Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca

Hitchcock, más allá del suspenso llega a La Galería de la Cineteca
Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca en la que conocerás detalles sobre la vida y obra del cineasta ¡los martes será entrada libre!

Finalmente llegó a México la exposición “Hitchcock, más allá del suspenso“, una muestra que busca acercar al público con el trabajo de uno de los cineastas más destacados del siglo pasado, cuyo obra nunca perderá relevancia. Ya la vimos y te contamos todo lo que debes saber de ella, no te la puedes perder. Además, ¡los martes la entrada es gratis!

Hitchcock, más allá del suspenso: la nueva exposición de la Cineteca

¿Sabías que Alfred Hitchcock creó un grupo que estuviera dedicado exclusivamente a la difusión de noticias sobre él? Éste es sólo un ejemplo más de las medidas de control que ejercía sobre su trabajo el también llamado “Maestro del suspenso“. Esto y más descubrirás en la nueva exposición que alberga La Galería de la Cineteca Nacional, “Hitchcock, más allá del suspenso”.

  • ¿Dónde? La Galería de la Cineteca Nacional: Av. México Coyoacán 389, Xoco.
  • ¿Cuándo? Del jue. 13 de septiembre de 2018 al 13 de enero de 2019. Mar. a dom. 11:00 a 21:00 (aunque el último acceso es a las 20:00).
  • ¿Cuánto? General, $65 y descuento para menores de 25, INAPAM, meastros y estudiantes, $45. Los martes es entrada libre.

Compra tus boletos en taquilla o en línea.

Hitchcock, más allá del suspenso: exhibición de besos en el cine de Hitchcock

La exposición fue curada por Pablo Llorca, profesor de Historia del cine e Historia de la fotografía en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, quien se enfocó en mostrar el mundo de Hitchcock desde una perspectiva global y reconocer el aporte que su obra hizo a la industria. La muestra está segmentada en cinco bloques: “Introducción”, “El toque Hitchcock”, “Mujeres y hombres”, “Hitchcock y su tiempo, el arte y la arquitectura” y “El revés de la trama: Hitchcock, las apariencias y los trucos”.

Entre las más de 200 piezas que componen la exhibición encontrarás desde fotogramasrevistaslibrosoriginales, cartelesstoryboardsbocetos y hasta archivos audiovisuales; a través de los cuales identificarás las claves de sus películas, como el papel de los personajes femeninos; conocerás detalles de su vida y su personalidad, entre ellos las controversias que lo rodearon; descubrirás curiosidades sobre su proceso de creación y algunos de sus trucos; asimismo, verás cómo fue que se rodeó de grandes colaboradores y trabajó con los actores más reconocidos de su época, llevando su cine a un plano mucho más comercial.

Hitchcock, más allá del suspenso: detalle de su colaboración con diseñadores y actores

Actividades paralelas a Hitchcock, más allá del suspenso

A propósito de la exhibición, la Cineteca presentará un ciclo con 35 de las películas sonoras de Hitchcock, todas restauradas en 2k y 4k. Además, como parte del ciclo permanente “Clásicos en pantalla grande“, del 15 al 30 de septiembre se enfocará en la proyección de cintas del realizador, los sábados a las 20:00 y los domingos a las 18:00. Así podrás revivir películas como PsicosisLos pájarosVértigoLa ventana indiscreta, Intriga internacional, Pacto siniestro, En manos del destino y más.

Tampoco te puedes perder las charlas complementarias en las que se analizarán sus películas desde diferentes puntos de vista, éstas se llevarán a cabo en la Cineteca, el Centro Cultural de España en Méxicoy la Universidad Iberoamericana de CDMX, consulta la cartelera AQUÍ.

Hitchcock, más allá del suspenso: exhibición de Psicosis

El joven Karl Marx

El joven Karl Marx

Hay momentos en la Historia que pueden pasar desapercibidos en el momento en el que ocurren pero tener una trascendencia enorme. Esta podría ser la premisa de partida de El Joven Karl Marx (Le Jeune Karl Marx). Una película que si bien se adentra en la formación del pensamiento del filósofo, se centra en un aspecto mucho más sutil pero cargado de significado: los comienzos de su relación con Friedrich Engels y cómo se formó su pensamiento y compromiso. Aquel fue un encuentro con consecuencias históricas. Una amistad que lo cambió todo.

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Hay momentos en la Historia que pueden pasar desapercibidos en el momento en el que ocurren pero tener una trascendencia enorme. Esta podría ser la premisa de partida de El Joven Karl Marx (Le Jeune Karl Marx). Una película que si bien se adentra en la formación del pensamiento del filósofo, se centra en un aspecto mucho más sutil pero cargado de significado: los comienzos de su relación con Friedrich Engels y cómo se formó su pensamiento y compromiso. Aquel fue un encuentro con consecuencias históricas. Una amistad que lo cambió todo.

Todo biopic, por interesante que sea la vida del protagonista, suele ser flojo en el comienzo. Sin embargo, esta película avanza directamente al momento en el que Marx tiene 25 años y es redactor de La Gaceta Renana (Reinische Zeitung) en Colonia, periódico cerrado por la censura prusiana: “un par de noches en la cárcel nos sentarán bien a todos”, dice el imberbe pensador. Posteriomente sigue a Marx por París, Bruselas y Londres hasta alcanzar la treintena.

Siendo sinceros, la película dirigida por Raoul Peck (I Am Not Your Negro) debería llamarse Los jóvenes Marx y Engels. El joven Friedrich no se queda en el papel de segundón sino que disputa a Karl la atención del espectador. Valiente, elegante y alocado, se enfrenta al dilema al que tantos se nos ha presentado: elegir entre seguir la tradición familiar (como empresario textil) o seguir sus principios y apostar por la emancipación de los de abajo. Su padre era el causante de la precariedad del proletariado y del uso de mano de obra infantil. La cercanía a esta realidad y su contacto con Mary Burns, obrera, mujer e irlandesa, le permitió conocer de primera mano Las condiciones de vida de la clase obrera de Inglaterra, ensayo que le daría fama. Mientras que el trabajo de Marx era más teórico (leyendo, interpretando y criticando a los clásicos), el de Engels era algo más empírico, según la distinción que suele hacerse en ciencias sociales.

Dicho escrito llegaría a ojos de Marx y esto no es baladí. Aunque el encuentro entre ambos jóvenes en Berlín fue desagradable, en París confiesan la admiración que sienten por el trabajo del otro y consagran su nueva amistad de la mejor forma posible: yéndose de juerga. Tras una escapada de la policía, largos diálogos sesudos y vaciar bastantes vasos de vino, llega la inspiración necesaria para que Marx lance una frase histórica: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Emociona pensar que la tesis undécima sobre Feuerbach surgió de la cabeza de Marx entre los vapores del alcohol. Emociona pensar cuantos jóvenes actuales estarán, siglo y medio después, pasando horas debatiendo sobre política y activismo y que dentro de unas décadas serán protagonistas de los cambios sociales.

Y es que este es uno de los aciertos del film. Aunque no profundiza en la complejidad del pensamiento de Marx (como sí ocurre en biopics similares como Hannah Arendt), la película tiene la virtud de enseñarnos momentos, conversaciones y lecturas que fueron dando forma a su pensamiento. Las discusiones con Proudhon que le hicieron ver la propiedad como producto de una explotación, las lecturas de los economistas ingleses David Ricardo y Adam Smith recomendados por Engels, que fueron decisivas para su teoría del valor trabajo. La propia escena inicial va acompañada con la voz de Marx citando pasajes de Montesquieu. De igual forma, determinadas escenas muestran detalles más sutiles que sugieren detalles del pensamiento de ambos autores: en una escena Jenny Marx y Mary Burns hablan sobre la familia y el tipo de vida que desean tener. Sin ánimo de desvelar este interesante diálogo, basta decir que la posición de Mary y Friedrich nos parecen bastante más actuales (aunque en la actualidad no se han resuelto), anticipando los escritos de Engels sobre la familia y la situación de la mujer, que ocuparían gran parte de su estudio.

Y es que esta cinta dedica una notable atención a las compañeras de vida y lucha de los protagonistas: Jenny Von Westphalen abandona el lujo de su vida de aristócrata por compromiso político y para formar una familia con el melenudo judío y socialista de Marx. Su familia, encantada. Por su parte, Mary Burns era una mujer con carácter, triplemente oprimida (mujer, proletaria, extranjera), concienciada con las penurias de su clase y fue clave para que Engels entrara en contacto con el proletariado.

Uno de los atractivos de El Joven Marx —particularmente para quienes amamos la Teoría Política— es ponerle cara a varios de aquellos pensadores que se reunían, carteaban, discutían y se ponían verdes entre sí. En la cinta podemos ver la enorme influencia que tenía Proudhon entre los socialistas (utópicos) de la época o el discurso anarquista de Bakunin o el mesianismo de activistas como Wilhem Weitling. Se mencionan a otros pensadores como Moses Hess, Adam Smith, Friedrich Hegel, David Ricardo o Montesquieu. Finalmente aparecen colectivos como los jóvenes hegelianos o la Liga de los Justos.

La ruptura entre los socialistas utópicos y los “nuevos” comunistas se materializa en la convención de la Liga de los Justos en la que por primera vez interviene Engels como delegado. Esta organización utilizaba como lema “Todos los hombres son hermanos” en consonancia con la idea abstracta de solucionar las injusticias. Contra este enfoque, Engels enuncia un apasionado discurso que introduce un concepto clave en el pensamiento emancipatorio: el antagonismo. Aunque había antecedentes (Weitling), la moción de Engels consagra la lucha de clases entre proletarios y burgueses como parte de la esencia del movimiento, lo que hace que la organización pase a llamarse la “Liga Comunista” y su lema uno que hoy es de sobra conocido: “Proletarios de todos los países, ¡uníos!”.

Como su propio nombre indica, El Joven Karl Marx únicamente narra la juventud de Marx y Engels. Se queda mucho en el tintero: la Internacional y la disputa con Bakunin, la observación de la revolución de 1848, la redacción de El Capital… Lo bueno es que así, siguiendo esta línea, habría material para una trilogía sobre estos dos pensadores. Dos jóvenes activistas cuya amistad tuvo, a largo plazo, consecuencias revolucionarias.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/camara-civica/el-joven-karl-marx

Una Eva psicótica, un brutal Moisés y otras referencias ocultas en «madre!»

Las polémicas escenas de violencia, la ausencia de nombres o los simbolismos religiosos con los que Darren Aronofsky juega en «madre!» propician la intriga, la sensación de sentirse perdidos en un agonizante misterio. Pero todo tiene una explicación, desde por qué el título de la película aparece en minúscula al constante maltrato al que someten al personaje interpretado por Jennifer Lawrence. Una explicación que reside en la Biblia, pozo de inspiración para el controvertido director en este perturbador filme.

Una reflexión más profunda subyace en la trama superficial de la cinta, en la que un escritor busca su inspiración, apoyado por su joven mujer hasta que unos desconocidos irrumpen en su casa y agitan la paz en la que vivían. Aunque haya quien solo conecte con el argumento de la joven mujer vapuleada, la intención de Aronofsky va más allá, contando en un plano más etéreo pero identificable con surrealistas alegorías bibílicas.

[Esta noticia contiene spoilers de «madre!»]

A algunos no se les habrá escapado que todos los personajes que aparecen en «madre!» carecen de nombres. Interactúan entre sí sin mentarse, excepto al referirse al personaje de Javier Bardem, al que algunos llaman Él. Sí, en mayúscula. Como se puede ver en los créditos, el papel que interpreta el actor español es el único que aparece así, porque su personaje es el de Dios. A Él es al que adoran, al que siguen, y es Él quien entrega todo al mundo, hasta a su hijo. Él es el poeta y, por tanto, el creador.

Ella, Jennifer Lawrence, la Virgen, la Madre Naturaleza, a la que maltratan y de la que se aprovechan el resto de humanos. Por eso es capaz de sentir la casa, que es la Tierra, cuando toca las paredes. Se entrega a Dios, su marido, dándole amor y cariño, apoyo, pero no recibe de Él más que otras demandas. Aunque se niega, al final el personaje de Bardem termina haciéndose con el hijo de ambos (Jesús), y se lo ofrece a los hombres, en una clara referencia a cuando Dios entrega a su hijo a los hombres. Ante la espantada mirada de la protagonista, la multitud, al tenerlo en sus manos, lo mata y se lo come, paralelismo bíblico con el cuerpo y sangre de Cristo.

El Paraíso y el Infierno

Michelle Pfeiffer y Ed Harris representan a Eva y Adán. El personaje de Harris, que llega primero a su hogar, se entiende con Dios, que lo acoge con los brazos abiertos y le ayuda cuando está enfermo, momento en el que vemos su herida en un costado: la costilla de Adán con la que creó a Eva, que aparece en la casa al día siguiente. Pese a la prohibición del personaje de Bardem y las constantes advertencias de Lawrence, la caprichosa Eva consigue convencer a su marido para entrar en el despacho del «poeta», el Paraíso, y coger el cristal, que simboliza la manzana vetada por Dios en el Edén, rompiéndola y desatando la ira del Señor. Por su parte, el sótano de la casa sería el Infierno.

Poco después los males se suceden; ya nada es tan idílico como parecía. Entran en escena los hijos de la pareja de invitados, que personifican a Caín y Abel, con el consecuente asesinato de uno de ellos al otro.

La iconografía religiosa también aparece representada en «madre!» en las fotografías de Bardem que decoran una pared de la casa o cuando su personaje unge a sus seguidores con tinta.

Además de las más evidentes representaciones, coexisten otras, como cuando Bardem termina su obra, inspirado por el sufrimiento y la vida de sus invitados. Su obra culminada aparece representada en una papel, una especie de manuscrito que incluso podría simbolizar los diez mandamientos, que más tarde entrega a su editora, Moisés.

Tomado de http://www.abc.es/play/cine/noticias/abci-psicotica-brutal-moises-y-otras-referencias-ocultas-madre-201710060046_noticia.html

Por qué “Los hermanos Karamazov” era la novela favorita de Einstein

BBC Mundo
10.09.2017

La historia del cruel y despiadado padre Fiódor Karamázov y sus hijos ha sido punto de partida de otras novelas, obras teatrales y films.

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“Respóndeme con franqueza. Si los destinos de la humanidad estuviesen en tus manos y para hacer definitivamente feliz al hombre, para procurarle al fin la paz y la tranquilidad, fuese necesario torturar a un ser, a uno solo, a esa niña que se golpeaba el pecho con el puñito, a fin de fundar sobre sus lágrimas la felicidad futura, ¿te prestarías a ello?”.

Con ese tipo de dilemas enfrenta a sus personajes -y al lector- Fedor Dostoievski, el autor del que la escritora Virginia Woolf dijo:

La novela en la que hace esa terrible pregunta fue la última que escribió, “Los hermanos Karamazov”, “la más magnífica novela jamás escrita” según el padre del psicoanálisis Sigmund Freud.

Tanto Freud -cuyo primer ensayo fue “Dostoievski y el parricidio”- como los otros tantos que aclamaron la obra como uno de los logros supremos de la literatura universal dejaron clara la razón de su admiración.

Albert Einstein dejó una incógnita.

Einstein nunca aclaró qué fue precisamente lo que aprendió leyendo a Dostoievski, despertando una irresistible curiosidad que ha sido fuente de inspiración de muchos escritos sobre la conexión entre los dos genios.

Inconcebible

Una de las pistas está en la segunda parte de esa tan mencionada cita: “Aprendí más de Dostoievski que de cualquier otro pensador científico, incluso más que de Gauss”, fue lo que dijo Einstein, según su amigo Alexander Moszkowski, el primero en escribir un libro sobre el científico.

Karl Gauss fue uno de los pioneros en el campo de la geometría no euclidiana, que proveyó la base para la teoría de la relatividad de Einstein.

Y, como señala el autor mexicano José Gordon en su libro “El inconcebible universo. Sueños de unidad”, uno de los personajes de Dostoievski “trataba de percibir geometrías invisibles, la geometría detrás de la geometría que se escapa de las dimensiones que podemos apreciar”.

Ese personaje es Iván Karamazov, ferviente racionalista y ateo, quien atribuye su incapacidad para aceptar el Universo y la armonía de Dios a ciertas limitaciones de su mente: la suya -dice- es una mente euclidiana terrestre, tridimensional, y la armonía divina parece operar en una cuarta dimensión.

Gordon, quien participa en el Festival Hay de Querétaro 2017, imagina que…

Ese “personaje hecho de letras” postulaba que si Dios existía y había creado el mundo, seguramente lo había hecho de acuerdo a la geometría de Euclides. Sin embargo, señalaba, había especialistas en geometría y filósofos que lo dudaban.

“…incluso se atreven a soñar que dos líneas paralelas -que de acuerdo con Euclides nunca se pueden encontrar en la Tierra- podrían encontrarse en alguna parte en el infinito “.

“He llegado a la conclusión de que si ni siquiera puedo entender eso, no puedo entender a Dios”.

Refiriéndose a este pasaje, el matemático David Fowler, en su ensayo “Matemáticas como ciencia ficción”, expresó en pocas palabras lo que para muchos es obvio:

“Las reflexiones de Dostoievski sobre el tiempo y el espacio ciertamente se pueden considerar como compatibles, en sentido cualitativo, con el marco teórico de la relatividad especial”.

O, tomando prestadas palabras del escritor mexicano José Gordon, los personajes de la novela podían mantener “un diálogo fantasmal” con Einstein.

Terminar por el principio

Otro interlocutor en ese “diálogo fantasmal”, además de Iván Karamazov, probablemente fue el diablo quien, por aquello de la relatividad del tiempo, andaba sin reloj, con ropa pasada de moda y llegaba tarde a las citas.

“Estaba muy lejos y, para llegar a la tierra, tenía que cruzar el espacio. Desde luego, esto es para mí cuestión de un instante, aunque la luz del S ol tarda ocho minutos”, es la excusa del diablo por su tardanza.

Ese diablo maneja además conceptos temporales difíciles de concebir, como el de la eternidad, genialmente ilustrado cuando relata una leyenda que termina en el principio de la historia.

Cuenta de un filósofo que cuando se muere se encuentra con que, en vez de la oscuridad y la nada que esperaba, tiene una vida por delante en el paraíso. Como eso está en contra de sus principios, se indigna y por enojarse lo sentencian a caminar un cuatrillón de kilómetros. Se rehúsa durante mil años, y luego empieza a caminar.

– ¿Acaso no es igual estar echado eternamente que tener que recorrer un cuatrillón de kilómetros? En eso se tardaría un billón de años.

– Tal vez más. Si tuviéramos lápiz y papel podría calcularlo. Pero terminó su caminata hace ya mucho tiempo y ahí es donde empieza la historia, contesta el diablo.

 

Genial pero, ¿fue la inspiración de esa famosa teoría?

La idea de que el que algunos califican como el más grande novelista inspiró al más grande científico a formular la Teoría de la Relatividad General es seductora.

“Los hermanos Karamázov” fue publicada en 1880, un año después del nacimiento de Einstein (y unos meses antes de la muerte de Dostoievski), décadas antes de que el científico cambiara la manera en la que concebíamos el mundo.

Así que habría sido posible y poético que una gran obra literaria sirviera de chispa de “la idea más feliz” de la vida de Einstein.

 

Pero Einstein desarrolló su Teoría General de la Relatividad entre 1907 y 1915 y, por las fechas de sus cartas al toxicólogo suizo Heinrich Zangger y al físico austríaco Paul Ehrenfest, sabemos que no leyó la que sería su novela favorita hasta cinco años más tarde : 1920.

“La idea más feliz de toda mi vida”, según el propio Einstein, fue imaginar a una persona cayéndose de un tejado y darse cuenta de que ésta no sentiría su propio peso. Ese pensamiento, que lo sorprendió un día de 1907, iluminó su camino hacia la teoría de la relatividad.

Sin embargo, el que “Los hermanos Karamazov” no inspirara directamente sus teorías científicas no niega la conexión entre Dostoievski y Einstein.

Ética no física

Para el respetado físico e historiador de ciencia Boris Kuznetsov (1903-1984), la clave del vínculo no está en los pasajes que tocan la física en las novelas de Dostoievski, sino en el abordaje humanístico de Einstein a la ciencia.

Para Kuznetsov…

– la esencia de la obra literaria de Dostoievski era la búsqueda de una armonía cósmica que no ignorara los destinos y sufrimiento de los individuos

– la esencia de la obra científica de Einstein era un intento de descubrir una armonía macroscópica que no ignorara los procesos microscópicos

Para fundamentar su visión de Einstein, Kuznetsov señalaba la resistencia del científico a admitir los descubrimientos de la mecánica cuántica pues implicaban que la naturaleza de los procesos microscópicos era aleatoria e indeterminada.

La idea de que Dios no juega ni siquiera con el destino de las partículas más minúsculas -señaló Kuznetsov- está claramente expresada en esa pregunta imposible de si fundarías la felicidad de la humanidad sobre las lágrimas de una niña inocente.

Es la ética de Dostoievski, revelada a través de sus personajes, y la de Einstein, a través de su ciencia, y no la física lo que explica las palabras del científico sobre la novela.

Líneas paralelas

Lo cierto es que a Einstein le encantó leer “Los hermanos Karamazov”.

Y en ese “inconcebible universo” en el que José Gordon deleita con la magia de la ciencia, el autor nos recuerda que ese físico nos mostró “que el espacio invisible tiene curvaturas” y que “en el espacio curvo dos líneas paralelas pueden llegar a besarse”.

 

Como buen divulgador científico, Gordon nos invita a imaginar que…

“Nuestro mejor amigo podría volar en línea recta, remontar las alturas por encima de nuestras cabezas y alejarse de nosotros hacia los confines del universo para siempre, pero si el espacio es curvo , después de miles de millones de años, podría retornar y tocarnos en la espalda , como amores que regresan de forma sinuosa e inexplicable”.

Quizás, en ese espacio curvo, Dostoievski retornó y le tocó la espalda a Einstein.

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 7 y el 10 de septiembre.

 

Fuente: http://www.24horas.cl/noticiasbbc/por-que-los-hermanos-karamazov-era-la-novela-favorita-de-einstein-2501174

La culpa posee mucho de obsesión porque está hambrienta de un origen que la explique

Stig Sæterbakken, autor de «A través de la noche»

Quizá porque comparte con la literatura lo que ésta posee de instrumento indagatorio, de exhumación del pasado y sus gestos, la culpa ha sido siempre un material narrativo de primer orden. Como la literatura, la culpa arranca a menudo de la incomodidad ante una pregunta cuya respuesta se obstina en esconderse. Podría incluso aventurarse que la naturaleza primordial de la culpa es la de proponer un cuestionamiento, un interrogante, una búsqueda de los motivos que se hallan al principio de un acontecimiento. La culpa posee mucho de obsesión porque está hambrienta de un origen que la explique, porque remontándose en la cadena de causas y efectos dirige su pesquisa hacia el hallazgo de un motor primordial, ese punto de no retorno en el que algo comenzó, cobró forma, esbozó un sentido.

Mármara acaba de publicar una novela extraordinaria, A través de la noche, escrita por un escritor cuya obra permanecía inédita hasta la fecha entre nosotros, el noruego Stig Sæterbakken. La novela de Sæterbakken puede ser contemplada como la descripción de una culpa, como el intento por desentrañar la vida de un hombre que, atormentado por la culpa, comprueba con menos espanto que fatalidad cómo todo se derrumba a su alrededor. No hay mayor novedad en este relato, que cientos de veces antes nos ha sido entregado por la literatura. Lo que hace de A través de la noche un documento asombroso es el procedimiento mediante el que Sæterbakken desmenuza esa culpa hasta convertirla en un retablo contemporáneo del infierno, en el relato de una caída sin esperanza ni consuelo.

Karl Meyer, el protagonista de A través de la noche, es un dentista de mediana edad que goza de cuanto un hombre puede ansiar: una posición económica acomodada, una reputación profesional, una mujer y unos hijos envidiables. Es la marca de agua del hombre que ha visto satisfechas las metas de su vida. Algo, sin embargo, comienza a agrietar esta fachada de felicidad doméstica. ¿Y si las decisiones que en un determinado momento tomó Meyer no hubieran sido las correctas? ¿Y si todo ese edificio de aparente bienestar no fuera otra cosa que un trampantojo, el resultado de una serie de actos supuestamente diáfanos y meditados pero en realidad opacos, inefables, absurdos? Por ejemplo, el amor. ¿Quién garantiza a Meyer que su esposa era la mujer destinada a satisfacerlo de forma plena? ¿Y si ella no fuera más que otra realidad fallida en el recorrido de una vida? ¿Y si ella no fuera más que la prueba del nueve, el epítome hecho carne, de todo aquello que de errado existe en su entorno?

Esta crisis de madurez, por otro lado trazada con singular realismo, al punto de que cualquier lector de cierta edad puede reconocerse en Meyer, dará paso a una aventura extramatrimonial que hace saltar por los aires la vida ordenada del protagonista. De pronto, la pasión por una mujer joven desnuda las mentiras de su vida pasada. Cada conquista ha sido en verdad una derrota; cada logro, una claudicación. Y sin embargo, a medida que Meyer penetra en esta nueva relación, dinamita los puentes con su pasado y se convierte en otro convicto de las segundas oportunidades, penetra también en la evidencia de que tampoco esta nueva decisión es más que una huida hacia adelante, un nuevo hito en la contabilidad de una vida fracasada desde el inicio. ¿Será, pues, que cualquier acto que ejecutemos, cualquier determinación que tomemos, la opción escogida ante cualquiera de las encrucijadas que la vida dibuja ante nosotros no hace sino conducirnos a una habitación inhóspita, a una negativa inesperada, al tormento abrasador de la culpa, esa piedra de molino en torno a la cual Meyer, y con él todos los hombres, giramos alrededor de un centro que de forma súbita adivinamos vacío?

El acto de Meyer, su decisión de abandonar su hogar, tiene un corolario infausto. Un día, en un ataque de rabia, melancolía o simple, humana estupidez, su hijo adolescente roba una botella de aguardiente y las llaves del coche de su madre. Después se estrella contra un camión y se convierte en un amasijo de carne, en un cuerpo que ha dejado de ser alguien para convertirse en algo: chatarra orgánica, detrito, pura pudrición. La muerte del hijo es una errata indeleble. Aunque nadie, explícitamente, acuse a Meyer por este desenlace, el mecanismo de la culpa lo oprime sin remedio. ¿Y si Meyer no hubiera tentado a la suerte cuando decidió flirtear con una mujer joven y disponible? La novela penetra entonces en otra dimensión, literalmente aterradora, en la que Sæterbakken rinde un homenaje inverso al Stalker de Tarkovski. Si en la película de Tarkovski existía una habitación que satisfacía los deseos de los hombres, en la novela de Sæterbakken existe una casa que tiene el poder de enfrentar al hombre con sus peores miedos, con sus más terribles fantasmas, con los escenarios definitivos de su desdicha. Las últimas cien páginas de la novela, que narran la búsqueda desesperada de esa casa y el hallazgo de los demonios de Meyer, regalan al lector la certeza de que Sæterbakken, de forma inequívoca, alcanzó a perpetuar ese inagotable misterio que es la gran literatura.

Sæterbakken publicó A través de la noche en Noruega en el año 2011. Fue su última obra de ficción. Poco después, el 24 de enero de 2012, a los 46 años de edad, se suicidó. Si A través de la noche es un testimonio, es un testimonio abrumador. Si A través de la noche es un testamento, es un testamento aterrador. Pero sea un testimonio o un testamento, no tengo duda, ninguna duda, de que A través de la noche es una obra maestra.

Tomado de http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-descripcion-culpa-201704120106_noticia.html?platform=hootsuite

David Lynch en el diván

CRÍTICA DE CINE

Eludiendo toda su carrera cinematográfica (apenas llegamos a la preparación de Cabeza borradora) para centrarse en la infancia, juventud y primeros pasos como aspirante a artista de quien sin duda es uno de los cineastas más importantes de nuestro tiempo, este documental se configura como una suerte de proceso psicoanalítico que revela, a través de la voz del propio Lynch, algunas de las claves de una obra que se fraguaba ya de manera rotunda, retorcida y poderosa en sus primeros trabajos pictóricos y que se ha seguido fraguando en una dedicación que el director de Missoula, Montana, no sólo no ha abandonado sino que ocupa buena parte de su tiempo lejos de los platós.

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LA PELÍCULA NOS PERMITE VERLO TRABAJAR CON UNA DEDICACIÓN PLENA A SU PROPIO UNIVERSO MENTAL

Pintor bricoleur, creador de pesadillas y universos surreales, Lynch toca y moldea la pintura y la materia mientras su relato y sus anécdotas ponen orden en un material de archivo autobiográfico que nos habla de inseguridades, miedos, inadaptaciones y, sobre todo, de la búsqueda determinada de un lugar en esa vida del arte que sin duda parece el verdadero y único refugio posible para el responsable de obras maestras como Terciopelo azul, Twin Peaks, Carretera perdida, Mulholland Drive o Inland Empire.

David Lynch: The Art Life adopta a veces las formas de lo lynchiano, enturbiando esa mirada a la realidad bajo la que se esconde siempre un mundo extraño y fascinante, y busca establecer un correlato entre la poderosa imaginería de su pintura y ese autorretrato oral que tiene algo de fabulación libre de artista autoconsciente. Pero sobre todo nos ofrece la posibilidad de verlo trabajar en soledad, concentración y dedicación plena a su propio universo mental, un espacio al que hasta ahora sólo tenía acceso su pequeña hija Lula, compañera de mesa y experimentos con la materia moldeable de los juegos, los sueños y las pesadillas.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/ocio/David-Lynch-divan_0_1123088232.html

Las diez películas favoritas de Kubrick

cubrickEso sí, el catálogo se fue ampliando con el paso del tiempo con otras grandes producciones que cautivaron a este genio de mirada inquieta e introvertido carácter. Pulp Fiction, El silencio de los corderos, El padrino o Maridos y mujeres acabaron formando parte de su extensa colección de imprescindibles. Este 7 de marzo, cuando se cumplen 18 años del fallecimiento de uno de los cineastas más influyentes del siglo XX, recuperamos la famosa lista inicial de sus top 10. ¿Has visto alguna de ellas?

Los inútiles (I Vitelloni, Federico Fellini, 1953)

La lista la encabezaba esta obra en blanco y negro ambientada en una pequeña localidad costera italiana donde todo el mundo es amable y cortés, hasta que cinco individuos intentan romper la armonía de la comunidad. Protagonizada por Alberto Sordi y Franco Fabrizi, la película es una amarga reflexión sobre la existencia expresada con un humor agridulce.

Fresas salvajes (Wild Strawberries, Ingmar Bergman, 1957)

Filme de culto dirigido por el sueco Ingmar Bergman que recorre el viaje de un médico hacia Estocolmo, donde va a ser homenajeado, y durante el trayecto visita la casa donde veraneaba de niño, un lugar que le trae muchos recuerdos. Protagonizada por Victor Sjöström, Bibi Andersson e Ingrid Thulin, Fresas salvajes fue galardonada con el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y también fue premiada en la Berlinale.

Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941)

Inspirada en la vida del magnate de la prensa William Randolph Hearst, el filme consolidó a un jovencísimo Orson Welles como uno de los personajes más importantes de la historia del cine. Nominada a nueve estatuillas de la Academia, sorprendentemente solo se llevó la de mejor guión original.

El tesoro de Sierra Madre (The Treasure of the Sierra Madre, John Huston, 1948)

Otra de las obras que encandilaron a Kubrick fue este relato de aventuras centrado en la famosa fiebre del oro en la que tres mendigos intentan hacerse ricos emprendiendo un viaje a lo más recóndito de Sierra Madre para salir de la miseria. Huston supo plasmar con maestría el perfil psicológico de unos personajes atrapados por la ambición, el miedo y la codicia en la que el gran Humphrey Bogart lideraba el reparto.

Luces de la ciudad (City Lights, Charles Chaplin, 1931)

Escrita, dirigida e interpretada por Chaplin, Kubrick no pudo evitar sobrecogerse ante la historia del pobre vagabundo que pasa las mil y una para conseguir dinero y ayudar a una pobre chica ciega (Virginia Cherrill) de la que se ha enamorado.

Enrique V (Henry V, Laurence Olivier, 1944)

Sir Laurence Olivier interpretó y dirigió esta película basada en la obra de Shakespeare que narraba con marcado tono bélico las andanzas del rey Enrique V durante su campaña de 1415 en medio de la Guerra de los Cien Años. Realizada con la esperanza de subir la moral de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, Enrique V fue un éxito tanto artístico como comercial.

La noche (La notte, Michelangelo Antonioni, 1961)

Kubrick consideró este drama del realizador italiano como uno de sus preferidos. Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau dan vida a un matrimonio burgués que atraviesa una crisis de pareja y durante una fiesta flirtean con otras personas.

Detective a la fuerza (The Bank Dick, W.C. Fields, 1940)

Entre las comedias por las que Kubrick sentía debilidad figura esta disparatada pieza que reúne una serie de gags sobre el personaje de Egbert Sousé, una especie de ‘alter ego’ del director W.C. Fields, o al menos de la imagen que tenía de él el gran público. Detective a la fuerza es uno de los 100 films esenciales del siglo XX, según la National Society of Film Critics.

Roxie Hart (William A. Wellman, 1942)

El autor de Barry Lindon también cayó rendido ante este musical en blanco y negro ambientado en el Chicago de los años 20 en el que Ginger Rogers encarnaba a Roxie Hart, una joven que sueña con que el baile y la canción le permitan abandonar su humilde vida. Al final acaba en prisión acusada de asesinato hasta que un avispado abogado acepta su caso a cambio de unos cuantiosos honorarios.

Los ángeles del infierno (Hell’s Angels, Howard Hughes, 1930)

El top 10 lo cierra este drama bélico de Howard Hughes ambientado en la I Guerra Mundial en el que dos hermanos se alistan en las fuerzas aéreas británicas con el objetivo de conquistar el corazón de una hermosa joven con el rostro de Jean Harlow.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/cultura/20170307/42574507378/stanley-kubrick-peliculas-preferidas.html