5.205 personas con esquizofrenia/psicosis y sus allegados, la muestra más grande en Europa en un trabajo de estas características. El análisis pone de manifiesto que las necesidades básicas de las personas con esquizofrenia/psicosis y sus familiares son similares a las de cualquier ser humano como sentirse conectados con su entorno más cercano (familia, pareja o amigos), o que las personas con esquizofrenia y sus cuidadores tienen una percepción de su salud notablemente inferior a la de la población general.
En palabras del Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Cantabria, Benedicto Crespo-Facorro, “hay dos aspectos que destacar de esta enfermedad, una que es una enfermedad muy frecuente y otra que afecta a personas jóvenes entre 18 y 40 años”. Asimismo, ha remarcado la importancia que tiene la familia en el cuidado de las personas que conviven con esta enfermedad que supone “de 6 a 9 horas diarias, lo que conlleva muchas veces efectos negativos en su vida laboral, social, familiar y hasta problemas de salud mental, por lo que es esencial abordar el conocimiento de los pacientes y cuidadores para establecer nuevas estrategias”.
Por su parte, el presidente de la Confederación Salud Mental España, Nel A. González Zapico, destacó que “dada su alta prevalencia, los problemas de salud mental debe ser una prioridad en nuestra sociedad. Este estudio es de suma importancia, ya que nace desde la convicción de que cualquier cambio debe partir del conocimiento en profundidad de las necesidades reales de las personas que conviven con la esquizofrenia y sus allegados”. Y es que remarcó que la investigación nos hará avanzar en el tratamiento y luchar contra el estigma a nivel social de las enfermedades mentales”
Durante su intervención, Celso Arango López, Jefe de Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, Hospital Gregorio Marañón y Director Científico de CIBERSAM, expuso las principales conclusiones de este trabajo, y manifestó que nos debe llenar de orgullo el que este sea el primer estudio con una muestra tan amplia, y cuyas conclusiones son relevantes para la toma de medidas a corto y medio plazo”.
Uno de los aspectos que destacó es que este informe señala que las necesidades básicas o principales preocupaciones de las personas con esquizofrenia/psicosis y sus familiares son similares a las de cualquier ser humano: para el 90% de los encuestados la mayor preocupación son las relaciones afectivas con familia, pareja o amigos. Y es que en su opinión en el manejo de esta patología el lema sería “Escucha, opina, vuelve a escuchar y actúa”.
Cabe destacar, por último, que las personas usuarias de asociaciones y de recursos públicos de rehabilitación psicosocial son las que han presentado mejores resultados en áreas tan importantes como la aceptación en su entorno y la valoración del estado subjetivo. En el caso de las asociaciones, un 68% de los encuestados se sintieron comprendidos en el momento del diagnóstico, frente a un 50% de Hospitales. Además, los pertenecientes a asociaciones son los que mejor valoran su estado de salud, un 42% de califican su salud de “Muy buena” o “Buena”, frente a un 32%, en el caso de los Centros de Salud Mental.

Fuente: http://www.sietediasmedicos.com/actualidad/actualidad-sanitaria/item/6471-presentan-los-resultados-de-la-mayor-encuesta-europea-realizada-a-personas-con-esquizofrenia-y-psicosis#.V4PupZDVurU

El coaching: una práctica con tintes sectarios

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El coaching no es una pseudociencia. Es peor que eso. Es una práctica con tintes sectarios, de control obsesivo, basada en una filosofía de vida impracticable y contraproducente, ajena a todo control y que genera relaciones de dependencia que, según mi experiencia, rozan en ocasiones el sadomaso. Y no es que sea un experto en sadomaso, la verdad. Mi experiencia se reduce a un encuentro en un hostel con una francesa que me hablaba mucho de manga mientras yo asentía sin entender nada con una cerveza en la mano. En realidad hui como pude después de que me cruzara la cara un par de veces y de que estuviera a punto de hacerme algo inenarrable que preferiría no tener que mencionar. Pero me he documentado un poco —incluído ver algunos videos muy perturbadores a los que no les termino que encontrar la gracia. Evidentemente se trata de una relación de sumisión y dominancia más sutil que meterte en un baúl vestido de latex, pero esto del coachingmuchas veces supone más un peligroso juego de rol de supresión de la voluntad que cualquier cosa parecida a la psicología. Y eso, en determinadas ocasiones, es un trampolín hacia el sectarismo.

Y no sólo eso. La cosa no se limita a tener un origen vergonzante en un profesor de tenis medio lelo y en ser parte de los sueños lúbricos del Marqués de Sade, sino que supone además una ideología empresarial y económica agresiva e inhumana. Una ideología basada en la Felicidad —la felicidad de los que mandan, al menos— que pretende convertir al coachee —el aprendriz, padawan, incauto— en un ser pusilánime y dócil. Un ser que sonría y no se queje mientras persigue sueños de felicidad nirvánica que nunca llegarán y se deja la cartera y la voluntad en manos de un donnadie fracasado, con ínfulas de Señor Miyagi, que se autodeclara gurú y gran sabio de la vida, los negocios, la felicidad y el amor.

A ver, explico las ideas un poco mejor porque ya estoy invidiendo Polonia y ni he dado el discurso.

Tenis y sectas, el extraordinadrio poder relacional de la magufada

En 1960 un tal Hans Ji Maharaj funda una secta denominada ‘Misión de la luz divina’ en la ciudad india de Patna. Los principios básicos de la secta son una especie de deformación del hinduismo con un alto contenido de culto a la personalidad. Hans ya era famoso en la India por ser un predicador que iba de ciudad en ciudad y por haber amasado una gran fortuna con ello —también tenía una casa llamada ‘casa del amor’ cuyas actividades parecen haber hecho honor al nombre de club swinger guarro que tenía. La secta de Hans basaba toda su doctrina en la búsqueda de la Felicidad, y casi todas sus acciones iban encaminadas a (1) hacer yoga y (2) reconocer que todo lo que salió de la boca de Hans essatsang y que él fue la fuente de sabiduría, dios en la tierra y autoridad última. De hecho, esta secta destructiva sigue viva en la actualidad.

En 1966 Hans deja el liderazgo de la secta a su hijo Prem Rawat, que hoy en día es un conocido conferenciante de estos que aparecen de la nada cuando hay que rellenar algún acto que cuenta con mucho presupuesto, poco sentido y sesgos posmodernos —sí, habló en el Forum de Barcelona. Digamos que es el friki al que llamar cuando no pueden venir esos que se alimentan del sol. Prem tuvo el acierto de expandir la secta más allá de las fronteras de la India, buscando un nuevo mercado en los lisérgicos Estados Unidos de laNew Age. El caso es que entre todos los mongos que decidieron unirse a su movimiento estaba un señor llamado Timothy Gallway. Ya se sabe que en EEUU tienen la extraña manía de darle becas para estudiar en la universidad al quarterback guaperas antes que al chaval necesitado del Bronx, y Timothy estudiaba en Hardvard algo aunque su principal función dentro de la uni era ser el capitán del equipo de tenis.

El principal postulado teórico de la secta dice que no eres Feliz porque no quieres. Porque el mundo es maravilloso y todo lo que pasa es bueno y una oportunidad. Timothy pensaba que se podía aplicar este pensamiento al deporte, afirmando que las partidas sólo se pierden cuando uno no está realmente convencido de que va a ganar. Vamos, que lo de entrenar, superarse y respetar las virtudes del rival es para pringaos. En este tiempo estudiando pseudociencias he visto de todo. Toda clase de libros inverosímiles. Pero no me cabe duda de que los libros fundacionales del coaching son de lejos la frikada más alucinante que uno puede encontrar en el mercado. Se trata de una serie de escritos en los que se mezcla técnica deportiva, psicología positiva, tonterías New Age del movimiento del potencial humano —con el que elcoaching siempre ha mantenido profundas relaciones— y misticismo barato pseudohindú. Encabezan estos escritos nombres tan alocados como El juego interior del tenis, El esquí interior y El juego interior del golf.

El coaching consiste, básicamente, en una especie de asesoramiento agresivo y altamente dominante. Mantiene la psicología positiva absurda y el principio de autoridad sectario de la Misión de la Luz Divina, pero traslada el satsang en el coach en lugar de mantenerlo en un único gurú. En la actualidad se ha convertido en un negocio multimillonario donde el intrusismo profesional respecto a la psicología es una constante, y se ha diversificado considerablemente. En un principio se contemplaba más bien desde una óptica deportiva, de ahí pasó a una empresarial, y ahora podemos encontrar coaching sexual, ontológico (¿?), personal, financiero, para liderazgo, para ligar e incluso hay una ‘especialidad’ dedicada en exclusiva asupuestos afectados por TDAH. Por supuesto existe también elneurocoaching, no vayamos a perdernos el rentable tren de las neurotonterías. Elcoaching en sí mismo es un mero ejercicio semisectario de dominación entremezclado con espiritualidad, pero sus alianzas con diversas pseudociencias actuales como la PNL y aquello de la ley de la atracción de El Secreto están siempre presentes.

Pero esto no se hace de cualquier manera. Bueno, sí se hace de cualquier manera en la práctica, en teoría hay unos patrones a seguir:

— Primero llamas a un coach. Por lo general algún pobre diablo que se cree más listo e interesante de lo que es. Entonces le cuentas tus problemas. Esta persona realiza ‘escucha atenta’, realiza un ‘diagnóstico’ sobre lo que te está pasando —básicamente lo que le de la real gana; pero recordemos que su magna opinión es la Verdad; es el jodido satsang. Esta persona diseña entonces un ‘camino’, con metas que irás cumpliendo en total dependencia del coach, al que debes recurrir en todo momento y pedir consejo en todos los ámbitos de tu vida.

Desaprendizaje: Hay que eliminar ideas preestablecidas y complejos. Todo aquello que no te deja cambiar debe salir volando por la ventana. Y eso incluye tu actitud negativa ante la vida —porque TODO en este vida es maravilloso y debes entender esto muy bien. Por supuesto, también deben salir volando las ‘personas tóxicas’, esas personas realistas que te atan al planeta tierra o que te puedan dar feedback crítico respecto a tu relación de dependencia y adoración hacia el coach. Quién es tóxico y quién no, sobra decirlo, es decisión del Iluminado. Este movimiento de aislar a la persona de sus allegados y seres queridos es una táctica típica de sectas.

Cambio: Un vez dejan de haber moros en la costa y ya está diseñado el plan de acción ‘que más te conviene’, hay que ponerse manos a la obra. En este punto el coaching es bastante tajante: actúa. Actúa, joder, actúa y no pienses; que pensar es de acabados y de personas que no conocen los caminos del tao, del Krishna, del Buda o de Mariana, relaciones públicas de discoteca y coach. Pensar cansa, es contraproducente en el proceso de iluminación y quema valiosa glucosa. Así que calla y come.

Reaprendizaje: Ahora eres alguien nuevo. Ahora sonríes ante las putadas, tus jefes no te tienen que aguantar, ligas mucho gracias a la PNL y a tu nuevo machismo enseñado por algún acosador en potencia, y te sabes el fiel perrito de tu coach. Aprende bien la lección y no vengas a reclamar reembolsos.

Institucionalización: Llámalo ‘táctica sectaria’, llámalo ‘predicación’, llámalo ‘meme tóxico con comportamientos epidemiológicos de tipo vírico’, pero ahora lo que tienes que hacer es anunciar la buena nueva a todo el mundo. Parte imprescindible del proceso es que captes nuevos clientes para tu coach o te conviertas ahora tú mismo en coach. Ya eres sabio, no lo olvides. Sé muy pesado: haz que los testigos de Jehová parezcan simples vendedores de Herbalife.

Ni psicología, ni asesoramiento, ni sabiduría

Cualquiera puede ser coach y darte consejos para lo que sea. Nadie lo regula y basta con poner un anuncio autoproclamándose como tal. Ese es el punto que separa esto del asesoramiento serio. Por ejemplo, uno tiene problemas financieros o un político debe tomar una decisión sobre sanidad siendo abogado de formación. En ese caso se recurre a un experto contrastado que oferta servicios de asesoramiento y te echa un cable. Un asesor financiero es alguien que realmente sabe del tema, o un experto en salud pública en el caso del político, y te asesoran en eso y en nada más. No esperes poder llamar a tu asesor fiscal a las 2 de la mañana para preguntarle cómo montártelo hoy con tu pareja o cómo encarar mañana la asamblea de vecinos de tu edificio. El coaching no es asesoramiento en este sentido. El coaching es guía espiritual y toma el lugar dejado por los curas.

Respecto a la psicología, su relación es bastante parecida a la que tienen con ella los raritos de la terapia filosófica —que aún me mandan de vez en cuando sus muestras de aprecio por email: os mando un nada afectuoso saludo a todos, caraduras. Lo primero que separa al coaching y a la psicología es la falta total de estudios que lo avalen como una técnica efectiva para algo. Para empezar, cada cual hace lo que considera y no existe una técnica propiamente dicha. Hemos de recordar que el código deontológico de la psicologíaestablece de forma taxativa y muy explícita que todas las técnicas que emplee un psicólogo serio, que no son todos, han de venir avaladas por evidencia científica. Y que todo psicólogo o programa de investigación es repetable si y sólo si a su vez respeta esta cláusula ética tan importate.

Por otro lado, un psicólogo se encarga de aplicar estas técnicas contrastadas en relación a un problema determinado. Es decir, si vas por un problema de ansiedad te va a tratar eso y nada más. Aquí no hay gurús ni iluminados: lo que tienes en frente es un profesional sanitario que hace su trabajo de forma profesional y se limita a ello. Tu vida es tu vida y nadie tiene por qué guiarte como si fueras un niño sin capacidad para hacerse responsable de sí mismo. Esta actitud del psicólogo, que no la respetan los psicoanalistas, se debe a un intento por parte del código deontológico por evitar crear dependencia y relaciones duales. A un psicólogo no lo llamas fuera de horas de consulta ni te vas a ir de cervezas con él y, por supuesto, olvídate de relaciones sexuales raras: totalmente prohibidas. La psicología ha tenido muchos problemas en el pasado con las sugestiones iatrogénicas y ahora se evitan a toda costa. El coach, por su parte, abusa continuamente de su posición de poder, extralimitándose, creando dependencia, conflictos de intereses y alargando la relación todo lo que considere.

Os voy a contar una experiencia personal sobre el coaching que creo puede ilustrar de qué va esto. Hace unos 5 años una exnovia me convenció para ir a un curso de dos días financiado con dinero público, de una organización cuasisectaria llamada ‘Desata tu Potencial‘. Me resistí bastante, pero en esa época creo que esa chica me hubiera convencido de unirme a la cienciología con sólo mover un poco el pelo y ponerme ojitos. Cabe decir en su defensa que a ella la convenció su hermana y que durante el freakshowque fue aquello me miraba con cara de ‘siento mucho haberte arrastrado a este infierno’. Desata tu Potencial es una organización montada sobre un montón de chavales jóvenes captados por medios sectarios de promesas de Felicidad y retraoalimentación en la creencia que rendían culto a un estrambótico personaje llamado Juan Planes. Este tipo es un licenciado en márketing, que en realidad tengo entendido es un niñito mimado de familia-bien, ridículamente ególatra, que actúa de gurú en estos encuentros de autosuperación y coachingcoercitivo. Es, básicamente, el dueño de Pollos Planes y en esa época tenía una cadena de arrocerías que quebró porque la comida era más mala que ingerir cianuro.

  • Os recomiendo encarecidamente siempre investigar el pasado del los coaches. Son la gente más friki y turbia que os podáis imaginar, en su mayoría empresariuchos de medio pelo y aspirantes a famoso. Vais a encontrar intentos penosos de carreras musicales, relación con sectas y pseudociencias de la peor calaña y un montón de trapos sucios muy jodidos.

El show consistía en un montaje muy parecido a una misa evangélica altamente sugestiva donde Juan enseñaba meditación trascendental, rudimentos básicos de autoyuda incluso para cosas serias y, cómo no, a manipular a mujeres para que se acuesten contigo —también tenía reservados algunos sabios consejos para satisfacer sexualmente a varias mujeres a la misma vez que me dejaron un poco descolocado. El contenido, además de ser bastante misógino, era un absoluto culto a la personalidad. Juan bailaba como un poseso, pedía aplausos continuamente para sí mismo por haber dejado de ser un obeso mórbido y ligar muchísimo, repartía descuentos para su restaurante y le contaba a la gente los secretos últimos del mundo y de la felicidad. El mensaje era dejar de ser quien eres. Porque sea lo que sea que seas, eres un sucio perdedor. A ver si me entiendes: no eres Juan Planes ni tienes un empresa de hamburguesas de pollo. Juan era más grande que Jesucristo y los Beatles juntos, un gurú de secta aleatorio sin mucho misterio. El momento álgido vino cuando puso el video aquel de Bruce Lee, el de ‘be water my friend‘. Sé agua; adaptate a lo que sea y sé siempre lo que los demás esperan de ti. Todo ello con mucha parafernalia orientalista de supresión del ego. Lo que viene siendo una secta, vamos.

Yo miraba aquello desde una esquina con cara de pocos amigos, pero no sin dejar de sentir cierto respeto por Juan Planes, porque de tonto no tenía un pelo. El tipo era un pobre idiota ignorante que había podido convencer a todo el mundo de que era un sabio, contruir un séquito que incluía un harén considerable —me fijé en que el número de chicas en la organización era arrolladoramente superior— y tenía shows pagados con dinero público —porque se forraron en su momento por Valencia y alrededores— en los que podía sentirse el sexto rolling stone. Tenía más cara que espalda y se aprovechaba de la gente, pero menuda cara tenía. Siempre hay gente súmamente sugestionable que es víctima de aquellos más dominantes y engrandecidos, que ahora se hacen llamar ‘coaches‘, a los que sólo les basta algo de publicidad barata para captarlos —por cierto, me acabo de dar cuenta de que en este video sale uno de los directores de la secta fingiendo ser uno de los asistentes, patético.

Sonríe, gilipollas

Siempre he reservado un sitio especial a Oscar Wilde, uno de mis escritores favoritos. EnEl alma del hombre bajo el socialismo tiene una opinión muy inspirada: “Con frecuencia nos dicen que los pobres agradecen las caridades y beneficios que se les hacen. Pero, si algunos de ellos indudablemente lo hacen, los mejores de entre los pobres no son nunca agradecidos. Antes al contrario, son desagradecidos, descontentadizos, indóciles y hasta rebeldes. Y hay que reconocer que, después de todo, están en su perfecto derecho. Comprenden que la caridad es una forma absurdamente inadecuada de restitución parcial o un donativo sentimental, casi siempre acompañado de una tentativa impertinente de tiranizar su vida privada…. En lo que se refiere a su decontento, un hombre que no estuviese a disgusto en tal ambiente y con una vida semejante sería un perfecto estúpido. La desobediencia, a los ojos de todo el que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre.”

Estar descontento no es intrínsecamente malo. Ser rebelde, ser uno mismo y vivir tu vida con tus propias reglas, no es algo que esté mal. Y si tu jefe es un sátrapa, tu pareja se aprovecha de tu bondad y no te comprenden los que te rodean, cabe la perfecta posibilidad de que estés rodeado de idiotas que no estén a tu nivel. Ser sumiso y dócil es algo que sólo conviene a los que te van a explotar, empezando por el reverendo subnormal de tu coach. Algo curioso de esto del coaching es que muchos de ellos lo hacen gratis. Por el mero afán de controlar la vida de los demás y alimentarse el ego. Y esto lo digo de una forma totalmente subjetiva y desde mi propia experiencia: normalmente hay un alto contenido sexual en todo esto. El coaching está casi enteramente dominado por hombres testosterónicos con afán de dominar. Cada vez que he conocido un caso, sea el servicio que sea, el coach acaba metiéndose en los asuntos de cama de sus sumisos/as. Y, de esto también he tenido bastante noticia, muchas veces también se acaban metiendo en sus bragas.

Si tienes algún problema acude a un profesional, que en los casos que suele tratar elcoaching será normalmente un psicólogo. Es posible que acudas al psicólogo y que este te mande a casa y te diga que no tienes nada. Eso es porque no tienes nada. Porque no necesitas de ninguna intervención. En ese caso déjate de darle vueltas al asunto. Si tienes ganas de que te dominen, cómprate 50 Sombras de Grey. Y si lo quieres materializar, acude a un club de estas cosas y déjate de tonterías de coaching. Porque aquí sólo te vas a dejar el dinero y, en el mejor de los casos, te van a dejar a medias.

lavenganzadehipatia.wordpress.com

Angelo Fasce

Tomado de: http://www.elciudadano.cl/2016/05/03/282655/el-coaching-como-pseudociencia-de-dominacion-sectarismo-y-ego/

Medicalización de la diferencia, el manejo del poder

“La pregunta es: ¿el niño tiene que ser como un adulto que se queda sentado ocho horas trabajando? ¿O el niño tiene que ser espontáneo, ruidoso, creativo, juguetón, molesto, impertinente? Un niño que ‘molesta’ al adulto en general es un niño saludable. Por otra parte, se lo normaliza, se lo vigila, se lo castiga dándole medicación, pero sin embargo este niño no aprende más que antes en la escuela. El niño solo deja de molestar.” Preguntas y respuestas como éstas desarrolla la autora en el libro que en estos días la editorial Paidós distribuye en librerías.


 Por Marisa Punta Rodulfo

Uno de los grandes temas que vengo puntualizando desde hace tiempo es lo que he denominado la medicalización de la infancia. No obstante, la medicalización de la vida cotidiana es algo que rebasa la clínica con niños y que se ha instalado como nuevo poder.
Existen diversos poderes que funcionan en la estructura de la sociedad; no es que “muerto el perro, se acabó la rabia”, según el dicho popular, o que una vez decapitado el Rey en la Revolución Francesa se acabó el poder de la monarquía. Robert Castel, en un estudio fundamental como es El orden psiquiátrico, al denunciar el papel que la psiquiatría viene a ocupar posteriormente –ser un nuevo orden que regula las estructuras de poder– dice:
“La intromisión del orden psiquiátrico en las prácticas sociales relativas a la locura aparece en el siglo XVIII y su objeto serán aquellos sujetos que no puedan adaptarse a la sociedad normal.” Desde entonces todo debe racionalizarse; generar discursos legitimadores (Castel, 1980).(1)
Más allá de las mejores intenciones y de los métodos científicos más rigurosos, el objetivo final es remodelar, racionalizar, rentabilizar económicamente, aumentar la eficacia y la moralidad. Encontramos algo predictivo en este texto de Castel de 1980, en relación a la psiquiatrización imperante en el momento actual. El orden psiquiátrico, además, no es solo cosa de psiquiatras, sino que nos afecta a todos aquellos que estamos trabajando en el campo de la salud mental y de la educación, a todos aquellos que no respetan la diferencia, a todos aquellos que no consideran la singularidad. El ser distinto es inmediatamente cualificado como signo de enfermedad; lo estamos patologizando, es sospechoso de enfermedad. Y todo esto sin que haya una interrogación previa por el papel de la familia, de la escuela, y del nuestro en tanto profesionales de la salud. De alguna manera reproducimos así la enfermedad, y eso se llama iatrogenia.
Lo que denomino medicalización o psicopatologización (Punta Rodulfo, 2002 y 2006b) son entonces, en nuestro caso específico, todas aquellas prácticas ligadas a la salud mental de los niños ejercidas por quienes, no respetando la diferencia, separan la diversidad, patologizándola: sea la familia, la escuela, los psicopedagogos, pediatras, psicólogos, neurólogos, biólogos, psiquiatras, etc.
Tomemos por ejemplo el caso del ADD/ADHD, el cual me preocupa y desvela, en razón de lo cual he producido tanto textos como documentos, dado que uno debe posicionarse cuando tiene una responsabilidad y una ética comprometida en la defensa de los Derechos de los Niños. Esta es una de las formas bien actuales y es un caso testigo de lo que Robert Castel denominara el orden psiquiátrico, del cual se han ocupado bastante los medios (no siempre con el fin de denunciar). Cuando un niño molesta en la escuela inmediatamente es clasificado y rotulado bajo esta nueva forma: el ADD. Entonces, el niño que supuestamente posee este síndrome, al cual se le adjudica un origen de características puramente biológicas (transcribo lo que es el discurso imperante), deberá ser separado (separado, vigilado y castigado, como dice Foucault) de acuerdo a distintas medidas profilácticas. La primera de ellas es la consulta inminente y sin mediación alguna, generalmente por pedido de la escuela, con el psiquiatra o con el neurólogo, quien habitualmente prescribe una medicación. Cabe aclarar que habitualmente se dan medicaciones no probadas en niños y en algunos casos sí probadas pero con efectos muy nocivos. La medicación que se indica generalmente es la Ritalina o Ritalin. No hay nada “mejor” que dar Ritalina a un niño para que este permanezca quieto. Es decir que se lo normaliza, porque un niño no es “quieto” por naturaleza, sino que es, por su ser niño, movedizo. Ahora bien, la pregunta es: ¿el niño tiene que ser como un adulto que se queda sentado ocho horas trabajando? ¿O el niño tiene que ser espontáneo, ruidoso, creativo, juguetón, molesto, impertinente? Un niño que “molesta” al adulto en general es un niño saludable. Por otra parte, se lo normaliza, se lo vigila, se lo castiga dándole medicación, pero sin embargo este niño no aprende más que antes en la escuela. El niño solo deja de molestar, y con ello se establece el “orden”, la “normalidad”. Nuevamente, al vigilar y castigar, el niño se incorpora, adaptándose a ese nuevo proceso, a los patrones que le marcan la cultura de su tiempo.
No olvidemos que la industria farmacéutica es casi tan importante como la de armas, por eso es necesario, a los efectos del mercado, que haya guerra y que haya enfermos. Lo que se propone cada vez más es extender el campo de la enfermedad al campo de la salud. Y es esto lo que denuncia Castel en El orden psiquiátrico. Cuando uno va a una escuela y de treinta y cinco niños veintiocho son sospechosos de ADD y quince ya están medicados, lo que pregunto es qué estamos haciendo con nuestros niños. Estamos vendiendo en salud, cada vez con más frecuencia, lo cual debe hacernos cuestionar en forma permanente nuestro quehacer, siendo que no se trata solamente de un problema de los psiquiatras y de los grandes laboratorios que han ido avanzando, sino que también compromete a nuestra práctica. ¿Qué quiere decir vender en salud? Rápidamente transformar –en este caso– a los niños en enfermos. Un niño que molesta es inmediatamente profesionalizado, como prefiero decir, ya que resulta más abarcativo que lo que marca Castel como psiquiatrizado, evitando así el pensamiento de que los únicos “malos” o los únicos que obran de esta manera son del campo psiquiátrico.
Cuántas veces por falta de formación –no hablemos por picardía o por conveniencia económica–, no pudiendo hacer un diagnóstico diferencial, algunos colegas pueden llegar a colaborar o a estar de acuerdo con la institución escolar, con la institución familiar, tomando en tratamiento a un niño que no lo necesita, sino que simplemente se encuentra atravesando situaciones vitales o haciendo síntoma de algo que pasa en la institución familiar o en la institución escolar.
Para tener una visión bien realista del tema he de puntualizar algunos materiales clínicos.
Llegó a la consulta Francisco, de 7 años, que desde los tres estaba siendo medicado con Ritalina porque “supuestamente” tenía ADD. Durante todo ese tiempo había ido al fonoaudiólogo, al psicopedagogo, al psicólogo cognitivo, al neurólogo, etc. Cuando lo conocí le dije: “Francisco, vos debés pensar: ‘Otra doctora más. ¿Qué me va a decir ahora?’. ¡Yo en tu lugar estaría harta! ¡Revolearía a todos los doctores y a todas las pastillas! Pero bueno, hoy estás acá y vamos a ver cómo te puedo ayudar”. Después de haber tenido varias reuniones con el niño y de tomarme el trabajo de investigar minuciosamente sus potencialidades intelectuales, su nivel de atención, concentración, etc., luego de ese período diagnóstico, consideré que si bien había que ayudar a Francisco, ya que presentaba una patología caracterizada por trastornos narcisistas (Rodulfo, 1995a), ese no era el momento de empezar una nueva psicoterapia. ¿Cuál fue la forma en que pensé que podía ayudar a Francisco en ese primer momento? Desmedicalizándolo. Así fue que me reuní con los padres y les dije:
“A Francisco le pasan cosas, pero en realidad no podemos saber quién es él ahora con sus 7 años. Está medicado, con psicoterapia, con fonoaudiólogo, con maestro particular, con su mamá controlándole los deberes todo el día, en una escuela ocho horas, con un papá que se pelea con mamá porque le dice que le está encima, con una mamá que le critica a papá que no se ocupa de Francisco.”
¡La situación era un caos! Lo que propuse entonces a la familia fue ir retirando, de forma cuidada, todos los tratamientos, dejarlo a Francisco tranquilo y esperar seis meses. Recién después de transcurrido ese tiempo, volver a verlo, justamente para poder, por primera vez, precisar qué niño tenía frente a mí, con qué niño me encontraba yo luego de haber retirado “el aparato médico/psicológico/psicopedagógico/escolar”.
Otro niño que llegó a la consulta para la misma época fue Matías, de 12 años. Estaba con psicopedagogo y psicomotricista por presentar problemas en la escolaridad: no podía aprender los contenidos esperados, tampoco prestaba atención, ni respondía, ni podía realizar pruebas. Estaba terminando su escuela primaria, con inminente paso a la escuela secundaria. Sus padres no sabían qué hacer con él. Lo recibí en la primera entrevista, después de un recorrido larguísimo por otros profesionales; al igual que Francisco, en ese momento sin intervención medicamentosa. El niño padecía una obesidad incipiente, se presentaba con su espalda encorvada, poco comunicativo. Después de un momento inicial poco productivo pudimos empezar juntos a realizar “juegos de palabras”. Matías se mostraba muy interesado tanto por el cine como por la literatura, al igual que yo.
Realizando un pequeño paréntesis introduzco una cuestión que considero importante y es que, tal como pensaba Freud, el psicoanalista es mucho más que un técnico; tiene que ser alguien profundamente comprometido con la cultura de su tiempo, ya que todo eso lo impregna de una manera muy particular. Si un púber de 12 años nos viene a hablar de sus intereses y nosotros no sabemos cuál es la música que escuchan los púberes o los adolescentes, no podemos acercarnos a él. Y si nos ponemos en contacto con estas cuestiones a posteriori, porque no tenemos la obligación de conocer todo, está el placer por que nos hagan descubrir otros horizontes, conocer otras cosas.
Volviendo a Matías, la forma de conectarme con él fue entonces a través de la literatura y del cine. Allí ese niño cambiaba: dejaba de ser ese “púber” con sus ojitos chiquitos, dejaba de moverse torpemente. Posteriormente le dije: “Matías, vos no parecés el que me cuentan que sos en la escuela. Decime una cosa, si yo te pongo un problema, como te ponen en la escuela, ¿vos lo podés resolver?”. Le solicité entonces que hiciera un dibujo y que narrara algo en torno al mismo, pero Matías no lo pudo hacer. Se quedó frente al papel mucho tiempo, todo lo que él pudo tolerar, sin poder lograrlo. Había un punto en que su conocimiento quedaba interceptado y dicho punto estaba relacionado con el proceso de conocimiento ligado al aprendizaje escolar. Fue así que le dije: “Matías, hay algo que vos no podés entender, hay algo que vos no podés aprender y que en vos hace mucho ruido y no te deja pensar”. Para no vinculárselo de una manera inaprensible para él en ese momento, esperé una o dos entrevistas más y le dije: “Contame un poco de tu familia”. Me empezó a contar de su mamá, de su papá. “Sé que tu papá tenía un hermano”, le dije, y me respondió: “Ah, sí, mi tío. Me puso muy triste eso, porque mi tío se mató hace unos años”. Le pregunté entonces: “¿Y cómo fue? ¿Qué sabés de eso? ¿Qué te contaron?”. Matías me dijo: “Mi tío coleccionaba armas, especialmente armas de fuego, y probando un arma que estaba cargada y él no sabía se le escapó un tiro y se mató”. A ello agregué: “Si querés, podés seguir preguntando a tus papás sobre esto”. No me correspondía a mí, no siendo ni su madre ni su padre, comunicarle algo de la historia familiar que había surgido de las entrevistas con los padres y que constituía un secreto familiar que, como tal, debía ser trabajado por el conjunto de la familia, con ayuda profesional en caso de ser necesario. Este tío paterno que Matías conocía era un tío que vivía en condiciones precarias y que jamás hubiera podido tener una colección de armas. Entonces, lo que se le negaba al niño era su propia percepción; se desdecía algo que él estaba viendo, y precisamente venimos sosteniendo en psicoanálisis que uno de los peores problemas para tramitar a nivel psíquico es la negación de una percepción; que se le diga a alguien: “No, eso que estás viendo no es de esa manera”. Entonces, rellenar los agujeros en la historia era el trabajo que uno tenía que hacer, tanto con Matías como con los padres. Se trataba de un trabajo de neoescritura, un trabajo de escritura de la subjetividad totalmente distinto al de levantar lo reprimido, por lo cual inferí que allí debía privilegiarse el trabajo con los padres. En razón de ello les dije: “Dejemos tranquilo en este momento a Matías y empecemos a trabajar con ustedes”, para, a partir de allí, poder pensar qué le obstaculizaba el conocimiento a Matías, el conocimiento de una verdad que hacía síntoma en el aprendizaje.
Ocupémonos ahora de Anthony Soprano (2) “sospechoso de ADD”. Los psicólogos escolares que lo ven y que hacen el diagnóstico solo encuentran cinco de los seis indicadores del supuesto síndrome de ADD. Por eso creo que esto es un “gag” del director de la serie, al cual le estoy agradecida por haberlo incluido, como también ocurrió en la serie Los Simpson, justamente en una forma muy polémica. Recordemos que en el DSM IV se diagnostica ADD cuando seis características se mantienen por lo menos durante seis meses. Esto ya es un serio disparate a la hora de hacer un diagnóstico. Pero lo que señala el director de Los Soprano avanza aún más: la parodia consiste en la sospecha de que Anthony Jr. tenía ADD, sospecha que se derivaba de sus manifestaciones de desobediencia escolar y malos tratos –golpeaba a sus compañeros y quería dominarlos–, mientras que, en realidad, nadie se podía plantear en esa escuela cuál era el entorno, qué es lo que estaba viviendo y viendo el joven en el contexto familiar, formando parte de una familia mafiosa.
Los anteriores materiales me llevan a plantear cuál es la postura que tenemos nosotros en tanto profesionales comprometidos en el campo de la salud en relación al niño que tenemos frente a nosotros. Lo que a mí me parece importante es poder desentrañar qué hay debajo de nuestra alfombra, en el inconsciente de nuestra teorización –en mi caso particular, el psicoanálisis–, qué es lo que sostenemos nosotros desde nuestra teoría en tanto ética y cómo la cuestionamos, porque, de no hacerlo, estaríamos en una situación muy grave, repercutiendo en la postura que tengamos frente al niño. En ese caso, no podemos ver al niño que tenemos frente a nosotros porque la teoría no nos lo permite. Entonces, si partimos de un niño enfermo, como lo postulara Melanie Klein en su momento, vamos a tratar de convalidar que todos los niños están enfermos, no pudiendo pensar que en verdad es la teoría la que está funcionando mal.
Cuando empecé a trabajar con clases sociales por debajo de la línea de pobreza introduje, en algunas situaciones diagnósticas, el Test de Bender. Los resultados no siempre coincidían con la clínica. Pero ¿quién es el que me interrogaba entonces? El niño que tenía frente a mí, dado que ni las entrevistas mantenidas con él ni las mantenidas con su familia permitían detectar indicadores de organicidad. Pero según los análisis establecidos para el Test de Bender se certificaban indicadores de organicidad.
En aquel momento escribí un primer trabajo (Punta Rodulfo, 1974) cuestionando estos aspectos en la implementación del Test de Bender. Lo que me planteo desde entonces es si el niño que se presenta frente a mí es poco estimulado y saludable o está afectado por procesos psicopatológicos con o sin organicidad. El dispositivo que armamos en esas villas de emergencia fue el de grupos de arte donde los niños de alrededor de 4 y 5 años pudieran trabajar con distintos materiales a través de todo un año, antes de su ingreso a la escuela primaria. El trabajar de esa manera con los niños, aunque la propuesta no siguiera el formato de grupos psicoterapéuticos, constituyó, por añadidura, un verdadero proceso terapéutico. Digo que hacemos terapia aunque no hagamos psicoterapia cuando tratamos de pensar al niño sano para que pueda, de esa manera, acompañándolo desde la salud, desplegar todas sus potencialidades. Posteriormente se hizo un seguimiento longitudinal con el grupo de trabajadores sociales y demás profesionales y nos encontramos con que luego de dos años había disminuido en forma significativa en dicho grupo el fracaso escolar.
Esa fue, sin saberlo, la primera pelea que tuve con la teoría, lo cual ha sido, hasta el día de hoy, una constante en mi carrera. Considero que en la vida uno debe seguir sus propias convicciones. Esto es lo que nos mantiene vivos. Es decir, debemos denunciar cuáles son las lógicas contenidas en las teorías, las lógicas que mueven a este determinado tipo de operaciones; cuál es el inconsciente de la teoría, no solamente de la de psiquiatría, de la neuropediatría, de la educación, de la familia, sino cuál es el inconsciente de la teoría psicoanalítica. Si pienso que la verdad absoluta está en el Test de Bender y no escucho a la mamá o no puedo ver al niño que tengo enfrente, es mejor que me vaya a mi casa porque no me estoy cuestionando nada. Entonces, está bien que cuestionemos el Bender, está bien que cuestionemos el DSM V. Este manual ya no es usado solamente por los psiquiatras, sino que nos obligan a usarlo a nosotros, psicólogos y psicoanalistas, en las instituciones en donde trabajamos. Es por ello fundamental que uno pueda interrogarse qué es lo que está haciendo y darse cuenta de que un diagnóstico no es una clasificación, sino algo que podemos cuestionar. Insisto: no solamente se trata de cuestionar a los otros colegas de Salud Mental, sino también a nosotros mismos. Los seres humanos somos muy sometidos; nos sometemos en general al poder del otro. Y el poder clasificatorio es un poder muy importante. No nos olvidemos, el “vigilar y castigar” no se reduce a los “otros”, sino que nosotros también somos vigilados y controlados desde las instituciones hegemónicas representantes del “poder central”. Existen, en todos los países, nuevas instituciones que manipulan la fuerza de trabajo de los jóvenes profesionales, y resistirse a esa forma de trabajo, en muchos casos, implica no tener trabajo. Es una forma de explotación y condicionamiento del trabajo, y no solamente del de los médicos, de los psiquiatras, de los neurólogos: el psicoanálisis allí tiene toda una batalla que debe llevar adelante, permanentemente. No estamos exentos de caer en la clasificación, la rotulación. Sin embargo, desde mi punto de vista, no debemos renunciar a trabajar bien y podemos hacerlo desde el psicoanálisis, aunque cada vez más la sociedad avanza hacia lo rápido, hacia lo supuestamente efectivo. En psicoterapia también puede efectivizarse un modelo “fast-food”, resultando en una “fast-psico”.
1. El destacado me pertenece.

2. Referencia a la serie televisiva Los Soprano.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-296407-2016-04-10.html

Los payasos de Clownrisas dispuestos a sanar con alegría terapéutica

Por Ramón Ruiz Ruiz

Payasos unidos contra la tristeza colectiva. Esta es la propuesta que han lanzado hoy al mundo los integrantes de Clownrisas, una nueva asociación que, desde la perspectiva del clown social y terapéutico, quiere convertir la sonrisa en una aliada para luchar contra la enfermedad, la soledad, la discriminación… y todos aquellos enemigos de nuestra sonrisa interior.

Y claro, para presentar un proyecto tan amable y besucón, estos payasos terapeutas han elegido el Día Internacional del Beso para lanzar al mundo este proyecto que parece en síun beso en los morros de la apatía y la tristeza.

“Nos hemos dado cuenta de que en esta ciudad hacen falta sonrisas, por eso hemos hecho un mapa para conquistar la ciudad y llenarla de sonrisas“, explicaba laDoctora María Brisa (Pilar Hernández), durante la presentación.

Junto a ella, el doctor Txikolini (Javier Jiménez), el doctor Analgésico (Anibal Fernández) y el doctor Tartar (Bernardo Briones) también han estado presentes en esta puesta de largo de la asociación, en la que ha faltado el quinto payaso de la banda, eldoctor Davidtoteles (David Isasi). Todos ellos procedentes de diferentes disciplinas que van desde el teatro, el circo hasta el clown de calle que suman ahora sus talentos para hacer “un trabajo de intervención y acompañamiento terapéutico para sacar risas a todo el mundo y propiciar una ciudad mejor”, explicaba la doctora María Brisa.

Aunque ya han comenzado a realizar su trabajo desde hace unas semanas, estos payasos continúan con la parte formativa para trabajar en entornos delicados como puede ser un hospital. En concreto, como han explicado durante la intervención, este fin de semanarealizarán un curso en Daimiel con Sergio Claramunt, uno de los mayores especialistas de payasos de hospital en España.

En el “mapa de sonrisas” que han elaborado con los puntos claves para llevar a cabo su misión, el Hospital de Ciudad Real será uno de los lugares centrales. En concreto, han adelantado que, a partir de mayo, van a acompañar a los niños durante las intervenciones quirúrgicas.

Pero además del hospital y los centros sanitarios, Clownrisas también llevará su alegría porotros espacios como centros de personas mayores, residencias o centros de personas con “super capacidades”.

 

Fuente: http://elcrisoldeciudadreal.es/2016/04/13/111287/clownrisas/

En las puertas del análisis: cuando la demanda toma forma

Escrito por Silvia Tomas, Psicoanalista

 

En el Seminario XII de Lacan, titulado “Problemas cruciales del psicoanálisis ” y dictado en la Ecole Normal Superior tras haber recibido la excomunión de la Asociación Psicoanalítica Internacional (a partir de la cual dictó en primer lugar el Seminario de los conceptos fundamentales del psicoanálisis), encontramos una referencia respecto al síntoma que considero constituye una orientación para la práctica del psicoanálisis.

 

 

En dicho Seminario Lacan nos dice que hay en el síntoma una indicación del saber a la que el propio síntoma alude. Es decir, hay en el síntoma una referencia al saber.
Ahora bien, el hecho de que el analista esté advertido de esto, permite que se ubique en una posición que se diferencia de la de un psicólogo o un psiquiatra.

Para un analista, un síntoma es algo que no se desprecia ni se quiere barrer. Por el contrario, es algo que interesa al análisis y alanalista, porque, en tanto significante, representa al sujeto. Un síntoma, un chiste, un lapsus, pueden ser la punta de un iceberg que muestra apenas una parte de la estructura, así como lo hace la hoja respecto del árbol al mostrar tan sólo una parte de una estructura mayor. Se trata de un significante que se presenta a veces desde la primera entrevista, significante que por su insistencia repetitiva muestra un goce al que el sujeto está adherido.
En cuanto a la noción de significante -que sabemos que Lacan ha tomado de la lingüística-, no se trata única ni necesariamente de palabras, sino que pueden ser significantes determinadas formas de manejarse en la vida, maneras de comportarse que se repiten, que insisten y que cobran así valor significante. Alguien que, por ejemplo, se va de los distintos lugares por donde transita porque siente miedo de enfrentarse a ciertas situaciones. Se va de los trabajos cuando se encuentra con una nueva instancia que le propone algo diferente a lo que hacía y eso lo atemoriza; se va de las amistades porque teme decir cosas que enojen a sus amigos, sin embargo, no tolera tampoco dejar pasar lo que le molesta de ellos; renuncia a continuar con sus nuevos estudios sobre algo que le entusiasma e interesa muchísimo por miedo a rendir sus exámenes, y esto mismo le ocurre con las relaciones familiares y en su pareja, donde teme decir lo que piensa. Se trata de un modo de comportarse que resulta repetitivo, una modalidad insistente que constituye algo particular en relación a la posición de ese sujeto. Tiene un valor significante que hace que por su insistencia -tal vez no advertida por el sujeto- pueda ser leída por el analista y se empiece a constituir así lo que llamamos un síntoma analítico.Sin embargo, antes de la lectura analítica, no lo era; no era un síntoma analítico. ¿Por qué? Porque tal vez era atribuido a la herencia, a una modalidad familiar. Muchas veces se escucha a la persona decir: “sí, soy igual a mi mamá, es de familia, por el lado de ella todos tenemos esas reacciones en el ADN”.
En esos casos el sujeto de ninguna manera cree que esto tenga algo que ver con él en su subjetividad sino que se trata de algo que le viene dado, transmitido generacionalmente, por ejemplo, heredado por naturaleza. Será necesario un segundo tiempo en el que el sujeto advierta algo nuevo para él: que eso que le pasa tiene algo que ver con su goce, tiene que ver con él como sujeto de deseo, que eso le concierne. Hay en ese momento una modulación en donde se produce una implicación del sujeto respecto de su sufrimiento. Se trata del momento en que surge la angustia y se produce una cierta vacilación en el fantasma.
Además de este instante de conmoción en que vacila la posición del ser del sujeto, será necesario que, habiendo advertido lo sintomático, el sujeto quiera deshacerse de ello. Es esta cuestión la que nos introduce en el síntoma analítico.

 

 

 

Ahora bien, si la intervención del analista ha operado, leyendo e inscribiendo a partir de esa lectura una letra que implique que se ha tocado algo de lo repetitivo del goce, algo de lo real, el analistacon su interpretación hizo una marca que llegó a conmover la posición del sujeto.
Sabemos que hubo allí un acto, efectivamente, el acto analítico es del analista.
No se trata de que un acto sea motriz, sino que el mismo tiene valor significante. Con su palabra, la intervención del analista toca lo real. La palabra es entonces el bisturí que efectúa el corte y habilita así una nueva línea de pensamiento.
Nos encontramos entonces allí con que en el análisis el acto es delanalista y que es el acto analítico el que abre a la posibilidad del pensar del sujeto. Se pone en marcha así un pensamiento que no es el de la rumia obsesiva sino que se trata del pensar del inconsciente. Será a partir de allí que pueden producirse sueños, fallidos, lapsus; que se pone en funcionamiento la hiancia del inconsciente. Hiancia que fue tocada por la intervención que constituyó el acto del analista, acto que da paso al hacer del analizante. El acto es del analista, el hacer es del analizante.

 

Es en este segundo tiempo -en el que el consultante que pedía curación de su padecer se implica y comienza a pensar que algo de ese síntoma puede tener que ver con su subjetividad- que se produce un nuevo desarrollo de verdad y comienza el trabajo elaborativo. Por ejemplo, cuando quien consulta cae en la cuenta de que más allá de lo que pensaba como un cliché de la “norma familiar”, su manera de irse de los lugares pateando puertas lo lastima y lo deja fuera de juego. Pueden abrirse por ejemplo situaciones donde relata cómo cuando se enojó, se puso intolerante, y cómo esta modalidad se repite una y otra vez.

 

La indicación en el síntoma del saber que él mismo encierra, moviliza, produce el enlace transferencial en tanto el significante que insiste en forma de síntoma busca hacerse escuchar, hacerse reconocer por el que escucha. Es allí, cuando se ubica en busca de Otro para que reciba ese saber, suponiéndolo a la vez sede de ese saber, que el síntoma cobra estatuto analítico.

 

Hasta ahora tenemos entonces que el significante del síntoma representa al sujeto para Otro significante en que se ha transformado el analista como sujeto supuesto al saber.
Así es como el síntoma se modifica y pasa a ser un síntoma para el analista, aliviando el cuerpo del sujeto. Muchas veces los pacientes llegan a sesión diciendo: “anoche soñé lo siguiente”. Es decir, la noche previa a la sesión. Es en este sentido que pensamos que el analista forma parte de la estructura del síntoma. Para que esto suceda y pueda darse un movimiento en la relación del sujeto con su síntoma, constituyéndose una verdadera demanda de análisis, algo debe haber operado en las entrevistas preliminares. Esta verdadera demanda de análisis no se trata del decir “quiero analizarme”, en tanto no es el enunciado lo que está en juego sino la enunciación que está implicada en el síntoma. El síntoma -con su fuerza pulsional- coacciona, empuja. Allí reside la verdadera demanda de análisis, demanda que puede constituirse o no durante las entrevistas preliminares ya que no todos quieren desembarazarse del síntoma. Si bien ocasiona molestias, pues también otorga un costado de placer del que muchas veces el sujeto no quiere desprenderse. Es el lugar del “soy así”. Como dice Lacan, es el lugar donde el ser engreído toma su lugar. Y sabemos que además del sufrimiento, el síntoma conlleva un modo de gozar.

 

Recuerdo una consultante joven e inteligente que venía a plantear cuánto la usaban en su familia -sus padres, su novio, sus amigos- ya que ella gentilmente se ocupaba de todo y de todos pero sin recibir nunca la retribución esperada.
Estuvo un tiempo en entrevistas preliminares, pero su ser allí tenía más fuerza -al menos en ese momento- que su deseo de saber.
Sí, como dice Lacan, la resistencia es del analista. Pero también hay veces en que no está la decisión del sujeto, podríamos decir, de embarcarse en el trabajo de un análisis, y en que no es el tiempo para ese sujeto.

 

¿Cuándo se articula el síntoma con una demanda de análisis? En el momento en que se conecta con el saber, en la medida en que es interpretado, en la medida en que se revela su conexión con un S1, con un significante que representa al sujeto para otro significante. Queda así al descubierto que detrás del enunciado hay otra cosa, está la enunciación. Que más allá del uso habitual de la demanda, hay otro uso, uno que es inconsciente.

 

Una demanda, por lo general, admite otro uso. Este doble uso de la demanda es algo que Lacan ha trabajado desde sus primeros tiempos. Por ejemplo, en el esquema Lambda, donde se pueden diferenciar dos niveles de discurso que más adelante serán formulados en el grafo del deseo en la obra de Lacan. Veamos aquí el Lambda, aclarando al pasar la importancia que tiene toda la obra de Lacan, sin acordar con que un “último Lacan” desestima sus primeros desarrollos. Por el contrario, considero que, en todo caso, estos desarrollos se van reformulando a lo largo de su obra.

 

 

 

Proponemos pensar un nivel del enunciado entre los vértices de a y a´, y luego la posibilidad de efectuar la torsión desde el A al sujeto, atravesando el muro del lenguaje. El consultante tiene el derecho de pretender entablar una charla con el analista y es éste el que tiene como labor ejercer la torsión para atravesar el muro y acceder a la “palabra plena” en la dirección de la cura.

 

Por otro lado, como decíamos, Lacan trabajará de algún modo en “La dirección de la cura y los principios de su poder” lo que luego serán los dos pisos de la demanda, esclareciendo así la distinción entre sugestión y transferencia, clivaje entre psicoterapia y psicoanálisis. Considero que no es casual que su estilo de escritura implique un rodeo, rodeo como el que se pone en juego a la hora de escuchar la demanda de un analizante y que implica ciertas dificultades que acepta el lector a fin de encontrar, tras el imbricado recorrido, una cuestión que resulta nodal para el sostenimiento y avance del psicoanálisis.

 

 

 

 

Una analista que viajó a los Estados Unidos por razones familiares y permaneció allí algunos meses viviendo, me contaba que intentaba continuar con su formación ya iniciada con gran entusiasmo en Buenos Aires. Pero esta analista contaba que le fue muy difícil encontrar un lugar donde abordar a Lacan, y que el precepto de “time is money” era muy repetido en las clases o seminarios a los que asistía. Con lo cual, ella concluía: “¡claro! ¿Cómo van a ver a Lacan? Con el tiempo que lleva su desciframiento”. Tiempo que es también el tiempo del sujeto, que, como ustedes saben, es lógico y no sólo cronológico.
Ahora bien, suponemos que la intención de Lacan en su escritura, la de pasar un pedazo de real para que no se aplasten las dos líneas de la demanda, es porque entre las dos se aloja el deseo. Entre la demanda de la satisfacción de la necesidad y la otra, la que va más allá de la necesidad, hay un hiato. Vemos que ambas se expresan en niveles diferentes. La demanda de amor, de reconocimiento, va más allá de lo que se da en términos concretos. Puede pensarse por ejemplo en la clínica que tiene su arraigo en las cuestiones de alimentación. Lo que se pide o lo que se rechaza tiene más que ver con el Otro que con la comida en sí.
En el grafo del deseo, ese deseo está sostenido por el fantasma. El fantasma sostiene al deseo e impide que ambas líneas se aplasten.

 

 

Vean si no lo ocurrido a la famosa bella carnicera, con un marido tan dador, podríamos decir, en términos de satisfacción, en términos de goce, y ella queriendo preservar su deseo, lo sostiene en ese sueño tan emblemático trabajado por Freud y luego por Lacan. Los sueños son una prueba de que en la fantasía se aloja el deseo y de que el deseo no es el goce. El enunciado del sueño dice así: “Quiero dar una comida, pero no dispongo sino de un poco de salmón ahumado. Pienso en salir para comprar lo necesario, pero recuerdo que es domingo y que las tiendas están cerradas. Intento luego telefonear a algunos proveedores, y resulta que el teléfono no funciona. De este modo, tengo que renunciar al deseo de dar una comida”[1] “¿Cómo puede ser -pregunta ella- que se trate de un deseo cumplido?” Freud le responde que sólo un análisis podría dar con el sentido del sueño, aunque, efectivamente, concede que pareciera que sus dudas son del todo razonables. A continuación, la interroga sobre los sucesos del día anterior recordándole que éstos suelen ser el material que el sueño toma en primera instancia para forjarse. De esta manera, ella va proveyendo la siguiente información -articulación significante- que encierra la clave de un goce. Su marido carnicero declaró querer adelgazar. Días antes, un pintor había halagado la cabeza de este hombre y manifestó querer pintarla, a lo cual él respondió que sería mejor buscar el atractivo trasero de alguna dama para retratar.

Por otro lado, su amiga, que había estado conversando animadamente con su marido en ocasión de una reunión anterior, le solicitó a la belle buchere que diera una cena ya que en su casa se “comía muy bien”. Pensemos en la resonancia de este comer bien en la casa de la bella y el carnicero. A nuestra bella le gustaba el caviar, pero había solicitado al marido que no se lo diera ¿No era a caso por querer mantener un deseo insatisfecho?Encontramos también en el sueño la sustitución de caviar por salmón ahumado, y se trata justamente de la pieza preferida de su amiga. Este sueño muestra así el trabajo del significante en la retórica, juego de metáfora y metonimia, retruécano por el cual entendemos el aforismo de Lacan: “El inconsciente está estructurado como un lenguaje.”

 

[1] Freud, S., (1900) “La interpretación de los sueños (primera parte)” en O.C., Tomo IV, Amorrortu ed., Bs. As. 2010.

Tomado de http://www.letrasopacas.org/2016/02/en-las-puertas-del-analisis-cuando-la.html

El cuerpo que habla

Por Laura Montero de Espinosa

Durante los cuatro últimos años he estado trabajando con alumnos de la licenciatura y maestría en fisioterapia, diplomados en actualización médica y estomatólogos. Uno podría preguntarse cómo se inserta el psicoanálisis en estas áreas, es algo que también me pregunté cuando me invitaron a estas colaboraciones. En primer lugar llegué dispuesta a escuchar las complicaciones de estos especialistas con los pacientes puesto que el profesional proponía un protocolo de ejercicios, tratamiento, cambio de hábitos y costumbres en vano… Pues este último no respondía a tales demandas. Por lo que lo segundo que me pregunté es: ¿cómo es que la demanda del paciente se convierte en solicitud del especialista?

En ese momento me dispuse a trabajar con ellos la escucha del discurso del paciente más allá del síntoma. A ver por qué el paciente no sigue las indicaciones del especialista a sabiendas que ello traería mejora y evitaría dolor. Y es que el cuerpo habla, grita y goza.

Empezaron a surgir los primeros brotes del trabajo, las primeras manifestaciones de la escucha a profundidad como: “mi paciente sufre de la rodilla, dice que está hincada” , o bien “es que esta paciente tiene una enfermedad donde sus defensas la atacan”, o “estuvo postrado en cama durante meses sin haber algo físico, decía que si se levantaba nada lo sostenía y temía caerse”. Estos son algunos ejemplos recientes de este ejercicio donde a partir de dar lugar al sujeto, al discurso, empezó a cobrar importancia el trabajo interdisciplinario.

Entonces empecé también a trabajar con la imagen inconsciente del cuerpo. Con la imagen real (la que grita, la que se siente, la que goza, la que duele), con la imagen imaginaria (la que se ve ante un espejo, la que devuelve el espejo con el cúmulo de emociones) y la simbólica (la que se nombra, la que cobra un lugar, la que se dice y describe) y tras hacer un pequeño ejercicio en el salón de clases los mismos estudiantes escucharon su cuerpo. Cada uno dibujó esa experiencia, la llevó al papel y re-pensó no solamente la relación transferencial con el paciente sino la relación con su cuerpo.  

   

Dibujos de los estudiantes de maestría en medicina física y rehabilitación tras asociar la escucha de su cuerpo con dolor.
Entonces el cuerpo no sólo es carne y hueso, también sostiene, habla, cae, explota, debilita… Expresa lo que a veces el paciente en rehabilitación o tratamiento no puede nombrar. En el discurso está manifestado sin ser explícito, ahora la tarea es escuchar-lo, ver-lo y dar lugar a eso que surge coloreado, apretado, en hormigueo, paralizado, en calambre en vez de re-conocido y representado desde la palabra, la que cura. La cura por la palabra.

Luego entonces el trabajo interdisciplinario es rico, es darse cuenta de que no-todo está en cada profesión y uno de los factores más importantes en cada trabajo (sobretodo en aquel los involucrados en buscar la dirección de la cura en toda la extensión se la palabra) es tejer cada caso, cada historia en función de su deseo de quién demanda y no el del profesional.

Finalmente a la primera pregunta pude pensar en la importancia, como anteriormente menciono, del trabajo conjunto. La segunda pregunta los mismos estudiantes-profesionistas sienten la necesidad de responder a la demanda del paciente con un tratamiento, un diagnóstico, un protocolo que, si el paciente no cumple supone que la cura/rehabilitación no dio lugar por falta de cooperación  del paciente. Y es que en ocasiones el paciente no responde porque el que tiene preguntas es él…y a eso va.